domingo, marzo 29

Stalin: Sobre la guerra

Ejército ruso retirándose de Galitzia

Pravda Nº 10 del 16 (29) de marzo de 1917


Hace unos días, el general Kornílov informaba en Petrogrado al Soviet de Diputados Obreros y Soldados de la ofensiva que los alemanes preparan contra Rusia.

Con este motivo, Rodzianko y Guchkov llamaron al ejército y a la población a prepararse para llevar la guerra hasta el fin.

La prensa burguesa dio la señal de alarma: “¡La libertad está en peligro, viva la guerra!”. También una parte de la democracia revolucionaria rusa ha contribuido a la alarma...

Escuchando a los provocadores de la alarma, podría pensarse que en Rusia se han creado condiciones parecidas a las del año 1792 en Francia, cuando los monarcas reaccionarios del Centro y del Este de Europa formaron una alianza contra la Francia republicana para restaurar en ella el antiguo régimen.

Y si la situación internacional presente de Rusia correspondiera, en realidad, a la situación de Francia en 1792, si tuviéramos contra nosotros una coalición especial de monarcas contrarrevolucionarios con el objetivo especial de restaurar en Rusia el antiguo Poder, no hay duda, de que la socialdemocracia, igual que los revolucionarios de Francia de entonces, se alzaría como un solo hombre en defensa de la libertad, ya que es de por sí evidente que la libertad, lograda con sangre, debe ser defendida con las armas en la mano de todas las intentonas contrarrevolucionarias, procedan de donde procedan.

Mas, ¿es ésta, en realidad, la situación?

La guerra de 1792 fue una guerra dinástica de monarcas feudales absolutos contra la Francia republicana, de monarcas atemorizados por el incendio revolucionario surgido en ese país. El objetivo de la guerra era sofocar este incendio, restaurar el antiguo régimen en Francia y, con ello, garantizar a los empavorecidos monarcas contra el contagio revolucionario en sus propios Estados. Precisamente por esta razón combatieron tan abnegadamente los revolucionarios de Francia contra las tropas de los monarcas.

No ocurre los mismo en la guerra presente. Esta es una guerra imperialista. Su objetivo fundamental es la anexión de territorios ajenos, principalmente agrarios, por Estados con un alto desarrollo capitalista. Estos últimos necesitan nuevos mercados de venta, rutas cómodas hacia esos mercados, materia primas, riquezas minerales, y tratan de conseguidos en todas partes, independientemente del régimen interior del país que se anexiona.

Tal es la razón de que la guerra actual, hablando en términos generales,no conduzca ni pueda conducir a una inevitable, ingerencia en los asuntos interiores del territorio que se anexiona, en el sentido de restaurar el antiguo régimen en él.

Y precisamente por eso la actual situación de Rusia no da motivo para tocar a rebato y proclamar: “¡La libertad está en peligro, viva la guerra!”.

La situación actual de Rusia recuerda más bien la de Francia de 1914, la de Francia al principio de la guerra, cuando la contienda entre Alemania y Francia resultó inevitable.

Como ahora en la prensa burguesa de Rusia, en el campo burgués de Francia dieron entonces la señal de alarma: “¡La República está en peligro, duro con los alemanes!”.

Y así como entonces la alarma se apoderó en Francia también de muchos socialistas (Guesde, Sembat y otros), así ahora en Rusia no pocos socialistas han seguido las huellas de los portavoces burgueses de la “defensa revolucionaria”.

La marcha posterior de los acontecimientos en Francia demostró que la alarma era falsa y los gritos sobre la libertad y la república encubrían los verdaderos apetitos imperialistas franceses, cuyas aspiraciones eran anexionarse Alsacia-Lorena y Westfalia.

Estamos profundamente convencidos de que la marcha de los acontecimientos en Rusia pondrá al descubierto toda la falsedad de los gritos desmedidos sobre “la libertad en peligro”: el humo “patriótico” se disipará, y los hombres verán con sus propios ojos las verdaderas aspiraciones de los imperialistas rusos a... ocupar los estrechos, a penetrar en Persia...

La conducta de Guesde, Sembat y otros recibió la merecida y autorizada apreciación en concretas resoluciones de los Congresos socialistas de Zimmerwald y de Kienthal (1915-1916) contra la guerra.

Los acontecimientos posteriores han confirmado toda la justeza y la eficacia de los postulados de Zimmerwald-Kienthal.

Sería lamentable que la democracia revolucionaria rusa, que ha sabido derrocar el odiado régimen zarista, se dejara impresionar por la falsa alarma de la burguesía imperialista, repitiendo los errores de Guesde y Sembat...

¿Cuál debe ser nuestra actitud, como partido, hacia la guerra actual?

¿Cuáles son los caminos prácticos que pueden llevar con la máxima rapidez al cese de la guerra?

Ante todo, es indudable que la sola consigna de “¡Abajo la guerra!” es completamente inadecuada como camino práctico, ya que al circunscribirse a la propaganda de la idea de la paz en general, no da ni puede dar nada en el sentido de una acción práctica sobre las fuerzas beligerantes con el fin de poner término a la contienda.

Después, no se puede por menos de aplaudir el llamamiento de ayer del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado a los pueblos del mundo entero, invitándoles a obligar a sus propios gobiernos a poner fin a la matanza. Este llamamiento, si llega hasta las amplias masas, hará, sin duda, retornar a centenares y miles de obreros, a la olvidada consigna: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. Mas no por eso puede dejarse de advertir que, de todas maneras, no lleva directamente al objetivo, pues aún admitiendo que alcance amplia difusión entre los pueblos de las potencias beligerantes, es difícil suponer que éstos puedan seguir tal llamamiento, ya que ellos no han comprendido todavía el carácter rapaz de la guerra presente ni sus fines anexionistas. No hablamos ya de que, por cuanto el llamamiento condiciona el “cese de la espantosa matanza” al derrocamiento previo del “régimen semiautocrático” de Alemania, de hecho aplaza indefinidamente el “cese de la espantosa matanza”, deslizándose así hacia el punto de vista de la “guerra hasta el fin”, puesto que se ignora cuándo, precisamente, logrará el pueblo alemán derrocar el “régimen semiautocrático” y si, en general, lo conseguirá en un futuro inmediato...

¿En dónde está la salida?

La salida está en la presión sobre el Gobierno Provisional, exigiendo su acuerdo para la rápida iniciación de negociaciones de paz.

Los obreros, los sodlados y los campesinos deben organizar mítines y manifestaciones, deben exigir del Gobierno Provisional que intente abierta y públicamente inclinar a todas las potencias beligerantes a iniciar en el acto negociaciones de paz sobre la base del reconocimiento del derecho de las naciones a la autodeterminación.

Sólo en tal caso la consigna de “¡Abajo la guerra!” no correrá riesgo de transformarse en un pacifismo insubstancial, en un pacifismo sin contenido; sólo en tal caso puede convertirse en una potente campaña política que arranque la máscara a los imperialistas y descubra los verdaderos móviles de la guerra actual.

Y esto es así, pues aun suponiendo que una de las partes rechace las negociaciones sobre la base de los indicados principios, incluso esta negativa –es decir, el no querer renunciar a las aspiraciones anexionistas- los pueblos verán con sus propios ojos el carácter anexionista de la guerra y la faz sangrienta de los grupos imperialistas, por cuyos intereses codiciosos sacrifican la vida de sus hijos.

Ahora bien, arrancar la máscara a los imperialistas y descubrir ante los ojos de las masas los verdaderos móviles del conflicto actual significa, precisamente, declarar una auténtica guerra a la guerra, hacer imposible la guerra actual.


Firmado: K. Stalin

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