sábado, julio 18

Gobierno acusa a Lenin de ser agente alemán

Petrogrado (5 de julio de 1917).- Kerensky estaba en el Frente cuando los sucesos de ayer ocurrieron. El gobierno estaba efectivamente cautivo: parte [los ministros socialistas] del Gobierno Provisional, de hecho, estaba bajo arresto en el Palacio Táurida. El Príncipe Lvov, Pereverzev y el resto de ministros, pudieron haber sido arrestados también, sin ningún riesgo si hubieran querido.

En esta desesperada situación, el Ministro de Justicia Pereverzev decidió lanzar parte de la información a su disposición sobre las conexiones que -según el gobierno- Lenin tiene con los alemanes. El objetivo era generar una violenta reacción anti-bolchevique entre las tropas. Ya dos semanas antes, había pedido que se publique esa información pero el gabinete no lo aprobó porque (de acuerdo a un periódico menchevique) “era necesario mostrar cautela en un asunto relativo al líder del Partido Bolchevique”.

Para probar el efecto de la información, Pereverzev llamó a su oficina a los representantes del Regimiento Preobrazhensky. El impacto fue tan profundo que se decidió convocar a la mayor cantidad de regimientos.Después de coordinar con el coronel Nikitin y el general Polovtsev, Pereverzev invitó a su oficina a más de ochenta representantes de unidades militares estacionadas en Petrogrado así como a periodistas de los diarios de la capital. Esto ocurrió a las 5 p.m. cuando los disturbios en el Táurida empezaban a tomar cuerpo y un golpe bolchevique parecía inminante.

Guardándose la mayor y más contundente parte de la información para un futuro proceso, Pereverzev reveló sólo parte de la evidencia a su disposición. Se trata del inconsistente relato del Teniente Ermolensko, que informaba que mientras fue prisionero de guerra de los alemanes, le dijeron que Lenin estaba trabajando para ellos. Pereverzev también reveló cierta información sobre las relaciones financieras de los bolcheviques con Berlín vía Estocolmo.

Enterados los bolcheviques de estas revelaciones, Stalin –miembro del Comité Central bolchevique- pidió al Comité Ejecutivo del Soviet (Ispolkom) que detuviera la difusión de información “calumniosa” acerca de Lenin. Chjeídze y Tsereteli se comprometieron a ello y telefonearon a las oficinas editoriales de los diarios de Petrogrado para requerirles, en nombre del Ispolkom, que no publiquen las revelaciones del gobierno. El Príncipe Lvov hizo lo mismo y también Tereschenko y Nekrásov.

Sin embargo, las revelaciones acerca de Lenin y los alemanes, se difundieron mediante los emisarios de los regimientos a los que Perzeverev había invitado. Estas noticias tuvieron un efecto electrizante en las tropas: a la mayoría de ellos les importaba más este tema de la colaboración con el enemigo que el asunto del gobierno y el Soviet. Ya con anterioridad, las sospechas que levantó el viaje de regreso de Lenin a través de territorio enemigo, lo hizo bastante impopular entre las tropas en aquel momento. Varias unidades militares empezaron a darle la espalda a los bolcheviques.

Las primeras unidades en llegar a Táurida fueron las de Izmailovsky, seguidas por las de Preobrazhensky y Semenovsky. Unidades de cosacos también llegaron. La multitud frente al Táurida se dispersó en todas direcciones, al ver la proximidad de las tropas. A la medianoche, Táurida estaba libre de turbas.

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