viernes, julio 17

Aparente calma antes de la manifestación

Petrogrado (4 de julio de 1917).- El día tuvo un inicio bastante tranquilo, pero a media mañana la ciudad nuevamente empezó a ser tomada por obreros y soldados. En la zona comercial, camiones armados y carros artillados iniciaron el patrullaje de las calles. La mayoría de bancos y comercios abrieron al público pero pronto tuvieron que cerrar cuando se hizo aparente que las manifestaciones continuarían. La vida industrial de la ciudad se detuvo, la mayoría de los obreros eligieron a unirse a las marchas callejeras o irse a casa. A las 10 a.m., los autos particulares dejaron de circular. Sólo los hospitales, ya sobrecargados con heridos del día de ayer, estaban ocupados preparándose para un nuevo flujo de heridos.

En la mansión Kshesinskaya, el estado mayor operativo de la Organización Militar Bolchevique trabajó toda la noche elaborando los planes e instrucciones de la manifestación. En la mañana, un flujo continuo de representantes de las fábricas y de la guarnición arribó para recibir instrucciones. El punto focal de la manifestación era nuevamente el Palacio Táurida. Se eligieron delegados de cada fábrica y unidad militar para que presenten ante el Comité Ejecutivo del Soviet la demanda de transferir “todo el poder a los Soviets”.

Mientras eso pasaba en Kshesinskaya, los agitadores bolcheviques competían con representantes mencheviques y eseristas del Soviet en fábricas y barracas, por toda la ciudad, por el apoyo de obreros y soldados.

La respuesta a la convocatoria bolchevique fue mixta. El espíritu predominante en las fábricas era aún rebelde. Se tenía asegurada la participación, entre otros, del 176º y 171º Regimientos de Reserva de Infantería de Krasnoe Selo, del Tercer Regimiento de Reserva de Infantería de Peterhof, del Tercer Batallón del Primer Regimiento de Ametralladoras de Oranienbaum y de los marineros de Kronstadt. Pero los informes acerca de la situación exacta de la guarnición de Petrogrado no eran tan alentadores. Aparentemente, los excesos, el derramamiento de sangre y las frustraciones de la noche anterior habían tenido un efecto negativo. Algunas unidades que salieron el día anterior tenían reservas de salir nuevamente. Más aún, aquellos regimientos de la guarnición que no habían respondido a los llamados del Primer Regimiento de Ametralladoras del día 3, permanecieron firmes en su falta de voluntad para participar.

Ya en la mañana de hoy había signos definitivos de que el movimiento estaba en su máxima expresión. Todos decían que un enorme número de obreros, marineros y soldados estaban listos para seguir a los bolcheviques. Por otro lado, la disposición para apoyar al Soviet y al Gobierno Provisional era virtualmente inexistente.

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