viernes, junio 12

Caso de R.V. Malinovsky: Declaración de Lenin


Roman Malinovsky era miembro del Comité Central Bolchevique, elegido en 1912, y uno de los seis diputados que los bolcheviques tenían en la IV Duma (la última). En 1914, Malinovsky súbitamente renunció a la Duma y dejó el Partido bolchevique. Sólo después se supo que el nuevo jefe de la Ojrana ordenó prescindir de los servicios de provocadores infiltrados en las fracciones revolucionarias en la Duma, por temor a un escándalo y porque en alguna forma estos ayudaban a los revolucionarios. Malinovsky era agente de la Ojrana y había sido responsable del encarcelamiento de Stalin y Sverdlov y muchos otros bolcheviques, descabezando al Buró Ruso del CC. Con el triunfo de la Revolución de Febrero, se abrieron los archivos de la odiada Ojrana, la policía secreta zarista, y salieron a relucir los nombres de los agentes infiltrados en el movimiento revolucionario. El Gobierno Provisional nombró una comisión investigadora al respecto, y ante ella Lenin rindió su testimonio que a continuación se resume. En 1918, Malinovsky, regresó a Rusia y fue detenido por las autoridades soviéticas. Ese mismo año fue ejecutado. DR



26 de mayo (8 de junio) de 1917

Protocolos:

Ví por primera vez a Malinovsky en la Conferencia de Praga de nuestro Partido [el Partido Obrero Social Demócrata de Rusia, “Bolchevique”] en enero de 1912. Malinovsky vino a la conferencia con la reputación de ser uno de las más prominentes militantes [del partido] del movimiento obrero legal, bastante mencionado en los circulos mencheviques, que lo consideraban uno de ellos. Escuché que el menchevique Sher incluso llamaba a Malinovsky el Bebel ruso.

Malinovsky gozaba de una especial popularidad –no sólo entre los líderes del Partido Social Democrata sino entre las amplias masas trabajadoras– porque era secretario de uno de los más grandes sindicatos, la Unión de Metalúrgicos. No era fácil avanzar en ese medio que incluía muchos obreros completamente maduros, y adquirir popularidad en una posición que requería contacto permanente con las masas. Por esta razón, todos nosotros, los participantes en la Conferencia de Praga, vimos la autoridad de Malinovsky como indiscutible. Malinovsky también nos dijo que gradualmente y después de las más serias reflexiones y observaciones, se convirtió del menchevismo al bolchevismo, y que en la primavera de 1911, debido a esa conversión, el había tenido una conflicto muy serio con los obreros mencheviques más prominentes, que lo habían invitado a una importante reunión menchevique de alto nivel. La autoridad de Malinovsky creció aún más alto a los ojos de todos los delegados…

Malinovsky fue elegido al Comité Central [del Partido Bolchevique] en la Conferencia de Praga, y lo designamos inmediatamente candidato a la Duma del Estado. En el interés de asegurar su elección, nosotros en el CC le dimos una orden directa comportarse con extrema precaución antes de las elecciones, que estuviera en su fábrica, que no viajara a Moscú, etc.

Malinovsky me dijo en Praga, supuestamente como una gran secreto, supuestamente “sólo” para mí (aunque después resultó que no era sólo para mí), que había sido obligado a vivir bajo un pasaporte falso debido a los sucesos de 1905. Después de la revolución y de la guerra japonesa, esto no era algo inusual entre los socialdemócratas, y la confianza que muchos de miles de metalúrgicos pusieron en Malinosvsky, observando [después] cada paso de su vida y acciones como secretario, removieron cualquier sombra de duda de mi mente.

Ví a Malinovsky por segunda vez en Cracovia, donde yo había ido desde París en la primavera de 1912, para trabajar a tiempo completo para Pravda, fundada en abril de 1912, que inmediatamente se convirtió en nuestro órgano principal de influencia sobre las masas. Cuando vino a Cracovia, Malinovsky, al igual que Muranov, era ya miembro de la Duma de Estado. Después –recuerdo que fue en diciembre– vinieron Petrovsky y Badaev.

…Nosotros valoramos a Malinovsky como miembro del CC particularmente por su actividad como agitador y como miembro de la Duma; como organizador, nos parecía demasiado nervioso y rudo con la gente. Malinovsky estaba algo irritado por la inclusión de otros diputados [de la Duma] en el CC, no objetándolo pero aparentemente sin ser entusiasta (nosotros empezamos regularmente a cooptar, uno tras otro, a todos nuestros diputados [a la Duma] en el CC). Nosotros atribuímos esto a su extrema vanidad y amor por el poder, que incluso militantes locales habían reclamado y que era también evidente en las reuniones. Dadas las desafortunadas experiencias con varios diputados de la Primera y Segunda Dumas del Estado, no nos sorprendía que el “alto título” de miembro de la Duma se les subiese a la cabeza a la gente y algunas veces los “arruinara”.

Es claro para mí que Malinovsky estaba nervioso cuando vió otros diputados en el CC, porque socavaba completamente su “omnipotencia” (solo, él habría tenido todas las conexiones en Rusia en sus manos, dado que estábamos obligados a vivir afuera).

Malinovsky vino a Cracovia con más frecuencia que los otros, explicando esto, por un lado, por el extremo cansancio y por el deseo de visitar Varsovia (donde supuestamente tenía amigos y familiares polacos), etc…

Alrededor de 1911, escuché que en Moscú hubo sospechas acerca de la integridad política de Malinovsky, y fuimos informados de esas sospechas en una forma particularmente definida después de su súbita renuncia de la Duma en la primavera de 1914. Por lo que respecta a los rumores de Moscú, éstos aparecieron en la época en que el “espionaje manía” estaba llegando a su clímax, y ningún solo hecho que pudiera ser verificado en alguna medida fue informado.

Después de la renuncia de Malinovsky, nombramos una comisión para investigar las sospechas (Zinoviev, Ganetsky y yo). Interrogamos a unos cuantos testigos, realizamos confrontaciones personales con Malinovsky, escribimos cientos de páginas transcribiendo esos testimonios (desafortunadamente, debido a la guerra, muchas fueron destruídas o abandonadas en Cracovia). Definitivamente, ningún miembro de la comisión fue capaz de encontrar alguna prueba. Malinovsky nos explicó que había renunciado [a la Duma] porque no podía seguir ocultando su historia personal, que lo había obligado a cambiar su nombre; una historia que supuestamente involucraba el honor de una mujer y había tenido lugar antes de su matrimonio. Nos proporcionó nombres de testigos en Varsovia y Kazán, uno de los cuales, según recuerdo, era un profesor de la Universidad de Kazán. La historia nos pareció plausible; la naturaleza apasionada de Malinovsky le daba la apariencia de veracidad y nosotros consideramos que no era de nuestra incumbencia publicitar un asunto de este tipo. Decidimos citar a los testigos a Cracovia o enviar agentes de la comisión a visitarlos en Rusia, pero la guerra impidió esto.

Pero la convicción general de los tres miembros de la comisión fue que Malinovsky no era un provocador y eso fue lo que declaramos en la prensa.

Personalmente he pensado en muchas ocasiones que después del caso Azef, [jefe de la Organización de Combate del Partido Socialista Revolucionario, encargado de los atentados terroristas, de quien se supo era agente de la policía, en 1909], nada puede sorprenderme. Pero no creo en la provocación en este caso, no sólo porque no ví prueba o evidencia sino también porque si Malinovsky era un provocador, la Ojrana no habría ganado de eso tanto como nuestro Partido ganó de Pravda y de todo el aparato legal.

Es claro que para poner un provocador en la Duma y para ese propósito remover los rivales del bolchevismo, etc., la Ojrana fue guiada por una cruda imagen del bolchevismo –yo diría una caricatura de él: los bolcheviques “prepararán una insurrección armada”. Para tener todos los hilos de esta insurrección en preparación –desde el punto de vista de la Ojrana– valía todo para tener a Malinovsky en la Duma y en el CC [bolchevique].

Cuando la Ojrana alcanzó ambos fines, resultó que Malinovsky se convirtió en uno de esos eslabones de una larga y sólida cadena que conectaba (desde varios lados) nuestra base ilegal con los dos principales órganos de influencia del Partido sobre las masas –esto es, Pravda y la Fracción Socialdemócrata en la Duma. El provocador estaba obligado a proteger esos dos órganos para justificarse ante nosotros.

Nosotros controlábamos directamente esos órganos: Zinoviev y yo escribíamos diariamente para Pravda y las resoluciones del Partido determinaban completamente su línea. La influencia sobre 40-60 mil obreros estaba garantizaba. Lo mismo era verdad para la fracción de la Duma, en la que en particular trabajaban Muranov, Petrovsky y Badaev, independientemente de Malinovsky, expandiendo sus lazos, influenciando a la más amplia masa de obreros.

Malinovsky podía haber destruído un número de individuos, y de hecho lo hizo. [Pero] él no podía detener ni controlar, ni “dirigir” el crecimiento del trabajo del Partido en términos del desarrollo de su significado e influencia sobre las masas, decenas y centenas de miles (mediante huelgas, que se incrementaron después de abril de 1912). No me sorprendería si uno de los argumentos [de la Ojrana] para remover a Malinovsky de la Duma fuera que en realidad él estaba envuelto con la Pravda legal y la fracción legal de diputados que estaban dirigiendo un trabajo revolucionario entre las masas en una escala mayor a la tolerable por “ellos”, la Ojrana.

He escrito esta declaración con mi propia mano.

Vladímir Uliánov

Yo, continuo mi testimonio sobre preguntas individuales puestas ante mí.

No había muchos miembros del CC en Rusia; después de todo, Zinoviev y yo vivíamos afuera. De los hombres locales, Stalin (Dzhugashvili) estaba en prisión o en el exilio la mayor parte. Malinovsky, por supuesto, estaba ahí… Puedo decir que Malinovsky era, en mi opinión, un destacado militante [del Partido]…

…El quería jugar un rol principal entre los miembros del CC ruso y aparentemente no le gustaba cuando dabamos una tarea de responsabilidad a otro y no a él. En general, teníamos una norma: no permitíamos a los que estaban a la izquierda de nosotros a hacer los discursos. Si un discurso estaba algo a la derecha, era posible todavia corregirlo, pero las declaraciones más izquierdistas podían causar gran daño. Aparentemente a Malinovsky no siempre le gustaba esta línea de conducta; el prefería un pronunciado trabajo ilegal. Nosotros conversábamos frecuentemente acerca de esto en Cracovia. Sin embargo, atribuíamos esto a la cabeza caliente de Malinovsky…

Firma: Vladímir Uliánov

Tomado de "The unknown Lenin. From the secret archive", editado por Richard Pipes, Yale University Press, 1996. pp.35-40. Traducción propia.

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