viernes, marzo 9

Siguen las protestas obreras en Petrogrado

La Avenida Nevsky en un día tranquilo de 1906


Petrogrado (24 de Febrero de 1917).- La situación se está deteriorando. Desde temprano los obreros han realizados mítines por toda la ciudad, promovidos por agitadores socialistas, y han resuelto marchar nuevamente hacia el centro. Muchos se han agenciado piedras, cuchillos, martillos, todo tipo de herramientas o instrumentos de metal, armándose para un eventual choque con la policía y los cosacos y para poder forzar tiendas de alimentos y panaderías del centro. “Camaradas, si no podemos conseguir una lonja de pan de manera legal entonces haremos de todo: resolver nuestro problema por la fuerza”, decía uno de los agitadores.

A media mañana entre 150,000-200,000 trabajadores tomaron las calles, cruzando los puentes hacia el centro administrativo. Algunos han roto ventanas, saqueado tiendas y volteado carros y carruajes. En el puente Liteiny una multitud de 40,000 de obreros de Vyborg rebasó a una pequeña brigada de cosacos. En el puente Troitsky, los obreros se enfrentaron con la policía montada, lanzándoles piedras y hielo para poder pasar. “Nadie me dijo que iba a haber una revolución” se escuchó decir a un policía, cuando divisó a la masa de trabajadores armados acercándose.

Una vez en el centro, los manifestantes se concentraron y marcharon por la Avenida Nevsky gritando “Abajo el Zar” y “Abajo la Guerra”. Los cosacos no podían contenerlos. Cada vez que se aparecían, los obreros se dispersaban en distintas direcciones para luego reagruparse en otro lugar, desafiando a los cosacos en una especie de juego del gato y el ratón. Al igual que ayer, los cosacos se resistieron a cargar contra los manifestantes, muchas veces desobedeciendo órdenes superiores.

A los obreros, se les fueron sumando estudiantes, dependientes, oficinistas, niños, hombres y mujeres bien ataviados, simpatizantes o simples observadores que se solidarizaban con la protestas de los manifestantes, “gente ordinaria” como diría Balk, el gobernador de la ciudad.

La masa de trabajadores tomó la plaza Znamenskaya. Desde lo alto de la estatua ecuestre de Alejandro III, los oradores revolucionarios se dirigieron a la multitud. Pocos podían escuchar lo que decían pero parecía no importar. El sólo hecho de presenciar el ejercicio de la libertad de expresión era suficiente para confirmales que algo grande estaba ocurriendo.

Las autoridades del gobierno y la Duma se reunieron en la tarde para evaluar la situación, decidiendo que el Consejo Municipal se encargue de la distribución de alimentos como salida para resolver el problema de los “disturbios”.

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