domingo, abril 19

Lenin y las Tesis de Abril


Pocos bolcheviques podían creer lo que sus oídos escuchaban cuando habló en dos reuniones el 4 de abril. La primera reunión se realizó en la sede del Comité bolchevique de Petersburgo en horas tempranas de la mañana. Era en una mansión grande en el boulevard Kronversky que antes lo ocupaba la ballerina Matilda Kshesinskaya, la amante de Nicolás II. Sin demostrar ningún tipo de cansancio, Lenin lanzó una crítica contra la cautela del Comité Central bolchevique. Estaba furioso como un toro. Todo en él reflejaba impaciencia y determinación. Había una claridad de propósito que nadie en su partido tenía. En verdad pocos políticos en los otros partidos tenían mucho de la fe en sí mismo de Vladimir Lenin…él no veía como su tarea modificar las políticas del Gobierno Provisional. Lenin buscaba hacer otra revolución.

...a diferencia de otros líderes políticos, el no veía al Gobierno Provisional como un nuevo régimen sino como la nueva forma del viejo…

…su segunda reunión del 4 de abril. Este se llevó en el salón número 13 del Palacio Táurida. Era una edificación que antes albergó a la Duma del Estado y que, desde la Revolución de Febrero, era sede tanto del Gobierno Provisional como del Soviet de Petrogrado. A los partidos grandes se les permitía tener sus reuniones allí. Una reunión de bolcheviques de todo el país se había reunido aprovechando la conferencia de todos los soviets de diputados de obreros y soldados del país. Lenin sorprendió prácticamente a todos que aún no habían escuchado sus propuestas. Sin decir nombres, atacó a aquellos que hablaban de reconciliación con los mencheviques. El contenido de las Tesis de Abril fue revelado y explicado. La mayoría de los bolcheviques difícilmente creía lo que escuchaba. Excepciones notables eran Alexandra Kollontai y Alexander Shliápnikov. El resto estaba pasmado. Kámenev en particular creía que Lenin había perdido sus sentidos. La mayoría de los amigos de Lenin esperaban que se calmaría una vez que se familiarizara con las realidades de la situación presente de Rusia…

Un amplio debate fue imposible, sin embargo, porque Lenin habia hablado durante una hora y media y su presencia era esperada en una tercera reunión en la parte baja donde la Duma del Estado alguna vez se reunió. Esta iba a ser una sesión unificatoria de todos los delegados marxistas que asistían a la conferencia de los soviets de diputados de obreros y soldados del país. Los mencheviques fueron al salón 13 a presionar a los bolcheviques a traer a su líder con ellos.

El presidente de la sesión era Nikolai Chjeídze. Se le dió nuevamente la plataforma a Lenin. Su largo viaje no había dejado marca en él. Dando pasos de un lado a otro, parecía un animal liberado. Habiendo fijado sus ideas en las reuniones previas, tenía la mente clara y dió una tormentosa declaración de propósito revolucionario. Pero esta vez la respuesta fue crítica. Primero que todo, Irakli Tsereteli, como líder menchevique del Soviet de Petrogrado hizo un llamado a la unificación del partido marxista y argumentó que una prematura toma del poder conduciría al desastre. Tibiamente sugirió que finalmente podría cooperar con Lenin. Poniéndose de pie Lenin lo desilusionó de inmediato: “¡Nunca!”. El ex-bolchevique I.P. Goldenberg comparó a Lenin con el líder anarquista del siglo XIX Mijaíl Bakunin que polemizó con el mismísimo Marx:

“El trono vacío por más de treinta años desde la muerte de Bakunin esta ahora ocupado. Desde su sede, la bandera de la guerra civil ha sido desplegada en medio de la democracia revolucionaria. El programa de Lenin es puro insurreccionalismo que nos conducirá al hoyo del anarquismo. Esas son las tácticas del apóstol universal de la destrucción”.

Despues de tal denuncia no hubo oportunidad para una rápida reconciliación entre los líderes bolcheviques y mencheviques. Otros oradores continuaron el ataque a Lenin. Cuando la enconada sesión se disolvió, el presidente Chjeídze se permitió la puya: “Lenin quedará como una solitaria figura fuera de la revolución y nosotros seguiremos nuestro propio camino”.

Pero Lenin no estaba solo. Estaba complacido de su primer día de trabajo en Petrogrado y deseaba consolidarlo en las siguientes semanas. En toda ocasión posible arengaba contra el Gobierno Provisional, arengaba contra los mencheviques y socialistas revolucionarios por apoyar el Gobierno Provisional, arengaba contra los bolcheviques que simpatizaban con los mencheviques y socialistas revolucionarios. Hablaba en mítines de masas abiertos. Escribía para Pravda. Asistía a las reuniones del Comité Central bolchevique y lo guiaba. Hablaba con visitantes a Petrogrado con el fin de obtener información de las provincias. Revisaba la prensa no bolchevique para informarse más. Mantenía contacto con Rádek en Estocolmo y estaba al corriente de la situación política y militar en toda Europa… Todo lo que hizo fue encargarse de que las Tesis de Abril se convirtieran en el fundamento de la estrategia revolucionaria bolchevique.

Pero no era inflexible. En las Tesis de Abril había tenido el tacto de reconocer que no toda la gente que apoyaba al Gobierno Provisional eran consumados imperialistas. Sabía que la mayoría de los obreros y soldados tenía la voluntad patriótica de vencer a Alemania. Tenía que persuadirlos cuidadosamente para atraerlos al bolchevismo. Y para que esto pasara los bolcheviques tenían que obtener la mayoría en los soviets y otras organizaciones de masas: no podría haber una posesión del poder duradera a menos que el partido se asegurara el apoyo popular más amplio. De ahí que los bolcheviques tenían que asegurar su oportunidad de operar legalmente. La propaganda en la prensa y en mítines abiertos serían cruciales, y Lenin no deseaba crear dificultades al partido por abogar abiertamente por una acción que invitaría a la represión del Ministerio del Interior. Al arribar a Petrogrado se dió cuenta que sus propias consignas eran problemáticas. La mayoría de los oyentes se sentía profundamente incómoda por sus discursos sobre la necesidad de convertir “la guerra imperialista en una guerra civil europea”. Tanto los obreros como los soldados y campesinos en general eran poco receptivos al prospecto de una “guerra revolucionaria” o a una “dictadura”. Y su demanda a los socialistas europeos para hacer campaña por la derrota de sus respectivos gobiernos, era una noción que simplemente ofendía a la opinion pública a todos los niveles.

Extractos de Lenin: A biography de Robert Service, Harvard Belknap, 2000. Traducción propia.

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