miércoles, agosto 26

Comité Restringido del CC del 13 (26) de agosto de 1917

(Falta en el original la lista de los presentes)

Orden del día:

1. Traspaso de la imprenta
2. El periódico Soldat
3. Liquidación de los asuntos de Rabochi y Soldat.

Se decidió traspasar la imprenta así como el Priboi a otras manos, en vista de la posibilidad de que sean confiscados. Es de desear el traspaso de la imprenta a los sindicatos. Se ha encargado a Sverdlov de la ejecución de esta resolución.

En lo concerniente al periódico Soldat, se decidió rebautizarlo como Proletari y pasarlo al CC para que haga las veces de órgano central del mismo. Esta decisión fue tomada en vista de las dudas en cuanto a la posibilidad de editar el Proletari en la imprenta de Trud, es decir, a partir de consideraciones de orden técnico. La ejecución de esta decisión es confiada a Stalin.

En lo concerniente a la liquidación del Rabochi y Soldat, se ha decidido pedir cuenta detallada de los ingresos y los gastos y transferir el resto a la caja del CC.

La contrarrevolución y los pueblos de Rusia (Stalin)

Proletari Nº 1 del 13 (26) de agosto de 1917

En los días de la revolución y de las transformaciones democráticas, el movimiento se desarrollaba bajo la bandera de la emancipación.

Los campesinos se emancipaban de la omnipotencia de los terratenientes. Los obreros se emancipaban de los caprichos de la dirección de las fábricas. Los soldados se emancipaban de la tiranía de los generales...

El proceso de emancipación no podía menos de extenderse a los pueblos de Rusia, oprimidos durante siglos por el zarismo.

El decreto de la “igualdad de derechos” de los pueblos y la abolición efectiva de las restricciones nacionales; los congresos de los ucranianos, los finlandeses, los bielorrusos y la cuestión de la república federal; la proclamación solemne del derecho de las naciones a la autodeterminación y las promesas oficiales de “no poner obstáculos”: todo ello evidenciaba el gran movimiento de los pueblos de Rusia por la liberación.

Eso fue en los días de la revolución, cuando los terratenientes se habían retirado de la escena y la burguesía imperialista se veía acorralada por el embate de la democracia.

Al retornar al Poder los terratenientes (¡los generales!) y al triunfar la burguesía contrarrevolucionaria, la situación ha cambiado por completo.

Son relegadas al olvido las “grandes palabras” acerca de la autodeterminación y las promesas solemnes de “no poner obstáculos”. Hoy se ponen los obstáculos más increíbles, llegando a la ingerencia franca en la vida interna de los pueblos. Es disuelta la Dieta de Finlandia, con la amenaza de “declarar en Finlandia el estado de sitio si ello fuera necesario” (“Viechérneie Vremia”, 9 de agosto). Se desata una campaña contra la Rada y el Secretariado de Ucrania, con la clara intención de decapitar la autonomía de Ucrania. Al mismo tiempo, resurgen los viejos y despreciables métodos de provocación de choques entre las nacionalidades y la criminal sospecha de “traición”, con el fin de desencadenar las fuerzas contrarrevolucionarias chovinistas y, después, ahogar en torrentes de sangre la idea misma de la liberación nacional, abrir abismos entre los pueblos de Rusia y sembrar la enemistad entre ellos, para alegría de los enemigos de la revolución.

De esa manera se asesta un golpe mortal a la unión de dichos pueblos en una familia estrechamente hermanada.

Es de por sí evidente que la política de “alfilerazos” nacionales no une a los pueblos, sino que los divide, fomentando en ellos las tendencias “separatistas”.

Es de por sí evidente que la política de opresión nacional seguida por la burguesía contrarrevolucionaria encierra ese mismo peligro de “desintegración” de Rusia contra el que la prensa burguesa clama con tal falsedad e hipocresía.

Es de por sí evidente que la política de azuzar a unas nacionalidades contra otras es esa misma despreciable política que, por fomentar la desconfianza mutua y la enemistad entre los pueblos, escinde las fuerzas del proletariado de toda Rusia y mina así los cimientos mismos de la revolución.

Precisamente por eso todas nuestras simpatías están con los pueblos sojuzgados y oprimidos, que luchan, como es natural, contra esa política.

Precisamente por eso dirigimos nuestras armas contra quienes aplican, encubriéndose con el rótulo de la “autodeterminación” de los pueblos, una política de anexiones imperialistas y de “unificación” forzosa.

Nosotros no nos oponemos, en absoluto, a la unión de los pueblos en un solo y único Estado. Nosotros no estamos, ni mucho menos, en favor de la división de los grandes Estados en Estados pequeños, pues es evidente de por sí que la unión de los pequeños Estados en Estados grandes constituye una de las condiciones que facilitan el establecimiento del socialismo.

Pero nosotros somos resueltos partidarios de que esa unión sea voluntaria, porque sólo así será verdadera y sólida.

Mas para ello se precisa, ante todo, el reconocimiento total y absoluto del derecho de los pueblos de Rusia a la autodeterminación, incluido el derecho de separarse de Rusia.

Es necesario, además, que el reconocimiento verbal sea respaldo por hechos, que se permita a los pueblos determinar ya ahora en sus asambleas constituyentes acerca de sus territorios y de las formas de su estructuración política.

Esa es la única política que puede fortalecer la confianza y la amistad entre los pueblos. Esa es la única política que puede abrir el camino a la verdadera unión de los pueblos.

No cabe duda de que los pueblos de Rusia no son infalibles y pueden cometer errores al organizar su vida. Es deber de los marxistas rusos señalar esos errores a los pueblos y, en primer lugar, a sus proletarios, y esforzarse por corregirlos mediante la crítica y la persuasión. Pero nadie tiene derecho a inmiscuirse por la violencia en la vida interna de las naciones y a “enmendar” por la fuerza sus errores. Las naciones son soberanas en cuanto a su vida interna se refiere y tienen derecho a organizarse conforme a sus deseos.

Estas son las reivindicaciones fundamentales de los pueblos de Rusia, proclamadas por la revolución y que la contrarrevolución está ahora pisoteando.

Es imposible llevar a efecto esas reivindicaciones mientras las fuerzas contrarrevolucionarias estén en el Poder.

La victoria de la revolución es el único camino para emancipar de la opresión nacional a los pueblos de Rusia.

Conclusión única: el problema de la emancipación del yugo nacional es un problema relacionado con el Poder. La opresión nacional tiene sus raíces en la dominación de los terratenientes y de la burguesía imperialista. Transferir el Poder al proletariado y a los campesinos revolucionarios supone, precisamente, emancipar de toda opresión nacional a los pueblos de Rusia.

O los pueblos de Rusia apoyan la lucha revolucionaria de los obreros por el Poder, en cuyo caso obtendrán su liberación; o no la apoyan, en cuyo caso no verán su liberación como no ven sus propias orejas.

viernes, agosto 21

Comité Restringido del CC Bolchevique del 8 (21) de agosto de 1917

Presentes: Bujarin, Joffe, Smilga, Dzerzhinsky, Miliutin, Sverdlov, Uritsky, Stalin, Stasova, Muranov.

Orden del día:

1. Conferencia sobre la Defensa
2. La revista
3. Congreso
*
5. Comité de Petersburgo
6. Huelga de hambre en Kresti [prisión.DR]
7. K(ámenev)

En primer término, se ha resuelto la cuestión de saber si los bolcheviques deben intervenir en la Conferencia sobre la Defensa haciendo una declaración. Sverdlov ha sido encargado de realizar esta resolución.

Se decidió intitular la revista “Prosvischeniye”. La proposición de intitularla “Kommunist” tuvo un voto menos. La distribución de sectores, el preseupuesto y la lista de colaboradores han sido aprobados.

El Comité ha escuchado un informe sobre Vperiod [periódico de Trostky y Lunacharsky. DR], que será enteramente transmitido al CC. Se decidió componer un comité de redacción con la misma tríada del CC más Uritsky y Bezrabotny (Manuilsky) [ambos miembros del grupo de Trotsky y Lunacharsky.DR].

Congreso

Se decidió conceder inmediatamente y hasta el 4 de setiembre un permiso a Stasova, así como posponer la discusión sobre el permiso de Miliutin hasta la llegada de Bubnov.

Uritsky y Smilga presentaron su informe concerniente al trabajo del Comité de Petersburgo:

1) con respecto a la campaña municipal se ha preparado una lista de 60 miembros designados para la Duma municipal central; se redactaron los textos de tres llamamientos (a los obreros, a los soldados y a las mujeres); se decidió organizar, domingo 13 (agosto), reuniones electorales en todos los rincones de la ciudad;
2) el Comité de Petersburgo presentará cuentas en la primera oportunidad; la dificultad se debe a que el material fue capturado por el contraespionaje;
3) Volodarsky es elegido para el comité de redacción;
4) el Comité de Petersburgo ha decidido formar una sociedad por acciones para adquirir una imprenta, y tiene intención de editar su propio órgano;
5) el Comité de Petersburgo pide permiso al CC para examinar el caso B(agdatiev);
6) el Comité de Petersburgo va a ser reorganizado –seráconvocada una Conferencia de toda la ciudad próximamente.

El plan de la campaña municipal del Comité de Petersburgo ha sido aprobado, así como la lista de candidatos presentada por el Comité de Petersburgo, con excepción de uno: T [ilegible].

En cuanto concierne al caso B(agdatiev), la investigación del Comité de Petersburgo ha quedado satisfecha, pero se ha agregado que sería deseable un examen similar a propósito de B(agdatiev) y de S[ilegible].

La resolución del CC (Pleno) en que se precisa que provisionalmente no aparecerá más que un solo órgano, el Rabochi y Soldat, ha sido confirmada.

Se recibe la información de que se prevé una huelga de hambre en Kresti y que Trotsky está en contra. Se decidió averiguar si la huelga había comenzado ya y, en caso de una respuesta afirmativa, obtener con ayuda del CC, en las fábricas y talleres, resoluciones de protesta contra la actitud de las autoridades con respecto a los arrestados (un llamamiento correspondiente en el diario). En caso de que la misma no haya comenzado aún, debe aparecer en ese periódico un llamamiento a que no se haga la huelga de hambre, pero la campaña de protesta debe tener lugar en cualquier caso.

Se decidió constituir una comisión de abogados para organizar la defensa en procesos políticos por venir.

El caso K(ámenev).

Es separado del trabajo. Se decidió no examinar su actitud en el momento de su intervención en el Comité Ejecutivo Central antes de obtener una explicación de su parte, conforme a su petición.

En lo concerniente a nuestra actitud respecto de la Conferencia de Estocolmo, la misma será claramente explicada en el artículo que debe aparecer mañana, 9, en Rabochi i Soldat.

En los debates ha llamado la atención la actitud de K(ámenev) con respecto a L(enin) y Z(inoviev) (se trata de la no comparecencia).

CC Bolchevique: Conferencia de Moscú es un órgano de complot contra la revolución

Resolución del CC del POSDR (b) sobre la Conferencia de Moscú del 12 de agosto
6 (19) de agosto de 1917


Rabochi i Soldat Nº 14 del 8 (21) de agosto de 1917


En la hora actual, el poder estatal en Rusia está en vías de pasar enteramente a manos de la burguesía contrarrevolucionaria imperialista con el apoyo no disimulado de los partidos pequeñoburgueses, de los eseristas y mencheviques. La política que atiza y prolonga la guerra, la negativa a entregar la tierra a los campesinos, la privación al soldado de sus derechos, el restablecimiento de la pena de muerte, la violencia contra Finlandia y Ucrania, en fin, el ataque furioso contra la parte más revolucionaria del proletariado –los socialdemócratas internacionalistas-, tales son los fenómenos más evidentes del imperio de la política contrarrevolucionaria. Para reforzar su influencia y sus posiciones, la burguesía contrarrevolucionaria se esfuerza por crear un centro poderoso para toda Rusia, por reunir sus fuerzas y alzarse, armada hasta los dientes, contra el proletariado, contra la democracia: a eso está destinada la Conferencia de Moscú convocada para el 12 de agosto.

La Conferencia de Moscú, compuesta en su mayor parte de representantes de instituciones del régimen abolido por la revolución, como la Duma de Estado, nido de la contrarrevolución, así como de representantes de numerosas organizaciones de la más grande burguesía, tiene por tarea la de falsificar la opinión pública y confundir así a las amplias masas populares. Mientras que, con la sola convocatoria de la Conferencia de Moscú, está en vías de organizarse un centro de la burguesía contrarrevolucionaria; los Soviets, los comités de soldados y de campesinos, se ven obligados de manera sistemática a asumir el papel de simples anexos del mecanismo imperialista. Mientras se organiza la Conferencia de Moscú, la Asamblea Constituyente se ve perpetuamente postergada. Prudente, la burguesía, sin embargo, se aproxima con firmeza a su fin, que es el de sabotear la Asamblea Constituyente, el de reemplazarla por organismos donde el predominio le queda asegurado.

Por consiguiente, la tarea de la Conferencia de Moscú consiste en sancionar una política contrarrevolucionaria, en sostener la prosecución de la guerra imperialista, en defender los intereses de la burguesía y de los terratenientes, en estabilizar, con su autoridad, las persecuciones de obreros y de campesinos revolucionarios. Así, pues, la Conferencia de Moscú, encubierta y apoyada por los partidos pequeñoburgueses, eserista y menchevique, es en realidad un complot contra la revolución y contra el pueblo.

Partiendo de lo antedicho, el CC del POSDR propone a las organizaciones del Partido: 1) desenmascarar la Conferencia de Moscú como órgano de complot contra la revolución; 2) desenmascarar la política contrarrevolucionaria de los eseristas y mencheviques que apoyan esta Conferencia; 3) organizar protestas masivas de obreros, campesinos y soldados contra la Conferencia.

Contra la Conferencia de Moscú (Stalin)

Rabochí í Soldat Nº 14 del 8 (21) de agosto de 1917

El desarrollo de la contrarrevolución está entrando en una nueva fase. De los asaltos y de las destrucciones está pasando a la consolidación de las posiciones conquistadas. Del desenfreno y los desmanes está pasando al “cauce legal” de la “estructuración constitucional”.

La revolución puede y debe ser derrotada, dicen los contrarrevolucionarios. Pero eso no basta. Además, hace falta que eso sea aprobado. Y las cosas deben ser amañadas de manera que la aprobación la dé el propio “pueblo”, la “nación”, y no sólo en Petrogrado o en el frente, sino en toda Rusia. Entonces la victoria sería firme. Entonces las conquistas logradas podrían servir de base para futuras victorias de la contrarrevolución.

Pero ¿cómo se puede amañar eso?

Se podría acelerar la convocatoria de la Asamblea Constituyente, única representante de todo el pueblo ruso, y pedirle que aprobase la política de guerra y de ruina, de asaltos y de detenciones, de palizas y de fusilamientos.

Pero la burguesía no dará ese paso. La burguesía sabe que en la Asamblea Constituyente, donde los campesinos serán mayoría, no logrará que sea reconocida ni aprobada la política de la contrarrevolución.

Por eso se esfuerza para conseguir (¡ya lo ha conseguido!) que se aplace la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Probablemente, seguirá aplazándola hasta lograr, por fin, frustrarla para siempre.

Pero, ¿dónde está la “salida”?

La “salida” está en suplantar la Asamblea Constituyente por la “Conferencia de Moscú”.

La “salida” está en suplantar la voluntad del pueblo por la voluntad de las altas esferas de la burguesía y de los terratenientes, sustituyendo la Asamblea Constituyente por esa “Conferencia de Moscú”.

Convocar una conferencia de comerciantes y de industriales, de terratenientes y de banqueros, de diputados de la Duma zarista y de mencheviques y eseristas ya domesticados, a fin de proclamar esa conferencia “Concilio Nacional” y lograr luego que apruebe la política de imperialismo y de contrarrevolución, la política de cargar el peso de la guerra sobre las espaldas de los obreros y de los campesinos: ésa es la “salida” para la contrarrevolución.

La contrarrevolución necesita su propio parlamento, su propio centro, y lo está creando.

La contrarrevolución necesita la confianza de la “opinión pública”, y la está creando.

Ahí está el quid de la cuestión.

A este respecto, la contrarrevolución sigue el mismo camino que la revolución. La contrarrevolución aprende de la revolución.

La revolución tenía su parlamento, su centro efectivo, y se sentía organizada.

Ahora la contrarrevolución se esfuerza por crear su parlamento, y lo está creando en el corazón mismo de Rusia, en Moscú, con las manos -¡oh, ironía del destino!- de los eseristas y de los mencheviques.

¡Y eso cuando el parlamento de la revolución ha sido reducido al papel de mero apéndice de la contrarrevolución burguesa imperialista, cuando se ha declarado una guerra a muerte a los Soviets y a los Comités de obreros, campesinos y soldados!

No es difícil comprender que, en tales condiciones, la Conferencia convocada en Moscú para el 12 de agosto ha de transformarse inevitablemente en un órgano de conspiración contrarrevolucionaria contra los obreros, a quienes se amenaza con los lockouts y el paro; contra los campesinos, a quienes “no se da” tierra; contra los soldados, a quienes se priva de la libertad conquistada en los días de la revolución; esa Conferencia acabará por ser inevitablemente un órgano de conspiración enmascarada con las “frases socialistas” de los eseristas y los mencheviques, que apoyan esa Conferencia.

De ahí que sea misión de los obreros de vanguardia:

1) Arrancar a la Conferencia la careta de órgano representativo del pueblo y poner al desnudo su fondo contrarrevolucionario y antipopular.

2) Denunciar a los mencheviques y a los eseristas, que encubren esa Conferencia con la bandera de la “salvación de la revolución” y están engañando a los pueblos de Rusia.

3) Organizar mítines de masas para protestar contra esas maquinaciones contrarrevolucionarias de los “salvadores”... de los beneficios de los terratenientes y de los capitalistas.

¡Sepan los enemigos de la revolución que los obreros no se dejarán engañar, que no dejarán escapar de sus manos la bandera de combate de la revolución!

martes, agosto 18

Reunión del Pleno del CC del 5 (18) de agosto de 1917

Presentes: Oppokov (Lomov), Dzerzhinsky, Smilga, Sokolnikov, Stalin, Sergueyev (Artiom), Muranov, Joffe, Dzhaparidze (Aliosha), Bujarin, Noguin, Miliutin, Bubnov, Sverdlov, Kiseliov, Rykov, Stasova.

Orden del día:

1. Comité Restringido
2. Manifiesto
3. Conferencia de Moscú
4. Repartición de las fuerzas
5. Campaña de maledicencia
6. Campaña de la Asamblea Constituyente
7. Ejecución de las decisiones del Congreso
8. Trabajo ejecutivo en el Comité de Petersburgo
9. Vacaciones

El camarada N(oguin) hace saber que Goz ha respondido oficialmente con respecto a K(ámenev) que ellos han elegido una comisión para investigar los rumores y que, hasta el momento, la comisión no ha encontrado nada.

El CC decide exigir la entrada de uno de los miembros del CC en la comisión investigadora y elige para ese cargo al camarada D(zhaparidze-Aliosha).

Se elige el Comité Restringido: Stalin, Sokolnikov, Dzerzhinsky, Miliutin, Uritsky, Joffe, Sverdlov, Muranov, Bubnov, Stasova, Shaumian (y, hasta la llegada de este último, Smilga).

La distribución de funciones por regiones:

Para la región de Moscú, cuatro miembros del CC (Noguin, Oppokov (Lomov), Bujarin, Rykov). Para los Urales, un miembro (Krestinsky). Se decide enviarle una carta [ara informarle lo acordado. Para la cuenca del Donetz, un miembro: Sergueyev (Artiom). Para el Cáucaso, dos alternativamente: Dzhaparidze (Aliosha) y Shaumian. Para Finlandia, un miembro: Smilga.

La tarea de comunicar y organizar las otras regiones (Volga, Sur, Noroeste, Siberia) incumbirá al Comité Restringido.

El Manifiesto. No fue aprobado; se mandó a redactarlo de nuevo.

La Conferencia de Moscú: Una vez discutida se sometió a votación:

1) Boicotear – favor 4.
2) No llamar al boicot – favor 7.
3) Entrar, organizar una fracción, la cual elaborará una declaración, y a partir inmediatemente después de la apertura de la Conferencia y de la elección del presidium (antes que comiencen las labores de la Conferencia) – por unanimidad.

Para el campo, el CC decide editar: 1. una octavilla; 2. una resolución; 3. sacar una serie de artículos en el Rabochi i Soldat.

En cuanto a las organizaciones, se ha reconocido la necesidad de demostraciones en forma de mítines, de manifestaciones, de huelgas (cada organización decidirá asumir su protesta conforme a la situación local).

El camarada D(zhaparidze) plantea la cuestión del apoyo a la organización musulmana. Se decide que el CC prometa dar a esta organización 5,000 rublos para su sostén, pero dado el mal estado de la caja en la hora actual, le asigna 1,000 rublos; el resto será entregado con arreglo a sus posibilidades.

Se decide –en vista del deseo expresado por la organización de Kazán, de los medios de comunicación, etc.- unir la organización de Kazán a la región de Moscú.

La asignación de los miembros del CC en San Petersburgo se fija en 500 rublos para los que tienen familia y en 400 rublos para los que no la tienen, se prohibe acumular varias asignaciones; en la medida de lo posible, la asignación será sufragada por las organizaciones locales; la falta de fondos será compensada por la caja del CC.

Extraído de "Los bolcheviques y la Revolución de Octubre", Ediciones Pasado y Presente, 1978.

lunes, agosto 17

Reunión plenaria del CC Bolchevique del 4 (17) de agosto de 1917

Presentes: Stalin, Smilga, Bujarin, Dzerzhinsky, Rykov, Joffe, Dzhaparidze (Aliosha), Bubnov, Sokolnikov, Oppokov (Lomov), Muranov, Sverdlov, Sergueyev (Artiom), Miliutin, Noguin, Stasova, Kiseliov.

Orden del día:

1. Plan general de trabajo del CC en lo concerniente al informe del antiguo CC.
2. Constitución
3. Redacción y cuestiones editoriales.
4. La Conferencia de Estocolmo
5. Conferencia sobre la cuestión de la defensa
6. La Conferencia de Moscú

Al comienzo de la reunión, los miembros del antiguo CC (de antes del Congreso) presentaron sus informes sobre el trabajo realizado.

El camarada N(oguin) declaró que corren rumores sobre el camarada K(ámenev) que lo acusan de haber participado en una provocación y que el Comité Ejecutivo Central [del Soviet] está al corriente de esos rumores.

El CC ha decidido encomendar al camarada N(oguin) la petición de un informe al CEC sobre lo que éste ha emprendido con el fin de aclarar el fundamento de los rumores sobre K(ámenev) siendo este último miembro del CEC. Cuando se dé la respuesta el CC podrá pronunciarse al respecto.

Luego se presentó la lista de miembros del CC elegidos en el Congreso, así como de los candidatos y las modalidades de su admisión en el CC en calidad de miembros.

Los presentes se reconocieron como CC y comenzaron su trabajo.

En segundo lugar, se planteó la cuestión del comité restringido, que fue resuelta por unanimidad.

Se propuso constituirlo con 11 y con 9 miembros. Por la primera proposición votaron 9, por la segunda 5. Se decidió constituir un CC restringido de 11 miembros.

Se decidió que, en su trabajo, el CC restringido se apoyará en el principio de división rigurosa de funciones (proposición de Stalin). Se organizará una vinculación muy estrecha entre el CC restringido y las regiones, por medio de informes escritos periódicos, regulares, recíprocos.

El pleno del CC se reunirá una vez al mes.

Todos los miembros presentes en San Petersburgo participarán con voz y voto en las reuniones.

Se decidió organizar un grupo de agentes viajantes para desarrollar determinadas campañas. La constitución de este grupo se confió al CC restringido. Los miembros del CC se desplazarán por los distritos por acuerdo del CC (Aprobado por unanimidad).

La cuestión siguiente fue la del diario y la revista.

Se decidió constituir el comité de redacción a base de tres miembros más un representante de la Organización Militar y otro del Comité de Petersburgo.

Se decidió que, por el momento, ni el Comité de Petersburgo ni la Organización Militar tengan un órgano separado.

El camarada B [Bujarin o Bubnov] propone que el comité de redacción siga firmemente la línea del CC (Aprobado por unanimidad).

Se decidió que el Vperiod quede como órgano semanal del Partido, y el CC restringido se encargó de entrar en conversaciones al respecto con el grupo Vperiod [de Trotsky y Lunacharsky].

Se decidió que todos los ingresos y todos los gastos del Rabochi i Soldat [órgano central del Partido. DR] se concentren en el CC.

La Rabotnitsa [La Obrera] quedará como diario femenino central.

Se decidió liquidar el “Buró Petchati”, así como conservar el buró de recortes; se decidió confiar al CC restringido la organización de sus relaciones con el órgano central.

Se decidió organizar un colegio de colaboradores adscrito al comité de redacción.

Como miembros del comité de redacción fueron electos:

Ko – 15 votos (Koba Stalin)
Kov – 12 votos (Sokolnikov)
Min – 12 votos (Miliutin)

Caso de ser liberado, T(rotsky) volverá al comité de redacción (en contra 11, a favor 10).

La suplencia del comité de redacción y el reemplazo de los miembros en caso de que algunos camaradas lo abandonen serán determinados por el CC restringido.

La cuestión de la actitud a tomar respecto de la Conferencia de Estocolmo no será objeto de deliberaciones, dada la decisión de la Conferencia de Abril aprobada en el Congreso.

Sigue la cuestión de la actitud del CC respecto a la Conferencia de la Defensa.

Después de las discusiones se someten a votación las proposiciones siguientes:

1) Los grupos del Partido no irán a la Conferencia, sino que enviarán una repulsa razonada contra dicho evento (rechazado).
2) Los grupos invitados irán a la Conferencia y se organizarán allí (a favor, 4).
3) Los grupos del Partido tomarán todas las medidas necesarias para impedir la participación, pero en caso de que se presenten a ella los grupos extra-partido, los bolcheviques se organizarán en la Conferencia y la abandonarán ostensiblemente (a favor-8, en contra-6).
4) El CC encomienda a sus miembros que se encuentren en Moscú la organización de todos los bolcheviques, a fin de que puedan éstos efectuar una salida ostensible (dada la suposición de que la Conferencia de la Defensa tendrá lugar en Moscú).

En conclusión, al camarada Bujarin se le encomienda la redacción de un manifiesto a nombre del Partido en cumplimiento de la decisión del Congreso, de la que es depositario el CC.

Extraído de "Los bolcheviques y la Revolución de Octubre", Ediciones Pasado y Presente, 1978.

domingo, agosto 16

La cuestión del Partido: El punto débil de Trotsky

Extractos de un artículo escrito por François Vercammen, Miembro del Buró Ejecutivo de la Cuarta Internacional, publicado en http://www.internationalviewpoint.org

Trotsky hizo una inestimable contribución a la preservación y desarrollo del marxismo revolucionario en la primera mitad del siglo XX por su actividad militante y por sus análisis.

Esta contribución comprende un vasto terreno... En esta vasta obra, su punto débil es el problema del Partido.

Esta debilidad está, en parte, ligada a su trayectoria como militante. Trotsky no tuvo la capacidad (1903-1917) o la oportunidad (después de 1917) de participar directamente en la construcción de un partido revolucionario, en sus principales aspectos (más allá del análisis general y de las perspectivas), tales como la elaboración e implementación de una línea política y tácticas concretas, el trabajo colectivo dentro de un liderazgo central, la construcción de un aparato político-organizativo, el trabajo común con otros cuadros y militantes; y de manera general en la implementación de una dialéctica interna que priorice la experiencia de los militantes del Partido en la elaboración de la línea. Entre 1903 y 1917, habiendo roto con Lenin, no intentó organizar una corriente o un partido (limitándose a una actividad como periodista y orador).

Cuando se unió al Partido Bolchevique en junio de 1917 [en realidad, a fines de julio de 1917, en el VI Congreso del PC (b) -D.R.], fue a sumarse inmediatamente al liderazgo central...: la cuestión ya no era construir un partido sino liderar un movimiento de masas organizado hacia la conquista del poder político.

... ¿qué pensaba Trotsky sobre la construcción del partido revolucionario, más allá de una concepción principal general, y cómo la han entendido y aplicado las sucesivas generaciones trotskistas?

La respuesta no es simple porque Trotsky fue el hombre de los momentos revolucionarios de este siglo y el líder de masas en lugar de un “hombre de partido” que organiza el trabajo colectivo en las altas y las bajas de la coyuntura política.

Trotsky creía que su propio error podía ser resumido como una subestimación del centralismo del partido, lo que estaba relacionado con la naturaleza del partido y su intento de reunir a todas las corrientes en el mismo partido (“conciliacionismo”) bajo el impacto del auge revolucionario.

Desde un punto de vista práctico, la conclusión es incuestionable: en el momento -julio-agosto de 1914 (la “revolución olvidada”)- en que el Partido Bolchevique conducía la huelga general insurreccional en Petrogrado y Moscú y se convertía en la corriente mayoritaria en la clase obrera en esas ciudades, Trotsky era un periodista, corresponsal de guerra en los Balcanes, aislado del Partido y desligado del movimiento obrero de Rusia. Era el punto culminante de las decisiones políticas y orgánicas respectivas que los principales líderes de la revolución habían tomado.

Fue la determinación de Lenin por adherirse “al movimiento real” de Rusia, combinada con una sucesión de coyunturas socio-políticas complejas, las que dieron forma y enraizaron al Partido Bolchevique en la sociedad (urbana) rusa. Fue la política de Lenin la que fue determinante y no su “concepción del partido” tal como es entendida comúnmente (centralismo democrático, programa general).

Fue la debilidad política de Trotsky la que estuvo en la base de su derrota en el terreno de la organización. Uno puede resumirlo de la siguiente manera: antes de 1917, su extraordinaria capacidad para captar el significado de las tendencias generales de la época y extraer las perspectivas estratégicas no le permitió desarrollar una política revolucionaria (y fue incapaz o no tuvo voluntad para crear un colectivo militante). Su debilidad en el partido está ubicado en este contexto.

La debilidad de Trotsky sobre el tema del Partido, antes de 1917, formaba parte de su concepción semi-espontaneísta de la política en general.

... Uno no pude decir que él tenía, después de 1905, una convicción real sobre el tema. Su visión de la lucha de clases en Rusia, pasada y futura, no incluía la necesidad de definir y reforzar el rol del Partido. Opuesto más que nunca a la corriente bolchevique, que se había reorganizado, eligió ubicarse en la corriente menchevique, a pesar del hecho contundente de que el bolchevismo demostraba ser la corriente más radical del POSDR.

Trotsky no era ciego a los instintos oportunistas de la corriente menchevique. Se mantuvo en su creencia espontaneísta de que un nuevo auge revolucionario empujaría a todos a reconstituir un partido unificado. Mientras tanto su sectarismo anti-bolchevique adquirió un carácter visceral: veía en esta corriente un primitivismo atrasado y “asiático” y predijo su evolución anti-revolucionaria.

Por otra parte, la corriente menchevique encarnaba el futuro europeo de la revolución venidera. Fue en el ambiente político-cultural de esta corriente, con sus debates, pluralismo y relaciones más humanas, en que Trotsky se encontró verdaderamente en su elemento. Su elección parecía aún más justificada porque Axelrod y Plejánov trabajan en concierto con Kautsky, el líder indisputable en ese momento de la Segunda Internacional. Una nueva revolución (en 1917) sería necesaria para que la experiencia del Partido de Lenin afirme su incuestionable autoridad, incluso sobre Trotsky.

sábado, agosto 15

Comité Central elegido en el VI Congreso del POSDR (Bolchevique)
21 Miembros plenos: Artiom (Sergueyev), Berzin, Bubnov, Bujarin, Dzerzhinsky, Kámenev, Kollontay, Krestinsky, Lenin, Miliutin, Muranov, Noguin, Rykov, Shaumian, Smilga, Sokolnikov, Stalin, Sverdlov, Trotsky, Uritsky y Zinoviev.

10
Miembros suplentes: Dzhaparidze, Joffe, Kisleiov, Lomov, Skrypnik, Stasova, etc.

martes, agosto 11

El comienzo del bonapartismo (Lenin)

Rabochy i Soldat Nº 6 del 29 de julio (11 de agosto) de 1917

Ahora que el Gabinete de Kerensky, Nekrasov, Avksentiev y Cía. ha sido formado, el error más grave y desastroso que un marxista podría cometer sería confundir las palabras con los hechos, las apariencias engañosas con la realidad o generalmente con algo serio.

Dejemos ese pasatiempo a los mencheviques y eseristas que ya han ido demasiado lejos haciendo de payasos del bonapartista Kerensky. Realmente es bufonería de parte de los Chernov, los Avksentiev y los Tsereteli adoptar posturas conspicuas y palabras totalmente ornamentales mientras Kerensky –a exigencia de los kadetes– forma claramente una especie de Directorio secreto compuesto por él mismo, Nekrasov, Tereschenko y Savinkov; se queda callado sobre la Asamblea Constituyente y la declaración de julio; proclama la sagrada unión de las clases en su discurso al pueblo; concluye un acuerdo, en términos desconocidos para todos, con Kornílov que ha presentado un duro ultimatum; y continúa la política de arrestos escandalosamente irrefenables.

En un momento como éste, es ciertamente bufonería de parte de Chernov, desafiar a Miliukov a acudir a un tribunal de arbitraje; de parte de Avksentiev, gritar acerca de la futilidad de un estrecho punto de vista de clase; o de parte de Tsereteli y Dan, de impulsar en el Comité Ejecutivo Central resoluciones vacías adornadas de frases sin sentido, resoluciones que traen a la mente la Primera Duma kadete durante su peor período de impotencia frente al zarismo.

Precisamente, como los kadetes en 1906 prostituyeron la primera asamblea de representación popular en Rusia, reduciéndola a una miserable club de debates ante el avance de la contrarrevolución zarista, así los eseristas y mencheviques en 1917 han prostituido los Soviets reduciéndolos a un miserable club de debates ante el avance de la contrarrevolución bonapartista.

El gabinete de Kerensky es sin duda un gabinete que está dando los primeros pasos hacia el bonapartismo. Vemos el principal síntoma histórico del bonapartismo: la maniobra del poder del Estado –que cuenta con el apoyo de una camarilla militar (de los peores elementos del ejército)– entre dos clases y fuerzas hostiles que más o menos se contrapesan entre ellas.

La lucha de clases entre la burguesía y el proletariado ha alcanzado el límite, y el 20 y 21 de abril así como el 3-5 de julio, el país estuvo a un pelo de la guerra civil. La situación socio-económica ciertamente da forma la base clásica para el bonapartismo. Y luego, esta condición es combinada con otras que son bastante afines a ella: la burguesía vocifera y delira contra los Soviets pero todavía no tiene poder para dispersarlos; mientras los Soviets, prostituidos por Tsereteli, Chernov y Cía, no tienen ahora el poder para poner una seria resistencia a la burguesía.

Los terratenientes y campesinos, también, viven como en las vísperas de la guerra civil: los campesinos exigen tierra y libertad, y pueden ser contenidos sólo por un gobierno bonapartista capaz de hacer las más inescrupulosas promesas a todas las clases sin cumplir ninguna.

Agreguen a esto la situación creada por una temeraria ofensiva y los reveses militares, en el que las frases ornamentales acerca de salvar el país son particularmente elegantes (ocultando el deseo de salvar el programa imperialista de la burguesía), y tendrán una perfecta fotografía del escenario socio-político del bonapartismo.

No nos dejemos engañar por las frases. No dejemos que nos lleve a error la idea de que todo lo que tenemos son los primeros pasos del bonapartismo. Son los primeros pasos los que debemos tener la capacidad de discernir a menos que deseemos estar en el ridículo apuro del estúpido filisteo que se lamenta del segundo paso cuando él mismo ayudó a que se diera el primero.

Ahora sería estúpido filisteísmo abrigar ilusiones constitucionalistas, tales como, por ejemplo, que el actual gabinete probablemente está a la izquierda de todos los anteriores (véase Izvestia), que la bien intencionada crítica de los Soviets podría rectificar los errores del gobierno, que los arrestos arbitrarios y la supresión de los periódicos fueron incidentes aislados que se espera no se repetan más, o que Zrudny es un hombre honesto y que en la Rusia republicana y democrática es posible un juicio justo y que todos deberían presentarse en él, etc., etc.

La estupidez de esas ilusiones constitucionalistas filisteas es tan obvia que requiere una refutación.

La lucha contra la contrarrevolución burguesa exige sobriedad y la capacidad para ver y hablar de las cosas como ellas son.

El bonapartismo en Rusia no es accidental sino un producto natural de la evolución de la lucha de clases en un país pequeño-burgués con un considerable desarrollo capitalista y un proletariado revolucionario. Etapas históricas como el 20 y 21 de abril, el 9 y 10 de junio, el 18 y 19 de junio, y el 3-5 de julio son hitos que demuestran claramente cómo sucedieron los preparativos para el bonapartismo. Sería un gran error pensar que una situación democrática excluye el bonapartismo. Por el contrario, es exactamente en una situación como esta (la historia de Francia la ha confirmado dos veces) en que el bonapartismo emerge, dada una cierta relación entre las clases y su lucha.

Sin embargo, reconocer la inevitabilidad del bonapartismo no significa de ninguna manera olvidar la inevitabilidad de su caída.

Si sólo decimos que la contrarrevolución ha ganado temporalmente la mano aquí en Rusia estaríamos evadiendo el problema.

Si analizamos el origen del bonapartismo y sin temor enfrentamos la verdad, diciendo a la clase obrera y a todo el pueblo que el comienzo del bonapartismo es un hecho, que deberíamos empezar una verdadera y resuelta lucha por derrocar el bonapartismo, una lucha conducida en una gran escala política y basada en los intereses de clase de largo alcance.

La Rusia bonapartista de 1917 difiere de los inicios del bonapartismo francés de 1799 y 1848 en varios aspectos, tal como el hecho de que ninguna sola tarea importante de la revolución ha sido cumplida aquí. La lucha por resolver las cuestiones agraria y nacional está sólo ganando ímpetu.

Kerensky y los kadetes contrarrevolucionarios que lo utilizan como un peón, no pueden convocar la Asamblea Constituyente en una fecha determinada ni postergarla sin que en ambos casos promuevan la revolución. Y la catástrofe generada por la prolongación de la guerra imperialista sigue acercándose con mayor fuerza y velocidad que nunca.

Los contingentes avanzados del proletariado ruso han tenido éxito de emerger de nuestros días de junio y julio sin haber perdido mucha sangre. El partido del proletariado tiene todas las oportunidades para elegir las tácticas y la forma o formas de organización que en cualquier circunstancia impedirán inesperadas (aparentemente inesperadas) persecuciones bonapartistas que limiten su existencia y sus mensajes regulares al pueblo.

Que el Partido le diga al pueblo, en voz alta y claramente, toda la verdad, que el bonapartismo está comenzando; que el “nuevo” gobierno de Kerensky, Avksentiev y Cía. es sólo una pantalla de los kadetes contrarrevolucionarios y la camarilla militar que está en el poder en el momento actual; que el pueblo no puede obtener paz, los campesinos no pueden obtener tierra, los trabajadores no pueden obtener la jornada de ocho horas y el hambriento no puede conseguir pan, a menos que la contrarrevolución sea extirpada. Que el Partido diga eso, y cada paso en la marcha de los acontecimientos lo confirmará.

Con notable velocidad Rusia ha pasado toda una época en que la mayoría del pueblo puso su fe en los partidos pequeño-burgueses eserista y menchevique. Y ahora la mayoría del pueblo trabajador está empezando a pagar cara su credulidad.

Todo indica que la marcha de los acontecimientos está continuando a un ritmo muy rápido y que el país se está aproximando a la siguiente época, en que la mayoría del pueblo trabajador tendrá que confiar su destino al proletariado revolucionario. El proletariado revolucionario tomará el poder e iniciará la revolución socialista, a pesar de todas las dificultades y posibles zigzags del desarrollo, atraerá a los obreros de todos los países avanzados a la revolución, y derrotará a la guerra y al capitalismo.

lunes, agosto 10

VI Congreso Bolchevique: "Derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: la consigna del momento"

VI Congreso del P.O.S.D.R. (Bolchevique)
26 de Julio - 3 de agosto de 1917

INFORME SOBRE LA SITUACION POLÍTICA
30 de julio (10 de agosto) de 1917
José Stalin


Camaradas:

El problema de la situación política de Rusia es el problema de la suerte de nuestra revolución, el problema de sus victorias y de sus derrotas en plena guerra imperialista.

Ya en febrero se puso en claro que las fuerzas básicas de nuestra revolución son el proletariado y los campesinos, vestidos, a consecuencia de la guerra, con el uniforme de soldado.

Las cosas han ocurrido de tal modo, que en la lucha contra el zarismo, en el mismo campo que estas fuerzas, y como formando coalición con ellas, se hallaron otras fuerzas: la burguesía liberal y el capital aliado.

El proletariado ha sido y continúa siendo el enemigo a muerte del zarismo. El campesinado tenía fe en el proletariado, y al ver que no obtendría la tierra sin derrocar al zarismo, siguió al proletariado.

La burguesía liberal estaba decepcionada del zarismo y se apartó de él, ya que, lejos de conquistarle nuevos mercados, ni siquiera había sabido mantener los anteriores y había entregado a Alemania quince provincias.

El capital aliado, amigo y bienqueriente de Nicolás II, también se vio “obligado” a traicionar al zarismo, ya que éste no sólo no le garantizaba la apetecida “unidad del frente”, sino que, por añadidura, preparaba con toda evidencia una paz por separado con Alemania.

De tal modo, el zarismo resultó aislado.

Así se explica, en esencia, el “asombroso” hecho de que el zarismo “falleciera tan apacible y silenciosamente”.

Ahora bien, estas fuerzas perseguían fines totalmente distintos.

La burguesía liberal y los capitalistas anglo-franceses querían hacer en Rusia una revolución pequeña, al estilo de la revolución de los Jóvenes Turcos, a fin de suscitar el entusiasmo de las masas populares y utilizarlo para una guerra grande, mientras el Poder de los capitalistas y de los terratenientes quedaría incólume en lo fundamental. ¡Una revolución pequeña para una guerra grande!

Por el contrario, los obreros y los campesinos perseguían una demolición radical del viejo régimen, lo que nosotros llamamos una gran revolución, a fin de derrocar a los terratenientes, someter a la burguesía imperialista y, de tal modo, terminar la guerra, y asegurar la paz. ¡Una gran revolución y la paz!

Esta contradicción cardinal ha constituido la base del desarrollo de nuestra revolución, de todas y cada una de las “crisis de Poder”.

La “crisis” del 20 al 21 de abril es la primera expresión notoria de esta contradicción. Si en la historia de estas “crisis” la burguesía imperialista siempre ha podido apuntarse, hasta ahora, el éxito, no se debe sólo a que el frente de la contrarrevolución, dirigido por el partido demócrata constitucionalista, estuviera bien organizado, sino, ante todo, a que los partidos conciliadores eserista y menchevique, que se inclinan hacia el imperialismo y que todavía arrastran a grandes masas, rompían en todas las ocasiones el frente de la revolución, se pasaban al bando de la burguesía e inclinaban de este modo la balanza en favor del frente de la contrarrevolución.

Así ocurrió en abril. Así ocurrió en julio.

El “principio” de la coalición con la burguesía imperialista, promovido por los mencheviques y los eseristas, ha resultado en la práctica el medio pernicioso, gracias al cual el partido demócrata constitucionalista, el partido de los capitalistas y de los terratenientes, aislando a los bolcheviques, ha ido fortaleciendo paso a paso sus posiciones con las manos de esos mismos mencheviques y eseristas...

La calma que se produjo en marzo, abril y mayo en el frente fue aprovechada para el desarrollo sucesivo de la revolución. La revolución, espoleada por el desbarajuste general en él país y estimulada por la existencia de libertades que no tiene ningún país beligerante, ha ido ahondándose más y más, poniendo al orden del día las cuestiones sociales. La revolución irrumpe en la esfera económica, planteando el problema del control obrero en la industria, el de la nacionalización de la tierra y el del suministro de aperos a los campesinos pobres, el de la organización de un intercambio acertado entre la ciudad y el campo, el de la nacionalización de los Bancos y, en fin, el de la toma del Poder por el proletariado y las capas pobres del campesinado. La revolución está ya ante la necesidad de llevar a cabo transformaciones socialistas.

Algunos camaradas dicen que, como en nuestro país el capitalismo está poco desarrollado, es utópico plantear el problema de la revolución socialista. Tendrían razón si no hubiese la guerra, si no existiera la ruina, si no se hallaran resquebrajadas las bases de la organización capitalista de la economía nacional. La cuestión de la ingerencia en la esfera económica surge en todos los Estados como algo imprescindible en las condiciones de la guerra. En Alemania esta cuestión también ha sido planteada por la vida y se resuelve sin la participación directa y activa de las masas. No así en Rusia. En nuestro país, la ruina ha adquirido proporciones más amenazadoras. De otro lado, en ningún país que se encuentre en guerra existe una libertad análoga a la nuestra. Además, hay que tener en cuenta el inmenso grado de organización de los obreros: en Petrogrado, por ejemplo, el 66 % de los metalúrgicos están organizados. Por último, en ninguna parte el proletariado ha tenido ni tiene organizaciones tan amplias como los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Es comprensible que, al disponer del máximo de libertad y de organización, los obreros no pudieran renunciar, sin cometer un suicidio político, a la ingerencia activa en la vida económica del país en el sentido de las transformaciones socialistas. Sería indigna pedantería exigir que Rusia “esperase” a efectuar transformaciones socialistas hasta que “comenzara” Europa. “Comienza” el país que dispone de más posibilidades...

Por cuanto la revolución ha ido tan lejos, forzosamente tenía que despertar la vigilancia de los contrarrevolucionarios, estimular a la contrarrevolución. Este ha sido el primer factor que ha movilizado a la contrarrevolución.

El segundo factor ha sido la aventura comenzada con la política de ofensiva en el frente, y diversas rupturas del frente que han privado al Gobierno Provisional de todo prestigio y han dado alas a la contrarrevolución, llevándola a emprender un ataque contra el gobierno. Corren rumores de que ha empezado un período de provocaciones en amplia escala. Los delegados del frente consideran que tanto la ofensiva como la retirada, en una palabra, todo lo ocurrido en el frente, estaba preparado para desacreditar la revolución y derribar a los Soviets. No sé si estos rumores son ciertos o no, pero es de notar que el 2 de julio salieran del gobierno los demócratas constitucionalistas, que el 3 comenzaran los acontecimientos de julio y que el 4 se recibieran las noticias sobre la ruptura del frente. ¡Asombrosa coincidencia! No se puede decir que los demócratas constitucionalistas dimitieran a causa de la decisión sobre el problema de Ucrania, ya que ellos no se oponían a la solución de este problema. Existe un segundo hecho, que confirma el supuesto de que ha comenzado verdaderamente un período de provocaciones: me refiero al tiroteo de Ucrania59. Ante tales hechos, para los camaradas debe estar claro que la ruptura del frente figuraba en el plan de la contrarrevolución como uno de los factores que debían desprestigiar la idea de la revolución ante las amplias masas pequeñoburguesas.

Existe un tercer factor que ha robustecido las fuerzas de la contrarrevolución en Rusia: el capital aliado. Si el capital aliado, viendo que el zarismo iba a la paz por separado, traicionó al gobierno de Nicolás, nadie le impide romper con el gobierno actual, si resulta incapaz de mantener el frente “único”. Miliukov ha dicho en una reunión que Rusia es considerada en el mercado internacional como proveedora de hombres, a cambio de los cuales recibe dinero, y que si se pusiera en claro que el nuevo Poder, personificado por el Gobierno Provisional, es incapaz de mantener el frente único de la ofensiva contra Alemania, no valdría la pena subsidiar a tal gobierno. Y sin dinero, sin créditos, el gobierno fracasaría. En esto reside el secreto de que en el período de la crisis los demócratas constitucionalistas alcanzaran una gran fuerza. Por su parte, Kerenski y todos los ministros eran muñecos en manos de los demócratas constitucionalistas. La fuerza de los demócratas constitucionalistas consistía en que los respaldaba el capital aliado.

Ante Rusia había dos caminos:

o cesar la guerra, romper todos los vínculos financieros con el imperialismo, continuar el avance de la revolución, resquebrajar las bases del mundo burgués y comenzar la era de la revolución obrera;

o seguir el otro derrotero, el derrotero de la continuación de la guerra, de la continuación de la ofensiva en el frente, de la subordinación a todas las órdenes del capital aliado y de los demócratas constitucionalistas, en cuyo caso se dependerá por entero del capital aliado (en el Palacio de Táuride corrían rumores insistentes de que Norteamérica proporcionaría ocho mil millones de rublos, los recursos para “restablecer” la economía) y triunfará la contrarrevolución.

Una tercera opción no existe.

El intento de los eseristas y de los mencheviques de presentar las acciones del 3 y el 4 de julio como una rebelión armada, es sencillamente risible. El 3 de julio propusimos la unidad del frente revolucionario para combatir a la contrarrevolución. Nuestra consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” significa, precisamente, crear un frente único revolucionario. Pero los mencheviques y los eseristas, temerosos de apartarse de la burguesía, nos han vuelto la espalda, lo que ha escindido el frente revolucionario en beneficio de los contrarrevolucionarios. Si hay que hablar de los culpables de la victoria de la contrarrevolución, los culpables son los eseristas y los mencheviques. Nuestra desgracia consiste en que Rusia es un país pequeñoburgués, que por el momento sigue a los eseristas y mencheviques, comprometidos con los demócratas constitucionalistas. Y la revolución cojeará y tropezará hasta que las masas no se decepcionen de la idea de los compromisos con la burguesía.

Tenemos ahora ante nosotros el panorama de la dictadura de la burguesía imperialista y del generalato contrarrevolucionario. El gobierno, que en apariencia lucha contra esa dictadura, cumple de hecho su voluntad, siendo únicamente la pantalla que la cubre ante la cólera popular. Los Soviets, debilitados y deshonrados por su política de incesantes concesiones, completan sólo el panorama; y si no los disuelven es porque los “necesitad” como “imprescindible” y muy “cómoda” cobertura.

Así, pues, la situación ha cambiado de raíz.

También debe cambiar nuestra táctica.

Antes preconizábamos el paso pacífico del Poder a los Soviets presuponiéndose que bastaba adoptar en el Comité Ejecutivo Central de los Soviets un acuerdo sobre la toma del Poder para que la burguesía dejara pacíficamente la vía franca. En efecto, en marzo, abril y mayo cada decisión de los Soviets era ley, porque en
todo momento se la podía respaldar con la fuerza. La situación ha cambiado al ser desarmados los Soviets y quedar reducidos (prácticamente) al grado de simples organizaciones “profesionales”. Ahora no se cuenta para nada con las decisiones de los Soviets. Ahora para tomar el Poder es preciso derrocar primero la dictadura
existente.

El derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: tal debe ser la consigna del Partido en estos momentos.

El período pacífico de la revolución ha terminado. Ha comenzado un período de choques y explosiones. La consigna del derrocamiento de la dictadura actual sólo puede llevarse a cabo a condición de que se produzca un nuevo y potente auge político en toda Rusia. La marcha toda del desarrollo del país, la circunstancia de que no haya sido solventado ninguno de los problemas cardinales de la revolución, ya que las cuestiones de la tierra, del control obrero, de la paz y del Poder no están resueltas, hacen ese auge inevitable.

Las represiones, sin solucionar ningún problema de la revolución, no hacen sino agravar la situación.

Las fuerzas básicas del nuevo movimiento serán el proletariado urbano y las capas pobres del campesinado. En caso de victoria, ellos tomarán el Poder en sus manos.

El rasgo característico del momento consiste en que las medidas contrarrevolucionarias se aplican con las manos de los “socialistas”. Sólo gracias a tal pantalla puede subsistir todavía la contrarrevolución algún que otro mes. Pero por cuanto se desarrollan las fuerzas de la revolución, se producirán estallidos, y llegará el momento en que los obreros levantarán y agruparán á su alrededor a las capas pobres del campesinado, enarbolarán la bandera de la revolución proletaria y abrirán la era de la revolución socialista en Europa.

domingo, agosto 9

VI Congreso Bolchevique: "Los bolcheviques están solos. Contra ellos se unen todos los elementos a su derecha"

VI Congreso del P.O.S.D.R. (Bolchevique)
26 de Julio - 3 de agosto de 1917

INFORME SOBRE LA GESTION DEL COMITE CENTRAL
27 de julio (9 de agosto)
José Stalin
Camaradas:

El informe sobre la gestión del Comité Central abarca los dos meses y medio últimos: mayo, junio y la primera quincena de julio. La actividad del Comité Central en mayo transcurrió en tres direcciones.

En primer término, fue lanzada la consigna de nuevas elecciones a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. El Comité Central partía de que nuestra revolución se desarrolla 'por una vía pacífica, de que mediante nuevas elecciones a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados era posible modificar la composición de los Soviets y, por lo tanto, la del gobierno. Nuestros adversarios nos atribuían el propósito de adueñarnos del Poder. Eso era una calumnia. No abrigábamos semejantes intenciones. Nosotros decíamos que existía la posibilidad de modificar, mediante nuevas elecciones a los Soviets, el carácter de su actividad, a tenor con los deseos de las amplias masas. Veíamos con claridad que bastaba disponer de la mitad más uno de los votos en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, para que el Poder se viese precisado a seguir otro derrotero. Por eso, en mayo, todo el trabajo transcurrió bajo la bandera de las nuevas elecciones. En resumidas cuentas, conquistamos cerca de la mitad de las actas de la minoría obrera del Soviet y alrededor de 1/4 de la de los soldados.

En segundo lugar, la agitación contra la guerra. La condena a muerte de F. Adler nos dio motivo para organizar diversos mítines de protesta contra la pena de muerte y contra la guerra. Los soldados acogieron bien esta campaña.

El tercer aspecto de la actividad del Comité Central fueron las elecciones municipales de mayo. El Comité Central y el Comité de Petersburgo consagraron todos los esfuerzos a dar la batalla tanto a los demócratas constitucionalistas -fuerza básica de la contrarrevolución- como a los mencheviques y eseristas, que, voluntaria o involuntariamente, siguen a los demócratas constitucionalistas. De los 800.000 votos de Petrogrado obtuvimos casi el 20%, siendo de señalar que conquistamos por completo la Duma del distrito de Víborg. Los camaradas soldados y marinos prestaron un particular servicio al Partido.

Así, pues, mayo transcurrió bajo el signo de: 1) las elecciones municipales, 2) la agitación contra la guerra y 3) las nuevas elecciones al Soviet de Diputados Obreros y Soldados.

Junio. Los rumores sobre la preparación de una ofensiva en el frente ponían nerviosos a los soldados. Aparecieron toda una serie de órdenes, que reducían a la nada los derechos de los soldados. Todo esto electrizaba a las masas. Cada rumor recorría en el acto todo Petrogrado y ponía en conmoción a los obreros y, particularmente, a los soldados. Los rumores de ofensiva; las órdenes del día de Kerenski con la declaración de los derechos del soldado; las medidas para descongestionar Petrogrado de elementos “innecesarios”, según decían las autoridades, aunque estaba claro que lo que se quería era apartar de Petrogrado a los elementos revolucionarios; el desbarajuste económico, que adquiría contornos más y más acusados: todo esto sembraba el nerviosismo entre los obreros y los soldados. En las fábricas se celebraban asambleas, y llovían las propuestas de regimientos y fábricas de que organizáramos una manifestación. Para el 5 de junio se proyectaba una manifestación. Pero el Comité Central dispuso que no se celebrara por el momento y que el día 7 se convocase una asamblea de representantes de los distritos, de las fábricas y de los regimientos y se resolviera en ella el problema de la manifestación. La asamblea fue convocada y asistieron unas 200 personas. Se evidenció que quienes estaban más inquietos eran los soldados. Por inmensa mayoría de votos se decidió organizar la manifestación. Se puso a discusión el problema de la conducta a seguir en el caso de que el Congreso de los Soviets, inaugurado por aquellos días, se pronunciase contra la manifestación. La inmensa mayoría de los camaradas que hicieron uso de la palabra, estimaba que no había fuerza capaz de detener la manifestación. Después de esto, el Comité Central acordó encargarse de organizar una manifestación pacífica. A la pregunta de los soldados de si podrían ir armados, el Comité Central respondió disponiendo que no se fuera con armas. Sin embargo, los soldados opinaban que era imposible ir a la manifestación desarmados, que las armas eran la única garantía efectiva contra los excesos de los burgueses y que llevarían las armas sólo para defensa propia.

El 9 de junio, el Comité Central, el Comité de Petersburgo y la Organización Militar celebran una reunión conjunta. El Comité Central plantea si no convendría diferir nuestra manifestación, en vista de que el Congreso de los Soviets y todos los partidos “socialistas” se pronuncian en contra de ella. Todos responden que no.

A las 12 de la noche del 9 de junio, el Congreso de los Soviets hace público un llamamiento, en el que lanza todo el peso de su autoridad contra nosotros. El Comité Central dispone que no se organice el 10 de junio la manifestación y se aplace hasta el 18 de junio, teniendo en cuenta que el mismo Congreso de los Soviets convoca para dicha fecha una manifestación, en la cual las masas podrán expresar su voluntad. Los obreros y los soldados acogen con reprimido descontento esta disposición del Comité Central, pero la cumplen. Es característico, camaradas, que aquel día, el 10 de junio, por la mañana, cuando diversos oradores del Congreso de los Soviets hacían uso de la palabra en las fábricas para “acabar con los intentos de organizar la manifestación”, la inmensa mayoría de los obreros sólo accediera a escuchar a oradores de nuestro Partido. El Comité Central consiguió tranquilizar a los soldados y a los obreros. De este modo se puso de relieve nuestra organización.

El Congreso de los Soviets, al convocar la manifestación para el 18 de junio, anunció al mismo tiempo que se celebraría bajo la bandera de la libertad de consignas. Estaba claro que el Congreso había decidido dar la batalla a nuestro Partido. Nosotros aceptamos el reto y nos pusimos a preparar las fuerzas para la proyectada manifestación.

Los camaradas saben cómo transcurrió la manifestación del 18 de junio. Hasta los periódicos burgueses dijeron que la inmensa mayoría de los manifestantes había seguido las consignas de los bolcheviques. La consigna fundamental fue: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Acudieron, por lo menos, 400.000 manifestantes. Sólo tres grupitos -el Bund, los cosacos y los partidarios de Plejánov- se atrevieron a presentar la consigna de “¡Confianza en el Gobierno Provisional!”, y se arrepintieron de ello, porque les obligaron a enrollar sus banderas. El Congreso de los Soviets hubo de convencerse por sus propios ojos de que la fuerza y la influencia de nuestro Partido son muy grandes. Todos quedaron persuadidos de que la manifestación del 18 de junio, más imponente que la del 21 de abril, no pasaría en vano. Y, en efecto, no debía pasar en vano. “Riech” decía que, según todas las probabilidades, se producirían grandes cambios en el gobierno, ya que las masas no aprobaban la política de los Soviets. Mas, precisamente aquel día comenzó la ofensiva de nuestras tropas en el frente, una ofensiva afortunada, y con este motivo empezaron las manifestaciones de los reaccionarios en la Perspectiva Nevski. Esta circunstancia redujo a la nada la victoria moral de los bolcheviques en la manifestación. También quedaron reducidos a cero los posibles resultados prácticos de que hablaban tanto “Riech” como los portavoces oficiales de los partidos gobernantes eserista y menchevique.

El Gobierno Provisional quedó en el Poder. La ofensiva afortunada, los éxitos parciales del Gobierno Provisional y los diversos proyectos de retirada de las tropas de Petrogrado surtieron el consiguiente efecto en los soldados. Estos hechos les permitieron cerciorarse de que el imperialismo pasivo se transformaba en imperialismo activo. Comprendieron que había llegado un período de nuevos sacrificios.

El frente reaccionó a su modo a la política de imperialismo activo. A pesar de la prohibición, diversos regimientos pusieron a votación si debían emprender la ofensiva o no. El Alto Mando no comprendió que, en las nuevas condiciones de Rusia y no estando claros los fines de la guerra, no es posible lanzar ciegamente a las masas a una ofensiva. Ocurrió lo que habíamos pronosticado: la ofensiva se vio condenada al fracaso.

Las postrimerías de junio y los primeros días de julio transcurren bajo la divisa de la política de ofensiva. Corren rumores de restauración de la pena de muerte, de disolución de diversos regimientos, de apaleamientos en el frente. De allí llegan delegados que informan de detenciones y apaleamientos en sus unidades. Análogas noticias comunican los regimientos de granaderos y de ametralladoras. Todo esto abonó el terreno para una nueva acción de los obreros y los soldados en Petrogrado.

Paso a los acontecimientos del 3 al 5 de julio. Los sucesos comienzan el 3 de julio, a las 3 de la tarde, en el local del Comité de Petersburgo.

3 de julio. Las 3 de la tarde. Reunión de la Conferencia de Petrogrado de nuestro Partido. Se examina el inocuo problema de las elecciones municipales. Llegan dos representantes de un regimiento de la guarnición y declaran de pronto que “tienen decidido actuar esta tarde”, “no pueden tolerar más en silencio que se esté disolviendo regimiento tras regimiento en el frente” y “han enviado ya delegados a las fábricas y a los regimientos”, invitándoles a sumarse a la acción. El camarada Volodarski, representante de la presidencia de la Conferencia, declara en contestación que “en el Partido existe el acuerdo de no ir a la acción, que los miembros del Partido en el regimiento no deben infringir la decisión del Partido”.

Las 4 de la tarde. El Comité de Petersburgo, la Organización Militar y el Comité Central del Partido examinan la cuestión y deciden no ir a la acción. La decisión es aprobada por la Conferencia, cuyos miembros van a las fábricas y los regimientos para disuadir a los camaradas.

Las 5 de la tarde. Palacio de Táuride. Sesión del Buró del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Por encargo del Comité Central del Partido, el camarada Stalin, somete al Buró del Comité Ejecutivo Central una declaración acerca de todo lo sucedido y da cuenta de la decisión de los bolcheviques de no ir a la acción.

Las 7 de la tarde. Ante el local del Comité de Petersburgo. Desfilan varios regimientos con banderas. Consigna: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Se detienen ante el local del Comité de Petersburgo y piden a los miembros de nuestra organización que “digan algo”. Los oradores bolcheviques Lashévich y Kuráev explican en sus discursos la situación política del momento e invitan a desistir de la acción. Les contestan con gritos de “¡Fuera!”. Entonces los miembros de nuestra organización proponen que se elija una delegación para exponer los deseos de los manifestantes al Comité Ejecutivo Central de los Soviets y que después se regrese a los regimientos. En respuesta suena un ensordecedor “¡Hurra!”. La banda toca “Le Marsellesa”... A esta hora la noticia de que los demócratas constitucionalistas han abandonado el gobierno recorre todo Petrogrado, sembrando el nerviosismo entre los obreros. Después de los soldados aparecen columnas de obreros. Llevan las mismas consignas que los soldados. Los soldados y los obreros se dirigen hacia el Palacio de Táuride.

Las 9 de la noche. Local del Comité de Petersburgo. Desfile incesante de delegados de las fábricas. Todos proponen a las organizaciones de nuestro Partido que intervengan y se encarguen de dirigir la manifestación. En caso contrario, “habrá derramamiento de sangre”. Se oyen voces proponiendo que se elijan delegaciones de las fábricas, con el fin de comunicar al Comité Ejecutivo Central de los Soviets la voluntad de los manifestantes, y que las masas, después de escuchar más tarde los informes de las delegaciones, se disuelvan pacíficamente.

Las 10 de la noche. Palacio de Táuride. Reunión de la sección obrera del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado. En vista de los informes de los obreros de que la manifestación se ha iniciado, la mayoría de la sección decide, a fin de evitar excesos, intervenir en la manifestación para darle un carácter pacífico y organizado. La minoría, disconforme con esta decisión, abandona la sala. La mayoría elige un Buró para poner en práctica el acuerdo recién aprobado.

Las 11 de la noche. El lugar de reunión del Comité Central y del Comité de Petersburgo de nuestro Partido se traslada al Palacio de Táuride, adonde desde la tarde no dejan de afluir los manifestantes. Llegan agitadores de los distritos y representantes de las fábricas. Reunión de representantes del Comité Central de nuestro Partido, del Comité de Petersburgo, de la Organización Militar, del Comité Interdistrital, del Buró de la sección obrera del Soviet de Petrogrado. Los informes de los distritos ponen en claro que:

1) será imposible impedir que los obreros y soldados vayan mañana a la manifestación;
2) los manifestantes llevarán armas exclusivamente para defenderse, como garantía efectiva contra los disparos provocadores que puedan hacerse desde la Perspectiva Nevski: “contra gentes armadas no es tan fácil disparan”.

La reunión decide: en el momento en que las masas revolucionarias de obreros y soldados se manifiestan bajo la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, el Partido del proletariado no tiene derecho a lavarse las manos ni a inhibirse, no puede abandonar a las masas a su suerte, debe estar con las masas, para dar un carácter consciente y organizado al movimiento espontáneo. La reunión decide proponer a los obreros y soldados que elijan delegados de los regimientos y de las fábricas y declaren, a través de ellos, sus deseos al Comité Ejecutivo Central de los Soviets. En el espíritu de esta decisión se redacta un llamamiento, invitando a una “manifestación pacífica y organizada”.

Las 12 de la noche. Más de 30.000 obreros de la fábrica Putílov aparecen frente al Palacio de Táuride. Banderas. Consigna: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Elección de delegados. Los delegados informan al Comité Ejecutivo sobre las reivindicaciones de los obreros de la fábrica Putílov. Los soldados y los obreros, congregados frente al Palacio de Táuride, comienzan a dispersarse.

4 de julio. Durante el día. Desfile de obreros y de soldados. Banderas. Consignas bolcheviques. Los manifestantes se encaminan hacia el Palacio de Táuride. Cierran el desfile millares de marinos de Cronstadt. Los manifestantes, según testimonio de los periódicos burgueses (“Birzhovka”), no son menos de 400.000. Júbilo en las calles. El público acoge a los manifestantes con alegres “¡hurras!”. Después del mediodía comienzan los excesos. Las fuerzas oscuras de los barrios burgueses ensombrecen la manifestación de los obreros con criminales disparos provocativos. Ni siquiera “Birzhevíe Viédomosti” se atreve a negar que quien comenzó a disparar fueron los enemigos de la manifestación. “A las 2 en punto de la tarde -escribe “Birzhovka” (edición vespertina del 4 de julio)-, en la esquina de Sadóvaia y Nevski, cuando pasaban los manifestantes armados y el numeroso público reunido les contemplaba tranquilamente, sonó un ensordecedor disparo por la parte derecha de Sadóvaia, tras el cual comenzó una sucesión de descargas”.

Está claro que no comenzaron a disparar los manifestantes, sino unos “desconocidos”, que abrieron fuego contra los manifestantes, y no al revés.

Los disparos continuaron simultáneamente en diversos lugares de la parte burguesa de la ciudad. Los provocadores no se habían dormido. A pesar de ello, los manifestantes se limitan a actuar estrictamente en defensa propia. No cabe ni hablar de un complot ni de una insurrección. No se produjo ni un solo taso de ocupación de edificios públicos y oficiales, ni un solo intento de tal ocupación, aunque los manifestantes, con las inmensas fuerzas armadas de que disponían, hubieran podido perfectamente apoderarse, no ya de alguna que otra institución, sino de toda la ciudad...

Las 8 de la noche. Palacio de Táuride. Reuniones del Comité Central, de la Mezhraionka y de otras organizaciones de nuestro Partido. Se decide que, una vez patentizada la voluntad de los obreros y de los soldados revolucionarios, debe ponerse fin a la manifestación. Se redacta un llamamiento a tenor con este acuerdo: “La manifestación ha terminado... Nuestra consigna es: firmeza, entereza, serenidad” (v. El llamamiento, en “Listok Pravdi”). Este llamamiento, entregado a “Pravda”, no pudo aparecer el 5 de julio, ya que por la noche (del 4 al 5) los cadetes y los del contraespionaje asaltaron y destruyeron el periódico.

De 10 a 11 de la noche. Palacio de Táuride. Reunión del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Se examina el problema del Poder. La salida de los demócratas constitucionalistas del gobierno hace particularmente crítica la situación de los eseristas y mencheviques: “necesitan” el bloque con la burguesía, pero no tienen posibilidad de formarlo, porque la burguesía no quiere ya ningún acuerdo con ellos. La idea del bloque con los demócratas constitucionalistas fracasa. En vista de ello, se plantea en forma terminante el problema de la toma del Poder por los Soviets.

Rumores de ruptura de nuestro frente por las tropas alemanas; cierto, aun no comprobados, pero origen ya de alarma.

Rumores de que al día siguiente aparecerá en la prensa una noticia propalando una infame calumnia contra el camarada Lenin.

El Comité Ejecutivo Central de los Soviets llama al regimiento de Volinia al Palacio de Táuride para protegerlo. ¿Contra quién? Resulta que contra los bolcheviques, quienes se pretende que han llegado al Palacio para “detener” al Comité Ejecutivo y “adueñarse del Poder”, ¡Eso se decía de los bolcheviques, que preconizaban el fortalecimiento de los Soviets, el paso de todo el Poder en el país a los Soviets!...

De 2 a 3 de la madrugada. El Comité Ejecutivo Central de los Soviets no toma el Poder. Encarga a los ministros “socialistas” que formen un nuevo gobierno, incluyendo a elementos burgueses, aunque sea a título personal. Se inviste a los ministros de facultades especiales para la “lucha contra la anarquía”. La situación está clara: el Comité Ejecutivo Central, puesto ante la necesidad de romper de una manera resuelta con la burguesía, cosa que teme particularmente -ya que hasta ahora ha extraído sus fuerzas de unas u otras “combinaciones” con la burguesía-, da por respuesta la ruptura resuelta con los obreros y los bolcheviques para, unido a la burguesía, volver las armas contra los obreros y los soldados revolucionarios. De este modo se inaugura la campaña contra la revolución. Los eseristas y los mencheviques abren, fuego contra la revolución, para alegría de los contrarrevolucionarios...

5 de Julio. En los periódicos (concretamente, en “Zhivoe Slovo”) aparece la noticia propalando una infame calumnia contra el camarada Lenin. “Pravda” no sale a consecuencia del asalto sufrido la noche del 4 al 5. Se implanta la dictadura de los ministros “socialistas”, que buscan un bloque con los demócratas constitucionalistas. Los mencheviques y los eseristas, que no querían tomar el Poder, lo toman esta vez (por corto tiempo) para aplastar a los bolcheviques... Aparecen en las calles unidades militares del frente. Los cadetes y las bandas de contrarrevolucionarios efectúan asaltos y registros, cometen tropelías. La contrarrevolución saca todo el partido que puede de la campaña de azuzamiento contra Lenin y los bolcheviques empezada por Aléxinski, Pankrátov y Pereviérzev. La contrarrevolución crece por horas. El centro de la dictadura es el Estado Mayor. Desenfreno de los agentes del contraespionaje, de los cadetes, de los cosacos. Detenciones y apaleamientos. La campaña franca del Comité Ejecutivo Central de los Soviets contra los obreros y los soldados bolcheviques desencadena las fuerzas de la contrarrevolución...

En respuesta a la calumnia de Aléxinskiy Cía., aparece una hoja del Comité Central de nuestro Partido titulada “¡A los tribunales los calumniadores!”. Sale en edición aparte el llamamiento del Comité Central (que no apareció en “Pravda” a consecuencia del asalto) invitando a la terminación de la huelga y de la manifestación. Sorprende la ausencia de todo llamamiento de otros partidos “socialistas”. Los bolcheviques están solos. Contra ellos se unen tácitamente todos los elementos que forman a su derecha, desde Suvorin y Miliukov hasta Dan y Chernov.

6 de julio. .Los puentes son abiertos: El destacamento mixto del apaciguador Mazurenko. En las calles, las tropas proceden a reprimir a los insumisos. De hecho, el estado de sitio. Se detiene y conduce al Estado Mayor a los “sospechosos”. Se desarma a los obreros, a los soldados y a los marinos. Petrogrado está en manos de los militares. A pesar del deseo de los “investidos de Poder” de provocar lo que se llama “un combate”, los obreros y los soldados no caen en la provocación, no “aceptan el combate”. La fortaleza de Pedro y Pablo abre las puertas a los que practican el desarme. El destacamento mixto ocupa el local del Comité de Petersburgo. Registros e incautación de armas en los barrios obreros. La idea de Tsereteli de proceder al desarme de los obreros y soldados, tímidamente enunciada por vez primera el 11 de junio, es puesta ahora en ejecución. Los obreros le llaman con rabia “el ministro del desarme”...

La imprenta “Trud” es destrozada. Sale “Listok Pravdi”. El obrero Vóinov, que repartía “Listok”, es asesinado... La prensa burguesa está en pleno paroxismo, presentando la infame calumnia contra el camarada Lenin como un hecho. Y en su ataque a la revolución, no se limita ya a los bolcheviques: engloba también a los Soviets, a los mencheviques, a los eseristas.

Está bien claro que los eseristas y los mencheviques, al traicionar a los bolcheviques, se han traicionado ellos mismos, han traicionado la revolución, desencadenando y dando rienda suelta a las fuerzas de la contrarrevolución. Va a toda marcha la campaña de la dictadura contrarrevolucionaria contra las libertades en la retaguardia y en el frente. Si se tiene en cuenta que la prensa demócrata constitucionalista y aliada, que todavía ayer refunfuñaba contra la Rusia revolucionaria, se siente de pronto satisfecha, puede deducirse que la “obra” de la represión no se ha realizado sin el concurso de los dueños de la bolsa de oro rusos y aliados.

sábado, agosto 8

El nuevo Gobierno (Stalin)

Rabochi i Soldat Nº 3 del 26 de julio (8 de agosto) de 1917

El carrusel ministerial ha dejado de girar. Se ha formado un nuevo gobierno. Demócratas constitucionalistas, pro-demócratas constitucionalistas, eseristas y mencheviques componen el gabinete.

El partido demócrata constitucionalista está satisfecho. Han sido aceptadas sus principales exigencias, sobre las que se basará en su gestión el nuevo gobierno.

Los demócratas constitucionalistas querían fortalecer el gobierno a expensas de los Soviets, querían la independencia del gobierno respecto a los Soviets. Los Soviets dirigidos por “malos pastores” eseristas y mencheviques, han hecho esa concesión, firmando su propia sentencia de muerte.

El Gobierno Provisional como Poder único: eso es lo que han conseguido los demócratas constitucionalistas.

Los demócratas constitucionalistas exigían el “saneamiento del ejército”, es decir, una “disciplina de hierro” en el ejército; que el ejército sólo se subordinase a sus jefes inmediatos, subordinados, a su vez, sólo al gobierno. Los Soviets, dirigidos por los eseristas y los mencheviques, han hecho también esa concesión, desarmándose ellos mismos.

Unos Soviets privados de ejército, un ejército subordinado sólo a un gobierno de elementos pro-demócratas constitucionalistas: eso es lo que han conseguido los demócratas constitucionalistas.

Los demócratas constitucionalistas exigían una unidad incondicional con los aliados. Los Soviets han emprendido “resueltamente” ese camino en interés… de la “defensa del país”, olvidándose de sus declaraciones “internacionalistas”. El llamado programa del 8 de julio ha quedado colgando en el aire.

Guerra “sin cuartel”, “guerra hasta el fin”: eso es lo que han conseguido los demócratas constitucionalistas.

Escuchen lo que ellos mismos dicen:

“Las exigencias de los demócratas constitucionalistas son, sin duda, la base de la gestión de todo el gobierno... Precisamente por haber sido aceptadas las exigencias principales de los demócratas constitucionalistas, el partido no estimó posible continuar discutiendo por divergencias específicas de partido”.

Pues los demócratas constitucionalistas saben que, en las condiciones actuales, para la realización de las medidas democráticas del decantado programa del 8 de julio quedan muy poco tiempo y muy pocas posibilidades” (v. “Riech”).

Parece que está claro.

Hubo un tiempo en que los Soviets creaban una nueva vida, realizando transformaciones revolucionarias y obligando al Gobierno Provisional a refrendarlas en decretos y ukases.

Eso fue en marzo y en abril.

Entonces el Gobierno Provisional era llevado de la brida por los Soviets, cubriendo con su bandera no revolucionaria las medidas revolucionarias de los Soviets.

Ahora ha llegado un período en que el Gobierno Provisional vuelve hacia atrás, realizando “transformaciones” contrarrevolucionarias, con la particularidad de que los Soviets se ven “obligados” a confirmarlas tácitamente en sus resoluciones de aguachirle.

Ahora el Comité Ejecutivo Central, ese representante de todos los Soviets, es llevado de la brida por el Gobierno Provisional, encubriendo con una fraseología revolucionaria la faz contrarrevolucionaria de éste.

Evidentemente, han cambiado de papeles, y no en favor de los Soviets. Sí, los demócratas constitucionalistas tienen motivo para sentirse “satisfechos”.

El futuro próximo nos dirá si es por mucho tiempo.

jueves, agosto 6

A todos los trabajadores, a todos los obreros y soldados de Petrogrado

Rabochi i Soldat Nº 2 del 24 de julio (6 de agosto) de 1917

Camaradas:

Rusia está viviendo días penosos.

Tres años de una guerra que ha devorado incontables víctimas han conducido al país al agotamiento. La desorganización del transporte y el desbarajuste en el problema de las subsistencias amenazan a las masas con el hambre. El desbarajuste en la industria y el cierre de las fábricas cuartean los cimientos mismos de la economía nacional.

Entretanto, la guerra continúa, agravando la crisis general y llevando al país a la ruina completa.

El Gobierno Provisional, llamado a “salvar” al país, ha resultado incapaz de cumplir su misión. Y por si ello fuera poco, ha embrollado todavía más las cosas, iniciando la ofensiva en el frente y prolongando de este modo la guerra, causa básica de la crisis general por que atraviesa el país.

El resultado es una situación de absoluta inestabilidad del Poder, la crisis y el desmoronamiento del Poder, cosa que todos gritan, sin que se tome ninguna medida seria para remediarla.

El hecho de que los demócratas constitucionalistas hayan salido del gobierno ha puesto al desnudo una vez más que el ministerio de coalición es artificial y nada viable.

Y la retirada de nuestras tropas en el frente, después de su famosa ofensiva, ha demostrado lo fatídico de la política de ofensiva y ha llevado así la crisis al extremo, echando por los suelos el prestigio del Poder y privándole de créditos, tanto de la burguesía “nacional” como de la “aliada”.

Se ha creado una situación crítica. Ante los “salvadores” de la revolución se abrían dos caminos:

O continuar la guerra y proseguir la “ofensiva”, y entonces el Poder debería ser transferido inevitablemente a la burguesía contrarrevolucionaria, para obtener dinero mediante empréstitos interiores y exteriores; pues, en el caso contrario, la burguesía no entraría en el gobierno, el empréstito interior no cuajaría, Inglaterra y Norteamérica negarían créditos, y “salvar” al país en tales circunstancias significaría cubrir los gastos de guerra a expensas de los obreros y de los campesinos, en beneficio de los tiburones imperialistas rusos y “aliados”.

O el paso del Poder a manos de los obreros y de los campesinos pobres, la proclamación de unas condiciones democráticas de paz y el cese de la guerra, para impulsar adelante la revolución y entregar la tierra a los campesinos, establecer el control obrero en la industria y poner orden en la economía nacional, que se está desmoronando, a expensas de los beneficios de los capitalistas y los terratenientes.

El primer caminó conduce al fortalecimiento del Poder de las clases poseedoras sobre los trabajadores y a la conversión de Rusia en una colonia de Inglaterra, Norteamérica y Francia.

El segundo camino abre la era de la revolución obrera en Europa, rompe las ligaduras financieras que tienen maniatada a Rusia, sacude los cimientos mismos de la dominación burguesa y desbroza el camino para la auténtica liberación de Rusia.

La manifestación del 3 y el 4 de julio fue un llamamiento de las masas de obreros y soldados invitando a los partidos socialistas a emprender el segundo camino, el camino del desarrollo sucesivo de la revolución. Este es el sentido político de la manifestación y en esto reside su gran importancia histórica.

Pero el Gobierno Provisional y los partidos gubernamentales eserista y menchevique, que no extraen sus fuerzas de las acciones revolucionarias de los obreros y de los campesinos, sino de las componendas con la burguesía demócrata constitucionalista, han preferido el primer camino, el camino de adaptarse a la contrarrevolución.

En vez de tender la mano a los manifestantes y luchar a su lado, una vez tomado el Poder, contra la burguesía imperialista “aliada” y “nacional” para salvar efectivamente a la revolución, concertaron una alianza con la burguesía contrarrevolucionaria y volvieron sus armas contra los manifestantes, contra los obreros y los soldados, lanzando contra ellos a los cadetes y a los cosacos.

De este modo han traicionado a la revolución y abierto de par en par las puertas a la contrarrevolución. Y desde el fondo mismo de la vida se ha levantado una oleada de agua cenagosa, que ha cubierto de inmundo fango cuanto hay de honrado y de noble.

Registros y asaltos, detenciones y palizas, torturas y asesinatos, clausura de periódicos y de organizaciones, desarme de los obreros y disolución de regimientos, disolución de la Dieta de Finlandia, restricción de las libertades y restablecimiento de la pena de muerte, desenfreno de los pistoleros y de los agentes del contraespionaje, mentiras y calumnias infames, y todo ello con el acuerdo tácito de los eseristas y de los mencheviques: tales son, los primeros pasos de la contrarrevolución.

Los imperialistas aliados y rusos y el partido de los demócratas constitucionalistas, la alta oficialidad y los cadetes, los cosacos y los agentes del contraespionaje: ésas son las fuerzas de la contrarrevolución.

Al dictado de estos grupos se confeccionan las listas de los ministros del Gobierno Provisional, y los ministros surgen y desaparecen como marionetas.

Siguiendo instrucciones de estos grupos, se entrega a los bolcheviques y a Chernov, se depuran los regimientos y las tripulaciones de los buques, se fusila a los soldados y se disuelven regimientos en el frente, se convierte el Gobierno Provisional en un juguete en manos de Kerensky, se hace del Comité Ejecutivo Central de los Soviets un simple apéndice de ese juguete, la “democracia revolucionaria” renuncia vergonzosamente a sus derechos y obligaciones y se restablece en sus derechos a la Duma zarista, abolida recientemente.

La cosa llega al extremo de que en la “histórica Conferencia” celebrada en el Palacio de Invierno (el 21 de julio) se ponen bien claramente de acuerdo (¡traman un complot!) para seguir frenando a la revolución; y, temerosos de ser desenmascarados por los bolcheviques, no los invitan a la Conferencia.

Y en perspectiva está la “Conferencia de Moscú”, en la que se disponen a enterrar definitivamente la libertad, lograda con sangre...

Todo eso se hace con el concurso de los mencheviques y de los eseristas, que entregan cobardemente una posición tras otra, se autoflagelan y flagelan de un modo humillante a sus organizaciones y pisotean de modo criminal las conquistas de la revolución...

¡Jamás los “representantes” de la democracia se habían comportado tan indignamente como ahora, en estos días históricos! ¡Jamás habían caído tan bajo como ahora!

¿Puede asombrarnos, después de todo eso, que la contrarrevolución se haya insolentado y cubra de fango todo lo honrado, todo lo revolucionario?

¿Puede asombrarnos, después de ello, que venales mercenarios y calumniadores cobardes se atrevan a “acusar” públicamente de “traición” a los jefes de nuestro Partido, que los bandidos de la pluma de los periódicos burgueses se dediquen a orear con desfachatez esa “acusación” y que el llamado Poder fiscal publique, sin el menor recato, los llamados materiales “sobre el asunto de Lenin”, etc.?

Evidentemente, esos señores quieren desorganizar nuestras filas, sembrar dudas y confusión entre nosotros fomentar la desconfianza hacia nuestros jefes.

¡Miserables! ¡No saben que los nombres de nuestros jefes nunca han sido tan queridos y entrañables para la clase obrera como ahora, cuando la insolentada canalla burguesa los cubre de lodo!

¡Vendidos! No advierten que cuanto más brutales son las calumnias de los mercenarios burgueses, mayor es el cariño que los obreros tienen a sus jefes, más ilimitada su confianza en ellos, pues los obreros saben por experiencia que las calumnias de los enemigos contra los jefes del proletariado son un síntoma infalible de que los jefes sirven con honradez a la clase proletaria.

El infamante estigma de calumniadores sin honor es el regalo que les hacemos, señores Aléxinski y Búrtsev, Pereviérzev y Dobronrávov. Acepten este estigma, ofrecido en nombre de los 32.000 obreros organizados de Petrogrado que nos han elegido, y llévenlo hasta la tumba. Lo tienen merecido.

Y ustedes, señores capitalistas y terratenientes, banqueros y especuladores, popes y agentes del contraespionaje, todos ustedes, forjadores de cadenas para los pueblos, se apresuran demasiado a cantar victoria, se apresuran demasiado a sepultar la Gran Revolución Rusa.

La revolución vive, y aun ha de hacer patente su existencia, señores sepultureros.

La guerra y el desbarajuste económico siguen, y no es con represiones salvajes como se conseguirá curar las heridas que esa situación causa.

Las fuerzas subterráneas de la revolución viven, realizando su infatigable labor de revolucionarización del país.

Los campesinos aun no han recibido la tierra. Y lucharán, porque no pueden vivir sin tierra.

Los obreros aun no han conseguido que se establezca su control en las fábricas. Y lucharán por conseguirlo, porque el desbarajuste reinante en la industria les amenaza con el paro.

A los soldados y a los marinos se los quiere empujar atrás, a la vieja disciplina. Ellos lucharán por la libertad, porque se la tienen bien merecida.

No, señores contrarrevolucionarios, la revolución no ha muerto; no ha hecho más que replegarse sobre sí misma, para agrupar nuevos partidarios y lanzarse con fuerza redoblada sobre los enemigos.

“¡Estamos vivos, hierve nuestra roja sangre con el fuego de fuerzas inagotables!”.

Y allá en Occidente, en Inglaterra y en Alemania, en Francia y en Austria, ¿acaso allí no ondea ya la bandera de la revolución obrera?, ¿Acaso allí no se organizan ya Soviets de Diputados Obreros y Soldados?

¡Aun habrá batallas! ¡Aun habrá victorias!

Lo que hace falta es llegar a esas batallas futuras debidamente preparados y organizados.

Obreros: A ustedes les ha correspondido el honroso papel de jefes de la revolución rusa. Agrupen a las masas en torno vuestro, agrúpenlos bajo la bandera de nuestro Partido. Recuerden que en los duros momentos de las jornadas de julio, cuando los enemigos del pueblo ametrallaban a la revolución, los bolcheviques fueron el único partido que no desertó de las barriadas obreras. Recuerden que en aquellos días difíciles los mencheviques y los eseristas se encontraban en el campo de los que se ensañaban contra los obreros y los desarmaban. ¡Pónganse bajo nuestra bandera, camaradas!

Campesinos: Vuestros jefes no han justificado vuestras esperanzas. Se han arrastrado a la zaga de la contrarrevolución, y ustedes siguen sin tierra, porque mientras domine la contrarrevolución, no lograrán recibir la tierra de los terratenientes. Los obreros son vuestros únicos aliados fieles. Sólo en alianza con ellos obtendrán la tierra y la libertad. ¡Agrúpense, pues, en torno a los obreros!

Soldados: La fuerza de la revolución está en la unión del pueblo y los soldados. Los ministros vienen y se van, pero el pueblo queda. ¡Estén siempre con el pueblo y luchen en sus filas!

¡Abajo la contrarrevolución!
¡Viva la revolución!
¡Vivan el socialismo y la confraternidad de los pueblos!

La Conferencia local de Petrogrado del POSDR (bolchevique)
(Escrito por José Stalin)

La victoria de los demócrata-constitucionalistas (Stalin)

Rabochi i Soldat Nº 2 del 24 de julio (6 de agosto) de 1917

A lo que parece, el carrusel ministerial no ha dejado todavía de girar. El chalaneo entre los demócratas constitucionalistas y Kerensky no ha cesado. Las “combinaciones” se suceden, una tras otra.

Naturalmente, los demócratas constitucionalistas entrarán en el gobierno, pues todo se hace según sus instrucciones. Es posible que Chernov quede. A Tsereteli, por lo visto, ya “no lo quieren”. Tsereteli “era necesario” para desarmar a los obreros. Con el desarme de los obreros su papel ha terminado. “El moro ha cumplido su obra, el moro puede retirarse”. Le sustituirá Avxéntiev.

Pero no es cuestión, claro está, de personas. ¡Qué más da que sea Chernov, Tsereteli o cualquier otro por el estilo! ¿Quién ignora que esos zimmerwaldistas de pacotilla han servido a la causa del imperialismo tan bien como los Henderson y los Thomas?

Repito que no es cuestión de personas.

Se trata de que en todo ese ajetreo, en esa caza de carteras, etc., cuyo fondo es la lucha por el Poder, ha vencido la línea de los demócratas constitucionalistas, la línea de la contrarrevolución en la política interior y de “guerra hasta el fin” en la política exterior.

El problema, como se sabe, estaba planteado así:

O continuar la guerra, en cuyo caso dependeríamos completamente del mercado monetario de Inglaterra y de Norteamérica, dominarían los demócratas constitucionalistas y veríamos frenada la revolución, porque ni los demócratas constitucionalistas ni el capital “aliado” pueden simpatizar con la revolución rusa.

O entregar el Poder a la clase revolucionaria, romper los grilletes financieros del capital aliado, que tienen encadenada Rusia de pies y manos, proclamar unas condiciones de paz y normalizar la economía nacional desbaratada, a expensas de los beneficios de los terratenientes y de los capitalistas.

No había otra salida, y los mencheviques y los eseristas, que buscaban un tercer camino, debían fracasar indefectiblemente.

A ese respecto, los demócratas constitucionalistas han demostrado mayor lucidez.
“Riech” dice: “El gobierno debe romper resueltamente con las funestas tendencias del zimmerwaldismo y del socialismo “utópico””.

En otras palabras: guerra incondicional, guerra hasta el fin.

“Hay que llegar a una conclusión definitiva”, dijo Nekrásov en la famosa Conferencia, y añadió, dirigiéndose al Soviet: o toman el Poder, o dejan que otros lo tomen.

En otros términos: o revolución o contrarrevolución.

Los mencheviques y los eseristas renunciaron al camino revolucionario y, por tanto, debían verse dominados por los demócratas constitucionalistas, por las fuerzas contrarrevolucionarias.

Porque los demócratas constitucionalistas significan un empréstito interior asegurado.

Porque los demócratas constitucionalistas significan amistad con el capital aliado, es decir, un empréstito exterior asegurado.

Y debido al desbarajuste en la retaguardia y, sobre todo, en el frente, es tan necesario el dinero...

Ese es el fondo de la “crisis”. Eso es lo que significa la victoria de los demócratas constitucionalistas. El futuro próximo demostrará si esa victoria ha de ser duradera.