martes, julio 7

El desconocido Stalin


Por lo menos desde 1912, Stalin era indiscutiblemente el principal líder bolchevique en Rusia. En aquel año entra a formar parte del Comité Central, pero es la cabeza del Buró Ruso del Partido Bolchevique desde 1909. El mismo 1912 dirige la campaña electoral a la IV Duma, que consigue que seis obreros bolcheviques sean elegidos diputados. Consecuentemente, se hace cargo de la fracción bolchevique en la Duma y, junto al joven Molotov, funda Pravda, el periódico legal del Partido del que sería editor. En 1913 sería arrestado y enviado al exilio en Siberia, cerca del círculo polar ártico, donde permanecería hasta 1917, cuando sería liberado por la revolución de Febrero.

La importancia de Stalin, en los años previos a Octubre, es corroborada públicamente por Lenin en mayo de 1917, en su testimonio ante la comisión gubernamental que investigaba el caso del agente de la Ojrana zarista, Roman Malinovsky, infiltrado en el CC Bolchevique. “No había muchos miembros del Comité Central en Rusia; después de todo Zinoviev y yo vivíamos en el extranjero. De los hombres locales, Stalin (Jugashvili) estaba en prisión o en el exilio la mayor parte del tiempo” (Richard Pipes, ed., The Unknown Lenin, Yale University Press, 1996, p.19).

Stalin era una figura conocida entre los bolcheviques de jerarquía y en el movimiento revolucionario del Cáucaso; fuera de ellos, muy poca gente sabía de él. Los mencheviques georgianos Chjeídze y Tsereteli, líderes del Soviet que nació con la revolución de Febrero, conocían y habían enfrentado a Stalin desde 1902. Lo mismo se puede decir de Noé Jordania, menchevique y futuro presidente de la República Soviética de Georgia en 1921. La menchevique Tatiana Vulikh decía que Koba Stalin “era el verdadero jefe del Cáucaso” y que sus seguidores lo respetaban y le seguían como la segunda persona en el Partido después de Lenin. Era 1908 y Stalin se encontraba en Bakú, donde entonces se producía la mitad del petróleo del mundo y era crucial para la vida rusa y mundial. El Cáucaso era una de las regiones donde el movimiento revolucionario tenía mayor desarrollo en el imperio ruso. Y en relación a la cuestión nacional, la opresión zarista sobre nacionalidades no rusas, Georgia y Polonia se hacían notar en esa “cárcel de pueblos” que era Rusia.

Fuera de ese círculo, era difícil que otros siguieran su trayectoria. Cambiaba de seudónimo con mucha frecuencia, y a veces tenía varios al mismo tiempo según la actividad que iba a realizar. También cambiaba de domicilio y de ciudad con asiduidad. Incluso la Ojrana, siendo tan detallista y minuciosa en sus registros, tenía dificultades para identificarlo. Lenin mismo tuvo que preguntar alguna vez a Rusia cuál era el verdadero apellido de Stalin. Esto era comprensible. Los emigrados que vivían en Europa tenían más libertad de acción y aunque no podían confiarse, conservaban sus seudónimos durante mucho tiempo: Lenin, Mártov, Zinoviev, Kámenev, Trotsky, etc., se repetían todos los años. Los que vivían en Rusia no podían darse ese lujo, tenían que hacer todo lo posible por despistar a la Ojrana. En toda su vida política, Stalin fue apresado ocho veces, fugándose siete; más que cualquier otro revolucionario ruso. Y eso que, como pocos, él era uno de los militantes que tomaba las más estrictas medidas de seguridad.

En 1917, cuando triunfó la revolución de Febrero y se establecieron las libertades políticas en Rusia, salen a la luz todos los que habían estado emigrados, exiliados, presos y en la clandestinidad. Muchos continuaron usando sus seudónimos para ser reconocidos. Stalin había adoptado su seudónimo definitivo en 1912, pocos meses antes de ser detenido y sacado de circulación hasta 1917. Por eso, al llegar a Petrogrado, en marzo de 1917, su nombre decía muy poco a la mayoría. Sólo lo conocían los líderes y algunos mandos medios.

Por otro lado, el debate ideológico y político se dio principalmente en los círculos de emigrados radicados en Europa. Los principales periódicos y revistas socialdemócratas se editaban fuera de Rusia, debido a la censura, y pocos llegaban a ingresar ilegalmente a suelo ruso. Los más importantes líderes revolucionarios vivían afuera, en las principales ciudades europeas. En ellas habían comunidades rusas tan grandes que los emigrados no se sentían obligados a aprender el idioma del país que los acogía: se hablaba ruso y tenían sus periódicos escritos en su propia lengua. Los revolucionarios emigrados se frecuentaban y reunían para discutir las últimas nuevas de Rusia. Aunque discrepaban entre sí, no era raro que mencheviques y bolcheviques se reunieran a conversar informalmente, departieran juntos. Esto creaba un clima de familiaridad entre ellos, como si fuera una especie de círculo cerrado. algo que a Lenin no le gustaba.

En sus escritos sobre la historia de la revolución rusa y sus notas autobiográficas, Trotsky transmite ese ambiente sin proponérselo. Cuando se refiere a Stalin y a Sverdlov en 1917, hace énfasis en que “nadie” los conocía. Y con esto lo que realmente quiere decir es que Plejánov o Mártov o Axelrod o Liber o Dan, etc., etc., o él mismo -todos los nombres familiares de la emigración- no conocían a gente como Stalin o Sverdlov (que se quedaron en Rusia). En consecuencia, “nadie” los conocía. Obviamente, la observación con respecto a Stalin tiene como objetivo hacer de él un “aparecido” o “un recién llegado” en la política, sin trayectoria y sin credenciales para ser el líder de la revolución. Pero entonces cómo se explica que este "desconocido" meses antes de la revolución de Octubre era miembro del recién creado Buró del Comité Central bolchevique junto a Lenin, Kámenev y Zinoviev.

Cuando se revisan los escritos de Trotsky uno se encuentra con sorpresivas referencias a acciones en las que Stalin tuvo un papel importante antes de la revolución. Estas contradicen su deliberada mentira cuando dice que Stalin “pasó 1905 en una oficina sin pretensiones escribiendo deslucidos documentos sobre brillantes eventos”. Dos ejemplos. En 1902, cuando Stalin dirigía el movimiento en Batumi, las acciones de masas habían alcanzado un nivel notable y llamaban la atención de toda Rusia. Stalin estaba en pugna con los vacilantes Chjeídze y Jordania sobre las formas de lucha del movimiento en ese momento. En marzo, los obreros se declararon en huelga. El gobernador amenazó: “O regresan al trabajo o a Siberia”. La policía detuvo a varios líderes provocando la indignación de los trabajadores que salieron en manifestaciones. Stalin y los suyos estaban a la cabeza. La población se unió a ellos dirigiéndose a la prisión a liberar a los presos. Pero un infiltrado delató el plan y los cosacos sorprendieron a los manifestantes, provocando una masacre de obreros. Trotsky escribió acerca de estos eventos: “Conmocionó a todo el país”.

En 1905, año en que Trotsky se haría famoso en San Petersburgo, la revolución tuvo un carácter más dramático, más violento y más heroico en Moscú y en el Cáucaso. Los bolcheviques que no tuvieron un rol dominante en San Petersburgo, tuvieron el liderazgo en Moscú y el Cáucaso, donde se desarrollaron enfrentamientos armados con las tropas. La revolución en Moscú sólo pudo ser debelada con la participación de regimientos llegados desde San Petersburgo. Por su parte, en el Cáucaso, eran conocidos los destacamentos de combate bolcheviques, especialmente el de Chiatura. Stalin y demás dirigentes iban de una ciudad a otra planeando, organizando y dirigiendo las acciones. En Tiflis, en particular, el virrey sólo controlaba la parte central de la ciudad, mientras que el resto “estaba en las manos de obreros armados”, según anotaba Trotsky, patrullando las calles bajo la forma de milicias. El comando bolchevique estaba bajo la dirección de Stalin, Tskhakaya (mentor de Stalin y compañero de Lenin en el regreso a Rusia en el tren precintado de 1917) y Mdivani (que luego sería parte del Soviet de Georgia bajo la dirección bolchevique en 1922). En noviembre de 1905, Tiflis era como diría Trotsky una “caldera hirviente” al borde la guerra civil. En la Conferencia de Tammerfors de diciembre de 1905, Stalin diría con razón que entre los presentes él era “el único que había organizado y dirigido hombres en combate”.

Evaluando los sucesos violentos de la revolución de 1905, principalmente dirigidos por bolcheviques, Plejánov concluiría: “No debieron haber tomado las armas”. Lenin respondería que las debieron haber tomado “con más firmeza, audacia y decisión”.

Stalin también era conocido por haber organizado las más sorprendentes acciones de expropiación a la burguesía para obtener fondos para el Partido. Estas acciones eran realizadas por todos los partidos revolucionarios: bolcheviques, mencheviques y socialista-revolucionarios. Pero los intelectuales mencheviques lograron que el Congreso de Londres en 1907 prohibiera estas actividades. En 1908, los mencheviques del Cáucaso acusaron a Stalin ante el Partido de haber seguido con las expropiaciones. La comisión nombrada para investigar el hecho se reunió en Ginebra. En aquella reunión, Mártov se despachó contra Lenin. El menchevique a cargo del relato empezó a nombrar a los bolcheviques que participaron en los eventos, diciendo que “todos estos actos estaban bajo la dirección del camarada Koba (Stalin)”. En ese momento Lenin interrumpió abruptamente al orador, advirtiéndole “¡No dé el nombre familiar de éste último!”. “No lo haré”, respondió el espetado, “pero todos sabemos que él es bien conocido como el Lenin del Cáucaso”. (Extraído de “Young Stalin” de Simon Sebag Montefiore). Este autor agrega: “si era necesaria alguna prueba de su relación (Lenin-Stalin) tan temprana como 1907-8, la protección de Lenin a Stalin lo demuestra”.

Pese a lo mucho que se ha escrito sobre Stalin, una biografía seria del líder bolchevique espera aún ser escrita. La abrumadora cantidad de “biografías” han sido escritas por historiadores burgueses y trotskistas, todos declaradamente anti-stalinistas, prejuiciados ideológica y personalmente. La mayoría -faltando a los métodos de la historia como disciplina- sigue lo escrito por Trotsky, que a todos luces es prejuiciado y tiene como objetivo justificar su derrota en la lucha por el poder. Tampoco se trata de escribir un panegírico. Se trata de poner las cosas en su lugar, haciendo uso además de nuevas fuentes escritas y documentales a disposición de los historiadores.

DR

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