viernes, julio 17

Obreros, soldados y marineros armados toman calles de Petrogrado

Petrogrado (4 de julio de 1917).- El día empezó con un inusual silencio en la ciudad. Los comercios estaban cerrados y las calles desiertas. A media mañana, el centro de la ciudad estaba una vez más tomada por las multitudes de obreros y soldados. Una flotilla de la base naval de Kronstadt estaba amarrando cerca del puente Nikolaevsky, donde desembarcaron 20,000 marineros armados hasta los dientes con rifles y revólveres, con su propio equipo médico y bandas de guerra. Muchos consideraban que esta era sin duda alguna el arma principal de los bolcheviques si es que planeaban tomar el poder. Los marineros estaban con ganas de luchar contra el Gobierno Provisional, estaban listos para “en cualquier momento convertir la manifestación en un levantamiento armado”.

Los marineros de Kronstadt se dirigieron al cuartel general de los bolcheviques. Guiados por sus bandas que tocaban la Internacional, llegaron y se concentraron frente al balcón de la mansión Kshesinskaya esperando órdenes de Lenin. En este punto, habría sido suficiente para él darles la orden y los marineros habrían marchado de inmediato al Táurida, arrestado a los líderes del Soviet, rodeado el gabinete ministerial y proclamado el poder Soviético. Pero Lenin dio un discurso ambiguo de sólo unos minutos en el que expresaba su confianza en la futuro poder soviético, pero no dio ninguna orden. Ni siquiera dejó claro si quería que la multitud continuara la manifestación.

Un poco confundidos, los de Kronstadt marcharon hacia el Palacio Táurida. En la avenida Nevsky se unieron a otra amplia multitud de obreros de la planta Putílov, quizás unos 20,000. Ciudadanos de clase media que caminaban por las calles, miraban con horror las masivas filas grises. De repente cuando las columnas entraron a Liteiny, cosacos y cadetes dispararon desde los techos y las ventanas de los edificios, causando que los manifestantes se dispersaran presas del pánico. Algunos respondieron el fuego, disparando en todas direcciones, sin objetivo, dado que no sabían dónde estaban ocultos los francotiradores. Docenas de sus camaradas fueron muertos o heridos por balas perdidas. El resto abandonó sus rifles y banderas y empezó a romper puertas y ventanas de las casas. Cuando los tiros pararon, los líderes trataron de restablecer el orden rearmando filas y columnas y marchando al ritmo de la banda militar. Eran las 4 p.m. y en las calles ya quedaban muertos, caballos, armas.

Con 50,000 hombres armados y disgustados, rodeando el Palacio Táurida, no había nada que pudiera detener un golpe de Estado bolchevique. Sólo habían dieciocho soldados del Regimiento Pavlovsky protegiendo el palacio. A los líderes del Soviet que debatían la cuestión del poder dentro del palacio, les parecía bastante obvio que iban a ser asaltados. “En cualquier momento las turbas armadas podían irrumpir en el Palacio Táurida y arrestarnos y fusilarnos si rehusábamos a tomar el poder en nuestras manos". El Gobierno Provisional, o lo que quedaba de él, estaba igualmente indefenso. Durante la mañana, el gabinete de ministros se había refugiado en el edificio del Estado Mayor General al lado opuesto del Palacio de Invierno. Aparte de las pocas docenas de cosacos, no había fuerzas disponibles para defenderlos. Kerensky había enrumbado hacia el Frente sólo unos minutos antes de que sus perseguidores llegaran a la Estación Varsovia. El Palacio Marinsky, la sede del gobierno, estaba libre para ser tomado.

Pero no llegó ninguna orden y la multitud al frente del Palacio Táurida, no muy segura de a dónde debería ir, pronto perdió toda su organización. El providencial clima también contribuyó al colapso del levantamiento, una lluvia torrencial cayó sobre la ciudad. Desde ese momento, la manifestación terminó de hecho.

“La decisión de la democracia revolucionaria no puede ser dictada por las bayonetas”, declaró Tsereteli. El Soviet había resuelto no tomar el poder y la muchedumbre no podía hacer mucho para obligarlos. No sabía cómo forzar a los líderes del Soviet a cambiar de idea. Si los líderes del Soviet eran reacios a tomar el poder, ¿cómo podían dar “todo el poder a los Soviets”?

Cuando la noche cayó, la multitud se dispersó. La mayoría se fue a casa. Los de Kronstadt deambularon por la ciudad, no sabiendo a dónde ir. Durante la noche, los últimos restos del fallido levantamiento llevaron su furia a actos de saqueo y violencia contra los sectores acomodados. En un último desesperado acto de desafío, 2,000 marineros de Kronstadt tomaron la Fortaleza de Pedro y Pablo. Pero no sabían qué hacer con la fortaleza tomada: sólo era un símbolo del viejo régimen.

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