domingo, julio 19

Koba en los Días de Julio


La mano [de Koba] que algún día escribiría las obras maestras de Stalin puede ser vista claramente en la organización de la acción de julio. Rumores de que serían enviados al frente circulaban en el Primer Regimiento de Ametralladoras, que abundaba de agitadores bolcheviques. Los soldados, que preferían hacer su lucha en los mítines políticos, estaban furiosos y llamaron a una resistencia armada. Los bolcheviques, por supuesto, los urgían a cancelar la manifestación. Uno de los líderes de la Organización Militar, V. Nevsky describe cómo afrontaron el hecho: “Dí mi consejo de tal manera que sólo un tonto podía concluir de mi discurso que la manifestación no se debería realizar”. Los del regimiento naturalmente no tenían el deseo de lucir como tontos. Ellos habían dominado el lenguaje “de doble fondo” de los agitadores: cuando ellos decían “No actúen”, querían decir “actúen”.

Un mítin del regimiento, el 2 de julio, llamó a un levantamiento. El regimiento envió delegados a otras unidades del ejército, a fábricas y a Kronstadt. Los soldados salieron a las calles totalmente armados. Lenin fue reportado enfermo y desapareció de la vida activa.

En la fortaleza de Kronstadt, los marineros estaban en sesión permanente. Los rebeldes se habían distinguido desde el principio de la revolución. Durante esos días, días “sin sangre”, los marineros en los barcos de la Flota del Báltico habían fusilado a 120 oficiales... El recientemente organizado Comité Bolchevique asumió el liderazgo de los marineros amotinados. Kronstadt se había convertido en una ciudadela leninista. Cuando los representantes del Regimiento de Ametralladores aparecieron ahí, la comedia continuó como antes: los bolcheviques urgían a los marineros a desobedecer el llamado de los ametralladores a las armas, pero lo hicieron de tal forma que éstos obedecieron. El bolchevique Raskolnikov, uno de los líderes del Kronstadt Rojo, escribió: “Nosotros teníamos una costumbre de acuerdo a la cual yo telefoneaba diariamente a Petrogrado y pedía por Lenin, Zinoviev o Kámenev... para recibir mis instrucciones”.

Los de Kronstadt recibieron instrucciones de otro líder. El poeta Demyan Biedny describe que estaba sentado en la oficina editorial de Pravda cuando el teléfono del escritorio de Koba timbró. Era una consulta desde Kronstadt: ¿los marineros deberían ir a una manifestación en Petrogrado con sus armas o sin ellas? Koba dio una o dos fumadas a su pipa y respondió: “Bueno, los escribas como yo siempre llevamos nuestras armas –nuestros lápices– con nosotros... ¿ustedes qué hacen con las suyas?”

Como siempre, él estaba en el centro de la acción aún sin desarrollar. Ese mismo día, como Tsereteli cuenta en sus Reminiscencias de la Revolución de Febrero, Koba declaró en una sesión del Soviet que los soldados y obreros armados estaban decididos a tomar las calles pero que los bolcheviques habían despachado agitadores para disuadirlos. Koba pidió que su declaración quede registrada en actas y luego se retiró. Chjeídze le dijo a Tsereteli con una sonrisa irónica que “los hombres de paz no tienen necesidad de que sus intenciones pacíficas consten en actas.

Koba, por supuesto, no esperaba ser creído. Era simplemente la última movida de su juego: había elegido el conveniente rol de pacificador intermediario entre los Soviets y los bolcheviques. Posiblemente persuadió a Lenin que le asignara ese rol. Obviamente, a un georgiano le sería más fácil entenderse con otro georgiano si la manifestación era un fracaso.

El 4 de julio, marineros de Kronstadt armados se embarcaron para tomar control de Petrogrado. Desembarcaron en la isla Vasilievsky, con “sus armas”. Una procesión interminable de marineros armados se dirigió a la mansión Kshesinakaya. Nuralmente, el amante de la paz Koba no estaba en el cuartel general bolchevique. Lunacharsky y Sverdlov, bolcheviques de segundo orden, salieron al balcón a hablar a la multitud, pero los marineros pedían a Lenin. Les dijeron que estaba enfermo. Los marineros empezaban a sentirse intranquilos. Sabiendo que Lenin estaba en el edificio, el exhausto Raskolnikov lo ubicó en su escondite, y el “hombre enfermo” tuvo que decir un discurso [muy cauto]. Luego los manifestantes fueron hacia el Palacio Táurida para insistir que el Soviet tome el poder. Una vez ahí, los marineros arrestaron a Chernov, líder del Partido Socialista Revolucionario, que salió a recibirlos. Iban a retirarse llevándoselo con él para fusilarlo, cuando Trotsky, comprendiendo que sería un precio muy alto a pagar por esto, saltó sobre el capó del carro. Desde esa plataforma, empezó a exhortar a los marineros -“la mejor flor y orgullo de la revolución rusa”- y concluyó su panegírico con las palabras “ciudadano Chernov, usted está libre”.

Las manifestaciones continuaron desordenadamente durante todo el día. Multitudes de obreros y marineros armados rondaban por las calles. Lenin para entonces se había movilizado hacia el Palacio Táurida. Pero este fue el momento en que tropas leales al gobierno arribaron del frente. El destino de la acción estaba decidido. Raskolnikov preparó la resistencia en la mansión Kshesinskaya.

El final de juego empieza

El intento de golpe fue aplastado. Lenin estaba perdido. La cuestión era: ¿Y Koba? Cierto, en el caso de victoria, él hubiera llegado al poder con el Partido. Pero aún en el caso de una derrota, él estaba en camino al poder. Poder en el Partido. Eso explica sus tortuosas maniobras.

En ese momento, el Gobierno Provisional estaba llevando una investigación en secreto. Evgeny Yermolenko que había regresado cruzando las líneas alemanas, testificó que había sido reclutado por los alemanes para agitar a favor de la paz con Alemania y que Lenin igualmente había sido comisionado por los alemanes para hacer todo lo posible para socavar la confianza en el Gobierno Provisional. Esas actividades estaban financiadas por el estado mayor alemán. Yermolenko también indicaba los canales por los que el dinero llegaba a Lenin. El Directorio de la Inteligencia Militar en el Supremo Cuartel General fijó una investigación, y desde ese momento Lenin estuvo bajo vigilancia. Telegramas interceptados demostraban que los bolcheviques estaban recibiendo grandes sumas de dinero del extranjero.

Kerensky, personalmente, se hizo cargo de la investigación sobre la participación de Lenin en esas actividades. Sólo un círculo muy cerrado sabía de eso. Pero el socialista-revolucionario Kerensky comprendió que la prueba de la culpabilidad bolchevique podía ser usada por el ejército, los monárquicos y los reaccionarios en general, contra las fuerzas de la izquierda. ¿Cómo podía fallar en informar a sus hermanos de partido, el liderazgo SR, y a sus colaboradores mencheviques, sobre esta investigación? Rumores de una investigación secreta pronto llegaron al público en general. Obviamente, estos no podían ser desconocidos por Koba, miembro georgiano del Comité Ejecutivo del Soviet. Koba calculó que cualquier manifestación bolchevique movería al gobierno a hacer uso de esta investigación, y que las acusaciones contra ellos excluiría al liderazgo bolchevique y a Trotsky de la actividad legal. Ellos estaban, de una forma u otra conectados, con el dinero alemán. Sólo un líder de primer rango no estaba manchado –Koba mismo. No había estado en el centro de la atención durante la rebelión de julio. El sería el único que quedaba en libertad.

Nuevamente pasó lo que esperaba. Hacia la tarde del 4 de julio, P. Pereverzev, el Ministro de Justicia, dio a conocer algunos hallazgos de la investigación (aún en progreso) de las conexiones entre Lenin y los bolcheviques de un lado y los alemanes de otro. Esa noche los bolcheviques apresuradamente llamaron a cancelar la manifestación, pero era demasiado tarde. Procesos contra “los espías” ya estaban en camino. El genio salió de la botella. Lenin, por supuesto, también sabía de esta bomba de efecto retardado ¿Fue quizá por esto que estaba en tal apuro y arriesgó la acción de julio?

Lenin se apoyó en Stalin. El era el único miembro inmaculado del liderazgo. El georgiano Koba fue a ver al georgiano Chjeídze y le pidió “cortar las calumnias de raíz” y prohibir la publicación de los materiales relacionados al caso antes de que la investigación se complete. Koba tuvo lo que quería. Chjeídze se lo prometió. Pero Koba, un experimentado periodista, podía ver fácilmente que sería imposible impedir la publicación de tal material sensacional en un periódico u otro. Un desafiante periódico se adelantó inmediatamente: el atrevido “Palabra viva” publicó cartas de dos revolucionarios, N. Pankratov, quien había estado preso durante muchos años en la Fortaleza Schlusselburg, y Aleksinsky un ex-compañero de Lenin. Ambos denunciaron a Lenin y sus camaradas por espías. El fin de juego había empezado.

El fin de juego: victoria de Koba

Tropas recientemente llegadas del frente rodearon la antigua residencia Kshesinskaya. El gobierno ordenó a un comando tomar el edificio. Los marineros bajo las órdenes de Raskolnikov se prepararon a defenderlo. Pero éste fue un gesto de desesperación. Pero los ceñudos y barbados soldados del frente odiaban y esperaban vengarse de esos marineros que siempre los habían acechado en la retaguardia.

Una vez más Koba salvó la situación parlamentando con el Soviet. No se derramó sangre y el edificio fue rendido sin lucha. Koba se dirigió después a la Fortaleza de Pedro y Pablo. Los de Kronstadt instalados ahí estaban decididos a defenderse. Los soldados habían rodeado la fortaleza e iban a disparar a los “espías alemanes”. Pero Koba habló a los marineros reunidos con un discurso sin apremio y con unos cuantas bromas georgianas. Ellos aceptaron rendir sus armas y regresar pacíficamente a Kronstadt. El pacificador tuvo éxito dos veces en impedir un baño de sangre.

El 6 de julio, el Gobierno Provisional firmó una orden de arresto de los líderes bolcheviques. Los nombres de Lenin, Trotsky, Zinoviev, Kámenev y Lunacharsky estaban en la lista. Lunacharsky y Trotsky fueron sacados de sus camas y llevados directamente a prisión. Pero Lenin y su fiel Zinoviev desaparecieron en la clandestinidad. Fue Koba nuevamente el que los ayudó a hacerlo.

Lenin se ocultó primero en el departamento de un bolchevique llamado Kayurov. Pero Krupskaya escribió: “El hijo de Kayurov era anarquista, y la gente joven siempre está jugando con bombas, lo que no era apropiado en un departamento conspirativo”.

Sergo Ordzhonikidze dice en sus memorias que “muchos prominentes bolcheviques eran de la opinión de que como se habían hecho esas graves acusaciones contra el líder del Partido, él debería enfrentar el juicio y limpiar su nombre y el del Partido”. Lenin le dijo a Krupskaya que “Grigori [Zinoviev] y yo hemos decidido entregarnos... Despidámonos. Puede que no nos volvamos a ver”. El estaba muy ansioso por no ir a la cárcel. Y, por supuesto, Koba vino en su ayuda nuevamente. Ideó otra de sus comedias con un fin predeterminado. Envió a Ordzhonikidze al Soviet a preguntar sobre las condiciones que Ilich podría esperar en la cárcel. Una vez que se las dijeron, Koba inmediatamente las consideró inaceptables. Y dijo lo que Lenin quería escuchar: “Los junkers nunca dejarán que Lenin llegue a la cárcel, lo matarán en el camino”. Lenin no debería ir a prisión de ninguna manera. El Comité Central estuvo de acuerdo con eso, estableciendo que “en vista del peligro contra su vida, Lenin no debe entregarse”.

Lenin no quería permanecer en Petrogrado. Naturalmente estaba temeroso del juicio. Una vez más el fiel Koba vino en su ayuda. Encontró otro refugio para Lenin y Zinoviev, en la casa de un obrero llamado Yemelianov, no de lejos de Sestroretsk. El fiel Koba incluso lo escoltó a la estación del tren. Koba, su salvador.

Yemelianov escondió a los fugitivos en una cabaña en los campos de heno, a la orilla de un lago. Lenin y Zinoviev permanecieron ahí hasta el otoño. Entonces, el Partido quedó a cargo de Koba Stalin.

Su largo juego de ajedrez había terminado en victoria.

Extraído de "Stalin: The First In-depth Biography Based on Explosive New Documents from Russia's Secret Archives" de Edvar Radzinsky, Anchor, 1997. Traducción propia.

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