viernes, agosto 21

Contra la Conferencia de Moscú (Stalin)

Rabochí í Soldat Nº 14 del 8 (21) de agosto de 1917

El desarrollo de la contrarrevolución está entrando en una nueva fase. De los asaltos y de las destrucciones está pasando a la consolidación de las posiciones conquistadas. Del desenfreno y los desmanes está pasando al “cauce legal” de la “estructuración constitucional”.

La revolución puede y debe ser derrotada, dicen los contrarrevolucionarios. Pero eso no basta. Además, hace falta que eso sea aprobado. Y las cosas deben ser amañadas de manera que la aprobación la dé el propio “pueblo”, la “nación”, y no sólo en Petrogrado o en el frente, sino en toda Rusia. Entonces la victoria sería firme. Entonces las conquistas logradas podrían servir de base para futuras victorias de la contrarrevolución.

Pero ¿cómo se puede amañar eso?

Se podría acelerar la convocatoria de la Asamblea Constituyente, única representante de todo el pueblo ruso, y pedirle que aprobase la política de guerra y de ruina, de asaltos y de detenciones, de palizas y de fusilamientos.

Pero la burguesía no dará ese paso. La burguesía sabe que en la Asamblea Constituyente, donde los campesinos serán mayoría, no logrará que sea reconocida ni aprobada la política de la contrarrevolución.

Por eso se esfuerza para conseguir (¡ya lo ha conseguido!) que se aplace la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Probablemente, seguirá aplazándola hasta lograr, por fin, frustrarla para siempre.

Pero, ¿dónde está la “salida”?

La “salida” está en suplantar la Asamblea Constituyente por la “Conferencia de Moscú”.

La “salida” está en suplantar la voluntad del pueblo por la voluntad de las altas esferas de la burguesía y de los terratenientes, sustituyendo la Asamblea Constituyente por esa “Conferencia de Moscú”.

Convocar una conferencia de comerciantes y de industriales, de terratenientes y de banqueros, de diputados de la Duma zarista y de mencheviques y eseristas ya domesticados, a fin de proclamar esa conferencia “Concilio Nacional” y lograr luego que apruebe la política de imperialismo y de contrarrevolución, la política de cargar el peso de la guerra sobre las espaldas de los obreros y de los campesinos: ésa es la “salida” para la contrarrevolución.

La contrarrevolución necesita su propio parlamento, su propio centro, y lo está creando.

La contrarrevolución necesita la confianza de la “opinión pública”, y la está creando.

Ahí está el quid de la cuestión.

A este respecto, la contrarrevolución sigue el mismo camino que la revolución. La contrarrevolución aprende de la revolución.

La revolución tenía su parlamento, su centro efectivo, y se sentía organizada.

Ahora la contrarrevolución se esfuerza por crear su parlamento, y lo está creando en el corazón mismo de Rusia, en Moscú, con las manos -¡oh, ironía del destino!- de los eseristas y de los mencheviques.

¡Y eso cuando el parlamento de la revolución ha sido reducido al papel de mero apéndice de la contrarrevolución burguesa imperialista, cuando se ha declarado una guerra a muerte a los Soviets y a los Comités de obreros, campesinos y soldados!

No es difícil comprender que, en tales condiciones, la Conferencia convocada en Moscú para el 12 de agosto ha de transformarse inevitablemente en un órgano de conspiración contrarrevolucionaria contra los obreros, a quienes se amenaza con los lockouts y el paro; contra los campesinos, a quienes “no se da” tierra; contra los soldados, a quienes se priva de la libertad conquistada en los días de la revolución; esa Conferencia acabará por ser inevitablemente un órgano de conspiración enmascarada con las “frases socialistas” de los eseristas y los mencheviques, que apoyan esa Conferencia.

De ahí que sea misión de los obreros de vanguardia:

1) Arrancar a la Conferencia la careta de órgano representativo del pueblo y poner al desnudo su fondo contrarrevolucionario y antipopular.

2) Denunciar a los mencheviques y a los eseristas, que encubren esa Conferencia con la bandera de la “salvación de la revolución” y están engañando a los pueblos de Rusia.

3) Organizar mítines de masas para protestar contra esas maquinaciones contrarrevolucionarias de los “salvadores”... de los beneficios de los terratenientes y de los capitalistas.

¡Sepan los enemigos de la revolución que los obreros no se dejarán engañar, que no dejarán escapar de sus manos la bandera de combate de la revolución!

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