viernes, julio 10

Un reacomodo de clases (Lenin)

Pravda Nº 92 del 27 de junio (10 de julio) de 1917

Cada revolución, si es una verdadera revolución, causa un reacomodo de clases. De ahí que la mejor manera de educar al pueblo y combatir a los que engañan al pueblo invocando la revolución, es analizar el reacomodo de clases que ha ocurrido o está ocurriendo en la presente revolución.

De 1904 a 1916, en los últimos años del zarismo, la posición relativa de las clases se hizo particularmente clara. Un puñado de terratenientes semifeudales, encabezado por Nicolás II, estaba en el poder y mantenía una estrecha alianza con los magnates financieros que estaban obteniendo ganancias inauditas en Europa y para cuyo beneficio se habían concluido tratados depredadores con países extranjeros.

La burguesía liberal, dirigida por los Kadetes, estaba en oposición. Estaban más temerosos del pueblo que de la reacción y se acercaban más y más al poder compormetiéndose con la monarquía.

El pueblo, es decir, los obreros y campesinos, cuyos líderes habían sido empujados a la clandestinidad, era revolucionario. Ellos constituían los “demócratas revolucionarios” –proletarios y pequeño-burgueses.

La revolución del 27 de febrero de 1917 barrió la monarquía y puso en el poder a la burguesía liberal, que, operando en acuerdo directo con los imperialistas anglo-franceses, quería una revolución palaciega sin mayor trascendencia. Bajo ninguna circunstancia estaba dispuesta a ir más allá de una monarquía constitucional con un sistema electoral condicionada por varias características. Y cuando la revolución de hecho fue más allá, aboliendo completamente la monarquía y estableciendo los Soviets (de Diputados de Obreros, Soldados y Campesinos), toda la burguesía liberal se hizo contrarrevolucionaria.

Ahora, cuatro meses después de la revolución, el carácter contrarrevolucionario de los Kadetes, el principal partido de la burguesía liberal, es tan claro como el día. Todos pueden verlo. Todos se ven obligados a admitirlo. Pero no todos quieren enfrentarlo y pensar acerca de lo que implica.

Hoy Rusia es una república democrática gobernada por un acuerdo libre entre partidos políticos que están libremente buscando apoyo para sus posiciones entre el pueblo. Los cuatro meses desde el 27 de febrero han consolidado totalmente y dado forma definitiva a todos los partidos de alguna importancia, mostrándolos durante las eleccionaes (a los Soviets y a los órganos locales) y revelando sus lazos con las distintas clases.

En Rusia, la burguesía contrarrevolucionaria está en el poder hoy, mientras los demócratas pequeño-burgueses, los partidos socialista-revolucionario y menchevique, se han convertido en “la oposición de su Majestad”. La política de esos partidos es esencialmente una de compromiso con la burguesía contrarrevolucionaria. Los demócratas pequeño-burgueses están ascendiendo al poder, empezando por ocupar los órganos locales (precisamente como los liberales lo hicieron bajo el zarismo –ocupando primero los zemstvos). Esos demócratas pequeño-burgueses quieren compartir el poder con la burguesía, no derrocarla, exactamente de la misma forma en que los Kadetes querían compartir el poder con la monarquía y no derrocarla. Los demócratas pequeño-burgueses (los socialista-revolucionarios y los mencheviques) se comprometen con los Kadetes debido al cercano vínculo de clase entre la pequeña y gran burguesía; tal como el vínculo de clase entre el capitalista y el terrateniente, viviendo en el siglo veinte, les hizo abrazarse a los pies de su “adorado” monarca.

Es la forma de compromiso lo que ha cambiado. Bajo la monarquía era cruda: el zar no permitía a los Kadetes ir más allá del patio trasero de la Duma. En una república democrática, el compromiso se ha hecho tan refinado como en Europa: se permite a la pequeña burguesía, en inofensiva minoría, ocupar inofensivos (para el capital) puestos en Gabinete

Los Kadetes han tomado el lugar de la monarquía. Los Tseretelis y los Chernovs han tomado el lugar de los Kadetes. La democracia proletaria ha tomado el lugar de una verdadera democracia revolucionaria.

La guerra imperialista ha acelerado los desarrollos de manera fantástica. Si no hubiera sido por esta guerra, los socialista-revolucionarios y mencheviques podrían haber suspirado por décadas por los puestos ministeriales. La misma guerra, sin embargo, está urgiendo mayores desarrollos, porque plantea los problemas de una manera revolucionaria en lugar de una manera reformista.

Los partidos Socialista-revolucionario y Menchevique podrían haber dado a Rusia muchas reformas, de acuerdo con la burguesía. Pero la situación objetiva de la política mundial es revolucionaria y no puede ser enfrentada con reformas.

La guerra imperialista está aplastando a los pueblos y amenaza con aplastarlos completamente. Quizá los demócratas pequeño-burgueses puedan impedir el desastre por un corto tiempo. Pero sólo el proletariado revolucionario puede impedir un final trágico.

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