jueves, junio 4

Camino a una nueva ofensiva, presentan nuevo Comandante en Jefe

General Alexei Brusilov


Petrogrado (22 de mayo de 1917).- El Ministro de Guerra de la coalición, Alexander Kerensky, nombró al general Alexei Brusilov como nuevo Comandante en Jefe de las fuerzas armadas rusas, que hoy fue presentando al Estado Mayor en la Stavka.

El general Brusilov venía desempeñándose como comandante del Frente Sud Occidental y es considerado como el único general zarista en mantener el honor durante la guerra y el primero en apostar por el régimen nacido en la Revolución de Febrero.

Apenas se hizo cargo del ministerio, Kerensky visitó el frente de guerra para reunirse con sus comandantes. Con Brusilov, mantuvo una conversación larga y amigable, en la ciudad de Tarnopol, intercambiaron opiniones de manera franca y estuvieron de acuerdo en la necesidad de lanzar una ofensiva contra el enemigo.

Explicando el nombramiento, Kerensky declara que "necesitaba hombres que creyeran que el ejército ruso no estaba arruinado”. “Yo no tenía lugar para gente que no podía aceptar genuinamente el hecho consumado de la Revolución o que dudara que podíamos reconstruir la moral del ejército en la nueva atmósfera psicológica. Necesitaba hombres que habían vivido los duros años de la guerra bajo el viejo régimen y que comprendieran el cambio radical que había ocurrido”.

A diferencia de la mayoría de los comandantes, Brusilov cree en el trabajo conjunto con los órganos democráticos de los soldados. Según su opinión, la restauración de la moral del ejército y del lanzamiento de la nueva ofensiva sólo puede alcanzarse en sociedad con ellos. En este punto, contrasta totalmente con el escepticismo del general Alexeyev, el anterior Comandante en Jefe, que duda que un ofensiva exitosa puede ser lanzada con las fuerzas armadas en su actual estado revolucionario.

El apoyo de Brusilov a la democracia y a los comités de “soldados” en particular, le ha ganado pocos amigos entre el resto de generales. Hoy el Estado Mayor en la Stavka recibió a su nuevo comandante con abierta hostilidad. En lugar de la usual ovación masiva, a la que él estaba bastante acostumbrado, Brusilov fue recibido en la estación de Mogilev por una pequeña y formal delegación de generales de rostros apesadumbrados. Por su parte, Brusilov no dio mucha importancia al grupo de antiguos generales que había venido a la estación a darle la bienvenida, y, en un gesto de democracia, prefirió saludar con un apretón de manos a los soldados rasos que se mostraron sorprendidos de ser saludados de esa forma por su Comandante en Jefe.


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