viernes, junio 19

Lenin y Stalin en los Días de Junio

Lenin y Stalin

Mil novecientos diecisiete fue, para parafrasear a Lenin, un juego de dos pasos adelante, uno para atrás. Durante junio, los radicales del brazo armado del Partido Bolchevique –la Organización Militar, que ahora aseguraba la lealtad de 60,000 soldados– exigían una manifestación armada. La fecha establecida para esta casual revolución fue el 10 de junio. En la reunión del Partido, Lenin los apoyó. Era “equivocado forzar las cosas e igualmente equivocado dejar pasar la oportunidad” opinó Stalin, que ayudó a planear la manifestación y escribió la proclama: “A la vista de los obreros armados, la burguesía correrá a esconderse”. Zinoviev y Kámenev se opusieron.

El 9 de junio, en el Soviet, los mencheviques leyeron el llamamiento de Stalin, y Tsereteli enfiló contra “la conspiración bolchevique para tomar el poder”. Lenin necesitaba el apoyo del Soviet –esperaba usar su legitimidad como cobertura para su golpe bolchevique. Por el contrario, el Soviet prohibió las manifestaciones. Después de horas de pánico, Lenin decidió cancelarla: “Un movimiento equivocado de nuestra parte puede arruinarlo todo”. Se hizo tan cauto como Kámenev y Stalin lo habían sido en marzo. El 11, Stalin criticó esta “intolerable vacilación” y amenazó con renunciar.

El Soviet, desafiante, realizó su propia manifestación el 18 de junio, pero los bolcheviques se apropiaron de ella, con Stalin publicando su proclamación en Pravda. Fue un triunfo propagandístico.”El día es claro y soleado’, informaba Stalin al siguiente día, “la columna de manifestantes es interminable. Desde la mañana hasta el anochecer, la procesión fluye hacia el Campo de Marte, un bosque de banderas...el tronar de las voces hace estremecer el aire.. A la Marsellesa y a la Internacional sucede el 'Ustedes cayeron en la lucha'”. Hubo “gritos de ‘¡Todo el Poder a los Soviets!’... pero ninguna fábrica y ningún regimiento llevaban la consigna de ‘¡Confianza en el Gobierno Provisional!’'. Mientras tanto en la guerra en marcha contra la Alemania imperial, Kerensky, el ministro de Guerra, ordenó una ofensiva que esperaba reforzaría al gobierno. La ofensiva –la última de Rusia en la guerra– fue un desastre.

Extracto de “Young Stalin” de Simon Sebag Montefiore, Vintage Books, 2008, p. 319. Traducción propia.

jueves, junio 18

El papel de Koba Stalin en la Manifestación de Junio

Lenin y Stalin

A continuación la parte pertinente a la manifestación de junio de 1917, tomada de la biografía de Stalin de Edvard Radzinsky, una de las tantas “psico”-biografías en la que, sin temor a exagerar, subyace la idea de que Stalin era astuto, intrigante y malvado desde la cuna. Esta biografía de alguien que declara odiar a Stalin, se anunció como “la primera biografía exhaustiva basada en nuevos documentos explosivos de los Archivos Secretos de Rusia”. El autor insiste en seguir llamando Koba a Stalin en 1917, siguiendo lo establecido por Trotsky, para quien el “provinciano” y “oscuro” Koba se convierte en Stalin una vez que se revela su ambición de poder después de Octubre. DR

El Primer Congreso de los Soviets de Toda Rusia abrió el 3 de junio. Un episodio en las sesiones encontraría lugar en todos los libros acerca de la revolución. El menchevique Tsereteli declaró que “en el momento actual no hay un partido en Rusia que pueda decir “solo pongan el poder en nuestras manos y váyanse, nosotros tomaremos su lugar. No existe ese partido en Rusia”. A lo que Lenin gritó desde el medio de la sala, “¡Ese Partido existe!”. Parecía absurdo: un miserable nueve por ciento de los delegados eran bolcheviques.

Pero en la reunión conjunta de la Organización Militar Bolchevique y el Comité Central del 6 de junio, Lenin declaró que ellos deberían organizar una manifestación y demostrar cuán fuerte era el Partido a pesar de su pequeño número.

Todo el poder a los Soviets” y “Abajo los diez ministros capitalistas” fueron las beligerantes consignas de esta supuesta manifestación pacífica. I. Smilga dijo en el Comité Central, del que era miembro, que “si los sucesos conducen a un enfrentamiento, los que participen deben tomar los edificios de la oficina de correos y telégrafos y el arsenal”. M. Latsis secundó esto: “Con el apoyo del regimiento de ametralladoras, debemos ocupar la estación, los bancos, el arsenal y los edificios de correos y telégrafos”. Sí, el impaciente Lenin se estaba preparando para su primer intento de un golpe bolchevique. ¿Cómo podía dejar de utilizar a Koba, quien organizó las sangrientas manifestaciones de Georgia? Koba estaba, por supuesto, en el centro de los acontecimientos. El fue el que redactó el llamamiento a “todos los trabajadores y a todos los obreros y soldados de Petrogrado”. Pero su participación era un asunto de máximo secreto; él era, después de todo, un influyente miembro del Comité Ejecutivo del Soviet, y debía mantenerse ahí en caso de que la manifestación fracasara. De ahí sus réplicas en el curso de la sesión del Comité Central: “No debemos ni forzar las cosas ni dejar escapar la oportunidad... Nuestro deber es organizar una manifestación... pero no [debe haber] intento de tomar la oficina de telégrafos”.

Tan pronto como el 9 de junio, los rumores de una inminente manifestación bolchevique contra el gobierno se difundieron en el Congreso de los Soviets. El menchevique Gechkori leyó al Congreso un volante con el llamamiento de Koba, que había recogido en la calle”.

Tomado en conjunto con la declaración de Lenin ["nuestro Partido está listo para tomar todo el poder, en cualquier momento". DR], la manifestación adquiría un significado siniestro. Tsereteli, hablando desde la plataforma de oradores dijo que “lo que tenemos aquí es una conspiración bolchevique para tomar el poder”. Una corriente de indignación recorrió toda la sala, y Chjeídze dijo que “mañana puede ser un día decisivo”.

Kámenev, Koba y los otros miembros del grupo bolchevique fingieron consternación y votaron con el Congreso en su conjunto contra la manifestación. El Gobierno Provisional advirtió que cualquier recurso a la violencia sería enfrentado con toda la fuerza del poder del Estado. Lenin decidió echarse para atrás. En la madrugada se decidió cancelar la manifestación. Esta decisión impulsó a Koba a hacer una maniobra. El presentó su renuncia al Comité Central, argumentando que la cancelación de la manifestación era un error. Sabía muy bien que ésta no era una movida peligrosa, que sería invitado a retirar su renuncia. Eso fue precisamente lo que pasó. Pero su declaración había revelado al Partido en su conjunto lo que hasta entonces había sido un secreto: su participación en la organización de la manifestación...

Mientras yo estaba trabajando en el Archivo del Partido, uno de mis anónimos informantes me dijo: “Los documentos bolcheviques son peculiares en que dondequiera que digan 'manifestación pacífica' lo más probable es que quieran decir 'levantamiento armado'. La regla general es que 'sí' casi invariablemente quiere decir 'no'. Alguien ha llamado a esto un lenguaje 'de falso fondo'... en el que las palabras tienen dos o tres significados. Agreguen a esto que Stalin era un gran maestro. Para entender las razones de sus movidas uno debe ver los resultados. Sólo entonces ciertas cosas se harán claras”. Yo siempre recuerdo estas palabras. Koba realmente quería una manifestación armada. No comprenderemos el por qué hasta mucho después.

El Congreso de los Soviets, entonces, reaccionó indignado ante las noticias de que los preparativos para una manifestación estaban en curso. Una tormenta arreció. Por un momento parecía que los bolcheviques serían despedazados, parte por parte. Se propusieron las medidas más duras pero luego todo se desinfló. En cambio, el Congreso resolvió “organizar una manifestación” propia. Pacífica, por supuesto, con la consigna de “Confianza en el Congreso y en el Gobierno”. Pero costó un montón de intrigas detrás de bastidores para llevar a los delegados a adoptar una resolución que, en lugar de condenar a los bolcheviques, en efecto los autorizaba a participar en la manifestación que se iba a organizar. ¿Quién introdujo esta obtusa moción en el Congreso? Fue el trabajo fino de un genio de la intriga. El plan de Koba estaba siguiendo su curso, aunque para los presentes su propósito no fuera claro.

Una espectacular manifestación, con las consignas bolcheviques, tuvo lugar el 18 de junio. Fue un triunfo. Dos artículos sobre la manifestación aparecieron en Pravda, escritos por Lenin y Koba. Por los dos organizadores. “Un brillante y soleado día”, escribió Koba. “La procesión al Campo de Marte fluye desde la mañana hasta el anochecer... Un interminable bosque de banderas... Un firme grito de la multitud... A cada instante se oye gritar “Todo el poder a los Soviets”... “Abajo los ministros capitalistas”...

Extractos de "Stalin" de Edvard Radzinsky, Anchor Books, 1997, pp. 101-103. Traducción propia.

Los Soviets, los bolcheviques y la ofensiva (Kerensky)

miércoles, junio 17

Marineros de Kronstadt salen a las calles en manifestación

Petrogrado (4 de junio de 1917).- Marineros de Kronstadt de tendencia bolchevique se concentraron en el Campo Marte de Petrogrado con el propósito de rendir tributo a los héroes caídos en la Revolución de Febrero.

Esta demostración de combatividad política se realiza en momentos en que acaban de iniciarse las sesiones del I Congreso de los Soviets de Toda Rusia, por lo que algunos estiman que su alcance va más allá del propósito formal que la convocó.

A ellos se sumaron, a última hora, soldados de la guarnición convocados por la Organización Militar Bolchevique en apoyo de los marineros. Se contaron entre esa multitud a soldados de los regimientos Pavlovsky, Moskovsky, de Granaderos, el Primero de Ametralladoras, el 180º de Infantería, Finlandiandsky y el Sexto de Ingeniería, entre otros.

Entre los principales pradores estuvieron: el bolchevique F.F. Raskolnikov, dirigente de los marineros, N.V. Kirilenko del Comité Central del Partido Bolchevique y A.Ia. Semashko, representando a la Organización Militar Bolchevique. Este último, en su discurso, exaltó a los marineros de la Organización Militar de Kronstadt: "Siguiendo su ejemplo y con su apoyo, la Organización Militar Bolchevique puede convertirse en el baluarte de la revolución".

Los bolcheviques valoran la manifestación realizada el día de hoy como una muestra de su creciente fuerza en el medio político y militar, y estiman que es un modelo a seguir para futuras manifestaciones.

Lenin: Nuestro Partido está listo para tomar todo el poder en cualquier momento


Discurso de Lenin enla I Conferencia de los Soviets de Toda Rusia (extractos)

Camaradas, en el poco tiempo que tengo a mi disposición, sólo puedo centrarme –y creo que es lo mejor– en las principales cuestiones de principio puestas a debate por el informante del Comité Ejecutivo y los oradores que lo siguieron.

El primer y funamental tema ante nosotros fue: ¿qué es esta asamblea a la que estamos asistiendo, qué son esos Soviets ahora reunidos en el Congreso de Toda Rusia y qué es esta democracia revolucionaria de la que la gente habla mucho aquí para esconder su absoluta incomprensión y completo repudio de él? Hablar de democracia revolucionaria en el Congreso de los Soviets de Toda Rusia y oscurecer el carácter de esta institución, su composición de clase y su rol en la revolución –no decir una palabra acerca de esto y aún así reclamar el título de demócratas– es verdaderamente peculiar. Ellos nos plantean un programa para una república parlamentaria burguesa, la clase de programa que ha existido en toda Europa occidental; ellos nos diseñan un programa de reformas que hoy son reconocidas por todos los gobiernos burgueses, inlcuyendo el nuestro, y aún así nos hablan de democracia revolucionaria. ¿A quiénes se están dirigiendo ? A los Soviets. Pero yo les pregunto, ¿hay un país en Europa, un país burgués, democrático, republicano, donde exista algo parecido a esos Soviets? Deben admitir que no. En ningún lugar hay ni puede haber una institución similar porque deben tener una u otra: un gobierno burgués con “planes” para reformas como las que se nos han expuesto y propuestas docenas de veces en cada país pero que permanecen en el papel, o la institución a quienes ellos se están dirigiendo, el nuevo tipo de “gobierno” creado por la revolución, ejemplos del cual se pueden encontrar sólo en una época del mayor auge revolucionario, como en Francia de 1792 y 1871 o en Rusia de 1905. Los Soviets son una institución que no existe en ningún estado burgués-parlamentario ordinario y no puede existir lado a lado con un gobierno burgués. Ellos son el nuevo y más democrático tipo de estado que nuestras resoluciones partidarias denominan una república democrática campesina-proletaria, con el poder perteneciente únicamente a los Soviets de Diputados de Obreros y Soldados. La gente está equivocada pensando que este es un asunto teórico. Están equivocados en pensar que esto se puede evadir y en protestar que en el momento actual existen ciertas instituciones lado a lado con los Soviets de Diputados de Obreros y Soldados. Sí, ellos existen lado a lado. Pero esto es lo que genera innumerables malos entenddidos, conflictos y fricciones. Y ésta es la razón por la que el ascenso original, el avance original, de la revolución rusa está dando lugar al estancamiento y a esos retrocesos que hoy vemos en nuestro gobierno de coalición, en toda su política nacional e internacional y en relación con los preparativos para una ofensiva imperialista.

... Los Soviets no pueden continuar existiendo como lo hacen ahora... Esta clase de institución es una transición a una república que implantará un poder estable sin policía ni ejército permanente.

...El informante y otros oradores nos han dicho que !el primer Gobierno Provisional fue malo! Pero cuando los bolcheviques, esos despreciables bolcheviques, dijeron: “Ningún apoyo ni confianza en este gobierno”, cuántas veces fuimos acusados de “anarquismo”. Ahora todos dicen que el anterior gobierno fue malo. Pero ¿cuánto difiere este gobierno de coalición con sus ministros casi socialistas del anterior?... Ha pasado un mes desde el 6 de mayo, cuando se formó el gobierno de coalición. Vean los hechos, vean la ruina que prevalece en Rusia y otros países involucrados en la guerra imperialista. ¿Cuál es la razón de esta ruina? La naturaleza depredadora de los capitalistas... El gobierno de coalición no ha cambiado nada en este aspecto...

...es tiempo de dejar de hablar de “democracia revolucionaria”...y es momento de hacer definiciones de clase, como nos enseña el marxismo y el socialismo científico en general... El [Tsereteli, menchevique, ministro de Correos y Telégrafos] ha dicho que no existía un partido político en Rusia que manifieste estar listo para asumir todo el poder. Yo le respondo: “Sí, existe. Ningún partido puede rehusar esto, y nuestro Partido ciertamente no lo hará. Está listo para tomar todo el poder en cualquier momento”. (Aplausos y risas). Ustedes pueden reírse tanto como les plazca, pero si el ciudadano-ministro nos confronta con esa cuestión junto a un partido de la derecha, él recibirá una apropiada respuesta. Ningún partido puede rehusar esto. Y en un momento cuando la libertad aún prevalece, cuando las amenazas de arresto y exilio a Siberia –amenazas de los contrarrevolucionarios con quienes nuestros ministros casi socialistas comparten el gobierno– son todavía no más que amenazas, todo partido dice: dénnos su confianza y les daremos nuestro programa.

Este programa fue ofrecido por nuestra conferencia del 29 de abril...

...Ustedes saben que la revolución no es hecha para ordenar, que las revoluciones en otros países fueron hechas por el duro y sangriento método de la insurreción, y en Rusia no hay grupo, ni clase, que resistiría el poder de los Soviets. En Rusia, esta revolución puede, por la vía de la excepción, ser pacífica...

...si los demócratas revolucionarios fueran demócratas de hecho y no sólo de palabra, ellos promoverían la revolución y no el compromiso con los capitalistas...

Cuando nosotros tomemos el poder en nuestras manos, reprimiremos a los capitalistas y luego la guerra no será la clase de guerra que está siendo llevada hoy, porque la naturaleza de la guerra está determinada por la clase que la conduce y no por lo que está escrito en papel. Ustedes pueden escribir lo que quieran. Pero en tanto la clase capitalista tenga la mayoría en el gobierno, la guerra seguirá siendo una guerra imperialista, no importa lo que ustedes escriban, no importa cuán elocuentes sean ustedes, no importa cuántos ministros casi socialistas tengan....

El poder transferido al proletariado revolucionario, apoyado por los campesinos pobres, significa una transición a la lucha revolucionaria por la paz en la más segura y en la menos dolorosa forma posible conocida por la humanidad, una transición a un estado de cosas bajo el que el poder y la victoria de los trabajadores revolucionarios será asegurada en Rusia y en el mundo entero. (Aplausos de parte de la audiencia).

Tsereteli: No hay un solo partido que pueda tomar todo el poder en sus manos

martes, junio 16

Inicia sesiones el I Congreso de los Soviets de Toda Rusia

Skobelev, Chjeídze, Plejánov y Tsereteli
en la presidencia del I Congreso de los Soviets

Petrogrado (3 de junio de 1917).- Se inauguró hoy el Primer Congreso de los Soviets de Diputados de Obreros y Soldados de Toda Rusia. Este Congreso sigue al I Congreso de Dioutados Campesinos de Toda Rusia que se realizó entre el 4 y 20 de mayo, y la I Conferencia de Comités de Fábrica realizado entre el 30 de mayo y el día de hoy 3 de junio.

Asisten 882 delegados plenos con derecho a voto. Los eseristas cuentan con 285 de esos delegados, los mencheviques con 248 y los bolcheviques con 105 La mayoría por supuesto la tiene la alianza eserista-menchevique. Preside el Congreso el menchevique N.S. Chjeídze.

La agenda tiene como puntos principales la posición sobre el poder gubernamental democrático revolucionario, la actitud ante la guerra, los preparativos para la convocatoria de la Asamblea Constituyente, la revisión de los problemas nacional, de la tierra y de los alimentos, y sobre el auto-gobierno local, entre otros.

Finaliza I Conferencia de Comités de Fábrica con resoluciones bolcheviques

Petrogrado (3 de junio de 1917).- Hoy fue clausurada la Primera Conferencia de Comités de Fábrica. Esta organización nacional de trabajadores ha otorgado, por amplia mayoría, un poco menos de 70% de la totalidad de delegados, su respaldo a la política bolchevique. De esta forma, se constituye en la primera organización de masas en la que los bolcheviques ganan la dirección y el control, en medio de un ascenso en su popularidad entre los obreros y soldados.

La conferencia aprobó, por 290 de los 421 votos, una resolución propuesta por Lenin que –además de las exigencias familiares para la transferencia del poder, el armamento de los trabajadores, intercambio de productos, etc.– abogaba por el establecimiento del control obrero sobre la producción y la distribución de bienes y sobre las operaciones bancarias y financieras: la transferencia de gran parte de las ganancias, ingresos y propiedad de los magnates bancarios, financieros, comerciales e industriales a las manos del pueblo; y la introducción de la obligación universal del trabajo. La moción que reclama el voto decisivo de los trabajadores en la administración de las fábricas y el acceso a los libros de contabilidad de las empresas fue aprobado por una abrumadora mayoría.

Una resolución presentada por B.V. Avilov para el control estatal de la industria –de conformidad con el programa de los mencheviques y eseristas– fue derrotada.

Los bolcheviques consideran vital la victoria en esta conferencia para sus propósitos de ganar a la mayoría de la clase obrera en competencia directa con los sindicatos controlados por los mencheviques que se consideran burocratizados, divorciados de sus bases.

El bolchevismo y la "desmoralización" del ejército (Lenin)

Pravda No. 72 del 3(16) de Junio de 1917.

Todos estan clamando un “gobierno fuerte”. La única salvación está en una dictadura, en la “disciplina de hierro”, en silenciar y reducir a la obediencia a todos los miembros rebeldes de la derecha y de la izquierda. Nosotros sabemos a quiénes quieren silenciar. Las derechas no están haciendo ningún ruido, ellos están trabajando. Algunos en el gobierno, otros en las fábricas, todos amenazas de lock-outs, con órdenes para desmenbrar los regimientos, y amenazas de trabajos frozados. Los Konovalovs y los Tereschenkos, con la ayuda de los Kerenskys y los Sokobelevs, están trabajando de una forma organizada para su propio beneficio. Y ellos no tienes que ser silenciados.

Todo lo que tenemos es la libertad de expresión.

Y quieren privarnos de este derecho.

Pravda está prohibida en el frente. Los “agentes” de Kiev han decidido no distribuir Pravda. La Unión de Zemstvos no está vendiendo Pravda en sus kioskos de periódicos. Y ahora se nos promete una “sistemática lucha contra la prédica del leninismo” (Izvestia. Organo del Soviet). De otra parte, se nos culpa de toda protesta espontánea, de todo exceso, de donde venga.

Esto también es un método para cmbatir el bolchevismo.

Un método bien probado.

Imposibilitados de obtener una clara orientación, advirtiendo instintivamente de cuán falsa e insatisfactoria es la posición de los líderes oficiales de la democracia, las masas son obligadas a encontrar una salida por sí mismas.

El resultado es que todo revolucionario consciente inconforme, todo airado luchador que extraña su hogar en el campo y no ve el fin de la guerra, y a veces hombres simples que están alejados para salvar su pellejo, se unen a la bandera del bolchevismo.

Donde el bolchevismo tiene la oprtunidad de exponer abiertamente sus puntos de vista, no encontramos ninguna desorganización.

Donde no hay bolcheviques o donde no se les permite hablar, ecnontramos excesos, desmoralización y seudo-bolcheviques.

Y eso es precisamente lo que nuestros enemigos necesitan.

Ellos necesitan un pretexto para decir: “Los bolcheviques están desmoralizando al ejército”, para callar la boca a los bolcheviques.

lunes, junio 15

Adelante (Trotsky)


Trotsky descansando en el Cáucaso. 1924

Vperiod (Adelante), periódico editado por Trotzky, de June 2 (15) de 1917


Nuestro periódico será un órgano del socialismo revolucionario. Tal declaración habría sido suficiente hace poco tiempo. En el momento actual esas palabras han perdido valor. Porque socialismo y revolución son ahora profesadas por tales elementos, tales clases, que por su naturaleza social pertenecen al campo del enemigo con el que no podemos conciliar. Los periódicos amarillos se llaman a sí mismos socialistas sin partido. Los periódicos financiados por los bancos recurren a los colores de camuflaje del “socialismo práctico”, justamente tal como los edificios de los bancos, por seguridad, izan las banderas rojas de la revolución.

Este enfebrecido crecimiento del socialismo y este camuflaje son de lo más inesperado, dado que hace poco tiempo, en la fase inicial de la guerra, todo el mundo capitalista hablaba del total fracaso del socialismo. Y, de hecho, en este tremendo cataclismo que la guerra trajo al comienzo, el socialismo internacional pasó por una prueba crucial. Las más poderosas organizaciones de la Internacional capitularon ante el fetiche del estado capitalista; y bajo la totalmente deshonesta bandera de la “defensa nacional”, dieron su bendición a la mutua exterminación de los pueblos europeos. El fracaso del socialismo, la última esperanza de la humanidad, fue más trágica que toda la matanza y toda la destrucción de la civilización material.

Pero el socialismo no pereció. Fue simplemente una caída en esta difícil crisis interna, en sus limitaciones nacionalistas, en sus ilusiones oportunistas. En lo crucial de esta guerra, las masas trabajadoras han estado pasando por un proceso de purificación de la esclavitud espiritual de la ideología nacional y de fortalecimiento en un irreconciliable odio al estado capitalista. En el lugar de los líderes de la Segunda Internacional –los Scheidemanns, Guesdes, Vanderveldes, Pléjanovs, que fueron en bancarrota ante la presencia de esos eventos grandiosos– se yerguen nuevos líderes, que florecen ante los embates de la nueva época. Karl Liebknecht, Fritz Adler, Macklin, Hoglund y muchos otros– esos son los pioneros y los edificadores de la Nueva, Tercera, Internacional que se levanta de las tormentas de la guerra para encontrarse con las tormentas de la Revolución Social.

En esta crisis del socialismo, lo peor ya pasó. La Revolución Rusa es el principio de la gran marea europea. La burguesía está intentando, con todo su poder, domar la Revolución Rusa y nacionalizarla. Por eso es que la burguesía se está camuflando detrás de la minoría defensiva del socialismo. Los sirvientes de la burguesía y sus agentes políticos están desplegando todos sus esfuerzos, en nombre de la “unidad y defensa nacionales”, para castrar al proletariado, apartarlo de la Internacional y subyugarlo a la disciplina de una guerra imperialista. Consideramos que esta política es un enemigo mortal de los intereses del socialismo. “La defensa revolucionaria” es nuestra marca nacional del social-patriotismo. Bajo la máscara del populismo o del “marxismo”, esta “defensa revolucionaria” en realidad significa una deserción inalterable de la política de independencia del proletariado, y trae con él el veneno del chauvinismo y la completa degradación de la ideología del proletariado.

La lucha contra la corrosiva influencia del social-patriotismo y en defensa de los principios del internacionalismo revolucionario será la tarea más importante de este periódico.

Estamos publicando el primer número de Vperiod (Adelante) en un momento en que el internacionalismo tiene la ventaja sobre los “defensores nacionalistas” en las filas del proletariado de Petrogrado. Nuestro periódico, esperamos, contribuirá en este saludable proceso, profundizando la formulación del problema más de lo que puede ser el caso en la prensa diaria, y mediante la terca lucha por fusionar a todas las corrientes del internacionalismo proletario. ¡Amigos! Vperiod (Adelante) cuenta con vuestra simpatía y vuestro apoyo.

domingo, junio 14

Organización Militar Bolchevique y Kronstadt a favor de manifestación armada contra el gobierno

1(14) de junio de 1917

Petrogrado

Reunión conjunta de la Organización Militar Bolchevique con representantes bolcheviques de la base naval de Kronstadt.

En la reunión del 23 de mayo/5 de junio, se acordó convocar a la presente reunión para discutir la propuesta de manifestación armada contra el Gobierno Provisional.

Los participantes se mostraron unánimemente a favor de la propuesta.

Se votó a favor de la manifestación armada de la guarnición.

La Organización Militar enviará al Comité Central del Partido una lista de los regimientos que se considera participarán en la manifestación, que se estima en un total de 60,000 soldados.

Cuando Lenin se enteró de la traición de Kautsky y Plejánov

Karl Kautsky

En agosto de 1914, los diputados socialdemócratas del Reichstag votaron a favor de los créditos de guerra. Sólo dos años antes, la Segunda Internacional había preparado una resolución oponiéndose a la participación de la clase obrera en cualquier tipo de guerra, dado que para ellos una guerra sólo podía significar “dispararse unos a otros en nombre de las ganancias de los capitalistas, en nombre de las ambiciones de las dinastías, por la consecución de los objetivos de los tratados diplomáticos secretos”, y declaraba que era deber de todos los socialistas tomar ventaja de tal crisis para levantar al pueblo contra el orden capitalista.

El efecto sobre Lenin fue extraordinario. Al principio, se rehusaba a creerlo. Cuando leyó las noticias en el Vorwarts, el órgano del partido alemán, pensó que era una falsificación del gobierno. Luego supo que Plejánov, en París, había llamado a los exiliados rusos que residían ahí a que se enrolaran en el ejército francés. Se preguntaba: “¿Plejánov se ha convertido en traidor, también?”, y trataba de explicarse a sí mismo que se debía posiblemente a que Plejánov alguna vez había estado en el ejército. Pero al final, tuvo que reconocer el hecho de que Karl Kautsky, el heredero intelectual de la tradición de Marx y Engels, un hombre a quien Lenin había respetado, había sucumbido a la causa patriótica a tono con la cháchara de los sofistas que fueron un escándalo en el movimiento marxista. Los líderes de la Segunda Internacional estaban desertando por puestos en los gobiernos de guerra.

..."La experiencia de la guerra -escribía en junio de 1915, en su folleto La bancarrota de la Segunda Internacional- como la experiencia de toda crisis en la historia, de todo gran desastre y todo súbito giro en la vida humana, confunde y quiebra a algunos, pero educa y fortalece a otros”.

...Cuando Plejánov fue a una disertación en Lausanne, predicando la defensa de la patria, Lenin lo confrontó: habló con calma pero con el rostro pálido, con pasión. No volvería a estrecharle la mano ni llamarle camarada. Maldecía a Kautsky con las invectivas más agresivas –llamándolo hipócrita, prostituta, cobarde– que se hubiera permitido nunca hacia un compañero de armas. Hizo un breve trabajo... sobre aquellos precedentes en Marx y Engels que sus oponentes invocaban. No, la situación entonces había sido diferente: cuando Marx y Engels habían apoyado una guerra, había sido siempre porque representaba los intereses de la revolución burguesa que aún no había triunfado plenamente sobre el feudalismo; mientras que la burguesía hoy estaba en su decadencia y la revolución socialista estaba a la orden...

En setiembre de 1915 y abril del siguiente año, los socialistas que se oponían a la guerra se reunieron en dos conferencias realizadas en Suiza... Lenin había regresado a donde estaba en 1904: en una llana minoría vencida. Y desde su soledad, él extrajo una nueva dignidad...

Extractos editados de “To the Finland Station” de Edmund Wilson, New York Books Review, 2003, pp. 438-441. Traducción propia.

sábado, junio 13

El daño de la palabrería (Lenin)

Pravda No. 69 del 31 de mayo (13 de junio) de 1917

Las respuestas de los gobiernos francés y británico demuestra claramente la solidez de nuestras repetidas afirmaciones que ni el gobierno capitalista ruso ni el francés ni el británico ni el alemán pueden renunciar a la política de anexiones, y que todas las promesas son hechas para engañar al pueblo.

"Estamos peleando por tomar Alsacia y Lorena, estamos peleando por la victoria", replica el gobierno francés. "Está bien cumplir con el tratado y luchar por la Polonia rusa y alemana", responden los británicos.

La amarga verdad de que el capitalismo no puede reconciliarse con una política no anexionista ha sido demostrada una vez más. La política de los “conciliadores”, de aquellos que desean reconciliar a los capitalistas y al proletariado, la política de los ministerialistas narodniks y mencheviques, es un evidente fracaso. Todas las esperanzas en un gobierno de coalición han sido hechas pedazos, todas sus promesas han sido expuestas como simple verborrea.

Y lo más dañino de todo, en lo que concierne a la causa de la revolución y los intereses de las masas trabajadoras, es el intento de encubrir todo con frases. Dos matices destacan en este torrente de frases, una tan mala como la otra.

Rabochaya Gazeta, el órgano de los ministerialistas mencheviques, lleva agua al molino kadete. De un lado, dice: “Sobre esta base [sobre la base de las respuestas de los dos poderes aliados] no puede haber acuerdo entre ellos y nosotros...” Cuando ellos dicen “nosotros”, ¿quieren decir capitalistas rusos? La teoría de la lucha de clases es tirada por la borda; es mucho más beneficioso declamar frases acerca de la “democracia” en abstracto mientras se pisotea la verdad elemental del marxismo, que es precisamente que en una “democracia” la brecha entre capitalistas y los proletarios es la más amplia.

De otro lado, Rabochaya Gazeta quiere hacer “un intento de revisar [los acuerdos y tratados] mediante una conferencia de representantes de los gobiernos aliados a ser especialmente convocada”. La misma vieja historia: acuerdo con los capitalistas, lo que, de hecho, significa engañar a los trabajadores jugando a las negociaciones con sus enemigos de clase.

“La presión de la población de las democracias francesa y británica, incluso la presión del proletariado francés y británico, solo, sobre sus respectivos gobiernos...”, escribe Rabochaya Gazeta. En Rusia, los mencheviques están apoyando a su gobierno imperialista, pero en otros países ellos quieren que se ejerza presión... ¿Qué es esto si no pura palabrería y embuste de principio a fin?

“Nosotros estamos trabajando por él [por la paz mundial], convocando a una conferencia socialista”... ¡a ser concurrida por ministros ex socialistas que se han puesto de lado de sus gobiernos! Esto es “trabajar” con vehemencia para engañar al pueblo en una escala mayor mediante una serie de engaños menores.

Tenemos a Dyelo Naroda palabreando “a lo jacobino”. Ese tono severo, esas espectaculares exclamaciones revolucionarias: “nosotros lo sabemos”... “fe en la victoria de nuestra Revolución [con mayúscula, por supuesto], “de este o ese paso... de la democracia revolucionaria rusa dependen los destinos... de toda la Rebelión [con mayúscula, por supuesto] que el pueblo trabajador ha iniciado feliz y victoriosamente”.

Obviamente, si se escriben las palabras Revolución y Rebelión con mayúsculas se hace que la cosa luzca “terriblemente” temible, como los jacobinos. Mucho efecto a bajo costo. La gente que escribe eso está virtualmente ayudando a aplastar la revolución y a obstaculizar la rebelión del pueblo trabajador; apoyando al gobierno ruso de los imperialistas; apoyando sus métodos de esconder del pueblo los tratados secretos, sus tácticas de postergar la inmediata abolición de la propiedad terrateniente; apoyando su política de “ofensiva”, su insultante y arbitrario comportamiento hacia las organizaciones representativas locales, su arrogancia para nombrar o ratificar a los funcionarios locales elegidos por la población local, y así ad infinitum.

¡Señores, héroes de la palabrería, caballeros de la grandilocuencia revolucionaria! El socialismo exige que distingamos entre la democracia capitalista y la democracia proletaria, entre la revolución burguesa y la revolución proletaria, entre un levantamiento de los ricos contra el zar y un levantamiento del pueblo trabajador contra los ricos. El socialismo exige que distingamos nuestra revolución burguesa, que ya ha concluido (la burguesía ahora es contrarrevolucionaria), de la ascendente revolución de los proletarios y campesinos pobres. La primera revolución es por la guerra, por la conservación de la propiedad terrateniente, por la “subordinación” de las organizaciones locales de auto-gobierno al gobierno central, por los tratados secretos. La última revolución ha empezado a suprimir la guerra mediante la fraternización revolucionaria, la abolición del poder de los terratenientes en las provincias, incrementando el número y el poder de los Soviets e introduciendo por todos partes el principio de elección.

Los ministerialistas narodniks y mencheviques están declamando frases acerca de la “democracia” en abstracto, acerca de la “Revolución” en abstracto, para encubrir su acuerdo con la burguesía imperialista, ahora definitivamente contrarrevolucionaria, de su propio país –un acuerdo que, en realidad, se está convirtiendo en una lucha contra la revolución de los proletarios y semiproletarios.

viernes, junio 12

Primera Conferencia de Comités de Fábrica se inaugura con mayoría bolchevique

Delegados a la I Conferencia de Comités de Fábrica


Petrogrado (30 de mayo/12 de junio de 1917).- Se inauguró hoy la Primera Conferencia de Comités de Fábricas, que estará reunida hasta el 3(16) de junio.

Los comités de fábrica o Fabzavkomy se crearon después de la caída del régimen zarista con el fin de garantizar la continuidad operativa de las fábricas estatales ante la deserción de los administradores nombrados por el gobierno. Rápidamente se generalizaron en las fábricas de propiedad privada.

Apenas iniciada la Revolución de Febrero, se dio un gran crecimiento de las organizaciones laborales; se crearon sindicatos en las distintas ramas de actividad y el número de afiliados creció de manera asombrosa. Sin embargo, lo más notable fue la difusión de los comités de fábricas elegidos por los obreros y otros empleados en una industria determinada sin considerar oficios o categorías.

Los bolcheviques jugaron un papel importante en la promoción, creación y expansión de los comités de fábrica. Eso explica en parte, la mayoría de la que gozan en la presente conferencia. Los comités fueron reconocidos el 11(24) de marzo por el Soviet de Petrogrado, de acuerdo con la Asociación de Propietarios de Fábricas e Industriales. Más tarde el Gobierno Provisional los reconoció legalmente como representantes de los trabajadores.

Ante la burocratización de los sindicatos, principalmente dominados por los mencheviques, los bolcheviques han encontrado en los comités de fábrica el nexo adecuado para llegar directamente a los obreros industriales, y de alguna forma se puede afirmar que reflejan con más fidelidad el estado de ánimo de los obreros.

Caso de R.V. Malinovsky: Declaración de Lenin


Roman Malinovsky era miembro del Comité Central Bolchevique, elegido en 1912, y uno de los seis diputados que los bolcheviques tenían en la IV Duma (la última). En 1914, Malinovsky súbitamente renunció a la Duma y dejó el Partido bolchevique. Sólo después se supo que el nuevo jefe de la Ojrana ordenó prescindir de los servicios de provocadores infiltrados en las fracciones revolucionarias en la Duma, por temor a un escándalo y porque en alguna forma estos ayudaban a los revolucionarios. Malinovsky era agente de la Ojrana y había sido responsable del encarcelamiento de Stalin y Sverdlov y muchos otros bolcheviques, descabezando al Buró Ruso del CC. Con el triunfo de la Revolución de Febrero, se abrieron los archivos de la odiada Ojrana, la policía secreta zarista, y salieron a relucir los nombres de los agentes infiltrados en el movimiento revolucionario. El Gobierno Provisional nombró una comisión investigadora al respecto, y ante ella Lenin rindió su testimonio que a continuación se resume. En 1918, Malinovsky, regresó a Rusia y fue detenido por las autoridades soviéticas. Ese mismo año fue ejecutado. DR



26 de mayo (8 de junio) de 1917

Protocolos:

Ví por primera vez a Malinovsky en la Conferencia de Praga de nuestro Partido [el Partido Obrero Social Demócrata de Rusia, “Bolchevique”] en enero de 1912. Malinovsky vino a la conferencia con la reputación de ser uno de las más prominentes militantes [del partido] del movimiento obrero legal, bastante mencionado en los circulos mencheviques, que lo consideraban uno de ellos. Escuché que el menchevique Sher incluso llamaba a Malinovsky el Bebel ruso.

Malinovsky gozaba de una especial popularidad –no sólo entre los líderes del Partido Social Democrata sino entre las amplias masas trabajadoras– porque era secretario de uno de los más grandes sindicatos, la Unión de Metalúrgicos. No era fácil avanzar en ese medio que incluía muchos obreros completamente maduros, y adquirir popularidad en una posición que requería contacto permanente con las masas. Por esta razón, todos nosotros, los participantes en la Conferencia de Praga, vimos la autoridad de Malinovsky como indiscutible. Malinovsky también nos dijo que gradualmente y después de las más serias reflexiones y observaciones, se convirtió del menchevismo al bolchevismo, y que en la primavera de 1911, debido a esa conversión, el había tenido una conflicto muy serio con los obreros mencheviques más prominentes, que lo habían invitado a una importante reunión menchevique de alto nivel. La autoridad de Malinovsky creció aún más alto a los ojos de todos los delegados…

Malinovsky fue elegido al Comité Central [del Partido Bolchevique] en la Conferencia de Praga, y lo designamos inmediatamente candidato a la Duma del Estado. En el interés de asegurar su elección, nosotros en el CC le dimos una orden directa comportarse con extrema precaución antes de las elecciones, que estuviera en su fábrica, que no viajara a Moscú, etc.

Malinovsky me dijo en Praga, supuestamente como una gran secreto, supuestamente “sólo” para mí (aunque después resultó que no era sólo para mí), que había sido obligado a vivir bajo un pasaporte falso debido a los sucesos de 1905. Después de la revolución y de la guerra japonesa, esto no era algo inusual entre los socialdemócratas, y la confianza que muchos de miles de metalúrgicos pusieron en Malinosvsky, observando [después] cada paso de su vida y acciones como secretario, removieron cualquier sombra de duda de mi mente.

Ví a Malinovsky por segunda vez en Cracovia, donde yo había ido desde París en la primavera de 1912, para trabajar a tiempo completo para Pravda, fundada en abril de 1912, que inmediatamente se convirtió en nuestro órgano principal de influencia sobre las masas. Cuando vino a Cracovia, Malinovsky, al igual que Muranov, era ya miembro de la Duma de Estado. Después –recuerdo que fue en diciembre– vinieron Petrovsky y Badaev.

…Nosotros valoramos a Malinovsky como miembro del CC particularmente por su actividad como agitador y como miembro de la Duma; como organizador, nos parecía demasiado nervioso y rudo con la gente. Malinovsky estaba algo irritado por la inclusión de otros diputados [de la Duma] en el CC, no objetándolo pero aparentemente sin ser entusiasta (nosotros empezamos regularmente a cooptar, uno tras otro, a todos nuestros diputados [a la Duma] en el CC). Nosotros atribuímos esto a su extrema vanidad y amor por el poder, que incluso militantes locales habían reclamado y que era también evidente en las reuniones. Dadas las desafortunadas experiencias con varios diputados de la Primera y Segunda Dumas del Estado, no nos sorprendía que el “alto título” de miembro de la Duma se les subiese a la cabeza a la gente y algunas veces los “arruinara”.

Es claro para mí que Malinovsky estaba nervioso cuando vió otros diputados en el CC, porque socavaba completamente su “omnipotencia” (solo, él habría tenido todas las conexiones en Rusia en sus manos, dado que estábamos obligados a vivir afuera).

Malinovsky vino a Cracovia con más frecuencia que los otros, explicando esto, por un lado, por el extremo cansancio y por el deseo de visitar Varsovia (donde supuestamente tenía amigos y familiares polacos), etc…

Alrededor de 1911, escuché que en Moscú hubo sospechas acerca de la integridad política de Malinovsky, y fuimos informados de esas sospechas en una forma particularmente definida después de su súbita renuncia de la Duma en la primavera de 1914. Por lo que respecta a los rumores de Moscú, éstos aparecieron en la época en que el “espionaje manía” estaba llegando a su clímax, y ningún solo hecho que pudiera ser verificado en alguna medida fue informado.

Después de la renuncia de Malinovsky, nombramos una comisión para investigar las sospechas (Zinoviev, Ganetsky y yo). Interrogamos a unos cuantos testigos, realizamos confrontaciones personales con Malinovsky, escribimos cientos de páginas transcribiendo esos testimonios (desafortunadamente, debido a la guerra, muchas fueron destruídas o abandonadas en Cracovia). Definitivamente, ningún miembro de la comisión fue capaz de encontrar alguna prueba. Malinovsky nos explicó que había renunciado [a la Duma] porque no podía seguir ocultando su historia personal, que lo había obligado a cambiar su nombre; una historia que supuestamente involucraba el honor de una mujer y había tenido lugar antes de su matrimonio. Nos proporcionó nombres de testigos en Varsovia y Kazán, uno de los cuales, según recuerdo, era un profesor de la Universidad de Kazán. La historia nos pareció plausible; la naturaleza apasionada de Malinovsky le daba la apariencia de veracidad y nosotros consideramos que no era de nuestra incumbencia publicitar un asunto de este tipo. Decidimos citar a los testigos a Cracovia o enviar agentes de la comisión a visitarlos en Rusia, pero la guerra impidió esto.

Pero la convicción general de los tres miembros de la comisión fue que Malinovsky no era un provocador y eso fue lo que declaramos en la prensa.

Personalmente he pensado en muchas ocasiones que después del caso Azef, [jefe de la Organización de Combate del Partido Socialista Revolucionario, encargado de los atentados terroristas, de quien se supo era agente de la policía, en 1909], nada puede sorprenderme. Pero no creo en la provocación en este caso, no sólo porque no ví prueba o evidencia sino también porque si Malinovsky era un provocador, la Ojrana no habría ganado de eso tanto como nuestro Partido ganó de Pravda y de todo el aparato legal.

Es claro que para poner un provocador en la Duma y para ese propósito remover los rivales del bolchevismo, etc., la Ojrana fue guiada por una cruda imagen del bolchevismo –yo diría una caricatura de él: los bolcheviques “prepararán una insurrección armada”. Para tener todos los hilos de esta insurrección en preparación –desde el punto de vista de la Ojrana– valía todo para tener a Malinovsky en la Duma y en el CC [bolchevique].

Cuando la Ojrana alcanzó ambos fines, resultó que Malinovsky se convirtió en uno de esos eslabones de una larga y sólida cadena que conectaba (desde varios lados) nuestra base ilegal con los dos principales órganos de influencia del Partido sobre las masas –esto es, Pravda y la Fracción Socialdemócrata en la Duma. El provocador estaba obligado a proteger esos dos órganos para justificarse ante nosotros.

Nosotros controlábamos directamente esos órganos: Zinoviev y yo escribíamos diariamente para Pravda y las resoluciones del Partido determinaban completamente su línea. La influencia sobre 40-60 mil obreros estaba garantizaba. Lo mismo era verdad para la fracción de la Duma, en la que en particular trabajaban Muranov, Petrovsky y Badaev, independientemente de Malinovsky, expandiendo sus lazos, influenciando a la más amplia masa de obreros.

Malinovsky podía haber destruído un número de individuos, y de hecho lo hizo. [Pero] él no podía detener ni controlar, ni “dirigir” el crecimiento del trabajo del Partido en términos del desarrollo de su significado e influencia sobre las masas, decenas y centenas de miles (mediante huelgas, que se incrementaron después de abril de 1912). No me sorprendería si uno de los argumentos [de la Ojrana] para remover a Malinovsky de la Duma fuera que en realidad él estaba envuelto con la Pravda legal y la fracción legal de diputados que estaban dirigiendo un trabajo revolucionario entre las masas en una escala mayor a la tolerable por “ellos”, la Ojrana.

He escrito esta declaración con mi propia mano.

Vladímir Uliánov

Yo, continuo mi testimonio sobre preguntas individuales puestas ante mí.

No había muchos miembros del CC en Rusia; después de todo, Zinoviev y yo vivíamos afuera. De los hombres locales, Stalin (Dzhugashvili) estaba en prisión o en el exilio la mayor parte. Malinovsky, por supuesto, estaba ahí… Puedo decir que Malinovsky era, en mi opinión, un destacado militante [del Partido]…

…El quería jugar un rol principal entre los miembros del CC ruso y aparentemente no le gustaba cuando dabamos una tarea de responsabilidad a otro y no a él. En general, teníamos una norma: no permitíamos a los que estaban a la izquierda de nosotros a hacer los discursos. Si un discurso estaba algo a la derecha, era posible todavia corregirlo, pero las declaraciones más izquierdistas podían causar gran daño. Aparentemente a Malinovsky no siempre le gustaba esta línea de conducta; el prefería un pronunciado trabajo ilegal. Nosotros conversábamos frecuentemente acerca de esto en Cracovia. Sin embargo, atribuíamos esto a la cabeza caliente de Malinovsky…

Firma: Vladímir Uliánov

Tomado de "The unknown Lenin. From the secret archive", editado por Richard Pipes, Yale University Press, 1996. pp.35-40. Traducción propia.

jueves, junio 11

Stalin después de abril

Lenin y Stalin


El 29 de abril, Stalin fue tercero, con 97 votos en las elecciones al CC, sólo después de Lenin y Zinoviev, un resultado que reflejaba su reputación en el Partido. Stalin pasaba ahora la mayor parte de su tiempo asistiendo al Soviet, editando Pravda o trabajando en el Comité Central con Lenin. El Comité Central eligió por primera vez un Buró, precursor del todo poderoso Buró Político, compuesto por Lenin, Stalin, Kámenev y Zinoviev.

El 3 de junio, las jóvenes admiradoras de Soso [Stalin], Anna y Nadya Alliluyeva, vinieron a admirar a su héroe al Primer Congreso de los Soviets en la Escuela Militar de la Isla Vasilevsky. “Stalin y Sverdlov asistieron a las sesiones de apertura –ellos fueron los primeros en llegar, con Lenin. Ví entrar a los tres al salón vacío”, informa Anna Alliluyeva, que trabajaba para el Partido. “No habíamos visto a Stalin durante muchos días y su habitación en la casa [donde se ocultaría Lenin después de la reacción de los Días de Julio. DR] permanecía vacío”.

Hay que llamarlo”, susurró la colegiala Nadya. “Quizás ha cambiado de idea acerca de ir a vivir en nuestro departamento”. Al día siguiente, ellas fueron testigos del momento más dramático del Congreso.

No hay partido en Rusia que se atreva a decir ‘Dejen el poder en nuestras manos’”, aseveró el menchevique Tseretelli.

A esto, Lenin saltó de su asiento y gritó: “¡Ese partido existe!”.

Vereshchak, el compañero de celda de Stalin en la prisión de Bailovka, advirtió que Lenin, Zinoviev y Kámenev eran los oradores principales” pero “Sverdlov y Stalin dirigían silenciosamente la Fracción Bolchevique –fue la primera vez que comprendí la total trascendencia de ese hombre”.

Stalin impresionó a Trotsky, cuya descripción revela por que perdió su lucha por el poder. “Stalin era muy valioso detrás de bastidores”, escribió. “Tenía la destreza para convencer a los mandos medios, especialmente a los provincianos”(*). El “no era considerado el líder oficial del Partido”, decía Sagirashvili, otro menchevique georgiano en Petrogrado durante 1917, pero “todos escuchaban lo que él tenía que decir, incluyendo Lenin –él era el representante de los militantes de base, alguien que expresaba sus opiniones y estados de ánimo”, que eran desconocidos para los emigrados como Trotsky. Soso era el “líder indiscutible” de los del Cáucaso. Lenin, dice Sagirashvili, “sentía que detrás de él estaban innumerables líderes de las provincias”. Mientras Trostky se lucía en el Circo, Stalin estaba haciendo nuevos aliados, como aquel joven que sin ceremonias sacó del Buró: Molotov.

Stalin se mudó con Molotov, que vivía en un espacioso departamento en la calle Shirokaya, cruzando el Neva en el lado de Petrogrado, con otros tres camaradas [Zalutsky, miembro del antiguo Buró Ruso en marzo, y Smilga, miembro del CC en Octubre, y esposa. DR]. “Era como una especie de comuna”, decía Molotov. Stalin, inusualmente, se disculpó con Molotov por lo que este último denominaba “el gran error de Stalin”. “Tú eras el que más cerca de Lenin estaba en la etapa inicial de abril”, confesaba Stalin. Los dos se hicieron amigos... Ellos eran opuestos… Pero compartían un fanatismo marxista…

(*) Esos “provincianos” fueron los tenaces hombres de los comités que detestaban a Trotsky y se convertirían en los stalinistas del futuro, muchos de ellos compañeros del Cáucaso. Tales bolcheviques, por supuesto, conocían las fallas de Stalin pero tenían mucho más en común con él que con Zinoviev o Trotsky. Estaba el excitable Sergo [Ordzhonikidze], el bien parecido Shaumian, el rubio playboy Yenukidze, el afable Kalinin y Voroshílov. Sin embargo, muchos caucasianos, especialmente mencheviques odiaban a Stalin. También tenía sus críticos bolcheviques del Cáucaso. Makharadze y Japaridze, viejos camaradas de Tiflis y Baku, atacaron las opiniones de Stalin sobre los pueblos del Cáucaso en la Conferencia de Abril, como lo hizo el polaco Dzerzhinsky. Pero Stalin, consiguió la amistad de Dzerzhinsky, el fundador de la policía secreta, quizá porque polacos y georgianos se identificaban unos con otros como pueblos orgullosos colonizados por Rusia…

Extractos editados de “Young Stalin” de Simon Sebag Montefiori, Vintage Books, 2008, pp.316-318. Traducción propia.

Formas de trato personal: Camarada, Ciudadano

La Revolución de Febrero cambió la percepción del orden social. En consecuencia, se hizo necesario un cambio en las maneras de trato personal. Entre los militares, la Orden Nº 1 abolió las antiguas formas de “Señoría”, “Excelencia”, etcétera. Al principio había que dirigirse a los altos rangos como “señor” (gospodin), pero más adelante esto también fue tabú: generalmente se consideraba una expresión de desigualdad social. La tradición revolucionaria sostenía que se llamaba “señor” solamente a los enemigos del pueblo. A partir de 1917, se utilizó el termino de varias maneras suavemente burlonas: “Todos los señores está en París”; “Hace varios años que no hay señores”. También se reservaba cada vez más para los extranjeros –se les llamaba “señor” para distinguirles de los ciudadanos soviéticos, que eran todos “camaradas”.

Al pueblo de la nueva Rusia se le llamaba “ciudadano” y a sus políticos “primer ciudadano”. Durante un tiempo, la idea de igualdad se mezcló con deferencia en una forma híbrida de trato personal –como “señor-ciudadano”– pero, poco a poco, salió ganando el “ciudadano” a secas. Era una referencia directa y consciente de la tradición revolucionaria europea. Sin embargo, durante 1917, la palabra “camarada” comenzó a suplantar al término “ciudadano”: sonaba más revolucionario. Además, “ciudadano” no se consideraba lo suficientemente alejado del vocabulario de la Rusia prerrevolucionaria: los monárquicos, por ejemplo, se llamaban a sí mismos “ciudadanos rusos y leales súbditos del soberano Emperador”. El príncipe Meshcherskii llamó a su periódico reaccionario Ciudadano. Y el título “ciudadano hereditario” pertenecía por completo a la época zarista.

Ya en los Días de Febrero, la palabra “camarada” se utilizaba en la calle como un desafío a la autoridad y como una manifestación de apoyo a la tradición revolucionaria. Se refería a los miembros socialistas del gobierno provisional como “ministros camaradas”; al gran héroe del pueblo esa primavera, como Camarada Kerenski. Incluso a los cosacos y a la policía se les llamaba “camarada”. Se decía que a los hechiceros del campo se les llamaba “espíritus camaradas”.

El término ‘camarada” era como una placa que daba fe de pertenecer a un círculo interno de creyentes, una identidad realmente revolucionaria. Los “camaradas” eran los principales activistas y ciudadanos de la revolución. Esto fue un anticipo de las connotaciones morales del título en la época soviética, cuando “camarada” se interpretaba y promocionaba como la manera de dirigirse de un ciudadano totalmente libre a otro con los mismos derechos. En 1917, este sentido de la palabra apenas se notaba, pero sí lo suficiente como para que algunos se fijasen en ello. Por esta razón, la palabra “camarada”, con todas sus connotaciones de igualdad, les crispaba los nervios a los monárquicos y era utilizaba por los conservadores y liberales con ironía e, incluso, a veces, con desprecio. En el léxico de los Blancos, “camarada” tenía aproximadamente las mismas connotaciones que el término “burzhooi” –un término general de abuso para los privilegiados– tenía para los Rojos.

Extracto de “Interpretar la revolución rusa” de Orlando Figes y Boris Kolonitskii, Universitat de Valencia, 2001, pp.88-90.

miércoles, junio 10

Símbolos e himnos. La Marsellesa y la Internacional


Muchos de los nuevos símbolos de la Revolución de Febrero fueron adoptados por los bolcheviques. De hecho, la mayoría de los símbolos de los bolcheviques se heredaron de la cultura política de la Revolución de Febrero. Incluso el ícono soviético de la hoz y el martillo, que siempre se ha considerado propiedad de los comunistas, se utilizó por primera vez, junto a la espada, en un estandarte militar posterior a los Días de Febrero. Durante la celebración del Día de Mayo de 1917, apareció en estandartes en su forma “clásica”, sin la espada, diseñada por L.V. Rubnev. Se utilizó la hoz y el martillo para decorar el Palacio Marinsky, sede del gobierno provisional, se supone que con su conocimiento. Una versión posterior del emblema sustituyó la espada por una bayoneta. Claramente, la hoz y el martillo significaba algo para las diferentes agrupaciones políticas, bolcheviques o no.

Hubo varios planes para un nuevo emblema estatal en 1917. El social revolucionario D.O. Khelaev sugirió el globo sobre una bandera roja, enmarcado con una corona de laurel, con cada hoja representando una parte étnica de la república. Esto fue un anticipo del escudo de armas de la URSS.

Durante 1917 también se intentó crear un nuevo himno nacional. F.I. Chaliapin propuso una versión, empleando una letra compuesta por él y música tomada en parte de la canción militar la “Garibaldisty”. Sin embargo, como comento un escritor en Russkaia muzikaln’maia gazeta (“Periódico Musical Ruso”): “Al igual que la bandera roja de los socialistas ha sustituido a la bandera nacional, la “Marsellesa” ha asumido el papel de himno nacional”. Se cantaba en reuniones del gobierno provisional, en las recepciones para las delegaciones extranjeras y en la apertura de la temporada de teatro de otoño. Su sonido acompañaba a los preparativos de la ofensiva de junio, incluyendo la famosa gira de propaganda de Kerenski por el frente.

Como ya se ha dicho, existían dos versiones diferentes de la “Marsellesa”. Las orquestas interpretaban la versión clásica, pero era más frecuente que el pueblo cantase la “Marsellesa de los Trabajadores” en la calle. Todos se identificaban con la versión que preferían. El conflicto entre las interpretaciones liberales y socialistas de la revolución tuvo su eco en un conflicto similar entre la llamada a los ciudadanos en la “Marsellesa” francesa y la llamada a la lucha social en la de los obreros rusos. Existía una interpretación militar del himno especialmente preferida por Kerenski; a veces, incluso encabezaba su interpretación o dirigía a los músicos en actuaciones públicas.

No obstante, los intentos por parte del gobierno provisional de utilizar la “Marsellesa” como propaganda patriótica podía ser contraproducente porque la “Marsellesa de los Trabajadores” ensalzaba las virtudes de la lucha de clases y de la causa anti-imperialista.

Mientras tanto, el himno socialista, la “Internacional”, se oía cada vez más en manifestaciones y reuniones a lo largo de 1917. El 14 de marzo, el Soviet de Petrogrado hizo una célebre proclama "A los Pueblos del Mundo”, tras la cual la orquesta tocó la “Internacional” seguida de la “Marsellesa”. El orden fue intencionado y con ello los dirigentes del Soviet enfatizaron su adhesión a los principios del internaiconalismo. Pero cuando los Diputados de los Soldados del Soviet de Moscú se unieron a la proclamación, sus diputados se limitaron a entonar la “Marsellesa”. Parece ser que consideraron que ésta era perfectamente adecuada para demostrar el internacionalismo. La “Internacional” era comparativamente nueva y desconocida en los primeros días de 1917. El 23 de marzo, a la orquesta de los marineros de Kronstadt le pareció apropiado interpretar la melodía en el entierro de las víctimas de la Revolución de Febrero en Petrogrado. Fue la única banda que lo hizo y su desconocimiento de la pieza le obligó a recurrir a la partitura. Sin embargo, en las semanas posteriores se escuchó el himno socialista con más frecuencia.

Cuando Lenin regresó a Petrogrado en abril fue recibido con la “Marsellesa” y con la “Internacional”. En su viaje por Rusia, fue recibido por activistas del partido cantando la “Marsellesa” en la frontera finlandesa. A su llegada a Petrogrado, el himno revolucionario volvió a ser interpretado por una banda militar en la Estación Finlandia. También acudieron algunas organizaciones del partido de distritos con sus propias bandas. El bolchevique V.I. Zalezhskii recordó que cuando Lenin terminó su discurso, las bandas tocaron un “himno revolucionario”, que se supone fue la “Marsellesa”. Sin embargo, más tarde, en la Mansióbn Kshesinskaia, Lenin sugirió a sus camaradas de partido que todos cantasen juntos “Varshavianka” y “Atormentado por la Cautividad”, dos de las canciones más antiguas del movimiento revolucionario. Y según E.D. Stasova, cuando alguien empezó a cantar la “Marsellesa”, Lenin frunció el entrecejo y dijo: “Cantemos la 'Internacional'”. Es evidente que Lenin era poco entusiasta de la “Marsellesa” y que prefería, con diferencia, la “Internacional”.

No es difícil encontrar las razones. Todos los socialdemócratas (no solamente los bolcheviques) consideraban la “Marsellesa” como un “himno burgués” de la revolución. “En nuestro bárbaro y retrasado país está teniendo lugar una revolución burguesa” escribió el menchevique V.L. Lvov-Rogachevskii en 1917, “pero hace mucho que pasó el momento de las revoluciones burguesas en Europa occidental. La “Internacional” sustituyó hace mucho tiempo a la “Marsellesa” y el socialismo llama a la puerta de un sistema burgués obsoleto”.

Otros socialistas al igual que Lenin compartían ese desagrado por la “burguesa” “Marsellesa”. Cuando el Regimiento Izmailovsky llegó para defender el Palacio Tauride durante los Días de Julio, iniciaron una atronadora interpretación de la “Marsellesa” –la misma canción que tocaron los Kronstadters cuando llegaron para exigir el poder para los soviéticos. En otras palabras, ambos lados, los defensores de y los contrarios a la Coalición, utilizaban la “Marsellesa” como símbolo de su causa. Al oir como se acercaba el regimiento, los dirigente soviéticos se abrazaron entre lágrimas de alivio. Entrelazando los brazos, irrumpieron espontáneamente a corear una emocionante “Aux armes, citoyens”. Fue, como refunfuñó Mártov, “la clásica escena del principio de una contrarrevolución”.

Además, para el ala izquierda de los socialistas, la “Marsellesa” era el himno nacional de un poder “imperislista”. Esto los distinguía de los “patriotas sociales” que reconocían la soberanía de fronteras e intereses nacionales. Era suficiente diferencia para producir choques –como en una reunión en París para conmemorar la Revolución Rusa, donde, según recordó Ilya Ehrenburg, “unos empezaron a cantar la “Marsellesa”, otros la “Internacional”. Terminó en pelea”. Para los franceses, la “Internacional” era una canción rebelde e internacional, mientras que la “Marsellesa” era una canción patriótica. Los comunistas franceses ni siquiera reconocieron la “Marsellesa” hasta los años 30, en tiempos del Frente Popular.

En 1917, las dos canciones coexistían en Rusia. Se las consideraba socias en una unida cultura política revolucionaria. De la misma manera, una interpretación de la “Marsellesa” en el frente ruso-alemán servía de señal para la confraternización entre los soldados de países opuestos. Solamente se pueden adivinar los sentimientos de los oficiales de la inteligencia alemana (que dirigían la confraternización en el bando alemán) cuando oían la música proveniente de las trincheras rusas, pero para los soldados rusos era un símbolo de la fraternidad universal.

Los investigadores soviéticos siempre sostuvieron que el conflicto entre la “burguesa” “Marsellesa” y la “proletaria” “Internacional” era el reflejo simbólico de la lucha política posterior a Febrero. Hay algo cierto en ello. Los bolcheviques en Petrogrado habían estado considerando el potencial propagandístico de la “Internacional” incluso antes de la llegada de Lenin en abril. Un artículo de M.S. Ol’minskii publicado en Pravda, el 10 de marzo, sostenía que los bolcheviques deberían animar a los soldados de todas las unidades del “ejército ruso a aprender a cantar la ‘Internacional’”. Estaba escrito a la manera de una directiva militar e incluso imitaba el estilo oficial de los decretos militares. Sin embargo los bolcheviques no fueron rápidos en aprender la canción, ni mucho menos enseñársela a otros. “Pocos nos sabíamos la letra de la ‘Internacional’”, recordó el bolchevique N.I. Podvoiskii en una conferencia militar en junio de 1917. No obstante, era el himno oficial del partido y se cantó en la clausura de la Conferencia del Partido en abril y en la Sexta Conferencia del Partido en agosto. Los bolcheviques no eran los únicos que se apropiaban de la canción: también la cantaron los delegados a la Conferencia del Partido Menchevique y, en el Tercer Congreso de los Socialistas Revolucionarios. En 1917, gran variedad de editores, tanto del partido como no, publicaron la letra de la “Internacional” en libretos. La verdad es que a lo largo de 1917, los principales partidos compartieron muchos símbolos, especialmente la “Marsellesa” y la bandera roja.


Extractos de “Interpretar la revolución rusa” de Orlando Figes y Boris Kolonitskii, Universitat de Valencia, 2001, pp. 90-94.

domingo, junio 7

La ofensiva y el ánimo de los soldados

Racionando alimentos en el Frente


Para elevar la moral de las tropas, Kerensky fue a recorrer el Frente durante mayo. Ahí su histérica oratoria alcanzó grados de intensa excitación. Con su voz lastimera y agitando los brazos, apeló a los soldados a hacer el supremo sacrificio por el glorioso futuro de la patria. Al final de esos discursos, él colapsaba en un estado de nervioso cansancio y tenía que ser reanimado con valeriana... En todo lugar era ovacionado como un héroe. Los soldados lo llevaban sobre hombres, tiraban flores a su paso y ellos mismos se postraban a sus pies... Nada como eso se había visto desde los días del zar.


Toda esa adulación, sin embargo, le daba a Kerensky la falsa impresión de que los soldados estaban dispuestos a combatir. Quince años después, en sus memorias, él aún insistiría que un "saludable espíritu de patriotismo en el Frente se había convertido en una fuerza definida". Pero esto estaba lejos de ser verdad. Las visitas de Kerensky lo ponían en contacto con una sección no representativa del ejército. Los mítines de soldados a los que se dirigía estaban concurridos por oficiales, la intelligentsia uniformada y los miembros de los comités de soldados. En esos mítines los discursos de Kerensky tenían un efecto hipnótico: producían la dulce ilusión de un victorioso fin de la guerra con sólo un heroico empuje adicional. Un soldado temeroso podía estar tentado en creer esto, aún si en lo más hondo él sabía que era falso, simplemente porque quería creer. Pero tales ilusiones se desvanecían pronto, una vez que regresaban a las trincheras. Fuera de esos mítines, sin embargo, entre la vasta mayoría de los soldados rasos, el ánimo era mucho más negativo. Kerensky era frecuentemente interrumpido por tales tropas durante sus viajes al frente aunque nunca parecía notar la advertencia que esto transmitía. En una ocasión cerca de Riga, un soldado fue empujado hacia el frente por sus compañeros para preguntar al Ministro. “Usted nos dice que debemos combatir a los alemanes para que los campesinos puedan tener la tierra. Pero ¿de qué nos sirve a los campesinos tener tierra si vamos a morir y no disfrutarlo?" Kerensky no tenía respuesta –y no había ninguna– pero ordenó al oficial al mando de la unidad enviar al soldado a casa: “Que sus compañeros sepan que no necesitamos cobardes en el ejército ruso”. El soldado no podía creer su suerte y súbitamente se desmayó, mientras el oficial se rascaba la cabeza incrédulo. ¿Cuántos soldados más habrían sido enviados a casa por ese motivo? Era claro que Kerensky veía a ese soldado como una excepción, de quien podía hacer un ejemplo. Parecía no comprender que habían millones como él.

Brusilov, por el contrario, estaba empezando a tener dudas sobre la moral de las tropas. “Los soldados están cansados”, escribió a su esposa a fines de abril, “y de todas formas no están preparados para ir a la ofensiva”. Al asumir el mando supremo del ejército, él hizo sus propias visitas a los frentes del norte y de occidente. En contraste con sus propios soldados del Frente Sud Occidental –alejados de la influencia de las ciudades revolucionarias-, encontró a las tropas en estado de completa desmoralización. De acuerdo a uno de sus ayudantes, Brusilov había evitado usar las palabras “ofensiva” o “avance” en caso de que los soldados lo atacaran. Brusilov no era un orador nato. El podía atraer a los soldados alrededor suyo y quitarse la capa y la chaqueta, poniéndolos –“democraticamente”- sobre su brazo izquierdo, para crear una atmósfera informal. Pero sus discursos no convencían a los soldados a decir –como podían haber dicho de Kerensky- “él es uno de nosotros”.

Como Brusilov pudo observar, los soldados estaban tan obsesionados con la idea de la paz que habrían estado listos a apoyar al zar mismo en tanto prometiera poner fin a la guerra. Sólo esto, decía Brusilov, en lugar de la creencia en un “socialismo” abstracto, explicaba que se sintieran atraídos por los bolcheviques. Los soldados en su gran mayoría eran simples campesinos, querían tierra y libertad, y empezaban a llamar a esto ”bolchevismo”, porque sólo ese partido prometía paz. Este “socialismo de trinchera” como Allan Wildman lo ha llamado en su magistral estudio del ejército ruso durante 1917, no era necesariamente organizado a través de canales partidarios formales o aún incentivado por los agentes bolcheviques. Aunque ambos estaban presentes en el Frente, ninguno estaba bien desarrollado como la mayoría de los comandantes estaba listo a creer cuando culpaban a los “bolcheviques” o “agentes bolcheviques” de toda derrota en el campo. (Culpando a los “bolcheviques” por cada derrota militar, los comandantes daban la impresión de que los bolcheviques eran mucho más influyentes de lo que realmente eran, y esto tenía el efecto de hacerlos más atractivos para la masa de soldados)…

Los comités de soldados, que muchos comandantes condenaban como el principal canal de este “bolchevismo” de trinchera, discutieron la próxima ofensiva y resolvieron no combatir. “¿Cuál es la utilidad de invadir Galitzia de cualquier forma?”, preguntaba un soldado. “¿Para qué diablos necesitamos tomar otra colina”, agregaba otro, “cuando podemos hacer la paz aquí abajo?”. Muchos soldados creían que el plan de paz del Soviet hacía que un mayor derramamiento de sangre careciera de sentido. No podían entender por qué sus oficiales estaban ordenándoles combatir cuando los líderes del Soviet estaban de acuerdo con la necesidad de la paz. La cuestión de una paz democrática, “sin anexiones ni indemnizaciones”, les era demasiado complicada de entender. Muchas de las tropas parecían estar bajo la impresión de que Amneksiia y Kontributasiia (“anexiones” e “indemnizaciones”) eran dos países de los Balcanes.

A medida que la ofensiva se aproximaba, el flujo de desertores crecía… El número verdadero de desertores durante la ofensiva fue mucho más alto que la cifra oficial de 170,000. Unidades enteras de desertores tomaron regiones en la retaguardia y vivían como bandidos…

En la víspera de la ofensiva, Brusilov advirtió a Kerensky de sus crecientes dudas. Las tropas se rehusaban a movilizarse al Frente. Docenas de motínes habían tenido lugar en guarniciones del ejército en la retaguardia e incluso, donde las unidades habían sido movidas camino a las trincheras, tres cuartos de los hombres habían desertado en ruta. Los soldados del frente también se habían amotinado cuando descubrieron lo que les esperaba adelante. Brusilov había sido forzado a desmembrar algunas de sus unidades más confiables. En el Quinto Ejército del Frente Norte, los soldados se rehusaron a obedecer las órdenes y declararon que Lenin era la única autoridad que reconocerían… Pero Kerensky no hacía caso de todas las advertencias de su jefe del ejército… Kerensky y sus colegas de gabinete ya tenían su idea formada: la ofensiva iba a seguir adelante y no había lugar para dudas de último minuto.

Extractos de “A people’s tragedy. The Russian Revolution 1891-1924” de Orlando Figes, Penguin Books, 1996, pp. 414-418. Traducción propia.