viernes, abril 3

La primera etapa de la primera revolución. Primera Carta desde Lejos

Pravda Nº 14 del 21 de marzo (3 de abril) y Nº 15 del 22 de marzo (4 de abril) de 1917

Lenin en 1895

La primera revolución, engendrada por la guerra imperialista mundial, ha estallado. La primera revolución pero no la última, por cierto.

A juzgar por la escasa información de que se dispone en Suiza, la primera etapa de esta primera revolución, o sea, de la Revolución Rusa del 1° de marzo de 1917, ha terminado. La primera etapa de nuestra revolución no será, por cierto, la última.

¿Cómo pudo ocurrir el “milagro” de que sólo en 8 días –período señalado por el señor Miliukov en su presuntuoso telegrama a todos los representantes de Rusia en el extranjero- se desmoronara un monarquía que se había mantenido durante siglos y que, a pesar de todo, consiguió mantenerse durante los tres años de las tremendas batallas de clases de 1905 a 1907, que abarcaron todo el país?

Los milagros no existen ni en la naturaleza ni en historia… Para que la monarquía zarista pudiera desmoronarse en pocos días, fue necesaria la combinación de varios factores de importancia histórica mundial…

Sin los tres años de tremendas batallas de clases, sin la energía revolucionaria desplegada por el proletariado ruso de 1905 a 1907, la segunda revolución no habría podido producirse tan rápidamente; en el sentido de que su etapa inicial culminó en pocos días… La primera revolución y el subsiguiente período de contrarrevolución (1907-1914) pusieron al descubierto la verdadera naturaleza de la monarquía zarista…

Sin la revolución de 1905-1907, y la contrarrevolución de 1907-1914, no habría sido posible una “autodefinición” tan clara de todas las clases del pueblo ruso y de todos los pueblos que habitan en Rusia, esa definición de la relación de esas clases, entre sí y con la monarquía zarista, que se puso de manifiesto durante los 8 días de la revolución de febrero-marzo de 1917. Esta revolución de 8 días fue, si puede permitirse una metáfora, “representada” después de una docena de ensayos parciales y generales; los “actores” se conocían, sabían sus papeles, conocían sus puestos y el decorado en todos sus detalles, a fondo, hasta los matices más o menos importantes de las tendencias políticas y de las formas de acción.

... Pero esto necesitó un gran director de escena, vigoroso, omnipotente, capaz, por una parte, de acelerar extraordinariamete la marcha de la historia universal y, por otra, de engendrar una crisis mundial económica, política, nacional e internacional de una intensidad sin paralelo.

Este director de escena omnipotente, este acelerador vigoroso fue la guerra mundial imperialista…

La guerra imperialista tenía que -era objetivamente inevitable- acelerar extraordinariamente y recrudecer en grado nunca visto la lucha de clases del proletariado contra la burguesía; tenía que trasformarse en una guerra civil entre las clases enemigas.

Esta trasformación comenzó con la revolución de febrero-marzo de 1917…

Era natural que la crisis revolucionaria estallara en primer lugar en la Rusia zarista, donde la desorganización era en extremo aterradora y el proletariado en extremo revolucionario (no en virtud de las cualidades especiales, sino debido a las tradiciones, aún vivas, de 1905). Esta crisis se precipitó por la serie de durísimas derrotas sufridas por Rusia y sus aliados...

… como resultado de una situación histórica en extremo original, se unieron, en forma asombrosamente “armónica”, corrientes absolutamente diferentes, intereses de clase absolutamente heterogéneos, aspiraciones políticas y sociales absolutamente opuestas. Es decir, la conspiración de los imperialistas anglo-franceses, que empujaron a Miliukov, Guchkov y Cía. a apoderarse del poder para continuar la guerra imperialista… Esto por una parte. Y por la otra, había un profundo movimiento popular proletario y de masas de carácter revolucionario (un movimiento de todos los sectores más pobres de la población de la ciudad y del campo), por el pan, la paz y la verdadera libertad.

…ese gobierno no es una asociación accidental de personas.

Representan a la nueva clase que se ha encaramado al poder político de Rusia, la clase de los terratenientes capitalistas y de la burguesía que desde hace largo tiempo dirige económicamente nuestro país...

Junto a este gobierno… ha surgido el esencial, no oficial, aún no desarrollado y relativamente débil gobierno obrero, que expresa los intereses del proletariado y de todo el sector pobre de la población urbana y rural. Este gobierno es el Soviet de diputados obreros de obreros de Petrogrado, que procura establecer vínculos con los soldados y los campesinos, así como con los obreros agrícolas; más con estos últimos, por supuesto, que con los campesinos.

... La monarquía zarista ha sido abatida, pero no definitivamente destruida…

El soviet de diputados obreros es una organización de los obreros, es el embrión de un gobierno obrero, el representante de los intereses de toda la masa del sector pobre de la población, es decir, de las nueve décimas partes de la población, que anhela la paz, el pan y la libertad.

Quien diga que los obreros deben apoyar al nuevo gobierno en interés de la lucha contra la reacción zarista (y aparentemente esto han dicho los Potrésov, los Gvózdiev, Chjenkeli y también Chjeídze, pese a su ambigüedad), traiciona a los obreros, traiciona la causa del proletariado, la causa de la paz y de la libertad. Porque, en realidad, precisamente este nuevo gobierno ya está atado de pies y manos al capital imperialista, a la política imperialista de guerra y de rapiña; ya ha comenzado a pactar (¡sin consultar al pueblo!) con la dinastía; se encuentra ya empeñado en la restauración de la monarquía zarista…

… no son los obreros quienes deben apoyar al nuevo gobierno, sino es el gobierno quien de “apoyar” a los obreros! Porque la única garantía de libertad y de destrucción completa del zarismo reside en armar al proletariado, en consolidar, extender, desarrollar el papel, la importancia y la fuerza del soviet de diputados obreros. Todo lo demás es pura fraseología y mentiras, vanas ilusiones por parte de los politiqueros del campo liberal y radical, maquinaciones fraudulentas. Ayuden a armarse a los obreros, o al menos no estorben esta tarea, y la libertad será invencible en Rusia, la monarquía no podrá ser restaurada y la República se verá asegurada.

En otro artículo nos ocuparemos de los problemas tácticos de nuestra actitud inmediata hacia este gobierno. Explicaremos en él la originalidad de la situación actual, que es de transición de la primera etapa de la revolución a la segunda, y por qué la consigna, “la tarea del día”, en este momento debe ser: ¡Obreros! Ustedes han hecho prodigios de heroísmo proletario, el heroísmo del pueblo, en la guerra civil contra el zarismo. Ustedes deben hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar el camino de la victoria en la segunda etapa de la revolución.

Limitándonos por el momento a analizar la lucha de clases y la alineación de las fuerzas de clase en esta etapa de la revolución, debemos plantear aún el problema: ¿Quiénes son los aliados del proletariado en esta revolución?

Tiene dos aliados: primero, la amplia masa de los semiproletarios y, en parte, también la masa de los pequeños campesinos que suman decenas de millones y constituyen la inmensa mayoría de la población de Rusia. Para esta masa son esenciales la paz, el pan, la libertad y la tierra…

Segundo, el aliado del proletariado ruso es el proletariado de todos los países beligerantes y de todos los países en general…

Extracto editado. Escrita el 7(20) de marzo de 1917.

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