El libro de Trotsky tiene unas grandes fortalezas pero, en mi opinión, un serio defecto. Empecemos con las fortalezas: la revolución es analizada y descrita de manera excelente, como un evento en que los millones de oprimidos que por siglos estuvieron sometidos, se levantan y dicen su palabra. Los cambios en la consciencia de los obreros, campesinos y soldados en las fervientes condiciones de la lucha son bellamente descritos.
Día a día, los acontecimientos de la Revolución Rusa durante 1917 (desde el 20 de febrero del antiguo calendario ruso o 3 de marzo del calendario gregoriano)
domingo, septiembre 27
El Partido Bolchevique: El gran ausente en la "Historia" de Trotsky
El libro de Trotsky tiene unas grandes fortalezas pero, en mi opinión, un serio defecto. Empecemos con las fortalezas: la revolución es analizada y descrita de manera excelente, como un evento en que los millones de oprimidos que por siglos estuvieron sometidos, se levantan y dicen su palabra. Los cambios en la consciencia de los obreros, campesinos y soldados en las fervientes condiciones de la lucha son bellamente descritos.
El problema fundamental de toda revolución (Lenin)
El problema fundamental de toda revolución es, indudablemente, el problema del poder. Lo decisivo es qué clase tiene el poder...
No se puede esquivar ni apartar el problema del poder, pues es precisamente el problema fundamental que lo determina todo en el desarrollo de la revolución, en su política exterior e interior. Que nuestra revolución “ha gastado inútilmente” seis meses en vacilaciones respecto a la organización del poder es un hecho indiscutible, originado por la política vacilante de los eseristas y de los mencheviques. Pero, a su vez, la política de estos partidos ha sido determinada, en última instancia, por la posición de clase de la pequeña burguesía, por su inestabilidad económica en la lucha entre el capital y el trabajo.
La cuestión reside ahora en saber si la democracia pequeñoburguesa ha aprendido algo en estos importantísimos seis meses, extraordinariamente ricos de contenido. Si la respuesta es negativa, ello significará que la revolución ha sucumbido y sólo podrá salvarla una insurrección victoriosa del proletariado. Si la respuesta es afirmativa, habrá que empezar por crear sin demora un poder firme y estable. Durante una revolución popular, es decir, que despierta a la vida a las masas, a la mayoría de los obreros y los campesinos, sólo puede ser estable un poder que se apoye a sabiendas y de manera indefectible en la mayoría de la población. Hasta ahora, el poder del Estado sigue, de hecho, en Rusia, en manos de la burguesía, la cual se ve obligada únicamente a hacer concesiones parciales (para empezar a anularlas al día siguiente), repartir promesas (para no cumplirlas), buscar todos los medios posibles de encubrir su dominio (para engañar al pueblo con la apariencia de una “coalición honesta”) y etc., etc. De palabra, un gobierno revolucionario, democrático y popular; en la práctica, un gobierno burgués, contrarrevolucionario, antidemocrático y antipopular: ahí está la contradicción que ha existido hasta hoy y que ha sido el origen de la total inestabilidad y de las vacilaciones del poder, de todo ese “carrusel ministerial” a que se han dedicado con fervor tan lamentable (para el pueblo) los señores eseristas y mencheviques.
O la disolución de los Soviets y su muerte sin pena ni gloria, o todo el poder a los Soviets: esto lo dije ante el Congreso de los Soviets de toda Rusia a principios de junio de 1917, y la historia de julio y agosto ha confirmado de manera convincente y exhaustiva la justedad de estas palabras. El poder de los Soviets es el único que puede ser estable y apoyarse a ciencia cierta en la mayoría del pueblo, por más que mientan los lacayos de la burguesía, los Potrésov, los Plejánov y otros, que denominan “ampliación de la base” del poder a su entrega efectiva a una minoría insignificante del pueblo, a la burguesía, a los explotadores.
Sólo el Poder soviético podría ser estable, sólo él no podría ser derrocado ni siquiera en los momentos más tempestuosos de la revolución más violenta; sólo ese poder podría garantizar un desarrollo continuo y amplio de la revolución, una lucha pacífica de los partidos dentro de los Soviets. Mientras no se cree un poder de este tipo, serán inevitables la indecisión, la inestabilidad, las vacilaciones, las interminables “crisis del poder”, la comedia sin desenlace del carrusel ministerial, los estallidos de derecha y de izquierda.
Pero la consigna de “El poder a los Soviets” se entiende muy a menudo, si no casi siempre, de una manera completamente equivocada: en el sentido de “un ministerio formado con los partidos mayoritarios de los Soviets”; y esta opinión, profundamente equivocada, es la que desearíamos examinar con más detalle.
...
“El poder a los Soviets” significa transformar por completo y de manera radical la vieja máquina del Estado, un aparato burocrático que frena todo lo democrático; significa suprimir dicho aparato y remplazarlo por otro nuevo, popular, o sea, auténticamente democrático, el de los Soviets, el de la mayoría organizada y armada del pueblo: obreros, soldados y campesinos; significa ofrecer la iniciativa y la independencia a la mayoría del pueblo no sólo en la elección de los diputados, sino también en la administración del Estado y en la realización de reformas y transformaciones.
...un cambio de ministros tiene muy poca importancia, pues la labor administrativa real se encuentra en manos de un ejército gigantesco de funcionarios. Y este ejército está impregnado hasta la médula de espíritu antidemocrático, está ligado por miles y millones de hilos a los terratenientes y la burguesía, dependiendo de ambos en todas las formas imaginables. Este ejército está rodeado de una atmósfera de relaciones burguesas y sólo respira ese aire; se ha congelado, encallecido y anquilosado; carece de fuerzas para escapar de esa atmósfera; sólo puede pensar, sentir y obrar a la antigua. Este ejército está ligado por relaciones de respeto a la jerarquía, por determinados privilegios de los empleos “públicos”, y sus cuadros superiores se hallan subordinados por completo, mediante las acciones y los bancos, al capital financiero y vienen a ser, en cierta medida, sus agentes, los vehículos de sus intereses y de su influencia.
Tratar de efectuar con ese aparato estatal transformaciones como la supresión de la propiedad terrateniente sin indemnización o el monopolio del trigo, etc., es una mera ilusión... Por eso resulta siempre que, con todos los posibles ministerios “de coalición” en que participan “socialistas”, estos socialistas vienen a ser en la práctica, aun en el caso de que algunos de ellos demuestren la mayor probidad, un simple adorno o una pantalla del gobierno burgués, un pararrayos de la indignación popular provocada por ese gobierno, un instrumento del gobierno para engañar a las masas. Así ocurrió con Luis Blanc en 1848; así ha ocurrido desde entonces docenas de veces en Inglaterra y Francia al participar los socialistas en el gobierno; así fue con los Chernov y los Tsereteli en 1917; así fue y así será mientras se mantenga el régimen burgués y se conserve intangible el viejo aparato estatal burgués y burocrático.
Los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos son valiosos, sobre todo, porque constituyen un tipo de aparato estatal nuevo, inmensamente más elevado e incomparablemente más democrático. Los eseristas y los mencheviques han hecho todo lo posible y lo imposible para transformar los Soviets (en particular el de Petrogrado y el de toda Rusia, o sea, el Comité Ejecutivo Central) en corrillos de charlatanes, que se dedicaban, con el pretexto del “control”, a adoptar resoluciones estériles y expresar deseos, a los que el gobierno daba carpetazo con la más cortés y amable sonrisa. Pero bastó la “fresca brisa” de la korniloviada, que anunciaba una buena tormenta, para que el aire viciado del Soviet se purificara por algún tiempo y la iniciativa de las masas revolucionarias empezara a manifestarse como algo grandioso, potente e invencible.
Que aprendan de este ejemplo histórico todos los incrédulos. Que se avergüencen quienes dicen: “No tenemos un aparato que pueda remplazar al viejo, que tiende ineluctablemente a defender a la burguesía”. Porque ese aparato existe. Son los Soviets. No teman la iniciativa ni la independencia de las masas, confíen en sus organizaciones revolucionarias y verán en todos los ámbitos de la vida pública la misma fuerza, grandiosidad e invencibilidad de que dieron pruebas los obreros y los campesinos en su unión y su ímpetu contra la korniloviada.
Falta de fe en las masas, miedo a su iniciativa, temor a que actúen por sí mismas, estremecimiento ante su energía revolucionaria, en vez de un apoyo total y sin reservas: tales han sido los mayores pecados de los jefes eseristas y mencheviques. Ahí está una de las raíces más profundas de su indecisión, de sus vacilaciones, de sus incontables e infinitamente estériles tentativas de verter vino nuevo en los viejos odres de la vieja máquina estatal, burocrática.
...
¿Qué significaría, en la práctica, esta dictadura [del proletariado y los campesinos pobres]? Significaría que sería aplastada la resistencia de los kornilovistas y quedaría restablecida y consumada la democratización completa del ejército. El 99% del ejército sería partidario entusiasta de esta dictadura a los dos días de establecida. Esta dictadura daría la tierra a los campesinos y todo el poder a los comités locales de campesinos. ¿Cómo puede alguien, entonces, si está en su sano juicio, poner en duda que los campesinos apoyarían semejante dictadura? Lo que Peshejónov sólo prometió (“la resistencia de los capitalistas ha sido aplastada”: palabras textuales de Peshejónov en su célebre discurso ante el Congreso de los Soviets), lo llevaría a la práctica esta dictadura, lo haría realidad, sin suprimir en lo más mínimo las organizaciones democráticas de abastecimiento, de control, etc., que han empezado ya a formarse, sino, por el contrario, apoyándolas y fomentándolas y eliminando todo lo que dificulte su funcionamiento.
Sólo la dictadura de los proletarios y de los campesinos pobres es capaz de romper la resistencia de los capitalistas, ejercer el poder con una audacia y una decisión en verdad grandiosas y asegurarse un apoyo entusiasta, sin reservas y auténticamente heroico de las masas tanto en el ejército como entre los campesinos.
El poder a los Soviets: eso es lo único que podría hacer gradual, pacífico y tranquilo el desarrollo ulterior, poniéndolo por completo al nivel de la conciencia y la decisión de la mayoría de las masas populares, al nivel de su propia experiencia. El poder a los Soviets significa la entrega total de la gobernación del país y del control de su economía a los obreros y a los campesinos, a quienes nadie se atrevería a oponer resistencia y quienes aprenderían rápidamente con su experiencia, con su propia experiencia, a distribuir acertadamente la tierra, las provisiones y el trigo.
sábado, septiembre 19
Podemos proponer un compromiso (Lenin)
Acerca de los compromisos
Llamase compromiso en política a hacer concesiones respecto a ciertas demandas, a renunciar a una parte de las reivindicaciones propias en virtud de un acuerdo con otro partido.
La idea habitual del vulgo acerca de los bolcheviques, sostenida por la prensa que los calumnia, consiste en que jamás aceptan compromiso alguno con nadie.
Tal idea nos halaga como partido del proletariado revolucionario, pues demuestra que hasta los enemigos se ven obligados a reconocer nuestra fidelidad a los principios fundamentales del socialismo y de la revolución. Pero, con todo, hay que decir la verdad: esa idea no corresponde a los hechos. Engels estaba en lo cierto cuando en su crítica del manifiesto de los blanquistas de la Comuna (en 1873) ridiculizaba la declaración de éstos: “¡Ningún compromiso!”. Eso es una frase - decía él-, pues, a menudo, los compromisos de un partido que lucha son impuestos inevitablemente por las circunstancias y es absurdo renunciar de una vez para siempre “a cobrarse la deuda por partes”. La tarea de un partido auténticamente revolucionario no consiste en declarar imposible la renuncia a cualquier compromiso, sino en saber mantenerse fiel, a través de todos los compromisos -en la medida en que sean inevitables-, a sus principios, a su clase y a su misión revolucionaria, a su obra de preparar la revolución y educar a las masas populares para triunfar en la revolución.
Un ejemplo. Participar en la III y IV Dumas fue un compromiso, una renuncia temporal a las reivindicaciones revolucionarias. Pero fue un compromiso absolutamente forzoso, pues la correlación de fuerzas descartaba para nosotros, por cierto tiempo, la lucha revolucionaria de masas, y su larga preparación hacía necesario saber trabajar incluso desde dentro de semejante “pocilga”. La historia demostró que tal planteamiento del problema por los bolcheviques, como partido, era justo.
Ahora, el problema inmediato no es un compromiso forzoso, sino un compromiso voluntario.
Nuestro partido, como cualquier otro partido político, aspira a conquistar la dominación política para sí. Nuestra meta es la dictadura del proletariado revolucionario. Seis meses de revolución han confirmado con extraordinaria claridad, fuerza y elocuencia lo justo e inevitable de tal reivindicación, en interés precisamente de esta revolución, pues el pueblo no podrá obtener de otro modo ni una paz democrática, ni la tierra para los campesinos ni una libertad completa (una república plenamente democrática). Así lo han mostrado y demostrado el curso de los acontecimientos en el medio año de nuestra revolución, la lucha de clases y de los partidos, el desarrollo de las crisis del 20 y 21 de abril, del 9 y 10 y del 18 y 19 de junio, de los días 3, 4 y 5 de julio y del 27 al 31 de agosto.
Ahora se ha producido en la revolución rusa un viraje tan brusco y original que, como partido, podemos proponer un compromiso voluntario, cierto que no a la burguesía -nuestro directo y principal enemigo de clase-, sino a nuestros adversarios más próximos, a los partidos “dirigentes” de la democracia pequeñoburguesa: los eseristas y los mencheviques.
Como una mera excepción, únicamente forzados por una situación especial que, al parecer, se mantendrá sólo poquísimo tiempo, podemos proponer un compromiso a esos partidos y, a mi juicio, debemos hacerlo.
Es un compromiso, por nuestra parte, retornar a la reivindicación de antes de julio: todo el poder a los Soviets, formación de un gobierno de eseristas y mencheviques responsable ante los Soviets.
Ahora, sólo ahora, y quizás apenas durante unos pocos días o por una o dos semanas, un gobierno de ese tipo podría formarse y afianzarse de un modo completamente pacífico. Podría garantizar, con una probabilidad gigantesca, un movimiento pacífico de avance de toda la revolución en Rusia y ofrecería extraordinarias posibilidades de que dé grandes pasos adelante el movimiento mundial hacia la paz y hacia el triunfo del socialismo.
Sólo en nombre de ese desarrollo pacífico de la revolución -posibilidad extraordinariamente rara en la historia y extraordinariamente valiosa, excepcionalmente insólita-, sólo en nombre de ella, pueden y deben, a mi parecer, aceptar tales compromisos los bolcheviques, partidarios de la revolución mundial y de los métodos revolucionarios.
El compromiso consistiría en que los bolcheviques, sin pretender participar en el gobierno (cosa imposible para un internacionalista si no se realizan efectivamente las condiciones de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres), renunciaran al paso inmediato del poder al proletariado y a los campesinos pobres y a los métodos revolucionarios de lucha por esa reivindicación. La condición, de por sí evidente y nada nueva para los eseristas y los mencheviques, sería la plena libertad de agitación y la convocatoria de la Asamblea Constituyente, sin nuevas dilaciones e incluso en un plazo más breve.
Los mencheviques y los eseristas, como bloque gubernamental, accederían (en el supuesto de que se llegara al compromiso) a constituir un gobierno, íntegra y exclusivamente responsable ante los Soviets, pasando a manos de éstos todo el poder también en las localidades. En eso consistiría la “nueva” condición. Creo que los bolcheviques no pondrían otras condiciones, confiando en que la verdadera y completa libertad de agitación y la inmediata aplicación de nuevos principios democráticos en la composición de los Soviets (nuevas elecciones) y en su funcionamiento garantizarían de por sí el avance pacífico de la revolución y pondrían fin pacíficamente a las luchas entre los partidos dentro de los Soviets.
¿Quizá esto sea ya imposible? Quizá. Pero si existe, aunque sólo sea una posibilidad entre cien, valdría la pena intentarlo.
...esta probabilidad dimana de la decisión de los eseristas y mencheviques de no colaborar en un gobierno del que formen parte los democonstitucionalistas.
Los bolcheviques ganarían al obtener la posibilidad de hacer con entera libertad agitación en pro de sus opiniones y, en condiciones efectiva y enteramente democráticas, conquistar influencia en los Soviets. De palabra, “todos” reconocen hoy esa libertad a los bolcheviques. Pero, en la práctica, es imposible bajo un gobierno burgués o con participación de la burguesía, bajo un gobierno que no sea soviético. Con un gobierno de los Soviets, esa libertad sería posible (no decimos: garantizada con seguridad, pero, no obstante, posible). En aras de esa posibilidad, en un momento tan difícil, habría que decidirse a un compromiso con la mayoría actual de los Soviets. Con una verdadera democracia, nosotros nada debemos temer, pues la vida está a nuestro favor, e incluso la forma en que se desarrollan las corrientes dentro de los partidos eserista y menchevique, hostiles a nosotros, confirma que estamos en lo cierto.
Los mencheviques y los eseristas ganarían al recibir en el acto la plena posibilidad de realizar el programa de su bloque, apoyándose en la mayoría, a ciencia cierta inmensa, del pueblo y asegurándose la utilización “pacífica” de su mayoría en los Soviets...
* * *
Las líneas precedentes fueron escritas el viernes, 1 de septiembre, y, debido a circunstancias casuales (la historia dirá que, en los tiempos de Kerenski, no todos los bolcheviques gozaban del derecho a elegir libremente su lugar de residencia), no llegaron a la Redacción ese mismo día. Y después de haber leído los periódicos del sábado y los de hoy, domingo, me digo: quizá sea demasiado tarde para proponer un compromiso. Quizá hayan pasado también los pocos días en que era posible todavía un desarrollo pacífico. Sí, todo indica que han pasado ya. Kerenski se irá, de uno u otro modo, del partido eserista, se alejará de los eseristas y se afianzará, con ayuda de los burgueses, sin los eseristas y gracias a la inacción de éstos... Sí, todo indica que han pasado ya los días en que era posible casualmente la vía de desarrollo pacífico. Sólo me resta enviar estas notas a la Redacción, rogándole que las encabece así: Pensamientos tardíos... A veces, tal vez pueda tener cierto interés conocer algunos pensamientos tardíos.
3 de septiembre de 1917
miércoles, septiembre 2
Hoy es el día de las elecciones (Stalin)
Proletari Nº 7 del 20 de agosto (2 de setiembre) de 1917
Hoy se celebran las elecciones a la Duma municipal de Petrogrado. El resultado depende de vosotros, camaradas obreros y camaradas soldados. Las elecciones son por sufragio universal e igual. El voto de cada soldado, de cada obrero, de cada obrera será igual al voto del capitalista, del casero, del profesor, del funcionario. Vosotros, camaradas, y solamente vosotros, tendréis la culpa si no sabéis hacer uso de este derecho.
Habéis sabido luchar en la calle contra los “faraones” [policías] zaristas. Sabed ahora luchar por vuestros intereses, votando por nuestro Partido.
Habéis sabido defender vuestros derechos frente a la contrarrevolución. ¡Sabed ahora negarle vuestra confianza en las elecciones de hoy!
Habéis sabido arrancar la careta a los traidores a la revolución. Sabed ahora decirles: “¡Fuera las manos!”.
Ante vosotros aparece, en primer término, el partido de Miliukov, el partido de la libertad popular. Este partido defiende los intereses de los terratenientes y de los capitalistas. Este partido está contra los obreros, los campesinos y los soldados, ya que se pronuncia contra el control obrero en la industria, contra la entrega de las tierras de los terratenientes a los campesinos, en favor de la pena de muerte para los soldados en el frente. Es el partido de los demócratas constitucionalistas el que exigía ya a principios de junio una ofensiva inmediata en el frente, la ofensiva que ha costado al país centenares de miles de vidas. Es el partido de los demócratas constitucionalistas el que procuró y, por fin, consiguió el triunfo de la contrarrevolución, las medidas de represión contra los obreros, los soldados y los marinos. Votar por el partido de Miliukov es traicionarse uno mismo y traicionar a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos en la retaguardia y en el frente.
Camaradas: ¡Ni un voto para el partido de la libertad popular!
Ante vosotros tenéis, además, a los defensistas, los partidos de los mencheviques y de los socialrevolucionarios. Estos partidos defienden los intereses de los pequeños propietarios acomodados de la ciudad y del campo. Por eso, siempre que la lucha de clases adquiere un carácter decisivo, aparecen en un mismo campo al lado de los terratenientes y los capitalistas, contra los obreros, los campesinos y los soldados. Así ocurrió en los días de julio, cuando los partidos de los mencheviques y de los eseristas, en alianza con la burguesía, desarmaban a los obreros y soldados y se ensañaban con ellos. Así ocurrió en los días de la Conferencia de Moscú, cuando estos partidos, en alianza con la burguesía, aprobaron la represión y la pena de muerte contra los obreros y los soldados en el frente.
Si la contrarrevolución salió vencedora, es, entre otras cosas, porque los partidos de los eseristas y de los mencheviques le ayudaron a reprimir la revolución, concertando un acuerdo con los terratenientes y los capitalistas.
Si ahora se afianza la contrarrevolución, es, entre otras cosas, porque los partidos de los eseristas y de los mencheviques la amparan de la ira popular, cumpliendo sus mandatos bajo la bandera de la revolución.
Votar por estos partidos significa votar por la alianza con la contrarrevolución, contra los obreros y los campesinos pobres.
Votar por estos partidos significa votar por la aprobación de las detenciones en la retaguardia y de la pena de muerte en el frente.
Camaradas: ¡Ni un voto para los defensistas, para los mencheviques, para los socialrevolucionarios!
Ante vosotros tenéis, por último, el grupo de “Nóvaia Zhizn” correspondiente a la lista Nº12. Este grupo expresa el espíritu de los intelectuales carentes de base, divorciados de la vida y del movimiento. Por eso fluctúa eternamente entre la revolución y 1a contrarrevolución, entre la guerra y la paz, entre los obreros y los capitalistas, entre los terratenientes y los campesinos.
De un lado, está en favor de los obreros; de otro lado, no quiere romper con los capitalistas. Por eso abjura tan indecorosamente de la manifestación de julio de los obreros y los soldados.
De un lado, está en favor de los campesinos; de otro lado, no rompe tampoco con los terratenientes. Por eso se opone a la entrega inmediata de las tierras de los terratenientes a los campesinos, proponiendo esperar hasta la Asamblea Constituyente, cuya convocatoria ha sido aplazada, quizá para siempre.
De palabra, el grupo de “Nóvaia Zhizn” está por la paz; de hecho, en contra de la paz, ya que invita a respaldar el “Empréstito de la libertad”, destinado a proseguir la guerra imperialista.
Ahora bien, el que respalda el “Empréstito de la libertad” contribuye a la prolongación de la guerra, ayuda a los imperialistas, lucha, en realidad, contra el internacionalismo.
De palabra, el grupo de “Nóvaia Zhizn” está contra las represiones y las cárceles; de hecho, en favor de las represiones y de las cárceles, ya que ha sellado una alianza con los defensistas, partidarios tanto de las represiones como de las cárceles.
Ahora bien, el que pacta alianzas con los defensistas ayuda a la contrarrevolución, lucha, en realidad, contra la revolución.
¡Aprended, camaradas, a conocer a los hombres por los hechos, y no por las palabras!
¡Aprended a juzgar los partidos y los grupos por sus actos, y no por sus promesas!
Si el grupo de “Nóvaia Zhizn” propone luchar por la paz y al mismo tiempo invita a respaldar el “Empréstito de la libertad”, sabed que así lleva el agua al molino de los imperialistas.
Si el grupo de “Nóvaia Zhizn” coquetea a veces con los bolcheviques y al mismo tiempo apoya a los defensistas, sabed que así lleva el agua al molino de la contrarrevolución.
Votar por este grupo de dos caras, votar por la lista Nº 12, significa ponerse al servicio de los defensistas, que, a su vez, sirven a la contrarrevolución.
Camaradas: ¡Ni un voto para el grupo de “Nóvaia Zhizn”!
Nuestro Partido es el partido de los obreros de la ciudad y del campo, el partido de los campesinos pobres, el partido de los oprimidos y explotados.
Todos los partidos burgueses, todos los periódicos burgueses, todos los grupos vacilantes y ambiguos odian y calumnian a nuestro Partido.
¿Por qué? Porque:
sólo nuestro Partido está por la lucha revolucionaria contra los terratenientes y capitalistas;
sólo nuestro Partido está por el paso inmediato de las tierras de los terratenientes a manos de los Comités campesinos;
sólo nuestro Partido está por el control obrero en la industria, contra todos los capitalistas;
sólo nuestro Partido está por la organización democrática del intercambio entre la ciudad y el campo, contra los especuladores y los bandidos del comercio;
sólo nuestro Partido está por el aniquilamiento total de la contrarrevolución en la retaguardia y en el frente;
sólo nuestro Partido defiende sin titubeos las organizaciones revolucionarias de los obreros, de los campesinos y de los soldados;
sólo nuestro Partido lucha resuelta y revolucionariamente por la paz y la fraternidad de los pueblos;
sólo nuestro Partido lucha resueltamente y sin vacilaciones en favor de la conquista del Poder por los obreros y los campesinos pobres;
sólo nuestro Partido, y sólo él, no se ha manchado con la vergüenza de apoyar la pena de muerte en el frente.
Por eso los burgueses y los terratenientes odian tanto a nuestro Partido. Por eso debéis votar hoy en favor de nuestro Partido.
Obreros, soldados, obreras: ¡Votad por nuestro Partido, por la lista Nº 6!
lunes, agosto 31
La verdad de nuestra derrota en el Frente (Stalin)
Insertamos a continuación extractos de dos artículos, de carácter documental, sobre las causas de la derrota sufrida en julio por nuestras tropas.
Ambos artículos, tanto el de Arseni Mérich (publicado en “Dielo Naroda”) como el de V. Borísov (en “Nóvoe Vremia”), intentan hacer un estudio imparcial de la derrota de julio, desechando las baratas acusaciones que gentes indignas lanzan contra los bolcheviques.
Por ello sus confesiones y asertos son tanto más valiosos. El artículo de A. Mérich habla principalmente de los culpables de la derrota. Resulta que los culpables son “los ex policías y los ex gendarmes” y, sobre todo, “ciertos automóviles” pertenecientes a no se sabe quién, que recorrieron el ejército que defendía Tarnópol y Chernovitsi, ordenando a los soldados la retirada. Qué automóviles eran ésos y cómo pudo permitir el mando esa descarada provocación, es cosa que, desgraciadamente, no dice el autor. Pero sí dice clara y concretamente que fue una “retirada provocada”, una “traición perpetrada de acuerdo con un plan deliberado y preconcebido”; que se está llevando a cabo una investigación y que pronto “el secreto será descubierto”.
¿Y los bolcheviques? ¿Qué hay de la “traición bolchevique”?
De ello no encontramos en el artículo de A. Mérich ¡ni una sola línea, ni una sola palabra!
Es todavía más interesante el artículo de V. Borísov publicado en “Nóvoe Vremia”. En él no se habla tanto de los culpables, como de las causas de la derrota.
El artículo declara sin circunloquios que “descarga al bolchevismo de la infundada acusación de ser el culpable de nuestra derrota”, que ésta no ha sido debida al bolchevismo, sino a “causas más profundas”, que deben ser puestas en claro y eliminadas. Pero ¿qué causas son ésas? Ante todo, que la táctica de ofensiva no vale para nosotros, tomando en cuenta la “poca madurez de nuestros generales”, el mal “pertrechamiento” de nuestras tropas y la falta de organización de los soldados. Después, la ingerencia de “diletantes” (de elementos inexpertos), que insistieron en que se emprendiese la ofensiva y que, en junio, se salieron con la suya. Y, finalmente, la excesiva disposición del gobierno a cumplir los consejos de los aliados acerca de la necesidad de la ofensiva, sin tomar en cuenta la situación real en el frente.
Resumiendo: “nuestra” general falta de preparación para la ofensiva, que ha hecho de ella una aventura sangrienta.
Es decir, se ha confirmado todo aquello contra lo que los bolcheviques y “Pravda” previnieron reiteradas veces, razón por la cual fueron calumniados y perseguidos por todos cuantos tuvieron simplemente ese antojo.
Así hablan hoy las que todavía ayer nos hacían responsables de la derrota en el frente.
Nosotros estamos lejos de darnos por satisfechos con las revelaciones y con los argumentos de carácter estratégico y de otra índole de “Nóvoe Vremia”, que ahora estima necesario “descargar a los bolcheviques de la infundada acusación de ser los culpables de nuestra derrota”.
También estamos lejos de considerar que las manifestaciones de A. Mérich agoten el tema.
Pero no podemos por menos de señalar que si el periódico ministerial “Dielo Naroda” no estima ya posible silenciar quiénes son los verdaderos culpables de la derrota, si hasta (¡hasta!) el “Nóvoe Vremia” de Suvorin, que todavía ayer atribuía a las bolcheviques la culpa de la derrota, considera ahora necesario, “descargar a los bolcheviques” de esta acusación, ello demuestra que las agujas en costal no se pueden disimular, que la verdad acerca de la derrota es demasiada visible para poder silenciarla, que la verdad de quiénes son los culpables de la derrota, sacada a la luz del día por los mismos soldados, está a punto de abofetear a los propios acusadores y que seguir callando sería buscarse un contratiempo...
Es evidente que la acusación contra los bolcheviques, haciéndoles responsables de la derrota, acusación urdida por enemigos de la revolución, como los señores de “Nóvae Vremia”, y apoyada por “amigos” de la revolución, como los señores de “Dielo Naroda”, ha fracasado irreparablemente.
Por ello, y sólo por ello, esos señores se han decidido ahora a hablar de los verdaderos culpables de la derrota.
¿No es cierto que esos caballeros se parecen mucho a las sabias ratas que abandonan las primeras el barco que se va a pique?...
¿Qué conclusiones debemos sacar de todo esto?
Se nos dice que están investigándose las causas de la derrota en el frente y se nos asegura que pronto “el secreto será descubierto”. Pero ¿qué garantías tenemos que no se ocultarán los resultados de la investigación, de que ésta será objetiva y de que los culpables serán castigados como merecen?
Por eso, nuestra primera propuesta es: conseguir que en la comisión investigadora participen representantes de los propios soldados.
Sólo esa participación puede garantizar que los verdaderos culpables de la “retirada provocada” sean descubiertos.
Esa es la primera conclusión.
Se nos habla de las causas de la derrota y se recomienda no repetir los viejos “errores”. Pero ¿qué garantías tenemos de que los “errores” sean efectivamente errores, y no un “plan preconcebido”? ¿Quién puede garantizar que, después de haber sido “provocada” la entrega de Tarnópol, no será “provocada” también la entrega de Riga y de Petrogrado, con el propósito de desacreditar a la revolución y después reedificar sobre sus ruinas el odiado viejo régimen?
Por eso nuestra segunda propuesta es: establecer el control de representantes de los propios soldados sobre los actos de sus jefes y destituir inmediatamente a todos los mandos sospechosos.
Sólo tal control puede asegurar a la revolución contra provocaciones criminales en gran escala.
Esa es la segunda conclusión.
domingo, agosto 30
Los resultados de la Conferencia de Moscú (Stalin)
La Conferencia de Moscú ha terminado.
Ahora, después del “violento choque de los dos campos opuestos”, después de la “sangrienta batalla” de los Miliukov contra los Tsereteli, ahora que el “combate” ha concluido y los heridos han sido retirados, se puede preguntar: ¿cómo ha terminado la “batalla” de Moscú?, ¿quién ha ganado y quién ha perdido?
Los demócratas constitucionalistas se frotan las manos de satisfacción. “El partido de la libertad popular puede sentirse orgulloso -dicen- de que sus consignas... hayan sido reconocidas... como consignas de todo el pueblo” (“Riech”).
Los defensistas también están contentos, pues hablan del “triunfo de la democracia” (léase: ¡de los defensistas!) y aseguran que “la democracia ha salido fortalecida de la Conferencia de Moscú” (“Izvestia”). “El bolchevismo debe ser destruido”, dice Miliukov en la Conferencia, entre los aplausos atronadores de los representantes de las “fuerzas vivas”.
Eso es lo que estamos haciendo, responde Tsereteli, pues “ya se ha promulgado una ley de excepción” contra el bolchevismo. Tengan en cuenta que “la revolución (léase: ¡la contrarrevolución!) aun no tiene experiencia de lucha contra el peligro de izquierda”. Dennos tiempo para adquirir esa experiencia.
Y los demócratas constitucionalistas convienen en que es mejor destruir el bolchevismo poco a poco que hacerlo de golpe, y además, no actuando directamente, con sus propias manos, sino con manos ajenas, con las manos de esos mismos “socialistas” defensistas.
Hay que “suprimir los Comités y los Soviets”, dice el general Kaledin, bajo los aplausos de los representantes de las “fuerzas vivas”.
Cierto, le responde Tsereteli, pero aún es pronto, pues no se pueden desmontar estos andamios cuando el edificio de la revolución libre (léase: ¡de la contrarrevolución!) todavía no está terminado”. ¡Dennos tiempo para “terminar la obra”, y después serán eliminados los Soviets y los Comités!
Y los demócratas constitucionalistas convienen en que es mejor reducir los Comités y los Soviets al papel de simples apéndices de la máquina imperialista que destruirlos de golpe.
El resultado es “júbilo general” y “satisfacción”.
Por algo dicen los periódicos que entre los ministros socialistas y los ministros demócratas constitucionalistas la unidad es hoy mayor que antes de la Conferencia”. (“Nóvaia Zhizn”).
¿Preguntáis quién ha ganado?
Han ganado los capitalistas, pues el gobierno se ha comprometido en la Conferencia a “no tolerar la ingerencia de los obreros (¡el control!) en la administración de las empresas”.
Han ganado los terratenientes, pues el gobierno se ha comprometido en la Conferencia a “no emprender ninguna reforma radical en el problema de la tierra”.
Han ganado los generales contrarrevolucionarios, pues la Conferencia de Moscú ha aprobado la pena de muerte.
¿Preguntáis quién ha ganado?
Ha ganado la contrarrevolución, pues se ha organizado en escala nacional, agrupando en torno suyo a todas las “fuerzas vivas” del país, del tipo de Riabushinski y Miliukov, Tsereteli y Dan, Alexéiev y Kaledin.
Ha ganado la contrarrevolución, pues la llamada “democracia revolucionaria” ha sido puesta a su disposición, como un escudo apropiado contra la indignación del pueblo.
Ahora los contrarrevolucionarios no están solos. Ahora toda la “democracia revolucionaria” trabaja para ellos. Ahora tienen a su disposición la “opinión pública” de la “tierra rusa”, que los señores defensistas trabajarán “asiduamente”.
La coronación de la contrarrevolución: ése es el resultado de la Conferencia de Moscú.
Los defensistas, que ahora peroran acerca del “triunfo de la democracia”, ni siquiera sospechan que han sido tomados como simples lacayos para servir a los contrarrevolucionarios triunfantes.
Ese, y sólo ése, es el sentido político de la “coalición honrada” de que hablaba “implorante” el señor Tsereteli y contra la que nada tienen los Miliukov.
Una “coalición” de los defensistas con las “fuerzas vivas” de la burguesía imperialista, contra el proletariado revolucionario y los campesinos pobres: tales son los resultados de la Conferencia de Moscú.
Si esta “coalición” contrarrevolucionaria valdrá por largo tiempo a los defensistas, es cosa que el futuro próximo ha de demostrar.
miércoles, agosto 26
Comité Restringido del CC del 13 (26) de agosto de 1917
Orden del día:
1. Traspaso de la imprenta
2. El periódico Soldat
3. Liquidación de los asuntos de Rabochi y Soldat.
Se decidió traspasar la imprenta así como el Priboi a otras manos, en vista de la posibilidad de que sean confiscados. Es de desear el traspaso de la imprenta a los sindicatos. Se ha encargado a Sverdlov de la ejecución de esta resolución.
En lo concerniente al periódico Soldat, se decidió rebautizarlo como Proletari y pasarlo al CC para que haga las veces de órgano central del mismo. Esta decisión fue tomada en vista de las dudas en cuanto a la posibilidad de editar el Proletari en la imprenta de Trud, es decir, a partir de consideraciones de orden técnico. La ejecución de esta decisión es confiada a Stalin.
En lo concerniente a la liquidación del Rabochi y Soldat, se ha decidido pedir cuenta detallada de los ingresos y los gastos y transferir el resto a la caja del CC.
La contrarrevolución y los pueblos de Rusia (Stalin)
En los días de la revolución y de las transformaciones democráticas, el movimiento se desarrollaba bajo la bandera de la emancipación.
Los campesinos se emancipaban de la omnipotencia de los terratenientes. Los obreros se emancipaban de los caprichos de la dirección de las fábricas. Los soldados se emancipaban de la tiranía de los generales...
El proceso de emancipación no podía menos de extenderse a los pueblos de Rusia, oprimidos durante siglos por el zarismo.
El decreto de la “igualdad de derechos” de los pueblos y la abolición efectiva de las restricciones nacionales; los congresos de los ucranianos, los finlandeses, los bielorrusos y la cuestión de la república federal; la proclamación solemne del derecho de las naciones a la autodeterminación y las promesas oficiales de “no poner obstáculos”: todo ello evidenciaba el gran movimiento de los pueblos de Rusia por la liberación.
Eso fue en los días de la revolución, cuando los terratenientes se habían retirado de la escena y la burguesía imperialista se veía acorralada por el embate de la democracia.
Al retornar al Poder los terratenientes (¡los generales!) y al triunfar la burguesía contrarrevolucionaria, la situación ha cambiado por completo.
Son relegadas al olvido las “grandes palabras” acerca de la autodeterminación y las promesas solemnes de “no poner obstáculos”. Hoy se ponen los obstáculos más increíbles, llegando a la ingerencia franca en la vida interna de los pueblos. Es disuelta la Dieta de Finlandia, con la amenaza de “declarar en Finlandia el estado de sitio si ello fuera necesario” (“Viechérneie Vremia”, 9 de agosto). Se desata una campaña contra la Rada y el Secretariado de Ucrania, con la clara intención de decapitar la autonomía de Ucrania. Al mismo tiempo, resurgen los viejos y despreciables métodos de provocación de choques entre las nacionalidades y la criminal sospecha de “traición”, con el fin de desencadenar las fuerzas contrarrevolucionarias chovinistas y, después, ahogar en torrentes de sangre la idea misma de la liberación nacional, abrir abismos entre los pueblos de Rusia y sembrar la enemistad entre ellos, para alegría de los enemigos de la revolución.
De esa manera se asesta un golpe mortal a la unión de dichos pueblos en una familia estrechamente hermanada.
Es de por sí evidente que la política de “alfilerazos” nacionales no une a los pueblos, sino que los divide, fomentando en ellos las tendencias “separatistas”.
Es de por sí evidente que la política de opresión nacional seguida por la burguesía contrarrevolucionaria encierra ese mismo peligro de “desintegración” de Rusia contra el que la prensa burguesa clama con tal falsedad e hipocresía.
Es de por sí evidente que la política de azuzar a unas nacionalidades contra otras es esa misma despreciable política que, por fomentar la desconfianza mutua y la enemistad entre los pueblos, escinde las fuerzas del proletariado de toda Rusia y mina así los cimientos mismos de la revolución.
Precisamente por eso todas nuestras simpatías están con los pueblos sojuzgados y oprimidos, que luchan, como es natural, contra esa política.
Precisamente por eso dirigimos nuestras armas contra quienes aplican, encubriéndose con el rótulo de la “autodeterminación” de los pueblos, una política de anexiones imperialistas y de “unificación” forzosa.
Nosotros no nos oponemos, en absoluto, a la unión de los pueblos en un solo y único Estado. Nosotros no estamos, ni mucho menos, en favor de la división de los grandes Estados en Estados pequeños, pues es evidente de por sí que la unión de los pequeños Estados en Estados grandes constituye una de las condiciones que facilitan el establecimiento del socialismo.
Pero nosotros somos resueltos partidarios de que esa unión sea voluntaria, porque sólo así será verdadera y sólida.
Mas para ello se precisa, ante todo, el reconocimiento total y absoluto del derecho de los pueblos de Rusia a la autodeterminación, incluido el derecho de separarse de Rusia.
Es necesario, además, que el reconocimiento verbal sea respaldo por hechos, que se permita a los pueblos determinar ya ahora en sus asambleas constituyentes acerca de sus territorios y de las formas de su estructuración política.
Esa es la única política que puede fortalecer la confianza y la amistad entre los pueblos. Esa es la única política que puede abrir el camino a la verdadera unión de los pueblos.
No cabe duda de que los pueblos de Rusia no son infalibles y pueden cometer errores al organizar su vida. Es deber de los marxistas rusos señalar esos errores a los pueblos y, en primer lugar, a sus proletarios, y esforzarse por corregirlos mediante la crítica y la persuasión. Pero nadie tiene derecho a inmiscuirse por la violencia en la vida interna de las naciones y a “enmendar” por la fuerza sus errores. Las naciones son soberanas en cuanto a su vida interna se refiere y tienen derecho a organizarse conforme a sus deseos.
Estas son las reivindicaciones fundamentales de los pueblos de Rusia, proclamadas por la revolución y que la contrarrevolución está ahora pisoteando.
Es imposible llevar a efecto esas reivindicaciones mientras las fuerzas contrarrevolucionarias estén en el Poder.
La victoria de la revolución es el único camino para emancipar de la opresión nacional a los pueblos de Rusia.
Conclusión única: el problema de la emancipación del yugo nacional es un problema relacionado con el Poder. La opresión nacional tiene sus raíces en la dominación de los terratenientes y de la burguesía imperialista. Transferir el Poder al proletariado y a los campesinos revolucionarios supone, precisamente, emancipar de toda opresión nacional a los pueblos de Rusia.
O los pueblos de Rusia apoyan la lucha revolucionaria de los obreros por el Poder, en cuyo caso obtendrán su liberación; o no la apoyan, en cuyo caso no verán su liberación como no ven sus propias orejas.
viernes, agosto 21
Comité Restringido del CC Bolchevique del 8 (21) de agosto de 1917
Orden del día:
1. Conferencia sobre la Defensa
2. La revista
3. Congreso
*
5. Comité de Petersburgo
6. Huelga de hambre en Kresti [prisión.DR]
7. K(ámenev)
En primer término, se ha resuelto la cuestión de saber si los bolcheviques deben intervenir en la Conferencia sobre la Defensa haciendo una declaración. Sverdlov ha sido encargado de realizar esta resolución.
Se decidió intitular la revista “Prosvischeniye”. La proposición de intitularla “Kommunist” tuvo un voto menos. La distribución de sectores, el preseupuesto y la lista de colaboradores han sido aprobados.
El Comité ha escuchado un informe sobre Vperiod [periódico de Trostky y Lunacharsky. DR], que será enteramente transmitido al CC. Se decidió componer un comité de redacción con la misma tríada del CC más Uritsky y Bezrabotny (Manuilsky) [ambos miembros del grupo de Trotsky y Lunacharsky.DR].
Congreso
Se decidió conceder inmediatamente y hasta el 4 de setiembre un permiso a Stasova, así como posponer la discusión sobre el permiso de Miliutin hasta la llegada de Bubnov.
Uritsky y Smilga presentaron su informe concerniente al trabajo del Comité de Petersburgo:
1) con respecto a la campaña municipal se ha preparado una lista de 60 miembros designados para la Duma municipal central; se redactaron los textos de tres llamamientos (a los obreros, a los soldados y a las mujeres); se decidió organizar, domingo 13 (agosto), reuniones electorales en todos los rincones de la ciudad;
2) el Comité de Petersburgo presentará cuentas en la primera oportunidad; la dificultad se debe a que el material fue capturado por el contraespionaje;
3) Volodarsky es elegido para el comité de redacción;
4) el Comité de Petersburgo ha decidido formar una sociedad por acciones para adquirir una imprenta, y tiene intención de editar su propio órgano;
5) el Comité de Petersburgo pide permiso al CC para examinar el caso B(agdatiev);
6) el Comité de Petersburgo va a ser reorganizado –seráconvocada una Conferencia de toda la ciudad próximamente.
El plan de la campaña municipal del Comité de Petersburgo ha sido aprobado, así como la lista de candidatos presentada por el Comité de Petersburgo, con excepción de uno: T [ilegible].
En cuanto concierne al caso B(agdatiev), la investigación del Comité de Petersburgo ha quedado satisfecha, pero se ha agregado que sería deseable un examen similar a propósito de B(agdatiev) y de S[ilegible].
La resolución del CC (Pleno) en que se precisa que provisionalmente no aparecerá más que un solo órgano, el Rabochi y Soldat, ha sido confirmada.
Se recibe la información de que se prevé una huelga de hambre en Kresti y que Trotsky está en contra. Se decidió averiguar si la huelga había comenzado ya y, en caso de una respuesta afirmativa, obtener con ayuda del CC, en las fábricas y talleres, resoluciones de protesta contra la actitud de las autoridades con respecto a los arrestados (un llamamiento correspondiente en el diario). En caso de que la misma no haya comenzado aún, debe aparecer en ese periódico un llamamiento a que no se haga la huelga de hambre, pero la campaña de protesta debe tener lugar en cualquier caso.
Se decidió constituir una comisión de abogados para organizar la defensa en procesos políticos por venir.
El caso K(ámenev).
Es separado del trabajo. Se decidió no examinar su actitud en el momento de su intervención en el Comité Ejecutivo Central antes de obtener una explicación de su parte, conforme a su petición.
En lo concerniente a nuestra actitud respecto de la Conferencia de Estocolmo, la misma será claramente explicada en el artículo que debe aparecer mañana, 9, en Rabochi i Soldat.
En los debates ha llamado la atención la actitud de K(ámenev) con respecto a L(enin) y Z(inoviev) (se trata de la no comparecencia).
CC Bolchevique: Conferencia de Moscú es un órgano de complot contra la revolución
6 (19) de agosto de 1917
Rabochi i Soldat Nº 14 del 8 (21) de agosto de 1917
En la hora actual, el poder estatal en Rusia está en vías de pasar enteramente a manos de la burguesía contrarrevolucionaria imperialista con el apoyo no disimulado de los partidos pequeñoburgueses, de los eseristas y mencheviques. La política que atiza y prolonga la guerra, la negativa a entregar la tierra a los campesinos, la privación al soldado de sus derechos, el restablecimiento de la pena de muerte, la violencia contra Finlandia y Ucrania, en fin, el ataque furioso contra la parte más revolucionaria del proletariado –los socialdemócratas internacionalistas-, tales son los fenómenos más evidentes del imperio de la política contrarrevolucionaria. Para reforzar su influencia y sus posiciones, la burguesía contrarrevolucionaria se esfuerza por crear un centro poderoso para toda Rusia, por reunir sus fuerzas y alzarse, armada hasta los dientes, contra el proletariado, contra la democracia: a eso está destinada la Conferencia de Moscú convocada para el 12 de agosto.
La Conferencia de Moscú, compuesta en su mayor parte de representantes de instituciones del régimen abolido por la revolución, como la Duma de Estado, nido de la contrarrevolución, así como de representantes de numerosas organizaciones de la más grande burguesía, tiene por tarea la de falsificar la opinión pública y confundir así a las amplias masas populares. Mientras que, con la sola convocatoria de la Conferencia de Moscú, está en vías de organizarse un centro de la burguesía contrarrevolucionaria; los Soviets, los comités de soldados y de campesinos, se ven obligados de manera sistemática a asumir el papel de simples anexos del mecanismo imperialista. Mientras se organiza la Conferencia de Moscú, la Asamblea Constituyente se ve perpetuamente postergada. Prudente, la burguesía, sin embargo, se aproxima con firmeza a su fin, que es el de sabotear la Asamblea Constituyente, el de reemplazarla por organismos donde el predominio le queda asegurado.
Por consiguiente, la tarea de la Conferencia de Moscú consiste en sancionar una política contrarrevolucionaria, en sostener la prosecución de la guerra imperialista, en defender los intereses de la burguesía y de los terratenientes, en estabilizar, con su autoridad, las persecuciones de obreros y de campesinos revolucionarios. Así, pues, la Conferencia de Moscú, encubierta y apoyada por los partidos pequeñoburgueses, eserista y menchevique, es en realidad un complot contra la revolución y contra el pueblo.
Partiendo de lo antedicho, el CC del POSDR propone a las organizaciones del Partido: 1) desenmascarar la Conferencia de Moscú como órgano de complot contra la revolución; 2) desenmascarar la política contrarrevolucionaria de los eseristas y mencheviques que apoyan esta Conferencia; 3) organizar protestas masivas de obreros, campesinos y soldados contra la Conferencia.
Contra la Conferencia de Moscú (Stalin)
El desarrollo de la contrarrevolución está entrando en una nueva fase. De los asaltos y de las destrucciones está pasando a la consolidación de las posiciones conquistadas. Del desenfreno y los desmanes está pasando al “cauce legal” de la “estructuración constitucional”.
La revolución puede y debe ser derrotada, dicen los contrarrevolucionarios. Pero eso no basta. Además, hace falta que eso sea aprobado. Y las cosas deben ser amañadas de manera que la aprobación la dé el propio “pueblo”, la “nación”, y no sólo en Petrogrado o en el frente, sino en toda Rusia. Entonces la victoria sería firme. Entonces las conquistas logradas podrían servir de base para futuras victorias de la contrarrevolución.
Pero ¿cómo se puede amañar eso?
Se podría acelerar la convocatoria de la Asamblea Constituyente, única representante de todo el pueblo ruso, y pedirle que aprobase la política de guerra y de ruina, de asaltos y de detenciones, de palizas y de fusilamientos.
Pero la burguesía no dará ese paso. La burguesía sabe que en la Asamblea Constituyente, donde los campesinos serán mayoría, no logrará que sea reconocida ni aprobada la política de la contrarrevolución.
Por eso se esfuerza para conseguir (¡ya lo ha conseguido!) que se aplace la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Probablemente, seguirá aplazándola hasta lograr, por fin, frustrarla para siempre.
Pero, ¿dónde está la “salida”?
La “salida” está en suplantar la Asamblea Constituyente por la “Conferencia de Moscú”.
La “salida” está en suplantar la voluntad del pueblo por la voluntad de las altas esferas de la burguesía y de los terratenientes, sustituyendo la Asamblea Constituyente por esa “Conferencia de Moscú”.
Convocar una conferencia de comerciantes y de industriales, de terratenientes y de banqueros, de diputados de la Duma zarista y de mencheviques y eseristas ya domesticados, a fin de proclamar esa conferencia “Concilio Nacional” y lograr luego que apruebe la política de imperialismo y de contrarrevolución, la política de cargar el peso de la guerra sobre las espaldas de los obreros y de los campesinos: ésa es la “salida” para la contrarrevolución.
La contrarrevolución necesita su propio parlamento, su propio centro, y lo está creando.
La contrarrevolución necesita la confianza de la “opinión pública”, y la está creando.
Ahí está el quid de la cuestión.
A este respecto, la contrarrevolución sigue el mismo camino que la revolución. La contrarrevolución aprende de la revolución.
La revolución tenía su parlamento, su centro efectivo, y se sentía organizada.
Ahora la contrarrevolución se esfuerza por crear su parlamento, y lo está creando en el corazón mismo de Rusia, en Moscú, con las manos -¡oh, ironía del destino!- de los eseristas y de los mencheviques.
¡Y eso cuando el parlamento de la revolución ha sido reducido al papel de mero apéndice de la contrarrevolución burguesa imperialista, cuando se ha declarado una guerra a muerte a los Soviets y a los Comités de obreros, campesinos y soldados!
No es difícil comprender que, en tales condiciones, la Conferencia convocada en Moscú para el 12 de agosto ha de transformarse inevitablemente en un órgano de conspiración contrarrevolucionaria contra los obreros, a quienes se amenaza con los lockouts y el paro; contra los campesinos, a quienes “no se da” tierra; contra los soldados, a quienes se priva de la libertad conquistada en los días de la revolución; esa Conferencia acabará por ser inevitablemente un órgano de conspiración enmascarada con las “frases socialistas” de los eseristas y los mencheviques, que apoyan esa Conferencia.
De ahí que sea misión de los obreros de vanguardia:
1) Arrancar a la Conferencia la careta de órgano representativo del pueblo y poner al desnudo su fondo contrarrevolucionario y antipopular.
2) Denunciar a los mencheviques y a los eseristas, que encubren esa Conferencia con la bandera de la “salvación de la revolución” y están engañando a los pueblos de Rusia.
3) Organizar mítines de masas para protestar contra esas maquinaciones contrarrevolucionarias de los “salvadores”... de los beneficios de los terratenientes y de los capitalistas.
¡Sepan los enemigos de la revolución que los obreros no se dejarán engañar, que no dejarán escapar de sus manos la bandera de combate de la revolución!
martes, agosto 18
Reunión del Pleno del CC del 5 (18) de agosto de 1917
Orden del día:
1. Comité Restringido
2. Manifiesto
3. Conferencia de Moscú
4. Repartición de las fuerzas
5. Campaña de maledicencia
6. Campaña de la Asamblea Constituyente
7. Ejecución de las decisiones del Congreso
8. Trabajo ejecutivo en el Comité de Petersburgo
9. Vacaciones
El camarada N(oguin) hace saber que Goz ha respondido oficialmente con respecto a K(ámenev) que ellos han elegido una comisión para investigar los rumores y que, hasta el momento, la comisión no ha encontrado nada.
El CC decide exigir la entrada de uno de los miembros del CC en la comisión investigadora y elige para ese cargo al camarada D(zhaparidze-Aliosha).
Se elige el Comité Restringido: Stalin, Sokolnikov, Dzerzhinsky, Miliutin, Uritsky, Joffe, Sverdlov, Muranov, Bubnov, Stasova, Shaumian (y, hasta la llegada de este último, Smilga).
La distribución de funciones por regiones:
Para la región de Moscú, cuatro miembros del CC (Noguin, Oppokov (Lomov), Bujarin, Rykov). Para los Urales, un miembro (Krestinsky). Se decide enviarle una carta [ara informarle lo acordado. Para la cuenca del Donetz, un miembro: Sergueyev (Artiom). Para el Cáucaso, dos alternativamente: Dzhaparidze (Aliosha) y Shaumian. Para Finlandia, un miembro: Smilga.
La tarea de comunicar y organizar las otras regiones (Volga, Sur, Noroeste, Siberia) incumbirá al Comité Restringido.
El Manifiesto. No fue aprobado; se mandó a redactarlo de nuevo.
La Conferencia de Moscú: Una vez discutida se sometió a votación:
1) Boicotear – favor 4.
2) No llamar al boicot – favor 7.
3) Entrar, organizar una fracción, la cual elaborará una declaración, y a partir inmediatemente después de la apertura de la Conferencia y de la elección del presidium (antes que comiencen las labores de la Conferencia) – por unanimidad.
Para el campo, el CC decide editar: 1. una octavilla; 2. una resolución; 3. sacar una serie de artículos en el Rabochi i Soldat.
En cuanto a las organizaciones, se ha reconocido la necesidad de demostraciones en forma de mítines, de manifestaciones, de huelgas (cada organización decidirá asumir su protesta conforme a la situación local).
El camarada D(zhaparidze) plantea la cuestión del apoyo a la organización musulmana. Se decide que el CC prometa dar a esta organización 5,000 rublos para su sostén, pero dado el mal estado de la caja en la hora actual, le asigna 1,000 rublos; el resto será entregado con arreglo a sus posibilidades.
Se decide –en vista del deseo expresado por la organización de Kazán, de los medios de comunicación, etc.- unir la organización de Kazán a la región de Moscú.
La asignación de los miembros del CC en San Petersburgo se fija en 500 rublos para los que tienen familia y en 400 rublos para los que no la tienen, se prohibe acumular varias asignaciones; en la medida de lo posible, la asignación será sufragada por las organizaciones locales; la falta de fondos será compensada por la caja del CC.
Extraído de "Los bolcheviques y la Revolución de Octubre", Ediciones Pasado y Presente, 1978.
lunes, agosto 17
Reunión plenaria del CC Bolchevique del 4 (17) de agosto de 1917
Orden del día:
1. Plan general de trabajo del CC en lo concerniente al informe del antiguo CC.
2. Constitución
3. Redacción y cuestiones editoriales.
4. La Conferencia de Estocolmo
5. Conferencia sobre la cuestión de la defensa
6. La Conferencia de Moscú
Al comienzo de la reunión, los miembros del antiguo CC (de antes del Congreso) presentaron sus informes sobre el trabajo realizado.
El camarada N(oguin) declaró que corren rumores sobre el camarada K(ámenev) que lo acusan de haber participado en una provocación y que el Comité Ejecutivo Central [del Soviet] está al corriente de esos rumores.
El CC ha decidido encomendar al camarada N(oguin) la petición de un informe al CEC sobre lo que éste ha emprendido con el fin de aclarar el fundamento de los rumores sobre K(ámenev) siendo este último miembro del CEC. Cuando se dé la respuesta el CC podrá pronunciarse al respecto.
Luego se presentó la lista de miembros del CC elegidos en el Congreso, así como de los candidatos y las modalidades de su admisión en el CC en calidad de miembros.
Los presentes se reconocieron como CC y comenzaron su trabajo.
En segundo lugar, se planteó la cuestión del comité restringido, que fue resuelta por unanimidad.
Se propuso constituirlo con 11 y con 9 miembros. Por la primera proposición votaron 9, por la segunda 5. Se decidió constituir un CC restringido de 11 miembros.
Se decidió que, en su trabajo, el CC restringido se apoyará en el principio de división rigurosa de funciones (proposición de Stalin). Se organizará una vinculación muy estrecha entre el CC restringido y las regiones, por medio de informes escritos periódicos, regulares, recíprocos.
El pleno del CC se reunirá una vez al mes.
Todos los miembros presentes en San Petersburgo participarán con voz y voto en las reuniones.
Se decidió organizar un grupo de agentes viajantes para desarrollar determinadas campañas. La constitución de este grupo se confió al CC restringido. Los miembros del CC se desplazarán por los distritos por acuerdo del CC (Aprobado por unanimidad).
La cuestión siguiente fue la del diario y la revista.
Se decidió constituir el comité de redacción a base de tres miembros más un representante de la Organización Militar y otro del Comité de Petersburgo.
Se decidió que, por el momento, ni el Comité de Petersburgo ni la Organización Militar tengan un órgano separado.
El camarada B [Bujarin o Bubnov] propone que el comité de redacción siga firmemente la línea del CC (Aprobado por unanimidad).
Se decidió que el Vperiod quede como órgano semanal del Partido, y el CC restringido se encargó de entrar en conversaciones al respecto con el grupo Vperiod [de Trotsky y Lunacharsky].
Se decidió que todos los ingresos y todos los gastos del Rabochi i Soldat [órgano central del Partido. DR] se concentren en el CC.
La Rabotnitsa [La Obrera] quedará como diario femenino central.
Se decidió liquidar el “Buró Petchati”, así como conservar el buró de recortes; se decidió confiar al CC restringido la organización de sus relaciones con el órgano central.
Se decidió organizar un colegio de colaboradores adscrito al comité de redacción.
Como miembros del comité de redacción fueron electos:
Ko – 15 votos (Koba Stalin)
Kov – 12 votos (Sokolnikov)
Min – 12 votos (Miliutin)
Caso de ser liberado, T(rotsky) volverá al comité de redacción (en contra 11, a favor 10).
La suplencia del comité de redacción y el reemplazo de los miembros en caso de que algunos camaradas lo abandonen serán determinados por el CC restringido.
La cuestión de la actitud a tomar respecto de la Conferencia de Estocolmo no será objeto de deliberaciones, dada la decisión de la Conferencia de Abril aprobada en el Congreso.
Sigue la cuestión de la actitud del CC respecto a la Conferencia de la Defensa.
Después de las discusiones se someten a votación las proposiciones siguientes:
1) Los grupos del Partido no irán a la Conferencia, sino que enviarán una repulsa razonada contra dicho evento (rechazado).
2) Los grupos invitados irán a la Conferencia y se organizarán allí (a favor, 4).
3) Los grupos del Partido tomarán todas las medidas necesarias para impedir la participación, pero en caso de que se presenten a ella los grupos extra-partido, los bolcheviques se organizarán en la Conferencia y la abandonarán ostensiblemente (a favor-8, en contra-6).
4) El CC encomienda a sus miembros que se encuentren en Moscú la organización de todos los bolcheviques, a fin de que puedan éstos efectuar una salida ostensible (dada la suposición de que la Conferencia de la Defensa tendrá lugar en Moscú).
En conclusión, al camarada Bujarin se le encomienda la redacción de un manifiesto a nombre del Partido en cumplimiento de la decisión del Congreso, de la que es depositario el CC.
Extraído de "Los bolcheviques y la Revolución de Octubre", Ediciones Pasado y Presente, 1978.
domingo, agosto 16
La cuestión del Partido: El punto débil de Trotsky
Trotsky hizo una inestimable contribución a la preservación y desarrollo del marxismo revolucionario en la primera mitad del siglo XX por su actividad militante y por sus análisis.
Esta contribución comprende un vasto terreno... En esta vasta obra, su punto débil es el problema del Partido.
Esta debilidad está, en parte, ligada a su trayectoria como militante. Trotsky no tuvo la capacidad (1903-1917) o la oportunidad (después de 1917) de participar directamente en la construcción de un partido revolucionario, en sus principales aspectos (más allá del análisis general y de las perspectivas), tales como la elaboración e implementación de una línea política y tácticas concretas, el trabajo colectivo dentro de un liderazgo central, la construcción de un aparato político-organizativo, el trabajo común con otros cuadros y militantes; y de manera general en la implementación de una dialéctica interna que priorice la experiencia de los militantes del Partido en la elaboración de la línea. Entre 1903 y 1917, habiendo roto con Lenin, no intentó organizar una corriente o un partido (limitándose a una actividad como periodista y orador).
Cuando se unió al Partido Bolchevique en junio de 1917 [en realidad, a fines de julio de 1917, en el VI Congreso del PC (b) -D.R.], fue a sumarse inmediatamente al liderazgo central...: la cuestión ya no era construir un partido sino liderar un movimiento de masas organizado hacia la conquista del poder político.
... ¿qué pensaba Trotsky sobre la construcción del partido revolucionario, más allá de una concepción principal general, y cómo la han entendido y aplicado las sucesivas generaciones trotskistas?
La respuesta no es simple porque Trotsky fue el hombre de los momentos revolucionarios de este siglo y el líder de masas en lugar de un “hombre de partido” que organiza el trabajo colectivo en las altas y las bajas de la coyuntura política.
Trotsky creía que su propio error podía ser resumido como una subestimación del centralismo del partido, lo que estaba relacionado con la naturaleza del partido y su intento de reunir a todas las corrientes en el mismo partido (“conciliacionismo”) bajo el impacto del auge revolucionario.
Desde un punto de vista práctico, la conclusión es incuestionable: en el momento -julio-agosto de 1914 (la “revolución olvidada”)- en que el Partido Bolchevique conducía la huelga general insurreccional en Petrogrado y Moscú y se convertía en la corriente mayoritaria en la clase obrera en esas ciudades, Trotsky era un periodista, corresponsal de guerra en los Balcanes, aislado del Partido y desligado del movimiento obrero de Rusia. Era el punto culminante de las decisiones políticas y orgánicas respectivas que los principales líderes de la revolución habían tomado.
Fue la determinación de Lenin por adherirse “al movimiento real” de Rusia, combinada con una sucesión de coyunturas socio-políticas complejas, las que dieron forma y enraizaron al Partido Bolchevique en la sociedad (urbana) rusa. Fue la política de Lenin la que fue determinante y no su “concepción del partido” tal como es entendida comúnmente (centralismo democrático, programa general).
Fue la debilidad política de Trotsky la que estuvo en la base de su derrota en el terreno de la organización. Uno puede resumirlo de la siguiente manera: antes de 1917, su extraordinaria capacidad para captar el significado de las tendencias generales de la época y extraer las perspectivas estratégicas no le permitió desarrollar una política revolucionaria (y fue incapaz o no tuvo voluntad para crear un colectivo militante). Su debilidad en el partido está ubicado en este contexto.
La debilidad de Trotsky sobre el tema del Partido, antes de 1917, formaba parte de su concepción semi-espontaneísta de la política en general.
... Uno no pude decir que él tenía, después de 1905, una convicción real sobre el tema. Su visión de la lucha de clases en Rusia, pasada y futura, no incluía la necesidad de definir y reforzar el rol del Partido. Opuesto más que nunca a la corriente bolchevique, que se había reorganizado, eligió ubicarse en la corriente menchevique, a pesar del hecho contundente de que el bolchevismo demostraba ser la corriente más radical del POSDR.
Trotsky no era ciego a los instintos oportunistas de la corriente menchevique. Se mantuvo en su creencia espontaneísta de que un nuevo auge revolucionario empujaría a todos a reconstituir un partido unificado. Mientras tanto su sectarismo anti-bolchevique adquirió un carácter visceral: veía en esta corriente un primitivismo atrasado y “asiático” y predijo su evolución anti-revolucionaria.
Por otra parte, la corriente menchevique encarnaba el futuro europeo de la revolución venidera. Fue en el ambiente político-cultural de esta corriente, con sus debates, pluralismo y relaciones más humanas, en que Trotsky se encontró verdaderamente en su elemento. Su elección parecía aún más justificada porque Axelrod y Plejánov trabajan en concierto con Kautsky, el líder indisputable en ese momento de la Segunda Internacional. Una nueva revolución (en 1917) sería necesaria para que la experiencia del Partido de Lenin afirme su incuestionable autoridad, incluso sobre Trotsky.
sábado, agosto 15
10 Miembros suplentes: Dzhaparidze, Joffe, Kisleiov, Lomov, Skrypnik, Stasova, etc.
martes, agosto 11
El comienzo del bonapartismo (Lenin)
Ahora que el Gabinete de Kerensky, Nekrasov, Avksentiev y Cía. ha sido formado, el error más grave y desastroso que un marxista podría cometer sería confundir las palabras con los hechos, las apariencias engañosas con la realidad o generalmente con algo serio.
Dejemos ese pasatiempo a los mencheviques y eseristas que ya han ido demasiado lejos haciendo de payasos del bonapartista Kerensky. Realmente es bufonería de parte de los Chernov, los Avksentiev y los Tsereteli adoptar posturas conspicuas y palabras totalmente ornamentales mientras Kerensky –a exigencia de los kadetes– forma claramente una especie de Directorio secreto compuesto por él mismo, Nekrasov, Tereschenko y Savinkov; se queda callado sobre la Asamblea Constituyente y la declaración de julio; proclama la sagrada unión de las clases en su discurso al pueblo; concluye un acuerdo, en términos desconocidos para todos, con Kornílov que ha presentado un duro ultimatum; y continúa la política de arrestos escandalosamente irrefenables.
En un momento como éste, es ciertamente bufonería de parte de Chernov, desafiar a Miliukov a acudir a un tribunal de arbitraje; de parte de Avksentiev, gritar acerca de la futilidad de un estrecho punto de vista de clase; o de parte de Tsereteli y Dan, de impulsar en el Comité Ejecutivo Central resoluciones vacías adornadas de frases sin sentido, resoluciones que traen a la mente la Primera Duma kadete durante su peor período de impotencia frente al zarismo.
Precisamente, como los kadetes en 1906 prostituyeron la primera asamblea de representación popular en Rusia, reduciéndola a una miserable club de debates ante el avance de la contrarrevolución zarista, así los eseristas y mencheviques en 1917 han prostituido los Soviets reduciéndolos a un miserable club de debates ante el avance de la contrarrevolución bonapartista.
El gabinete de Kerensky es sin duda un gabinete que está dando los primeros pasos hacia el bonapartismo. Vemos el principal síntoma histórico del bonapartismo: la maniobra del poder del Estado –que cuenta con el apoyo de una camarilla militar (de los peores elementos del ejército)– entre dos clases y fuerzas hostiles que más o menos se contrapesan entre ellas.
La lucha de clases entre la burguesía y el proletariado ha alcanzado el límite, y el 20 y 21 de abril así como el 3-5 de julio, el país estuvo a un pelo de la guerra civil. La situación socio-económica ciertamente da forma la base clásica para el bonapartismo. Y luego, esta condición es combinada con otras que son bastante afines a ella: la burguesía vocifera y delira contra los Soviets pero todavía no tiene poder para dispersarlos; mientras los Soviets, prostituidos por Tsereteli, Chernov y Cía, no tienen ahora el poder para poner una seria resistencia a la burguesía.
Los terratenientes y campesinos, también, viven como en las vísperas de la guerra civil: los campesinos exigen tierra y libertad, y pueden ser contenidos sólo por un gobierno bonapartista capaz de hacer las más inescrupulosas promesas a todas las clases sin cumplir ninguna.
Agreguen a esto la situación creada por una temeraria ofensiva y los reveses militares, en el que las frases ornamentales acerca de salvar el país son particularmente elegantes (ocultando el deseo de salvar el programa imperialista de la burguesía), y tendrán una perfecta fotografía del escenario socio-político del bonapartismo.
No nos dejemos engañar por las frases. No dejemos que nos lleve a error la idea de que todo lo que tenemos son los primeros pasos del bonapartismo. Son los primeros pasos los que debemos tener la capacidad de discernir a menos que deseemos estar en el ridículo apuro del estúpido filisteo que se lamenta del segundo paso cuando él mismo ayudó a que se diera el primero.
Ahora sería estúpido filisteísmo abrigar ilusiones constitucionalistas, tales como, por ejemplo, que el actual gabinete probablemente está a la izquierda de todos los anteriores (véase Izvestia), que la bien intencionada crítica de los Soviets podría rectificar los errores del gobierno, que los arrestos arbitrarios y la supresión de los periódicos fueron incidentes aislados que se espera no se repetan más, o que Zrudny es un hombre honesto y que en la Rusia republicana y democrática es posible un juicio justo y que todos deberían presentarse en él, etc., etc.
La estupidez de esas ilusiones constitucionalistas filisteas es tan obvia que requiere una refutación.
La lucha contra la contrarrevolución burguesa exige sobriedad y la capacidad para ver y hablar de las cosas como ellas son.
El bonapartismo en Rusia no es accidental sino un producto natural de la evolución de la lucha de clases en un país pequeño-burgués con un considerable desarrollo capitalista y un proletariado revolucionario. Etapas históricas como el 20 y 21 de abril, el 9 y 10 de junio, el 18 y 19 de junio, y el 3-5 de julio son hitos que demuestran claramente cómo sucedieron los preparativos para el bonapartismo. Sería un gran error pensar que una situación democrática excluye el bonapartismo. Por el contrario, es exactamente en una situación como esta (la historia de Francia la ha confirmado dos veces) en que el bonapartismo emerge, dada una cierta relación entre las clases y su lucha.
Sin embargo, reconocer la inevitabilidad del bonapartismo no significa de ninguna manera olvidar la inevitabilidad de su caída.
Si sólo decimos que la contrarrevolución ha ganado temporalmente la mano aquí en Rusia estaríamos evadiendo el problema.
Si analizamos el origen del bonapartismo y sin temor enfrentamos la verdad, diciendo a la clase obrera y a todo el pueblo que el comienzo del bonapartismo es un hecho, que deberíamos empezar una verdadera y resuelta lucha por derrocar el bonapartismo, una lucha conducida en una gran escala política y basada en los intereses de clase de largo alcance.
La Rusia bonapartista de 1917 difiere de los inicios del bonapartismo francés de 1799 y 1848 en varios aspectos, tal como el hecho de que ninguna sola tarea importante de la revolución ha sido cumplida aquí. La lucha por resolver las cuestiones agraria y nacional está sólo ganando ímpetu.
Kerensky y los kadetes contrarrevolucionarios que lo utilizan como un peón, no pueden convocar la Asamblea Constituyente en una fecha determinada ni postergarla sin que en ambos casos promuevan la revolución. Y la catástrofe generada por la prolongación de la guerra imperialista sigue acercándose con mayor fuerza y velocidad que nunca.
Los contingentes avanzados del proletariado ruso han tenido éxito de emerger de nuestros días de junio y julio sin haber perdido mucha sangre. El partido del proletariado tiene todas las oportunidades para elegir las tácticas y la forma o formas de organización que en cualquier circunstancia impedirán inesperadas (aparentemente inesperadas) persecuciones bonapartistas que limiten su existencia y sus mensajes regulares al pueblo.
Que el Partido le diga al pueblo, en voz alta y claramente, toda la verdad, que el bonapartismo está comenzando; que el “nuevo” gobierno de Kerensky, Avksentiev y Cía. es sólo una pantalla de los kadetes contrarrevolucionarios y la camarilla militar que está en el poder en el momento actual; que el pueblo no puede obtener paz, los campesinos no pueden obtener tierra, los trabajadores no pueden obtener la jornada de ocho horas y el hambriento no puede conseguir pan, a menos que la contrarrevolución sea extirpada. Que el Partido diga eso, y cada paso en la marcha de los acontecimientos lo confirmará.
Con notable velocidad Rusia ha pasado toda una época en que la mayoría del pueblo puso su fe en los partidos pequeño-burgueses eserista y menchevique. Y ahora la mayoría del pueblo trabajador está empezando a pagar cara su credulidad.
Todo indica que la marcha de los acontecimientos está continuando a un ritmo muy rápido y que el país se está aproximando a la siguiente época, en que la mayoría del pueblo trabajador tendrá que confiar su destino al proletariado revolucionario. El proletariado revolucionario tomará el poder e iniciará la revolución socialista, a pesar de todas las dificultades y posibles zigzags del desarrollo, atraerá a los obreros de todos los países avanzados a la revolución, y derrotará a la guerra y al capitalismo.
lunes, agosto 10
VI Congreso Bolchevique: "Derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: la consigna del momento"
26 de Julio - 3 de agosto de 1917
INFORME SOBRE LA SITUACION POLÍTICA
Camaradas:
El problema de la situación política de Rusia es el problema de la suerte de nuestra revolución, el problema de sus victorias y de sus derrotas en plena guerra imperialista.
Ya en febrero se puso en claro que las fuerzas básicas de nuestra revolución son el proletariado y los campesinos, vestidos, a consecuencia de la guerra, con el uniforme de soldado.
Las cosas han ocurrido de tal modo, que en la lucha contra el zarismo, en el mismo campo que estas fuerzas, y como formando coalición con ellas, se hallaron otras fuerzas: la burguesía liberal y el capital aliado.
El proletariado ha sido y continúa siendo el enemigo a muerte del zarismo. El campesinado tenía fe en el proletariado, y al ver que no obtendría la tierra sin derrocar al zarismo, siguió al proletariado.
La burguesía liberal estaba decepcionada del zarismo y se apartó de él, ya que, lejos de conquistarle nuevos mercados, ni siquiera había sabido mantener los anteriores y había entregado a Alemania quince provincias.
El capital aliado, amigo y bienqueriente de Nicolás II, también se vio “obligado” a traicionar al zarismo, ya que éste no sólo no le garantizaba la apetecida “unidad del frente”, sino que, por añadidura, preparaba con toda evidencia una paz por separado con Alemania.
De tal modo, el zarismo resultó aislado.
Así se explica, en esencia, el “asombroso” hecho de que el zarismo “falleciera tan apacible y silenciosamente”.
Ahora bien, estas fuerzas perseguían fines totalmente distintos.
La burguesía liberal y los capitalistas anglo-franceses querían hacer en Rusia una revolución pequeña, al estilo de la revolución de los Jóvenes Turcos, a fin de suscitar el entusiasmo de las masas populares y utilizarlo para una guerra grande, mientras el Poder de los capitalistas y de los terratenientes quedaría incólume en lo fundamental. ¡Una revolución pequeña para una guerra grande!
Por el contrario, los obreros y los campesinos perseguían una demolición radical del viejo régimen, lo que nosotros llamamos una gran revolución, a fin de derrocar a los terratenientes, someter a la burguesía imperialista y, de tal modo, terminar la guerra, y asegurar la paz. ¡Una gran revolución y la paz!
Esta contradicción cardinal ha constituido la base del desarrollo de nuestra revolución, de todas y cada una de las “crisis de Poder”.
La “crisis” del 20 al 21 de abril es la primera expresión notoria de esta contradicción. Si en la historia de estas “crisis” la burguesía imperialista siempre ha podido apuntarse, hasta ahora, el éxito, no se debe sólo a que el frente de la contrarrevolución, dirigido por el partido demócrata constitucionalista, estuviera bien organizado, sino, ante todo, a que los partidos conciliadores eserista y menchevique, que se inclinan hacia el imperialismo y que todavía arrastran a grandes masas, rompían en todas las ocasiones el frente de la revolución, se pasaban al bando de la burguesía e inclinaban de este modo la balanza en favor del frente de la contrarrevolución.
Así ocurrió en abril. Así ocurrió en julio.
El “principio” de la coalición con la burguesía imperialista, promovido por los mencheviques y los eseristas, ha resultado en la práctica el medio pernicioso, gracias al cual el partido demócrata constitucionalista, el partido de los capitalistas y de los terratenientes, aislando a los bolcheviques, ha ido fortaleciendo paso a paso sus posiciones con las manos de esos mismos mencheviques y eseristas...
La calma que se produjo en marzo, abril y mayo en el frente fue aprovechada para el desarrollo sucesivo de la revolución. La revolución, espoleada por el desbarajuste general en él país y estimulada por la existencia de libertades que no tiene ningún país beligerante, ha ido ahondándose más y más, poniendo al orden del día las cuestiones sociales. La revolución irrumpe en la esfera económica, planteando el problema del control obrero en la industria, el de la nacionalización de la tierra y el del suministro de aperos a los campesinos pobres, el de la organización de un intercambio acertado entre la ciudad y el campo, el de la nacionalización de los Bancos y, en fin, el de la toma del Poder por el proletariado y las capas pobres del campesinado. La revolución está ya ante la necesidad de llevar a cabo transformaciones socialistas.
Algunos camaradas dicen que, como en nuestro país el capitalismo está poco desarrollado, es utópico plantear el problema de la revolución socialista. Tendrían razón si no hubiese la guerra, si no existiera la ruina, si no se hallaran resquebrajadas las bases de la organización capitalista de la economía nacional. La cuestión de la ingerencia en la esfera económica surge en todos los Estados como algo imprescindible en las condiciones de la guerra. En Alemania esta cuestión también ha sido planteada por la vida y se resuelve sin la participación directa y activa de las masas. No así en Rusia. En nuestro país, la ruina ha adquirido proporciones más amenazadoras. De otro lado, en ningún país que se encuentre en guerra existe una libertad análoga a la nuestra. Además, hay que tener en cuenta el inmenso grado de organización de los obreros: en Petrogrado, por ejemplo, el 66 % de los metalúrgicos están organizados. Por último, en ninguna parte el proletariado ha tenido ni tiene organizaciones tan amplias como los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Es comprensible que, al disponer del máximo de libertad y de organización, los obreros no pudieran renunciar, sin cometer un suicidio político, a la ingerencia activa en la vida económica del país en el sentido de las transformaciones socialistas. Sería indigna pedantería exigir que Rusia “esperase” a efectuar transformaciones socialistas hasta que “comenzara” Europa. “Comienza” el país que dispone de más posibilidades...
Por cuanto la revolución ha ido tan lejos, forzosamente tenía que despertar la vigilancia de los contrarrevolucionarios, estimular a la contrarrevolución. Este ha sido el primer factor que ha movilizado a la contrarrevolución.
El segundo factor ha sido la aventura comenzada con la política de ofensiva en el frente, y diversas rupturas del frente que han privado al Gobierno Provisional de todo prestigio y han dado alas a la contrarrevolución, llevándola a emprender un ataque contra el gobierno. Corren rumores de que ha empezado un período de provocaciones en amplia escala. Los delegados del frente consideran que tanto la ofensiva como la retirada, en una palabra, todo lo ocurrido en el frente, estaba preparado para desacreditar la revolución y derribar a los Soviets. No sé si estos rumores son ciertos o no, pero es de notar que el 2 de julio salieran del gobierno los demócratas constitucionalistas, que el 3 comenzaran los acontecimientos de julio y que el 4 se recibieran las noticias sobre la ruptura del frente. ¡Asombrosa coincidencia! No se puede decir que los demócratas constitucionalistas dimitieran a causa de la decisión sobre el problema de Ucrania, ya que ellos no se oponían a la solución de este problema. Existe un segundo hecho, que confirma el supuesto de que ha comenzado verdaderamente un período de provocaciones: me refiero al tiroteo de Ucrania59. Ante tales hechos, para los camaradas debe estar claro que la ruptura del frente figuraba en el plan de la contrarrevolución como uno de los factores que debían desprestigiar la idea de la revolución ante las amplias masas pequeñoburguesas.
Existe un tercer factor que ha robustecido las fuerzas de la contrarrevolución en Rusia: el capital aliado. Si el capital aliado, viendo que el zarismo iba a la paz por separado, traicionó al gobierno de Nicolás, nadie le impide romper con el gobierno actual, si resulta incapaz de mantener el frente “único”. Miliukov ha dicho en una reunión que Rusia es considerada en el mercado internacional como proveedora de hombres, a cambio de los cuales recibe dinero, y que si se pusiera en claro que el nuevo Poder, personificado por el Gobierno Provisional, es incapaz de mantener el frente único de la ofensiva contra Alemania, no valdría la pena subsidiar a tal gobierno. Y sin dinero, sin créditos, el gobierno fracasaría. En esto reside el secreto de que en el período de la crisis los demócratas constitucionalistas alcanzaran una gran fuerza. Por su parte, Kerenski y todos los ministros eran muñecos en manos de los demócratas constitucionalistas. La fuerza de los demócratas constitucionalistas consistía en que los respaldaba el capital aliado.
Ante Rusia había dos caminos:
o cesar la guerra, romper todos los vínculos financieros con el imperialismo, continuar el avance de la revolución, resquebrajar las bases del mundo burgués y comenzar la era de la revolución obrera;
o seguir el otro derrotero, el derrotero de la continuación de la guerra, de la continuación de la ofensiva en el frente, de la subordinación a todas las órdenes del capital aliado y de los demócratas constitucionalistas, en cuyo caso se dependerá por entero del capital aliado (en el Palacio de Táuride corrían rumores insistentes de que Norteamérica proporcionaría ocho mil millones de rublos, los recursos para “restablecer” la economía) y triunfará la contrarrevolución.
Una tercera opción no existe.
El intento de los eseristas y de los mencheviques de presentar las acciones del 3 y el 4 de julio como una rebelión armada, es sencillamente risible. El 3 de julio propusimos la unidad del frente revolucionario para combatir a la contrarrevolución. Nuestra consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” significa, precisamente, crear un frente único revolucionario. Pero los mencheviques y los eseristas, temerosos de apartarse de la burguesía, nos han vuelto la espalda, lo que ha escindido el frente revolucionario en beneficio de los contrarrevolucionarios. Si hay que hablar de los culpables de la victoria de la contrarrevolución, los culpables son los eseristas y los mencheviques. Nuestra desgracia consiste en que Rusia es un país pequeñoburgués, que por el momento sigue a los eseristas y mencheviques, comprometidos con los demócratas constitucionalistas. Y la revolución cojeará y tropezará hasta que las masas no se decepcionen de la idea de los compromisos con la burguesía.
Tenemos ahora ante nosotros el panorama de la dictadura de la burguesía imperialista y del generalato contrarrevolucionario. El gobierno, que en apariencia lucha contra esa dictadura, cumple de hecho su voluntad, siendo únicamente la pantalla que la cubre ante la cólera popular. Los Soviets, debilitados y deshonrados por su política de incesantes concesiones, completan sólo el panorama; y si no los disuelven es porque los “necesitad” como “imprescindible” y muy “cómoda” cobertura.
Así, pues, la situación ha cambiado de raíz.
También debe cambiar nuestra táctica.
Antes preconizábamos el paso pacífico del Poder a los Soviets presuponiéndose que bastaba adoptar en el Comité Ejecutivo Central de los Soviets un acuerdo sobre la toma del Poder para que la burguesía dejara pacíficamente la vía franca. En efecto, en marzo, abril y mayo cada decisión de los Soviets era ley, porque en
todo momento se la podía respaldar con la fuerza. La situación ha cambiado al ser desarmados los Soviets y quedar reducidos (prácticamente) al grado de simples organizaciones “profesionales”. Ahora no se cuenta para nada con las decisiones de los Soviets. Ahora para tomar el Poder es preciso derrocar primero la dictadura
existente.
El derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: tal debe ser la consigna del Partido en estos momentos.
El período pacífico de la revolución ha terminado. Ha comenzado un período de choques y explosiones. La consigna del derrocamiento de la dictadura actual sólo puede llevarse a cabo a condición de que se produzca un nuevo y potente auge político en toda Rusia. La marcha toda del desarrollo del país, la circunstancia de que no haya sido solventado ninguno de los problemas cardinales de la revolución, ya que las cuestiones de la tierra, del control obrero, de la paz y del Poder no están resueltas, hacen ese auge inevitable.
Las represiones, sin solucionar ningún problema de la revolución, no hacen sino agravar la situación.
Las fuerzas básicas del nuevo movimiento serán el proletariado urbano y las capas pobres del campesinado. En caso de victoria, ellos tomarán el Poder en sus manos.
El rasgo característico del momento consiste en que las medidas contrarrevolucionarias se aplican con las manos de los “socialistas”. Sólo gracias a tal pantalla puede subsistir todavía la contrarrevolución algún que otro mes. Pero por cuanto se desarrollan las fuerzas de la revolución, se producirán estallidos, y llegará el momento en que los obreros levantarán y agruparán á su alrededor a las capas pobres del campesinado, enarbolarán la bandera de la revolución proletaria y abrirán la era de la revolución socialista en Europa.
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