miércoles, agosto 5

Trotsky pide que lo arresten

...Un popular periódico de derecha publicó “documentos” alegando que Lenin había estado en la lista de pagos del Estado Mayor General alemán. Se emitieron órdenes de arresto para Lenin, Zinoviev y Kámenev. A primera vista, se podía ver que los documentos eran una burda falsificación. El testigo que los produjo, un tal Yermolenko, resultó ser un antiguo informante, ahora al servicio de la contrainteligencia militar. Pero la primera impresión causada por la acusación fue devastadora. Las apariencias hablaban contra Lenin y en ese momento las apariencias eran decisivas. El ciudadano no político, no iniciado en la historia y los hábitos de los partidos revolucionarios, se preguntaba: ¿De hecho, Lenin no regresó vía Alemania con el consentimiento del gobierno alemán? ¿No hizo agitación contra la guerra? ¿No fomentó el levantamiento? Era inútil replicar que Lenin había resuelto viajar a través de Alemania sólo después de que todas las otras rutas, vía Francia e Inglaterra, le habían sido negadas, y que muchos de sus adversarios mencheviques habían regresado, con él o poco después, por la misma ruta. Era inútil decir que Lenin esperaba que la revolución destruyera a los Hohenzollern y a los Augsburgos como había destruido a los Romanov. En la estampida que siguió a los Días de Julio tales sutilezas fueron ignoradas. Las clases ricas estaban furiosas, con temor y odio a la revolución. Las clases medias estaban ciegas de desesperación. El Estado Mayor General necesitaba una explicación que le lavara la cara por los últimos desastres militares. Y los socialistas moderados sentían que la tierra se les abría a sus pies. La necesidad de un chivo expiatorio y una espectacular ofrenda limpia-pecados era abrumadora.

En medio de esta conmoción, Trotsky visitó a Lenin. “Ellos han elegido este momento para matarnos a todos”, dijo Lenin. Contaba con la probabilidad de una exitosa contrarrevolución; creía que los Soviets, castrados por los mencheviques y eseristas, habían jugado su papel; y estaba preparando a su Partido para el regreso a la clandestinidad. Después de una breve duda, decidió que no permitiría ser apresado y que pasaría a la clandestinidad con Zinoviev. Trotsky tenía una visión menos dramática y le parecía que la decisión de Lenin era desafortunada. Tal conducta estaba contra los propios hábitos de Trotsky. Pensaba que Lenin no tenía nada que esconder, que, por el contrario, él tenía todo el interés en limpiar su imagen ante el público y de este modo serviría a su causa mejor que fugándose, lo que sólo aumentaría las apariencias negativas por las que la gente lo juzgaba. Kámenev compartía la apreciación de Trotsky y decidió someterse a prisión. Pero Lenin se mantuvo en su posición. No esperaba que un gobierno que había levantado falsas acusaciones contra él y había distribuido documentos fraguados a la prensa, le diera un juicio justo. La atmósfera era tensa. El Partido Bolchevique estaba virtualmente en el ostracismo. Pravda había sido prohibida y sus oficinas destruidas. Las sedes bolcheviques en varios distritos habían sido violentadas. Nada era más fácil para los rufianes de la vieja Ojrana que aún estaban atrincherados en la policía o para los fanáticos de la contrarrevolución que asesinar al odiado líder de la revolución, en camino a la prisión o dentro de ella. Lenin estaba consciente de su importancia para el Partido al tomar este riesgo, y, desechando consideraciones convencionales, se ocultó.

En ataques públicos, el nombre de Trotsky era frecuentemente asociado al de Lenin, pero ninguna orden de arresto fue emitida contra él. Había obvias razones: él no era nominalmente miembro del Partido Bolchevique; las circunstancias de su regreso a Rusia fueron tan diferentes de las de Lenin que no era fácil ponerle el rótulo de agente alemán; y el incidente con Chernov, el enemigo político a quien valientemente había rescatado, estaba aún fresco en la memoria de todos. Pero no estuvo tranquilo por mucho tiempo. Rech, el periódico de Miliukov, publicó la historia de que antes de su partida de Nueva York Trotsky había recibido 10,000 dólares de ciudadanos americanos-alemanes para ser usados en una campaña de agitación derrotista en Rusia. En periódicos menos respetables, la fuente del dinero era el Estado Mayor General alemán. Trotsky replicó de inmediato en una carta abierta que apareció en el periódico de Gorky y desinfló las revelaciones de Miliukov con mucho efecto cómico. Resaltó irónicamente que los americanos-alemanes o el Estado Mayor General alemán aparentemente consideraban que derrocar a un régimen en un país enemigo era un asunto barato que costaba sólo 10,000 dólares. Atacó las fuentes de la historia, diciendo que ésta provenía del embajador británico Sir George Buchanan. El embajador negó el cargo, pero esto no impidió que Miliukov dijera que él [el embajador] había sido la fuente de la historia. Entonces Trotsky relató lo que realmente había pasado antes de su partida de Nueva York: socialistas rusos, americanos, letones, judíos, finlandeses y americanos-alemanes organizaron un mitin de despedida para él y otros tres emigrados rusos que iban a partir con él. Se hizo una colecta en el lugar, dando como resultado 310 dólares, de los que 100 fueron aportes de los americanos-alemanes que formaban parte de la audiencia. La suma fue entregada a Trotsky, que la dividió en partes iguales entre los emigrados que regresaban. El mitin y la colecta fueron informados en periódicos americanos. Trotsky concluía su carta con una “confesión” humorística que sabía lo desacreditaría ante los ojos del público burgués más que estar en la lista de pagos del Estado Mayor General: nunca en su vida había tenido en sus manos 10,000 dólares juntos o incluso la décima parte de esa suma.
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Habiendo fracasado este intento de involucrar a Trotsky, se inició la intriga desde el ángulo opuesto. La prensa estaba llena de historias alegando que Trotsky había roto con Lenin, el agente alemán. El 10 de julio, cuatro días después de la ocultación de Lenin, Trotsky escribió la siguiente carta al Gobierno Provisional:

Ciudadanos Ministros: Tengo conocimiento que ustedes han decretado el arresto... de los camaradas Lenin, Zinoviev, Kámenev, pero la orden de arresto no me incluye. Creo, entonces, necesario traer estos hechos para vuestra consideración: 1. Yo comparto en principio la actitud de Lenin, Zinoviev y Kámenev, y lo he expresado en la revista Vperiod y en todos mis discursos públicos; 2. Mi actitud hacia los sucesos del 3 y 4 de julio es la misma que la de los camaradas antes mencionados”.

Hizo un recuento de esos sucesos y explicó que el hecho de que no perteneciera a la organización bolchevique se debía a antiguas y ahora insignificantes diferencias.

Ustedes no tienen bases lógicas para exonerarme del efecto del decreto por el que Lenin, Zinoviev y Kámenev son sujetos a arresto... Ustedes no tienen razón para dudar que soy un opositor irreconciliable de la política general del Gobierno Provisional como los camaradas arriba mencionados. Mi exclusión sólo subraya gráficamente el carácter contrarrevolucionario y malicioso de la acción que ustedes han tomado contra ellos”.

Durante dos o tres días, mientras el terror contra los bolcheviques estaba en su pico, Trotsky no apareció en el Soviet. Pasó las noches en casa de Larin, antiguo menchevique que se había unido a los bolcheviques. Pero después de la publicación de la “Carta Abierta al Gobierno Provisional”, Trotsky, desafiante, reapareció en la palestra. Defendió a Lenin y al Partido Bolchevique en el Soviet, en el Ejecutivo de los Soviets y en el Ejecutivo de los Soviets campesinos... “Lenin”, exclamaba, “ha luchado por la revolución treinta años. Yo he luchado contra la opresión de las masas populares veinte años. No podemos sino odiar al militarismo alemán. Sólo el que no sabe qué es un revolucionario puede decir lo contrario... No permitan que nadie diga que somos mercenarios alemanes porque esa es la voz... de los villanos”. Advirtió a los mencheviques, que se lavaban las manos en este asunto, que esto podía ser su propia ruina. Chernov, el “social patriota”, ya había sido forzado a renunciar porque había participado en el movimiento de Zimmerwald. La contrarrevolución había elegido a los bolcheviques como sus primeros blancos; los socialistas moderados serían sus próximas víctimas.

Aun en esos días de histeria y pánico, fue escuchado con atención y respeto. Sus llamados, sin embargo, tuvieron poco o ningún efecto. Los socialistas moderados sabían que era absurdo acusar a Lenin y Zinoviev de ser agentes alemanes pero estaban convencidos de que la agitación bolchevique contra la guerra había ido demasiado lejos; sospechaban que en los Días de Julio Lenin... había intentado tomar el poder; y se rehusaban a levantar un dedo por la rehabilitación de Lenin. Sólo Mártov defendió el honor de su viejo adversario.

Trotsky permaneció en libertad por otros quince días. El gabinete estaba desconcertado por el desafío. No había bases para ordenar su arresto, a menos que declararan ilegal los principios que guiaban al Soviet en su conjunto, incluyendo su moderada mayoría, porque fue en los términos de esos principios en que Trotsky había enmarcado su propia actividad. Por otro lado, el gabinete no podía permitirle seguir en libertad para hacer burla de la acción contra los bolcheviques. En la noche del 23 de julio, Trotsky y Lunacharsky fueron arrestados y trasladados a la Prisión Kresty...

Extracto de "The Prophet Armed: Trotsky 1879-1921" de Isaac Deutscher, Verso, 2003, pp. 226-230. Traducción propia.

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