viernes, mayo 22

Trotsky: La situación en el ejército (a mayo de 1917)

Trotsky. Comisario de Guerra

En el ejército, lo mismo que en el país, se estaba operando un constante desplazamiento político de fuerzas: la base evolucionaba hacia la izquierda, la cúspide hacia la derecha. A la par que el Comité Ejecutivo se convertía en un instrumento de la Entente para dominar la revolución, los comités del ejército, que habían surgido como una representación de los soldados contra el mando, convertíanse en auxiliares de éste contra los soldados.
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El régimen de la dualidad de poderes imposibilitaba la creación de un instrumento militar eficiente. Los kadetes eran blanco del odio de las masas populares, y dentro del ejército veíanse obligados a adoptar el nombre de socialrevolucionarios. La democracia no podía poner en pie al ejército, por la misma razón por la cual no podía tomar en sus manos el poder; lo uno era inseparable de lo otro...

La alta oficialidad iba acercándose más y más a los kadetes en espera de que levantaran la cabeza partidos más reaccionarios... Como había de demostrar el curso ulterior de la revolución el cuerpo de mando había que sacarlo, tal y como era, de la nobleza y la burguesía, como hacían los blancos, o formarlo y educarlo a base de una selección proletaria, como hacían los bolcheviques. No había otro camino. Los demócratas pequeño burgueses no podían hacer ni lo uno ni lo otro. Tenían que persuadir, rogar, engañar a todo el mundo, y cuando veían que no conseguían nada, llevados por la desesperación, entregaban el poder a la oficialidad reaccionaria para que ésta se encargase de infundir las sanas ideas revolucionarias al pueblo.

Una tras otra iban abriéndose las llagas de la vieja sociedad, destruyendo el organismo del ejército. El problema de las nacionalidades, en todos sus aspectos -y en Rusia abundaban-, iba penetrando, cada vez más, en las raíces de las masas militares, integradas en grandísima parte, en más de la mitad, por elementos no rusos. Los antagonismos nacionales se entretejían y cruzaban en distinto sentidos con los de clase. La política del gobierno en este terreno, como en todos los demás, era vacilante y confusa, lo cual la hacía parecer doblemente pérfida. Había generales que se entretenían creando formaciones nacionales, por ejemplo, el «cuerpo musulmán con disciplina francesa» en el frente rumano. En general, estas nuevas formaciones nacionales resultaron ser más eficientes que las del viejo ejército, pues habían sido creadas en torno a una nueva idea y bajo una nueva bandera. Pero esta cohesión nacional no duró mucho tiempo; el rumbo que había de tomar la lucha de clases no tardó en quebrantarla. El mismo proceso de las formaciones nacionales, que amenazaba con extenderse a la mitad del ejército, colocaba ya a éste en un estado de fluctuación, descomponiendo las viejas unidades antes de que tuvieran tiempo de formarse las nuevas. Por todas partes surgían calamidades.
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A principios de mayo, el general Brusilov caracterizaba, de un modo bastante preciso, en la conferencia celebrada en el Cuartel general, el estado del mando; un 15 a un 20 por 100 de jefes y oficiales se habían sometido al nuevo orden de cosas por convicción; una parte de los oficiales empezaba a coquetear con los soldados y a hostigarlos contra el mando; la mayoría, cerca del 75 por 100, no se resignaba a adaptarse, sentíase ofendida, se encerraba en su concha y no sabía lo que se hacía. Además, desde el punto de visa puramente militar, la aplastante mayoría de la oficialidad no servía para nada.

En la conferencia celebrada con los generales, Kerenski y Skobelev se disculparon con todas sus fuerzas por la revolución, que, desgraciadamente, «continuaba» y con la cual había que contar... Kerenski se esforzó en complacer en todo a aquellos simpáticos generales... hasta que uno de ellos, el valeroso Kornílov, casi lo ahoga en sus brazos de puro cariño.

La política conciliadora en plena revolución es una política de oscilaciones febriles entre las clases. Kerenski era la encarnación viva de estas oscilaciones. Puesto al frente del ejército, inconcebible sin un régimen claro y decidido, convirtióse en el instrumento inmediato de su descomposición... Esta confusión, que atestiguaba que en las alturas no sabían lo que hacían, ni lo que querían, llegaba desde los generales hasta los sargentos, acelerando la descomposición del ejército.
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En el transcurso de todo el mes de mayo, en los comunicados del mando vibra siempre, con diversas variantes, la misma idea: «La actitud con respecto a la ofensiva es, en general, desfavorable, sobre todo por parte de la Infantería. A veces, añadían: «La situación es un poco mejor en la Caballería y bastante mejor en la Artillería.»...

Extractos editados de Historia de la Revolución Rusa, t. I, de León Trotsky.

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