martes, marzo 6

Lenin sobre la Situación Revolucionaria (2)


Extracto (editado) de
La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo
Abril-mayo de 1920
V. I. Lenin


La ley fundamental de la revolución... consiste en lo siguiente:

  • para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de vivir como antes y reclamen cambios,
  • para la revolución es necesario que los explotadores no puedan vivir ni gobernar como antes.

Sólo cuando las “capas bajas” no quieren lo viejo y las “capas altas” no pueden sostenerlo al modo antiguo, sólo entonces puede triunfar la revolución.

En otros términos, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores).

Por consiguiente, para la revolución hay que lograr:

  • primero, que la mayoría de los obreros (o en todo caso, la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos, políticamente activos) comprenda profundamente la necesidad de la revolución y esté dispuesta a sacrificar la vida por ella;
  • en segundo lugar, es preciso que las clases gobernantes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas (el síntoma de toda revolución verdadera es la decuplicación o centuplicación del número de hombres aptos para la lucha política, representantes de la masa trabajadora y oprimida, antes apática), que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su derrumbamiento rápido por los revolucionarios. (...)
La vanguardia proletaria está conquistada ideológicamente. Esto es lo principal. Sin ello es imposible dar ni siquiera el primer paso hacia el triunfo. Pero de esto al triunfo dista todavía bastante.

Con sólo la vanguardia, es imposible triunfar. Lanzar sólo a la vanguardia a la batalla decisiva, cuando toda la clase, cuando las grandes masas no han adoptado aún una posición de apoyo directo a esta vanguardia, o al menos de neutralidad benévola con respecto a ella, que la incapacite por completo para defender al adversario, sería no sólo una estupidez, sino además un crimen.

Y para que en realidad toda la clase, las grandes masas de los trabajadores y de los oprimidos por el capital lleguen a ocupar semejante posición, son insuficientes la propaganda y la agitación solas. Para ello es necesaria la propia experiencia política de estas masas. Tal es la ley fundamental de todas las grandes revoluciones, confirmada hoy, con una fuerza y un relieve sorprendentes, no solo en Rusia, sino también en Alemania…

  • La primera tarea histórica: atraer a la vanguardia consciente del proletariado al Poder soviético y a la dictadura de la clase obrera.
  • La segunda tarea: saber llevar a las masas a esa nueva posición capaz de asegurar el triunfo de la vanguardia en la revolución.

...tenéis que preguntaros no sólo si habéis convencido a la vanguardia de la clase revolucionaria, sino también si están dispuestas las fuerzas históricamente activas de todas las clases, obligatoriamente de todas las clases de la sociedad sin excepción, de manera que la batalla decisiva se halle completamente en sazón, de manera:

  1. que todas las fuerzas de clase que nos son adversas estén suficientemente sumidas en la confusión, suficientemente enfrentadas entre sí, suficientemente debilitadas por una lucha superior a sus fuerzas;
  2. que todos los elementos vacilantes, versátiles, inconsistentes, intermedios –es decir, la pequeña burguesía, la democracia pequeñoburguesa, a diferencia de la burguesía–, se hayan puesto bastante al desnudo ante el pueblo, se hayan cubierto de ignominia por su bancarrota práctica;
  3. que en el proletariado empiece a formarse y a extenderse con poderoso impulso un estado de espíritu de masas favorable a apoyar las acciones revolucionarias más resueltas, más valientes y abnegadas contra la burguesía.

He aquí en qué momento está madura la revolución, he aquí en qué momento nuestra victoria está segura, si hemos calculado bien todas las condiciones indicadas y esbozadas brevemente más arriba y hemos elegido acertadamente el momento.

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