viernes, junio 5

Kerensky y la ofensiva de junio

Kerensky en el frente

Kerensky asumió sus responsabilidades como Ministro de Guerra con admirable energía porque estaba convencido de que la sobrevivencia de la democracia en Rusia dependía de un ejército fuerte y disciplinado y que el desfalleciente espíritu del ejército sería levantado al máximo por una ofensiva exitosa. Los generales pensaban que si el ejército permanecía inactivo mucho más tiempo se resquebrajaría. Kerensky esperaba repetir el milagro del ejército francés en 1792, que detuvo y luego hizo retroceder a los prusianos invasores, uniendo a la nación detrás del gobierno revolucionario.

Se proyectó una gran ofensiva para el 12 de junio, en cumplimiento de las obligaciones con los aliados contraídas antes de la Revolución de Febrero. Había sido originalmente diseñada como una operación puramente militar, pero ahora adquiría además una dimensión política. Se esperaba que una ofensiva exitosa aumentaría el prestigio del gobierno e inyectaría patriotismo a la población, lo que haría más fácil lidiar con los retadores de la derecha y de la izquierda. Tereschenko le dijo al gobierno francés que si la ofensiva iba bien, se tomarían medidas para suprimir a los elementos rebeldes en la guarnición de Petrogrado.

En preparación para la ofensiva, Kerensky llevó a cabo reformas en el ejército. Alexeyev [Comandante en Jefe], probablemente el mejor estratega de Rusia, le impresionó por su derrotismo, y lo reemplazó con Brusilov, el héroe de la campaña de 1916. Fortaleció la disciplina militar, dando a los oficiales amplia discreción para tratar con las tropas insubordinadas. Emulando los commissaires aux armées que el ejército francés introdujo en 1792, envió comisarios al frente a elevar la moral de los soldados y a arbitrar entre ellos y los oficiales: esto era una innovación de la que los bolcheviques harían uso extensivo en el Ejército Rojo.

Kerensky pasó la mayor parte de mayo y principios de junio en el frente, dando motivadores discursos patrióticos. Sus apariciones tenían un efecto galvanizador:

"Avance triunfal" parece ser un término débil para describir el recorrido de Kerensky en el frente... Multitudes se reunían durante horas para verlo por unos minutos. En todas partes su paso estaba cubierto de flores. Los soldados corrían millas detrás de su carro, tratando de estrechar su mano o besar el borde de su capa..."

El impacto de sus discursos, sin embargo, se evaporaba tan pronto Kerensky dejaba la escena... Como recordaría más tarde, él encontraba que el ánimo de las tropas del frente, en la víspera de la ofensiva de junio, era ambivalente. La propaganda alemana y bolchevique había tenido poca influencia: su efecto estaba confinado a las unidades de la guarnición y a las llamadas Terceras Divisiones, que eran unidades de reserva formadas con nuevos reclutas. Pero encontró un sentimiento extendido de que la Revolución había hecho perder el sentido a combatir. "Después de tres años de amargo sufrimiento", escribía, "millones de soldados cansados de la guerra se preguntaban: ¿Por qué debería morir ahora cuando en casa una vida nueva y libre está sólo empezando?" No recibían respuesta del Soviet, la institución en la que más confiaban, porque la mayoría socialista adoptó una actitud característicamente ambivalente:

"Si uno revisa cualquier resolución típica aprobada por la mayoría menchevique y socialista revolucionaria del Soviet, uno encuentra una caracterización absolutamente negativa de la guerra como imperialista, una demanda de que sea concluída tan rápido como sea posible y una o dos frases pertinentes, incluídas a exigencia de Kerensky, sugiriendo, con dudosa lógica y sin ningún atractivo emocional, que mientras no se logre la paz general, sería una bueno que los soldados rusos continuen combatiendo"

Los bolcheviques, conscientes, al igual que el gobierno, del descontento y de la desmoralización de las unidades de la guarnición, decidieron a inicios de junio explotar ese estado de ánimo.


Extractos de The Russian Revolution de Richard Pipes, Vintage Books, 1991, pp. 412-414. Traducción propia.

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