viernes, julio 17

Kronstadt desembarca en Petrogrado y se une a la manifestación


Kronstadt, Petrogrado (4 de julio de 1917).- Unos 10-12 mil hombres, lo mejor de Kronstadt, todos armados con rifles, abordaron sus naves a las 6:30 a.m., acompañados por obreros armados y un equipo médico encabezado por el bolchevique Dr. Victor Deshevoi. Iban encabezados por la comisión elegida para dirigir la manifestación compuesta por siete bolcheviques (Raskolnikov, Roshal, Stepan Grediushko, Afanasy Remnev, Mijaíl Martynov, Andrei Samoukov y Alexei Pavlov) y dos eseristas (Piotr Beliaevsky y Georgy Pupuridi).

Ya embarcados, el eserista Beliaevsky recibió una orden urgente de su Comité Central “prohibiendo categóricamente la manifestación”. Fue imposible que pudiera hacer algo para evitar la acción en marcha dado que los marineros ya estaban en camino a Petrogrado. Por su parte, el delegado del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, el eserista Mijaíl Evstingeev, fue ignorado cuando dio alcance a la flota para anunciarles que por órdenes del Soviet deberían regresar a su base.

Los marineros desembarcaron cerca del puente Nicolaevsky a las 11 a.m. donde fueron saludados por una marcha de obreros de las fábricas de la isla Vasiliev que estaban en camino al Palacio Táurida.

Dos delegados del Comité Ejecutivo Central del Soviet que los esperaban con mensajes de moderación, también fueron ignorados.

Con Raskolnikov y Roshal a cargo de la fuerza expedicionaria y con Liubovich y Flerovsky esperándolos a su arribo, los marineros se dirigieron al cuartel general bolchevique en la mansión Kshesinskaya, de acuerdo a instrucciones de la Organización Militar Bolchevique. En Kshesinskaya fueron arengados por el bolchevique Yákov Sverdlov y el internacionalista Anatoly Lunacharsky. Sin embargo, las masas pedían que saliera Lenin que finalmente dio un breve y cauto discurso, saludando a los marineros de Kronstadt, “el orgullo y la gloria de la revolución rusa” y aconsejándoles “tenacidad, firmeza y vigilancia”.

La marcha de los marineros de Kronstadt siguió su camino esta vez encabezada por una gran banderola del Comité Central Bolchevique. A las 3 p.m se produjo un incidente violento cuando desde los altos de un edificio dispararon a la muchedumbre, hiriendo y matando a algunos cuantos y sembrando el pánico entre los manifestantes. Hubo tiroteos de respuesta, pero luego la marcha se reanudó. Al llegar al Palacio Táurida fueron recibidos con vítores por el Primer Regimiento de Ametralladoras.

Mientras los líderes de la comisión de organización ingresaron al Palacio a presentar la petición de Kronstadt, el eserista Chernov, Ministro de Agricultura, salió hacia la multitud y provocó un desorden cuando intentó justificar las políticas de la coalición. Un obrero airado le gritó: “Tomen el poder cuando se les da, hijos...” Algunos extremistas agarraron a Chernov y lo empujaron hacia un carro, y de no haber sido por la intervención de Raskolnikov y Trotsky que salió de la reunión del Soviet, pudo haber sido linchado.

Raskolnikov relata este último evento así:

"Trotsky saltó sobre el capó del carro y, con su mano pidió silencio. El griterío se calmó y hubo silencio. Con su poderosa y áspera voz, sopesando cada palabra y enunciando cada sílaba, dijo algo como esto: “¡Camaradas de Kronstadt, orgullo y gloria de la revolución rusa! ¡No puedo creer ni por un momento que el arresto del ministro socialista Chernov fuera una decisión deliberada! Estoy convencido que no hay una sola persona aquí que quiera su arresto y levante su mano para desgracia, por este futil y no autorizado acto, de la manifestación de hoy, nuestro día festivo, nuestra solemne revisión de fuerzas revolucionarias. ¡El que esté por la violencia que levante su mano!”. Aquí el camarada Trotsky se detuvo y miró a la multitud como si arrojara un guante a sus oponentes. Habiendo escuchado su discurso con gran atención, la multitud quedó en silencio; no ni un susurro de desaprobación. “¡Camarada Chernov, usted es libre!”, dijo Trotsky triunfalmente, y con el movimiento de su mano lo invitó a salir del carro. Chernov estaba más muerto que vivo. Lo ayudé a salir. Luciendo pálido y confundido, con paso vacilante, subió las escaleras y desapareció en el vestíbulo".

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