sábado, marzo 10

Soldados: "No queremos ir contra el pueblo"

(Memorias del Gobernador de la ciudad de Petrogrado)

25 de febrero (10 de marzo) de 1917

[…]

Hoy las fábricas funcionaron menos que los días previos. Los obreros salieron del trabajo en grupos, realizando mítines mientras se iban. El Jefe de la Policía del Segundo Distrito, General Grigoriev, informó que en las cercanías de la planta Putílov, masas obreras fueron dispersadas varias veces por las patrullas de la policía montada.

A la 1 p.m., en la plaza Znamenskaya, una muchedumbre enarboló banderas rojas.

El capitán del distrito Aleksandrovskaya, Capitán Kirilov, un brillante oficial, se metió entre la multitud junto a una pequeña patrulla de policías, capturó al portador de la bandera, se la quitó de las manos y empezó a salir con el individuo arrestado hacia la estación del tren Nikolaevsky. La multitud los siguió y los rodeo estrechamente. Un desconocido vino por detrás, le quitó el sable que tenía en la vaina y le dio un golpe mortal en la cabeza. Aunque se le dio asistencia médica inmediata en la estación del tren, el Capitán Kirilov murió minutos más tarde, sin recuperar la consciencia. Una patrulla grande de cosacos se encontraba cerca pero no prestó ninguna ayuda, ni siquiera cuando se convocó a la policía montada y se empezó a dispersar a la multitud en la plaza.

Los agitadores aparecieron por todas partes llamando al derrocamiento del gobierno “criminal” que se había “pasado al lado de los alemanes”. También urgieron a las tropas a que volteen sus bayonetas contra los “traidores” y ataquen a los oficiales de policía.

La multitud ya no coreaba “pan, pan” y carecía del espíritu festivo de los días anteriores. […]

En el canal Ekaterininsky, cerca de la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada, un destacamento del Regimiento de Guardias Pavlovsky […] se detuvo e inició un mitin de protesta. Cuando la patrulla de la policía montada llegó, los soldados les dispararon, matando dos caballos e hiriendo dos policías. Cuando el comandante del Batallón de Reserva del Regimiento de Guardias Pavlovsky, Coronel Eksten, llegó, los soldados le gritaron que ellos […] no querían ir contra el pueblo. El Coronel Eksten quiso razonar con ellos, pero alguien de la multitud le disparó por detrás, con un revólver, hiriéndolo gravemente en el cuello. El coronel fue llevado a las barracas del regimiento, mientras que el destacamento continuó manifestándose durante un largo tiempo, y solo el capellán del regimiento pudo convencerlos de regresar a sus barracas.

Las cosas se hicieron claras. El impune ataque tuvo grandes consecuencias. Los líderes [izquierdistas] comprendieron en qué medio deberían concentrar todos sus esfuerzos. Como se supo después, ellos utilizaron todos los métodos posibles, incluyendo diputados de la Duma haciendo propaganda entre los soldados, en las barracas de los Regimientos Volynsky y Preobrazhensky, en la noche del 26 de febrero, y obtuvieron un resultado decisivo: la grande e incruenta revolución rusa fue ganada con la bayoneta de los soldados. […]


Fuente: De las memorias del General Alexander Pavlovich Balk, Gobernador de la ciudad de Petrogrado, citadas en Jonathan Daly y Leonid Trofimov (ed.), “Russia in War and Revolution, 1914-1922. A Documentary History”, Hackett Publishing Company, 2009, pp. 38-42. Traducción propia.

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