sábado, agosto 15

Comité Central elegido en el VI Congreso del POSDR (Bolchevique)
21 Miembros plenos: Artiom (Sergueyev), Berzin, Bubnov, Bujarin, Dzerzhinsky, Kámenev, Kollontay, Krestinsky, Lenin, Miliutin, Muranov, Noguin, Rykov, Shaumian, Smilga, Sokolnikov, Stalin, Sverdlov, Trotsky, Uritsky y Zinoviev.

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Miembros suplentes: Dzhaparidze, Joffe, Kisleiov, Lomov, Skrypnik, Stasova, etc.

martes, agosto 11

El comienzo del bonapartismo (Lenin)

Rabochy i Soldat Nº 6 del 29 de julio (11 de agosto) de 1917

Ahora que el Gabinete de Kerensky, Nekrasov, Avksentiev y Cía. ha sido formado, el error más grave y desastroso que un marxista podría cometer sería confundir las palabras con los hechos, las apariencias engañosas con la realidad o generalmente con algo serio.

Dejemos ese pasatiempo a los mencheviques y eseristas que ya han ido demasiado lejos haciendo de payasos del bonapartista Kerensky. Realmente es bufonería de parte de los Chernov, los Avksentiev y los Tsereteli adoptar posturas conspicuas y palabras totalmente ornamentales mientras Kerensky –a exigencia de los kadetes– forma claramente una especie de Directorio secreto compuesto por él mismo, Nekrasov, Tereschenko y Savinkov; se queda callado sobre la Asamblea Constituyente y la declaración de julio; proclama la sagrada unión de las clases en su discurso al pueblo; concluye un acuerdo, en términos desconocidos para todos, con Kornílov que ha presentado un duro ultimatum; y continúa la política de arrestos escandalosamente irrefenables.

En un momento como éste, es ciertamente bufonería de parte de Chernov, desafiar a Miliukov a acudir a un tribunal de arbitraje; de parte de Avksentiev, gritar acerca de la futilidad de un estrecho punto de vista de clase; o de parte de Tsereteli y Dan, de impulsar en el Comité Ejecutivo Central resoluciones vacías adornadas de frases sin sentido, resoluciones que traen a la mente la Primera Duma kadete durante su peor período de impotencia frente al zarismo.

Precisamente, como los kadetes en 1906 prostituyeron la primera asamblea de representación popular en Rusia, reduciéndola a una miserable club de debates ante el avance de la contrarrevolución zarista, así los eseristas y mencheviques en 1917 han prostituido los Soviets reduciéndolos a un miserable club de debates ante el avance de la contrarrevolución bonapartista.

El gabinete de Kerensky es sin duda un gabinete que está dando los primeros pasos hacia el bonapartismo. Vemos el principal síntoma histórico del bonapartismo: la maniobra del poder del Estado –que cuenta con el apoyo de una camarilla militar (de los peores elementos del ejército)– entre dos clases y fuerzas hostiles que más o menos se contrapesan entre ellas.

La lucha de clases entre la burguesía y el proletariado ha alcanzado el límite, y el 20 y 21 de abril así como el 3-5 de julio, el país estuvo a un pelo de la guerra civil. La situación socio-económica ciertamente da forma la base clásica para el bonapartismo. Y luego, esta condición es combinada con otras que son bastante afines a ella: la burguesía vocifera y delira contra los Soviets pero todavía no tiene poder para dispersarlos; mientras los Soviets, prostituidos por Tsereteli, Chernov y Cía, no tienen ahora el poder para poner una seria resistencia a la burguesía.

Los terratenientes y campesinos, también, viven como en las vísperas de la guerra civil: los campesinos exigen tierra y libertad, y pueden ser contenidos sólo por un gobierno bonapartista capaz de hacer las más inescrupulosas promesas a todas las clases sin cumplir ninguna.

Agreguen a esto la situación creada por una temeraria ofensiva y los reveses militares, en el que las frases ornamentales acerca de salvar el país son particularmente elegantes (ocultando el deseo de salvar el programa imperialista de la burguesía), y tendrán una perfecta fotografía del escenario socio-político del bonapartismo.

No nos dejemos engañar por las frases. No dejemos que nos lleve a error la idea de que todo lo que tenemos son los primeros pasos del bonapartismo. Son los primeros pasos los que debemos tener la capacidad de discernir a menos que deseemos estar en el ridículo apuro del estúpido filisteo que se lamenta del segundo paso cuando él mismo ayudó a que se diera el primero.

Ahora sería estúpido filisteísmo abrigar ilusiones constitucionalistas, tales como, por ejemplo, que el actual gabinete probablemente está a la izquierda de todos los anteriores (véase Izvestia), que la bien intencionada crítica de los Soviets podría rectificar los errores del gobierno, que los arrestos arbitrarios y la supresión de los periódicos fueron incidentes aislados que se espera no se repetan más, o que Zrudny es un hombre honesto y que en la Rusia republicana y democrática es posible un juicio justo y que todos deberían presentarse en él, etc., etc.

La estupidez de esas ilusiones constitucionalistas filisteas es tan obvia que requiere una refutación.

La lucha contra la contrarrevolución burguesa exige sobriedad y la capacidad para ver y hablar de las cosas como ellas son.

El bonapartismo en Rusia no es accidental sino un producto natural de la evolución de la lucha de clases en un país pequeño-burgués con un considerable desarrollo capitalista y un proletariado revolucionario. Etapas históricas como el 20 y 21 de abril, el 9 y 10 de junio, el 18 y 19 de junio, y el 3-5 de julio son hitos que demuestran claramente cómo sucedieron los preparativos para el bonapartismo. Sería un gran error pensar que una situación democrática excluye el bonapartismo. Por el contrario, es exactamente en una situación como esta (la historia de Francia la ha confirmado dos veces) en que el bonapartismo emerge, dada una cierta relación entre las clases y su lucha.

Sin embargo, reconocer la inevitabilidad del bonapartismo no significa de ninguna manera olvidar la inevitabilidad de su caída.

Si sólo decimos que la contrarrevolución ha ganado temporalmente la mano aquí en Rusia estaríamos evadiendo el problema.

Si analizamos el origen del bonapartismo y sin temor enfrentamos la verdad, diciendo a la clase obrera y a todo el pueblo que el comienzo del bonapartismo es un hecho, que deberíamos empezar una verdadera y resuelta lucha por derrocar el bonapartismo, una lucha conducida en una gran escala política y basada en los intereses de clase de largo alcance.

La Rusia bonapartista de 1917 difiere de los inicios del bonapartismo francés de 1799 y 1848 en varios aspectos, tal como el hecho de que ninguna sola tarea importante de la revolución ha sido cumplida aquí. La lucha por resolver las cuestiones agraria y nacional está sólo ganando ímpetu.

Kerensky y los kadetes contrarrevolucionarios que lo utilizan como un peón, no pueden convocar la Asamblea Constituyente en una fecha determinada ni postergarla sin que en ambos casos promuevan la revolución. Y la catástrofe generada por la prolongación de la guerra imperialista sigue acercándose con mayor fuerza y velocidad que nunca.

Los contingentes avanzados del proletariado ruso han tenido éxito de emerger de nuestros días de junio y julio sin haber perdido mucha sangre. El partido del proletariado tiene todas las oportunidades para elegir las tácticas y la forma o formas de organización que en cualquier circunstancia impedirán inesperadas (aparentemente inesperadas) persecuciones bonapartistas que limiten su existencia y sus mensajes regulares al pueblo.

Que el Partido le diga al pueblo, en voz alta y claramente, toda la verdad, que el bonapartismo está comenzando; que el “nuevo” gobierno de Kerensky, Avksentiev y Cía. es sólo una pantalla de los kadetes contrarrevolucionarios y la camarilla militar que está en el poder en el momento actual; que el pueblo no puede obtener paz, los campesinos no pueden obtener tierra, los trabajadores no pueden obtener la jornada de ocho horas y el hambriento no puede conseguir pan, a menos que la contrarrevolución sea extirpada. Que el Partido diga eso, y cada paso en la marcha de los acontecimientos lo confirmará.

Con notable velocidad Rusia ha pasado toda una época en que la mayoría del pueblo puso su fe en los partidos pequeño-burgueses eserista y menchevique. Y ahora la mayoría del pueblo trabajador está empezando a pagar cara su credulidad.

Todo indica que la marcha de los acontecimientos está continuando a un ritmo muy rápido y que el país se está aproximando a la siguiente época, en que la mayoría del pueblo trabajador tendrá que confiar su destino al proletariado revolucionario. El proletariado revolucionario tomará el poder e iniciará la revolución socialista, a pesar de todas las dificultades y posibles zigzags del desarrollo, atraerá a los obreros de todos los países avanzados a la revolución, y derrotará a la guerra y al capitalismo.

lunes, agosto 10

VI Congreso Bolchevique: "Derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: la consigna del momento"

VI Congreso del P.O.S.D.R. (Bolchevique)
26 de Julio - 3 de agosto de 1917

INFORME SOBRE LA SITUACION POLÍTICA
30 de julio (10 de agosto) de 1917
José Stalin


Camaradas:

El problema de la situación política de Rusia es el problema de la suerte de nuestra revolución, el problema de sus victorias y de sus derrotas en plena guerra imperialista.

Ya en febrero se puso en claro que las fuerzas básicas de nuestra revolución son el proletariado y los campesinos, vestidos, a consecuencia de la guerra, con el uniforme de soldado.

Las cosas han ocurrido de tal modo, que en la lucha contra el zarismo, en el mismo campo que estas fuerzas, y como formando coalición con ellas, se hallaron otras fuerzas: la burguesía liberal y el capital aliado.

El proletariado ha sido y continúa siendo el enemigo a muerte del zarismo. El campesinado tenía fe en el proletariado, y al ver que no obtendría la tierra sin derrocar al zarismo, siguió al proletariado.

La burguesía liberal estaba decepcionada del zarismo y se apartó de él, ya que, lejos de conquistarle nuevos mercados, ni siquiera había sabido mantener los anteriores y había entregado a Alemania quince provincias.

El capital aliado, amigo y bienqueriente de Nicolás II, también se vio “obligado” a traicionar al zarismo, ya que éste no sólo no le garantizaba la apetecida “unidad del frente”, sino que, por añadidura, preparaba con toda evidencia una paz por separado con Alemania.

De tal modo, el zarismo resultó aislado.

Así se explica, en esencia, el “asombroso” hecho de que el zarismo “falleciera tan apacible y silenciosamente”.

Ahora bien, estas fuerzas perseguían fines totalmente distintos.

La burguesía liberal y los capitalistas anglo-franceses querían hacer en Rusia una revolución pequeña, al estilo de la revolución de los Jóvenes Turcos, a fin de suscitar el entusiasmo de las masas populares y utilizarlo para una guerra grande, mientras el Poder de los capitalistas y de los terratenientes quedaría incólume en lo fundamental. ¡Una revolución pequeña para una guerra grande!

Por el contrario, los obreros y los campesinos perseguían una demolición radical del viejo régimen, lo que nosotros llamamos una gran revolución, a fin de derrocar a los terratenientes, someter a la burguesía imperialista y, de tal modo, terminar la guerra, y asegurar la paz. ¡Una gran revolución y la paz!

Esta contradicción cardinal ha constituido la base del desarrollo de nuestra revolución, de todas y cada una de las “crisis de Poder”.

La “crisis” del 20 al 21 de abril es la primera expresión notoria de esta contradicción. Si en la historia de estas “crisis” la burguesía imperialista siempre ha podido apuntarse, hasta ahora, el éxito, no se debe sólo a que el frente de la contrarrevolución, dirigido por el partido demócrata constitucionalista, estuviera bien organizado, sino, ante todo, a que los partidos conciliadores eserista y menchevique, que se inclinan hacia el imperialismo y que todavía arrastran a grandes masas, rompían en todas las ocasiones el frente de la revolución, se pasaban al bando de la burguesía e inclinaban de este modo la balanza en favor del frente de la contrarrevolución.

Así ocurrió en abril. Así ocurrió en julio.

El “principio” de la coalición con la burguesía imperialista, promovido por los mencheviques y los eseristas, ha resultado en la práctica el medio pernicioso, gracias al cual el partido demócrata constitucionalista, el partido de los capitalistas y de los terratenientes, aislando a los bolcheviques, ha ido fortaleciendo paso a paso sus posiciones con las manos de esos mismos mencheviques y eseristas...

La calma que se produjo en marzo, abril y mayo en el frente fue aprovechada para el desarrollo sucesivo de la revolución. La revolución, espoleada por el desbarajuste general en él país y estimulada por la existencia de libertades que no tiene ningún país beligerante, ha ido ahondándose más y más, poniendo al orden del día las cuestiones sociales. La revolución irrumpe en la esfera económica, planteando el problema del control obrero en la industria, el de la nacionalización de la tierra y el del suministro de aperos a los campesinos pobres, el de la organización de un intercambio acertado entre la ciudad y el campo, el de la nacionalización de los Bancos y, en fin, el de la toma del Poder por el proletariado y las capas pobres del campesinado. La revolución está ya ante la necesidad de llevar a cabo transformaciones socialistas.

Algunos camaradas dicen que, como en nuestro país el capitalismo está poco desarrollado, es utópico plantear el problema de la revolución socialista. Tendrían razón si no hubiese la guerra, si no existiera la ruina, si no se hallaran resquebrajadas las bases de la organización capitalista de la economía nacional. La cuestión de la ingerencia en la esfera económica surge en todos los Estados como algo imprescindible en las condiciones de la guerra. En Alemania esta cuestión también ha sido planteada por la vida y se resuelve sin la participación directa y activa de las masas. No así en Rusia. En nuestro país, la ruina ha adquirido proporciones más amenazadoras. De otro lado, en ningún país que se encuentre en guerra existe una libertad análoga a la nuestra. Además, hay que tener en cuenta el inmenso grado de organización de los obreros: en Petrogrado, por ejemplo, el 66 % de los metalúrgicos están organizados. Por último, en ninguna parte el proletariado ha tenido ni tiene organizaciones tan amplias como los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Es comprensible que, al disponer del máximo de libertad y de organización, los obreros no pudieran renunciar, sin cometer un suicidio político, a la ingerencia activa en la vida económica del país en el sentido de las transformaciones socialistas. Sería indigna pedantería exigir que Rusia “esperase” a efectuar transformaciones socialistas hasta que “comenzara” Europa. “Comienza” el país que dispone de más posibilidades...

Por cuanto la revolución ha ido tan lejos, forzosamente tenía que despertar la vigilancia de los contrarrevolucionarios, estimular a la contrarrevolución. Este ha sido el primer factor que ha movilizado a la contrarrevolución.

El segundo factor ha sido la aventura comenzada con la política de ofensiva en el frente, y diversas rupturas del frente que han privado al Gobierno Provisional de todo prestigio y han dado alas a la contrarrevolución, llevándola a emprender un ataque contra el gobierno. Corren rumores de que ha empezado un período de provocaciones en amplia escala. Los delegados del frente consideran que tanto la ofensiva como la retirada, en una palabra, todo lo ocurrido en el frente, estaba preparado para desacreditar la revolución y derribar a los Soviets. No sé si estos rumores son ciertos o no, pero es de notar que el 2 de julio salieran del gobierno los demócratas constitucionalistas, que el 3 comenzaran los acontecimientos de julio y que el 4 se recibieran las noticias sobre la ruptura del frente. ¡Asombrosa coincidencia! No se puede decir que los demócratas constitucionalistas dimitieran a causa de la decisión sobre el problema de Ucrania, ya que ellos no se oponían a la solución de este problema. Existe un segundo hecho, que confirma el supuesto de que ha comenzado verdaderamente un período de provocaciones: me refiero al tiroteo de Ucrania59. Ante tales hechos, para los camaradas debe estar claro que la ruptura del frente figuraba en el plan de la contrarrevolución como uno de los factores que debían desprestigiar la idea de la revolución ante las amplias masas pequeñoburguesas.

Existe un tercer factor que ha robustecido las fuerzas de la contrarrevolución en Rusia: el capital aliado. Si el capital aliado, viendo que el zarismo iba a la paz por separado, traicionó al gobierno de Nicolás, nadie le impide romper con el gobierno actual, si resulta incapaz de mantener el frente “único”. Miliukov ha dicho en una reunión que Rusia es considerada en el mercado internacional como proveedora de hombres, a cambio de los cuales recibe dinero, y que si se pusiera en claro que el nuevo Poder, personificado por el Gobierno Provisional, es incapaz de mantener el frente único de la ofensiva contra Alemania, no valdría la pena subsidiar a tal gobierno. Y sin dinero, sin créditos, el gobierno fracasaría. En esto reside el secreto de que en el período de la crisis los demócratas constitucionalistas alcanzaran una gran fuerza. Por su parte, Kerenski y todos los ministros eran muñecos en manos de los demócratas constitucionalistas. La fuerza de los demócratas constitucionalistas consistía en que los respaldaba el capital aliado.

Ante Rusia había dos caminos:

o cesar la guerra, romper todos los vínculos financieros con el imperialismo, continuar el avance de la revolución, resquebrajar las bases del mundo burgués y comenzar la era de la revolución obrera;

o seguir el otro derrotero, el derrotero de la continuación de la guerra, de la continuación de la ofensiva en el frente, de la subordinación a todas las órdenes del capital aliado y de los demócratas constitucionalistas, en cuyo caso se dependerá por entero del capital aliado (en el Palacio de Táuride corrían rumores insistentes de que Norteamérica proporcionaría ocho mil millones de rublos, los recursos para “restablecer” la economía) y triunfará la contrarrevolución.

Una tercera opción no existe.

El intento de los eseristas y de los mencheviques de presentar las acciones del 3 y el 4 de julio como una rebelión armada, es sencillamente risible. El 3 de julio propusimos la unidad del frente revolucionario para combatir a la contrarrevolución. Nuestra consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” significa, precisamente, crear un frente único revolucionario. Pero los mencheviques y los eseristas, temerosos de apartarse de la burguesía, nos han vuelto la espalda, lo que ha escindido el frente revolucionario en beneficio de los contrarrevolucionarios. Si hay que hablar de los culpables de la victoria de la contrarrevolución, los culpables son los eseristas y los mencheviques. Nuestra desgracia consiste en que Rusia es un país pequeñoburgués, que por el momento sigue a los eseristas y mencheviques, comprometidos con los demócratas constitucionalistas. Y la revolución cojeará y tropezará hasta que las masas no se decepcionen de la idea de los compromisos con la burguesía.

Tenemos ahora ante nosotros el panorama de la dictadura de la burguesía imperialista y del generalato contrarrevolucionario. El gobierno, que en apariencia lucha contra esa dictadura, cumple de hecho su voluntad, siendo únicamente la pantalla que la cubre ante la cólera popular. Los Soviets, debilitados y deshonrados por su política de incesantes concesiones, completan sólo el panorama; y si no los disuelven es porque los “necesitad” como “imprescindible” y muy “cómoda” cobertura.

Así, pues, la situación ha cambiado de raíz.

También debe cambiar nuestra táctica.

Antes preconizábamos el paso pacífico del Poder a los Soviets presuponiéndose que bastaba adoptar en el Comité Ejecutivo Central de los Soviets un acuerdo sobre la toma del Poder para que la burguesía dejara pacíficamente la vía franca. En efecto, en marzo, abril y mayo cada decisión de los Soviets era ley, porque en
todo momento se la podía respaldar con la fuerza. La situación ha cambiado al ser desarmados los Soviets y quedar reducidos (prácticamente) al grado de simples organizaciones “profesionales”. Ahora no se cuenta para nada con las decisiones de los Soviets. Ahora para tomar el Poder es preciso derrocar primero la dictadura
existente.

El derrocamiento de la dictadura de la burguesía imperialista: tal debe ser la consigna del Partido en estos momentos.

El período pacífico de la revolución ha terminado. Ha comenzado un período de choques y explosiones. La consigna del derrocamiento de la dictadura actual sólo puede llevarse a cabo a condición de que se produzca un nuevo y potente auge político en toda Rusia. La marcha toda del desarrollo del país, la circunstancia de que no haya sido solventado ninguno de los problemas cardinales de la revolución, ya que las cuestiones de la tierra, del control obrero, de la paz y del Poder no están resueltas, hacen ese auge inevitable.

Las represiones, sin solucionar ningún problema de la revolución, no hacen sino agravar la situación.

Las fuerzas básicas del nuevo movimiento serán el proletariado urbano y las capas pobres del campesinado. En caso de victoria, ellos tomarán el Poder en sus manos.

El rasgo característico del momento consiste en que las medidas contrarrevolucionarias se aplican con las manos de los “socialistas”. Sólo gracias a tal pantalla puede subsistir todavía la contrarrevolución algún que otro mes. Pero por cuanto se desarrollan las fuerzas de la revolución, se producirán estallidos, y llegará el momento en que los obreros levantarán y agruparán á su alrededor a las capas pobres del campesinado, enarbolarán la bandera de la revolución proletaria y abrirán la era de la revolución socialista en Europa.

domingo, agosto 9

VI Congreso Bolchevique: "Los bolcheviques están solos. Contra ellos se unen todos los elementos a su derecha"

VI Congreso del P.O.S.D.R. (Bolchevique)
26 de Julio - 3 de agosto de 1917

INFORME SOBRE LA GESTION DEL COMITE CENTRAL
27 de julio (9 de agosto)
José Stalin
Camaradas:

El informe sobre la gestión del Comité Central abarca los dos meses y medio últimos: mayo, junio y la primera quincena de julio. La actividad del Comité Central en mayo transcurrió en tres direcciones.

En primer término, fue lanzada la consigna de nuevas elecciones a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. El Comité Central partía de que nuestra revolución se desarrolla 'por una vía pacífica, de que mediante nuevas elecciones a los Soviets de Diputados Obreros y Soldados era posible modificar la composición de los Soviets y, por lo tanto, la del gobierno. Nuestros adversarios nos atribuían el propósito de adueñarnos del Poder. Eso era una calumnia. No abrigábamos semejantes intenciones. Nosotros decíamos que existía la posibilidad de modificar, mediante nuevas elecciones a los Soviets, el carácter de su actividad, a tenor con los deseos de las amplias masas. Veíamos con claridad que bastaba disponer de la mitad más uno de los votos en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, para que el Poder se viese precisado a seguir otro derrotero. Por eso, en mayo, todo el trabajo transcurrió bajo la bandera de las nuevas elecciones. En resumidas cuentas, conquistamos cerca de la mitad de las actas de la minoría obrera del Soviet y alrededor de 1/4 de la de los soldados.

En segundo lugar, la agitación contra la guerra. La condena a muerte de F. Adler nos dio motivo para organizar diversos mítines de protesta contra la pena de muerte y contra la guerra. Los soldados acogieron bien esta campaña.

El tercer aspecto de la actividad del Comité Central fueron las elecciones municipales de mayo. El Comité Central y el Comité de Petersburgo consagraron todos los esfuerzos a dar la batalla tanto a los demócratas constitucionalistas -fuerza básica de la contrarrevolución- como a los mencheviques y eseristas, que, voluntaria o involuntariamente, siguen a los demócratas constitucionalistas. De los 800.000 votos de Petrogrado obtuvimos casi el 20%, siendo de señalar que conquistamos por completo la Duma del distrito de Víborg. Los camaradas soldados y marinos prestaron un particular servicio al Partido.

Así, pues, mayo transcurrió bajo el signo de: 1) las elecciones municipales, 2) la agitación contra la guerra y 3) las nuevas elecciones al Soviet de Diputados Obreros y Soldados.

Junio. Los rumores sobre la preparación de una ofensiva en el frente ponían nerviosos a los soldados. Aparecieron toda una serie de órdenes, que reducían a la nada los derechos de los soldados. Todo esto electrizaba a las masas. Cada rumor recorría en el acto todo Petrogrado y ponía en conmoción a los obreros y, particularmente, a los soldados. Los rumores de ofensiva; las órdenes del día de Kerenski con la declaración de los derechos del soldado; las medidas para descongestionar Petrogrado de elementos “innecesarios”, según decían las autoridades, aunque estaba claro que lo que se quería era apartar de Petrogrado a los elementos revolucionarios; el desbarajuste económico, que adquiría contornos más y más acusados: todo esto sembraba el nerviosismo entre los obreros y los soldados. En las fábricas se celebraban asambleas, y llovían las propuestas de regimientos y fábricas de que organizáramos una manifestación. Para el 5 de junio se proyectaba una manifestación. Pero el Comité Central dispuso que no se celebrara por el momento y que el día 7 se convocase una asamblea de representantes de los distritos, de las fábricas y de los regimientos y se resolviera en ella el problema de la manifestación. La asamblea fue convocada y asistieron unas 200 personas. Se evidenció que quienes estaban más inquietos eran los soldados. Por inmensa mayoría de votos se decidió organizar la manifestación. Se puso a discusión el problema de la conducta a seguir en el caso de que el Congreso de los Soviets, inaugurado por aquellos días, se pronunciase contra la manifestación. La inmensa mayoría de los camaradas que hicieron uso de la palabra, estimaba que no había fuerza capaz de detener la manifestación. Después de esto, el Comité Central acordó encargarse de organizar una manifestación pacífica. A la pregunta de los soldados de si podrían ir armados, el Comité Central respondió disponiendo que no se fuera con armas. Sin embargo, los soldados opinaban que era imposible ir a la manifestación desarmados, que las armas eran la única garantía efectiva contra los excesos de los burgueses y que llevarían las armas sólo para defensa propia.

El 9 de junio, el Comité Central, el Comité de Petersburgo y la Organización Militar celebran una reunión conjunta. El Comité Central plantea si no convendría diferir nuestra manifestación, en vista de que el Congreso de los Soviets y todos los partidos “socialistas” se pronuncian en contra de ella. Todos responden que no.

A las 12 de la noche del 9 de junio, el Congreso de los Soviets hace público un llamamiento, en el que lanza todo el peso de su autoridad contra nosotros. El Comité Central dispone que no se organice el 10 de junio la manifestación y se aplace hasta el 18 de junio, teniendo en cuenta que el mismo Congreso de los Soviets convoca para dicha fecha una manifestación, en la cual las masas podrán expresar su voluntad. Los obreros y los soldados acogen con reprimido descontento esta disposición del Comité Central, pero la cumplen. Es característico, camaradas, que aquel día, el 10 de junio, por la mañana, cuando diversos oradores del Congreso de los Soviets hacían uso de la palabra en las fábricas para “acabar con los intentos de organizar la manifestación”, la inmensa mayoría de los obreros sólo accediera a escuchar a oradores de nuestro Partido. El Comité Central consiguió tranquilizar a los soldados y a los obreros. De este modo se puso de relieve nuestra organización.

El Congreso de los Soviets, al convocar la manifestación para el 18 de junio, anunció al mismo tiempo que se celebraría bajo la bandera de la libertad de consignas. Estaba claro que el Congreso había decidido dar la batalla a nuestro Partido. Nosotros aceptamos el reto y nos pusimos a preparar las fuerzas para la proyectada manifestación.

Los camaradas saben cómo transcurrió la manifestación del 18 de junio. Hasta los periódicos burgueses dijeron que la inmensa mayoría de los manifestantes había seguido las consignas de los bolcheviques. La consigna fundamental fue: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Acudieron, por lo menos, 400.000 manifestantes. Sólo tres grupitos -el Bund, los cosacos y los partidarios de Plejánov- se atrevieron a presentar la consigna de “¡Confianza en el Gobierno Provisional!”, y se arrepintieron de ello, porque les obligaron a enrollar sus banderas. El Congreso de los Soviets hubo de convencerse por sus propios ojos de que la fuerza y la influencia de nuestro Partido son muy grandes. Todos quedaron persuadidos de que la manifestación del 18 de junio, más imponente que la del 21 de abril, no pasaría en vano. Y, en efecto, no debía pasar en vano. “Riech” decía que, según todas las probabilidades, se producirían grandes cambios en el gobierno, ya que las masas no aprobaban la política de los Soviets. Mas, precisamente aquel día comenzó la ofensiva de nuestras tropas en el frente, una ofensiva afortunada, y con este motivo empezaron las manifestaciones de los reaccionarios en la Perspectiva Nevski. Esta circunstancia redujo a la nada la victoria moral de los bolcheviques en la manifestación. También quedaron reducidos a cero los posibles resultados prácticos de que hablaban tanto “Riech” como los portavoces oficiales de los partidos gobernantes eserista y menchevique.

El Gobierno Provisional quedó en el Poder. La ofensiva afortunada, los éxitos parciales del Gobierno Provisional y los diversos proyectos de retirada de las tropas de Petrogrado surtieron el consiguiente efecto en los soldados. Estos hechos les permitieron cerciorarse de que el imperialismo pasivo se transformaba en imperialismo activo. Comprendieron que había llegado un período de nuevos sacrificios.

El frente reaccionó a su modo a la política de imperialismo activo. A pesar de la prohibición, diversos regimientos pusieron a votación si debían emprender la ofensiva o no. El Alto Mando no comprendió que, en las nuevas condiciones de Rusia y no estando claros los fines de la guerra, no es posible lanzar ciegamente a las masas a una ofensiva. Ocurrió lo que habíamos pronosticado: la ofensiva se vio condenada al fracaso.

Las postrimerías de junio y los primeros días de julio transcurren bajo la divisa de la política de ofensiva. Corren rumores de restauración de la pena de muerte, de disolución de diversos regimientos, de apaleamientos en el frente. De allí llegan delegados que informan de detenciones y apaleamientos en sus unidades. Análogas noticias comunican los regimientos de granaderos y de ametralladoras. Todo esto abonó el terreno para una nueva acción de los obreros y los soldados en Petrogrado.

Paso a los acontecimientos del 3 al 5 de julio. Los sucesos comienzan el 3 de julio, a las 3 de la tarde, en el local del Comité de Petersburgo.

3 de julio. Las 3 de la tarde. Reunión de la Conferencia de Petrogrado de nuestro Partido. Se examina el inocuo problema de las elecciones municipales. Llegan dos representantes de un regimiento de la guarnición y declaran de pronto que “tienen decidido actuar esta tarde”, “no pueden tolerar más en silencio que se esté disolviendo regimiento tras regimiento en el frente” y “han enviado ya delegados a las fábricas y a los regimientos”, invitándoles a sumarse a la acción. El camarada Volodarski, representante de la presidencia de la Conferencia, declara en contestación que “en el Partido existe el acuerdo de no ir a la acción, que los miembros del Partido en el regimiento no deben infringir la decisión del Partido”.

Las 4 de la tarde. El Comité de Petersburgo, la Organización Militar y el Comité Central del Partido examinan la cuestión y deciden no ir a la acción. La decisión es aprobada por la Conferencia, cuyos miembros van a las fábricas y los regimientos para disuadir a los camaradas.

Las 5 de la tarde. Palacio de Táuride. Sesión del Buró del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Por encargo del Comité Central del Partido, el camarada Stalin, somete al Buró del Comité Ejecutivo Central una declaración acerca de todo lo sucedido y da cuenta de la decisión de los bolcheviques de no ir a la acción.

Las 7 de la tarde. Ante el local del Comité de Petersburgo. Desfilan varios regimientos con banderas. Consigna: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Se detienen ante el local del Comité de Petersburgo y piden a los miembros de nuestra organización que “digan algo”. Los oradores bolcheviques Lashévich y Kuráev explican en sus discursos la situación política del momento e invitan a desistir de la acción. Les contestan con gritos de “¡Fuera!”. Entonces los miembros de nuestra organización proponen que se elija una delegación para exponer los deseos de los manifestantes al Comité Ejecutivo Central de los Soviets y que después se regrese a los regimientos. En respuesta suena un ensordecedor “¡Hurra!”. La banda toca “Le Marsellesa”... A esta hora la noticia de que los demócratas constitucionalistas han abandonado el gobierno recorre todo Petrogrado, sembrando el nerviosismo entre los obreros. Después de los soldados aparecen columnas de obreros. Llevan las mismas consignas que los soldados. Los soldados y los obreros se dirigen hacia el Palacio de Táuride.

Las 9 de la noche. Local del Comité de Petersburgo. Desfile incesante de delegados de las fábricas. Todos proponen a las organizaciones de nuestro Partido que intervengan y se encarguen de dirigir la manifestación. En caso contrario, “habrá derramamiento de sangre”. Se oyen voces proponiendo que se elijan delegaciones de las fábricas, con el fin de comunicar al Comité Ejecutivo Central de los Soviets la voluntad de los manifestantes, y que las masas, después de escuchar más tarde los informes de las delegaciones, se disuelvan pacíficamente.

Las 10 de la noche. Palacio de Táuride. Reunión de la sección obrera del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado. En vista de los informes de los obreros de que la manifestación se ha iniciado, la mayoría de la sección decide, a fin de evitar excesos, intervenir en la manifestación para darle un carácter pacífico y organizado. La minoría, disconforme con esta decisión, abandona la sala. La mayoría elige un Buró para poner en práctica el acuerdo recién aprobado.

Las 11 de la noche. El lugar de reunión del Comité Central y del Comité de Petersburgo de nuestro Partido se traslada al Palacio de Táuride, adonde desde la tarde no dejan de afluir los manifestantes. Llegan agitadores de los distritos y representantes de las fábricas. Reunión de representantes del Comité Central de nuestro Partido, del Comité de Petersburgo, de la Organización Militar, del Comité Interdistrital, del Buró de la sección obrera del Soviet de Petrogrado. Los informes de los distritos ponen en claro que:

1) será imposible impedir que los obreros y soldados vayan mañana a la manifestación;
2) los manifestantes llevarán armas exclusivamente para defenderse, como garantía efectiva contra los disparos provocadores que puedan hacerse desde la Perspectiva Nevski: “contra gentes armadas no es tan fácil disparan”.

La reunión decide: en el momento en que las masas revolucionarias de obreros y soldados se manifiestan bajo la consigna de “¡Todo el Poder a los Soviets!”, el Partido del proletariado no tiene derecho a lavarse las manos ni a inhibirse, no puede abandonar a las masas a su suerte, debe estar con las masas, para dar un carácter consciente y organizado al movimiento espontáneo. La reunión decide proponer a los obreros y soldados que elijan delegados de los regimientos y de las fábricas y declaren, a través de ellos, sus deseos al Comité Ejecutivo Central de los Soviets. En el espíritu de esta decisión se redacta un llamamiento, invitando a una “manifestación pacífica y organizada”.

Las 12 de la noche. Más de 30.000 obreros de la fábrica Putílov aparecen frente al Palacio de Táuride. Banderas. Consigna: “¡Todo el Poder a los Soviets!”. Elección de delegados. Los delegados informan al Comité Ejecutivo sobre las reivindicaciones de los obreros de la fábrica Putílov. Los soldados y los obreros, congregados frente al Palacio de Táuride, comienzan a dispersarse.

4 de julio. Durante el día. Desfile de obreros y de soldados. Banderas. Consignas bolcheviques. Los manifestantes se encaminan hacia el Palacio de Táuride. Cierran el desfile millares de marinos de Cronstadt. Los manifestantes, según testimonio de los periódicos burgueses (“Birzhovka”), no son menos de 400.000. Júbilo en las calles. El público acoge a los manifestantes con alegres “¡hurras!”. Después del mediodía comienzan los excesos. Las fuerzas oscuras de los barrios burgueses ensombrecen la manifestación de los obreros con criminales disparos provocativos. Ni siquiera “Birzhevíe Viédomosti” se atreve a negar que quien comenzó a disparar fueron los enemigos de la manifestación. “A las 2 en punto de la tarde -escribe “Birzhovka” (edición vespertina del 4 de julio)-, en la esquina de Sadóvaia y Nevski, cuando pasaban los manifestantes armados y el numeroso público reunido les contemplaba tranquilamente, sonó un ensordecedor disparo por la parte derecha de Sadóvaia, tras el cual comenzó una sucesión de descargas”.

Está claro que no comenzaron a disparar los manifestantes, sino unos “desconocidos”, que abrieron fuego contra los manifestantes, y no al revés.

Los disparos continuaron simultáneamente en diversos lugares de la parte burguesa de la ciudad. Los provocadores no se habían dormido. A pesar de ello, los manifestantes se limitan a actuar estrictamente en defensa propia. No cabe ni hablar de un complot ni de una insurrección. No se produjo ni un solo taso de ocupación de edificios públicos y oficiales, ni un solo intento de tal ocupación, aunque los manifestantes, con las inmensas fuerzas armadas de que disponían, hubieran podido perfectamente apoderarse, no ya de alguna que otra institución, sino de toda la ciudad...

Las 8 de la noche. Palacio de Táuride. Reuniones del Comité Central, de la Mezhraionka y de otras organizaciones de nuestro Partido. Se decide que, una vez patentizada la voluntad de los obreros y de los soldados revolucionarios, debe ponerse fin a la manifestación. Se redacta un llamamiento a tenor con este acuerdo: “La manifestación ha terminado... Nuestra consigna es: firmeza, entereza, serenidad” (v. El llamamiento, en “Listok Pravdi”). Este llamamiento, entregado a “Pravda”, no pudo aparecer el 5 de julio, ya que por la noche (del 4 al 5) los cadetes y los del contraespionaje asaltaron y destruyeron el periódico.

De 10 a 11 de la noche. Palacio de Táuride. Reunión del Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Se examina el problema del Poder. La salida de los demócratas constitucionalistas del gobierno hace particularmente crítica la situación de los eseristas y mencheviques: “necesitan” el bloque con la burguesía, pero no tienen posibilidad de formarlo, porque la burguesía no quiere ya ningún acuerdo con ellos. La idea del bloque con los demócratas constitucionalistas fracasa. En vista de ello, se plantea en forma terminante el problema de la toma del Poder por los Soviets.

Rumores de ruptura de nuestro frente por las tropas alemanas; cierto, aun no comprobados, pero origen ya de alarma.

Rumores de que al día siguiente aparecerá en la prensa una noticia propalando una infame calumnia contra el camarada Lenin.

El Comité Ejecutivo Central de los Soviets llama al regimiento de Volinia al Palacio de Táuride para protegerlo. ¿Contra quién? Resulta que contra los bolcheviques, quienes se pretende que han llegado al Palacio para “detener” al Comité Ejecutivo y “adueñarse del Poder”, ¡Eso se decía de los bolcheviques, que preconizaban el fortalecimiento de los Soviets, el paso de todo el Poder en el país a los Soviets!...

De 2 a 3 de la madrugada. El Comité Ejecutivo Central de los Soviets no toma el Poder. Encarga a los ministros “socialistas” que formen un nuevo gobierno, incluyendo a elementos burgueses, aunque sea a título personal. Se inviste a los ministros de facultades especiales para la “lucha contra la anarquía”. La situación está clara: el Comité Ejecutivo Central, puesto ante la necesidad de romper de una manera resuelta con la burguesía, cosa que teme particularmente -ya que hasta ahora ha extraído sus fuerzas de unas u otras “combinaciones” con la burguesía-, da por respuesta la ruptura resuelta con los obreros y los bolcheviques para, unido a la burguesía, volver las armas contra los obreros y los soldados revolucionarios. De este modo se inaugura la campaña contra la revolución. Los eseristas y los mencheviques abren, fuego contra la revolución, para alegría de los contrarrevolucionarios...

5 de Julio. En los periódicos (concretamente, en “Zhivoe Slovo”) aparece la noticia propalando una infame calumnia contra el camarada Lenin. “Pravda” no sale a consecuencia del asalto sufrido la noche del 4 al 5. Se implanta la dictadura de los ministros “socialistas”, que buscan un bloque con los demócratas constitucionalistas. Los mencheviques y los eseristas, que no querían tomar el Poder, lo toman esta vez (por corto tiempo) para aplastar a los bolcheviques... Aparecen en las calles unidades militares del frente. Los cadetes y las bandas de contrarrevolucionarios efectúan asaltos y registros, cometen tropelías. La contrarrevolución saca todo el partido que puede de la campaña de azuzamiento contra Lenin y los bolcheviques empezada por Aléxinski, Pankrátov y Pereviérzev. La contrarrevolución crece por horas. El centro de la dictadura es el Estado Mayor. Desenfreno de los agentes del contraespionaje, de los cadetes, de los cosacos. Detenciones y apaleamientos. La campaña franca del Comité Ejecutivo Central de los Soviets contra los obreros y los soldados bolcheviques desencadena las fuerzas de la contrarrevolución...

En respuesta a la calumnia de Aléxinskiy Cía., aparece una hoja del Comité Central de nuestro Partido titulada “¡A los tribunales los calumniadores!”. Sale en edición aparte el llamamiento del Comité Central (que no apareció en “Pravda” a consecuencia del asalto) invitando a la terminación de la huelga y de la manifestación. Sorprende la ausencia de todo llamamiento de otros partidos “socialistas”. Los bolcheviques están solos. Contra ellos se unen tácitamente todos los elementos que forman a su derecha, desde Suvorin y Miliukov hasta Dan y Chernov.

6 de julio. .Los puentes son abiertos: El destacamento mixto del apaciguador Mazurenko. En las calles, las tropas proceden a reprimir a los insumisos. De hecho, el estado de sitio. Se detiene y conduce al Estado Mayor a los “sospechosos”. Se desarma a los obreros, a los soldados y a los marinos. Petrogrado está en manos de los militares. A pesar del deseo de los “investidos de Poder” de provocar lo que se llama “un combate”, los obreros y los soldados no caen en la provocación, no “aceptan el combate”. La fortaleza de Pedro y Pablo abre las puertas a los que practican el desarme. El destacamento mixto ocupa el local del Comité de Petersburgo. Registros e incautación de armas en los barrios obreros. La idea de Tsereteli de proceder al desarme de los obreros y soldados, tímidamente enunciada por vez primera el 11 de junio, es puesta ahora en ejecución. Los obreros le llaman con rabia “el ministro del desarme”...

La imprenta “Trud” es destrozada. Sale “Listok Pravdi”. El obrero Vóinov, que repartía “Listok”, es asesinado... La prensa burguesa está en pleno paroxismo, presentando la infame calumnia contra el camarada Lenin como un hecho. Y en su ataque a la revolución, no se limita ya a los bolcheviques: engloba también a los Soviets, a los mencheviques, a los eseristas.

Está bien claro que los eseristas y los mencheviques, al traicionar a los bolcheviques, se han traicionado ellos mismos, han traicionado la revolución, desencadenando y dando rienda suelta a las fuerzas de la contrarrevolución. Va a toda marcha la campaña de la dictadura contrarrevolucionaria contra las libertades en la retaguardia y en el frente. Si se tiene en cuenta que la prensa demócrata constitucionalista y aliada, que todavía ayer refunfuñaba contra la Rusia revolucionaria, se siente de pronto satisfecha, puede deducirse que la “obra” de la represión no se ha realizado sin el concurso de los dueños de la bolsa de oro rusos y aliados.

sábado, agosto 8

El nuevo Gobierno (Stalin)

Rabochi i Soldat Nº 3 del 26 de julio (8 de agosto) de 1917

El carrusel ministerial ha dejado de girar. Se ha formado un nuevo gobierno. Demócratas constitucionalistas, pro-demócratas constitucionalistas, eseristas y mencheviques componen el gabinete.

El partido demócrata constitucionalista está satisfecho. Han sido aceptadas sus principales exigencias, sobre las que se basará en su gestión el nuevo gobierno.

Los demócratas constitucionalistas querían fortalecer el gobierno a expensas de los Soviets, querían la independencia del gobierno respecto a los Soviets. Los Soviets dirigidos por “malos pastores” eseristas y mencheviques, han hecho esa concesión, firmando su propia sentencia de muerte.

El Gobierno Provisional como Poder único: eso es lo que han conseguido los demócratas constitucionalistas.

Los demócratas constitucionalistas exigían el “saneamiento del ejército”, es decir, una “disciplina de hierro” en el ejército; que el ejército sólo se subordinase a sus jefes inmediatos, subordinados, a su vez, sólo al gobierno. Los Soviets, dirigidos por los eseristas y los mencheviques, han hecho también esa concesión, desarmándose ellos mismos.

Unos Soviets privados de ejército, un ejército subordinado sólo a un gobierno de elementos pro-demócratas constitucionalistas: eso es lo que han conseguido los demócratas constitucionalistas.

Los demócratas constitucionalistas exigían una unidad incondicional con los aliados. Los Soviets han emprendido “resueltamente” ese camino en interés… de la “defensa del país”, olvidándose de sus declaraciones “internacionalistas”. El llamado programa del 8 de julio ha quedado colgando en el aire.

Guerra “sin cuartel”, “guerra hasta el fin”: eso es lo que han conseguido los demócratas constitucionalistas.

Escuchen lo que ellos mismos dicen:

Las exigencias de los demócratas constitucionalistas son, sin duda, la base de la gestión de todo el gobierno... Precisamente por haber sido aceptadas las exigencias principales de los demócratas constitucionalistas, el partido no estimó posible continuar discutiendo por divergencias específicas de partido”.

Pues los demócratas constitucionalistas saben que, en las condiciones actuales, para la realización de las medidas democráticas del decantado programa del 8 de julio quedan muy poco tiempo y muy pocas posibilidades” (v. “Riech”).

Parece que está claro.

Hubo un tiempo en que los Soviets creaban una nueva vida, realizando transformaciones revolucionarias y obligando al Gobierno Provisional a refrendarlas en decretos y ukases.

Eso fue en marzo y en abril.

Entonces el Gobierno Provisional era llevado de la brida por los Soviets, cubriendo con su bandera no revolucionaria las medidas revolucionarias de los Soviets.

Ahora ha llegado un período en que el Gobierno Provisional vuelve hacia atrás, realizando “transformaciones” contrarrevolucionarias, con la particularidad de que los Soviets se ven “obligados” a confirmarlas tácitamente en sus resoluciones de aguachirle.

Ahora el Comité Ejecutivo Central, ese representante de todos los Soviets, es llevado de la brida por el Gobierno Provisional, encubriendo con una fraseología revolucionaria la faz contrarrevolucionaria de éste.

Evidentemente, han cambiado de papeles, y no en favor de los Soviets. Sí, los demócratas constitucionalistas tienen motivo para sentirse “satisfechos”.

El futuro próximo nos dirá si es por mucho tiempo.

jueves, agosto 6

A todos los trabajadores, a todos los obreros y soldados de Petrogrado

Rabochi i Soldat Nº 2 del 24 de julio (6 de agosto) de 1917

Camaradas:

Rusia está viviendo días penosos.

Tres años de una guerra que ha devorado incontables víctimas han conducido al país al agotamiento. La desorganización del transporte y el desbarajuste en el problema de las subsistencias amenazan a las masas con el hambre. El desbarajuste en la industria y el cierre de las fábricas cuartean los cimientos mismos de la economía nacional.

Entretanto, la guerra continúa, agravando la crisis general y llevando al país a la ruina completa.

El Gobierno Provisional, llamado a “salvar” al país, ha resultado incapaz de cumplir su misión. Y por si ello fuera poco, ha embrollado todavía más las cosas, iniciando la ofensiva en el frente y prolongando de este modo la guerra, causa básica de la crisis general por que atraviesa el país.

El resultado es una situación de absoluta inestabilidad del Poder, la crisis y el desmoronamiento del Poder, cosa que todos gritan, sin que se tome ninguna medida seria para remediarla.

El hecho de que los demócratas constitucionalistas hayan salido del gobierno ha puesto al desnudo una vez más que el ministerio de coalición es artificial y nada viable.

Y la retirada de nuestras tropas en el frente, después de su famosa ofensiva, ha demostrado lo fatídico de la política de ofensiva y ha llevado así la crisis al extremo, echando por los suelos el prestigio del Poder y privándole de créditos, tanto de la burguesía “nacional” como de la “aliada”.

Se ha creado una situación crítica. Ante los “salvadores” de la revolución se abrían dos caminos:

O continuar la guerra y proseguir la “ofensiva”, y entonces el Poder debería ser transferido inevitablemente a la burguesía contrarrevolucionaria, para obtener dinero mediante empréstitos interiores y exteriores; pues, en el caso contrario, la burguesía no entraría en el gobierno, el empréstito interior no cuajaría, Inglaterra y Norteamérica negarían créditos, y “salvar” al país en tales circunstancias significaría cubrir los gastos de guerra a expensas de los obreros y de los campesinos, en beneficio de los tiburones imperialistas rusos y “aliados”.

O el paso del Poder a manos de los obreros y de los campesinos pobres, la proclamación de unas condiciones democráticas de paz y el cese de la guerra, para impulsar adelante la revolución y entregar la tierra a los campesinos, establecer el control obrero en la industria y poner orden en la economía nacional, que se está desmoronando, a expensas de los beneficios de los capitalistas y los terratenientes.

El primer caminó conduce al fortalecimiento del Poder de las clases poseedoras sobre los trabajadores y a la conversión de Rusia en una colonia de Inglaterra, Norteamérica y Francia.

El segundo camino abre la era de la revolución obrera en Europa, rompe las ligaduras financieras que tienen maniatada a Rusia, sacude los cimientos mismos de la dominación burguesa y desbroza el camino para la auténtica liberación de Rusia.

La manifestación del 3 y el 4 de julio fue un llamamiento de las masas de obreros y soldados invitando a los partidos socialistas a emprender el segundo camino, el camino del desarrollo sucesivo de la revolución. Este es el sentido político de la manifestación y en esto reside su gran importancia histórica.

Pero el Gobierno Provisional y los partidos gubernamentales eserista y menchevique, que no extraen sus fuerzas de las acciones revolucionarias de los obreros y de los campesinos, sino de las componendas con la burguesía demócrata constitucionalista, han preferido el primer camino, el camino de adaptarse a la contrarrevolución.

En vez de tender la mano a los manifestantes y luchar a su lado, una vez tomado el Poder, contra la burguesía imperialista “aliada” y “nacional” para salvar efectivamente a la revolución, concertaron una alianza con la burguesía contrarrevolucionaria y volvieron sus armas contra los manifestantes, contra los obreros y los soldados, lanzando contra ellos a los cadetes y a los cosacos.

De este modo han traicionado a la revolución y abierto de par en par las puertas a la contrarrevolución. Y desde el fondo mismo de la vida se ha levantado una oleada de agua cenagosa, que ha cubierto de inmundo fango cuanto hay de honrado y de noble.

Registros y asaltos, detenciones y palizas, torturas y asesinatos, clausura de periódicos y de organizaciones, desarme de los obreros y disolución de regimientos, disolución de la Dieta de Finlandia, restricción de las libertades y restablecimiento de la pena de muerte, desenfreno de los pistoleros y de los agentes del contraespionaje, mentiras y calumnias infames, y todo ello con el acuerdo tácito de los eseristas y de los mencheviques: tales son, los primeros pasos de la contrarrevolución.

Los imperialistas aliados y rusos y el partido de los demócratas constitucionalistas, la alta oficialidad y los cadetes, los cosacos y los agentes del contraespionaje: ésas son las fuerzas de la contrarrevolución.

Al dictado de estos grupos se confeccionan las listas de los ministros del Gobierno Provisional, y los ministros surgen y desaparecen como marionetas.

Siguiendo instrucciones de estos grupos, se entrega a los bolcheviques y a Chernov, se depuran los regimientos y las tripulaciones de los buques, se fusila a los soldados y se disuelven regimientos en el frente, se convierte el Gobierno Provisional en un juguete en manos de Kerensky, se hace del Comité Ejecutivo Central de los Soviets un simple apéndice de ese juguete, la “democracia revolucionaria” renuncia vergonzosamente a sus derechos y obligaciones y se restablece en sus derechos a la Duma zarista, abolida recientemente.

La cosa llega al extremo de que en la “histórica Conferencia” celebrada en el Palacio de Invierno (el 21 de julio) se ponen bien claramente de acuerdo (¡traman un complot!) para seguir frenando a la revolución; y, temerosos de ser desenmascarados por los bolcheviques, no los invitan a la Conferencia.

Y en perspectiva está la “Conferencia de Moscú”, en la que se disponen a enterrar definitivamente la libertad, lograda con sangre...

Todo eso se hace con el concurso de los mencheviques y de los eseristas, que entregan cobardemente una posición tras otra, se autoflagelan y flagelan de un modo humillante a sus organizaciones y pisotean de modo criminal las conquistas de la revolución...

¡Jamás los “representantes” de la democracia se habían comportado tan indignamente como ahora, en estos días históricos! ¡Jamás habían caído tan bajo como ahora!

¿Puede asombrarnos, después de todo eso, que la contrarrevolución se haya insolentado y cubra de fango todo lo honrado, todo lo revolucionario?

¿Puede asombrarnos, después de ello, que venales mercenarios y calumniadores cobardes se atrevan a “acusar” públicamente de “traición” a los jefes de nuestro Partido, que los bandidos de la pluma de los periódicos burgueses se dediquen a orear con desfachatez esa “acusación” y que el llamado Poder fiscal publique, sin el menor recato, los llamados materiales “sobre el asunto de Lenin”, etc.?

Evidentemente, esos señores quieren desorganizar nuestras filas, sembrar dudas y confusión entre nosotros fomentar la desconfianza hacia nuestros jefes.

¡Miserables! ¡No saben que los nombres de nuestros jefes nunca han sido tan queridos y entrañables para la clase obrera como ahora, cuando la insolentada canalla burguesa los cubre de lodo!

¡Vendidos! No advierten que cuanto más brutales son las calumnias de los mercenarios burgueses, mayor es el cariño que los obreros tienen a sus jefes, más ilimitada su confianza en ellos, pues los obreros saben por experiencia que las calumnias de los enemigos contra los jefes del proletariado son un síntoma infalible de que los jefes sirven con honradez a la clase proletaria.

El infamante estigma de calumniadores sin honor es el regalo que les hacemos, señores Aléxinski y Búrtsev, Pereviérzev y Dobronrávov. Acepten este estigma, ofrecido en nombre de los 32.000 obreros organizados de Petrogrado que nos han elegido, y llévenlo hasta la tumba. Lo tienen merecido.

Y ustedes, señores capitalistas y terratenientes, banqueros y especuladores, popes y agentes del contraespionaje, todos ustedes, forjadores de cadenas para los pueblos, se apresuran demasiado a cantar victoria, se apresuran demasiado a sepultar la Gran Revolución Rusa.

La revolución vive, y aun ha de hacer patente su existencia, señores sepultureros.

La guerra y el desbarajuste económico siguen, y no es con represiones salvajes como se conseguirá curar las heridas que esa situación causa.

Las fuerzas subterráneas de la revolución viven, realizando su infatigable labor de revolucionarización del país.

Los campesinos aun no han recibido la tierra. Y lucharán, porque no pueden vivir sin tierra.

Los obreros aun no han conseguido que se establezca su control en las fábricas. Y lucharán por conseguirlo, porque el desbarajuste reinante en la industria les amenaza con el paro.

A los soldados y a los marinos se los quiere empujar atrás, a la vieja disciplina. Ellos lucharán por la libertad, porque se la tienen bien merecida.

No, señores contrarrevolucionarios, la revolución no ha muerto; no ha hecho más que replegarse sobre sí misma, para agrupar nuevos partidarios y lanzarse con fuerza redoblada sobre los enemigos.

“¡Estamos vivos, hierve nuestra roja sangre con el fuego de fuerzas inagotables!”.

Y allá en Occidente, en Inglaterra y en Alemania, en Francia y en Austria, ¿acaso allí no ondea ya la bandera de la revolución obrera?, ¿Acaso allí no se organizan ya Soviets de Diputados Obreros y Soldados?

¡Aun habrá batallas! ¡Aun habrá victorias!

Lo que hace falta es llegar a esas batallas futuras debidamente preparados y organizados.

Obreros: A ustedes les ha correspondido el honroso papel de jefes de la revolución rusa. Agrupen a las masas en torno vuestro, agrúpenlos bajo la bandera de nuestro Partido. Recuerden que en los duros momentos de las jornadas de julio, cuando los enemigos del pueblo ametrallaban a la revolución, los bolcheviques fueron el único partido que no desertó de las barriadas obreras. Recuerden que en aquellos días difíciles los mencheviques y los eseristas se encontraban en el campo de los que se ensañaban contra los obreros y los desarmaban. ¡Pónganse bajo nuestra bandera, camaradas!

Campesinos: Vuestros jefes no han justificado vuestras esperanzas. Se han arrastrado a la zaga de la contrarrevolución, y ustedes siguen sin tierra, porque mientras domine la contrarrevolución, no lograrán recibir la tierra de los terratenientes. Los obreros son vuestros únicos aliados fieles. Sólo en alianza con ellos obtendrán la tierra y la libertad. ¡Agrúpense, pues, en torno a los obreros!

Soldados: La fuerza de la revolución está en la unión del pueblo y los soldados. Los ministros vienen y se van, pero el pueblo queda. ¡Estén siempre con el pueblo y luchen en sus filas!

¡Abajo la contrarrevolución!
¡Viva la revolución!
¡Vivan el socialismo y la confraternidad de los pueblos!

La Conferencia local de Petrogrado del POSDR (bolchevique)
(Escrito por José Stalin)

La victoria de los demócrata-constitucionalistas (Stalin)

Rabochi i Soldat Nº 2 del 24 de julio (6 de agosto) de 1917

A lo que parece, el carrusel ministerial no ha dejado todavía de girar. El chalaneo entre los demócratas constitucionalistas y Kerensky no ha cesado. Las “combinaciones” se suceden, una tras otra.

Naturalmente, los demócratas constitucionalistas entrarán en el gobierno, pues todo se hace según sus instrucciones. Es posible que Chernov quede. A Tsereteli, por lo visto, ya “no lo quieren”. Tsereteli “era necesario” para desarmar a los obreros. Con el desarme de los obreros su papel ha terminado. “El moro ha cumplido su obra, el moro puede retirarse”. Le sustituirá Avxéntiev.

Pero no es cuestión, claro está, de personas. ¡Qué más da que sea Chernov, Tsereteli o cualquier otro por el estilo! ¿Quién ignora que esos zimmerwaldistas de pacotilla han servido a la causa del imperialismo tan bien como los Henderson y los Thomas?

Repito que no es cuestión de personas.

Se trata de que en todo ese ajetreo, en esa caza de carteras, etc., cuyo fondo es la lucha por el Poder, ha vencido la línea de los demócratas constitucionalistas, la línea de la contrarrevolución en la política interior y de “guerra hasta el fin” en la política exterior.

El problema, como se sabe, estaba planteado así:

O continuar la guerra, en cuyo caso dependeríamos completamente del mercado monetario de Inglaterra y de Norteamérica, dominarían los demócratas constitucionalistas y veríamos frenada la revolución, porque ni los demócratas constitucionalistas ni el capital “aliado” pueden simpatizar con la revolución rusa.

O entregar el Poder a la clase revolucionaria, romper los grilletes financieros del capital aliado, que tienen encadenada Rusia de pies y manos, proclamar unas condiciones de paz y normalizar la economía nacional desbaratada, a expensas de los beneficios de los terratenientes y de los capitalistas.

No había otra salida, y los mencheviques y los eseristas, que buscaban un tercer camino, debían fracasar indefectiblemente.

A ese respecto, los demócratas constitucionalistas han demostrado mayor lucidez.
“Riech” dice: “El gobierno debe romper resueltamente con las funestas tendencias del zimmerwaldismo y del socialismo “utópico””.

En otras palabras: guerra incondicional, guerra hasta el fin.

“Hay que llegar a una conclusión definitiva”, dijo Nekrásov en la famosa Conferencia, y añadió, dirigiéndose al Soviet: o toman el Poder, o dejan que otros lo tomen.

En otros términos: o revolución o contrarrevolución.

Los mencheviques y los eseristas renunciaron al camino revolucionario y, por tanto, debían verse dominados por los demócratas constitucionalistas, por las fuerzas contrarrevolucionarias.

Porque los demócratas constitucionalistas significan un empréstito interior asegurado.

Porque los demócratas constitucionalistas significan amistad con el capital aliado, es decir, un empréstito exterior asegurado.

Y debido al desbarajuste en la retaguardia y, sobre todo, en el frente, es tan necesario el dinero...

Ese es el fondo de la “crisis”. Eso es lo que significa la victoria de los demócratas constitucionalistas. El futuro próximo demostrará si esa victoria ha de ser duradera.

miércoles, agosto 5

Trotsky pide que lo arresten

...Un popular periódico de derecha publicó “documentos” alegando que Lenin había estado en la lista de pagos del Estado Mayor General alemán. Se emitieron órdenes de arresto para Lenin, Zinoviev y Kámenev. A primera vista, se podía ver que los documentos eran una burda falsificación. El testigo que los produjo, un tal Yermolenko, resultó ser un antiguo informante, ahora al servicio de la contrainteligencia militar. Pero la primera impresión causada por la acusación fue devastadora. Las apariencias hablaban contra Lenin y en ese momento las apariencias eran decisivas. El ciudadano no político, no iniciado en la historia y los hábitos de los partidos revolucionarios, se preguntaba: ¿De hecho, Lenin no regresó vía Alemania con el consentimiento del gobierno alemán? ¿No hizo agitación contra la guerra? ¿No fomentó el levantamiento? Era inútil replicar que Lenin había resuelto viajar a través de Alemania sólo después de que todas las otras rutas, vía Francia e Inglaterra, le habían sido negadas, y que muchos de sus adversarios mencheviques habían regresado, con él o poco después, por la misma ruta. Era inútil decir que Lenin esperaba que la revolución destruyera a los Hohenzollern y a los Augsburgos como había destruido a los Romanov. En la estampida que siguió a los Días de Julio tales sutilezas fueron ignoradas. Las clases ricas estaban furiosas, con temor y odio a la revolución. Las clases medias estaban ciegas de desesperación. El Estado Mayor General necesitaba una explicación que le lavara la cara por los últimos desastres militares. Y los socialistas moderados sentían que la tierra se les abría a sus pies. La necesidad de un chivo expiatorio y una espectacular ofrenda limpia-pecados era abrumadora.

En medio de esta conmoción, Trotsky visitó a Lenin. “Ellos han elegido este momento para matarnos a todos”, dijo Lenin. Contaba con la probabilidad de una exitosa contrarrevolución; creía que los Soviets, castrados por los mencheviques y eseristas, habían jugado su papel; y estaba preparando a su Partido para el regreso a la clandestinidad. Después de una breve duda, decidió que no permitiría ser apresado y que pasaría a la clandestinidad con Zinoviev. Trotsky tenía una visión menos dramática y le parecía que la decisión de Lenin era desafortunada. Tal conducta estaba contra los propios hábitos de Trotsky. Pensaba que Lenin no tenía nada que esconder, que, por el contrario, él tenía todo el interés en limpiar su imagen ante el público y de este modo serviría a su causa mejor que fugándose, lo que sólo aumentaría las apariencias negativas por las que la gente lo juzgaba. Kámenev compartía la apreciación de Trotsky y decidió someterse a prisión. Pero Lenin se mantuvo en su posición. No esperaba que un gobierno que había levantado falsas acusaciones contra él y había distribuido documentos fraguados a la prensa, le diera un juicio justo. La atmósfera era tensa. El Partido Bolchevique estaba virtualmente en el ostracismo. Pravda había sido prohibida y sus oficinas destruidas. Las sedes bolcheviques en varios distritos habían sido violentadas. Nada era más fácil para los rufianes de la vieja Ojrana que aún estaban atrincherados en la policía o para los fanáticos de la contrarrevolución que asesinar al odiado líder de la revolución, en camino a la prisión o dentro de ella. Lenin estaba consciente de su importancia para el Partido al tomar este riesgo, y, desechando consideraciones convencionales, se ocultó.

En ataques públicos, el nombre de Trotsky era frecuentemente asociado al de Lenin, pero ninguna orden de arresto fue emitida contra él. Había obvias razones: él no era nominalmente miembro del Partido Bolchevique; las circunstancias de su regreso a Rusia fueron tan diferentes de las de Lenin que no era fácil ponerle el rótulo de agente alemán; y el incidente con Chernov, el enemigo político a quien valientemente había rescatado, estaba aún fresco en la memoria de todos. Pero no estuvo tranquilo por mucho tiempo. Rech, el periódico de Miliukov, publicó la historia de que antes de su partida de Nueva York Trotsky había recibido 10,000 dólares de ciudadanos americanos-alemanes para ser usados en una campaña de agitación derrotista en Rusia. En periódicos menos respetables, la fuente del dinero era el Estado Mayor General alemán. Trotsky replicó de inmediato en una carta abierta que apareció en el periódico de Gorky y desinfló las revelaciones de Miliukov con mucho efecto cómico. Resaltó irónicamente que los americanos-alemanes o el Estado Mayor General alemán aparentemente consideraban que derrocar a un régimen en un país enemigo era un asunto barato que costaba sólo 10,000 dólares. Atacó las fuentes de la historia, diciendo que ésta provenía del embajador británico Sir George Buchanan. El embajador negó el cargo, pero esto no impidió que Miliukov dijera que él [el embajador] había sido la fuente de la historia. Entonces Trotsky relató lo que realmente había pasado antes de su partida de Nueva York: socialistas rusos, americanos, letones, judíos, finlandeses y americanos-alemanes organizaron un mitin de despedida para él y otros tres emigrados rusos que iban a partir con él. Se hizo una colecta en el lugar, dando como resultado 310 dólares, de los que 100 fueron aportes de los americanos-alemanes que formaban parte de la audiencia. La suma fue entregada a Trotsky, que la dividió en partes iguales entre los emigrados que regresaban. El mitin y la colecta fueron informados en periódicos americanos. Trotsky concluía su carta con una “confesión” humorística que sabía lo desacreditaría ante los ojos del público burgués más que estar en la lista de pagos del Estado Mayor General: nunca en su vida había tenido en sus manos 10,000 dólares juntos o incluso la décima parte de esa suma.
...
Habiendo fracasado este intento de involucrar a Trotsky, se inició la intriga desde el ángulo opuesto. La prensa estaba llena de historias alegando que Trotsky había roto con Lenin, el agente alemán. El 10 de julio, cuatro días después de la ocultación de Lenin, Trotsky escribió la siguiente carta al Gobierno Provisional:

Ciudadanos Ministros: Tengo conocimiento que ustedes han decretado el arresto... de los camaradas Lenin, Zinoviev, Kámenev, pero la orden de arresto no me incluye. Creo, entonces, necesario traer estos hechos para vuestra consideración: 1. Yo comparto en principio la actitud de Lenin, Zinoviev y Kámenev, y lo he expresado en la revista Vperiod y en todos mis discursos públicos; 2. Mi actitud hacia los sucesos del 3 y 4 de julio es la misma que la de los camaradas antes mencionados”.

Hizo un recuento de esos sucesos y explicó que el hecho de que no perteneciera a la organización bolchevique se debía a antiguas y ahora insignificantes diferencias.

Ustedes no tienen bases lógicas para exonerarme del efecto del decreto por el que Lenin, Zinoviev y Kámenev son sujetos a arresto... Ustedes no tienen razón para dudar que soy un opositor irreconciliable de la política general del Gobierno Provisional como los camaradas arriba mencionados. Mi exclusión sólo subraya gráficamente el carácter contrarrevolucionario y malicioso de la acción que ustedes han tomado contra ellos”.

Durante dos o tres días, mientras el terror contra los bolcheviques estaba en su pico, Trotsky no apareció en el Soviet. Pasó las noches en casa de Larin, antiguo menchevique que se había unido a los bolcheviques. Pero después de la publicación de la “Carta Abierta al Gobierno Provisional”, Trotsky, desafiante, reapareció en la palestra. Defendió a Lenin y al Partido Bolchevique en el Soviet, en el Ejecutivo de los Soviets y en el Ejecutivo de los Soviets campesinos... “Lenin”, exclamaba, “ha luchado por la revolución treinta años. Yo he luchado contra la opresión de las masas populares veinte años. No podemos sino odiar al militarismo alemán. Sólo el que no sabe qué es un revolucionario puede decir lo contrario... No permitan que nadie diga que somos mercenarios alemanes porque esa es la voz... de los villanos”. Advirtió a los mencheviques, que se lavaban las manos en este asunto, que esto podía ser su propia ruina. Chernov, el “social patriota”, ya había sido forzado a renunciar porque había participado en el movimiento de Zimmerwald. La contrarrevolución había elegido a los bolcheviques como sus primeros blancos; los socialistas moderados serían sus próximas víctimas.

Aun en esos días de histeria y pánico, fue escuchado con atención y respeto. Sus llamados, sin embargo, tuvieron poco o ningún efecto. Los socialistas moderados sabían que era absurdo acusar a Lenin y Zinoviev de ser agentes alemanes pero estaban convencidos de que la agitación bolchevique contra la guerra había ido demasiado lejos; sospechaban que en los Días de Julio Lenin... había intentado tomar el poder; y se rehusaban a levantar un dedo por la rehabilitación de Lenin. Sólo Mártov defendió el honor de su viejo adversario.

Trotsky permaneció en libertad por otros quince días. El gabinete estaba desconcertado por el desafío. No había bases para ordenar su arresto, a menos que declararan ilegal los principios que guiaban al Soviet en su conjunto, incluyendo su moderada mayoría, porque fue en los términos de esos principios en que Trotsky había enmarcado su propia actividad. Por otro lado, el gabinete no podía permitirle seguir en libertad para hacer burla de la acción contra los bolcheviques. En la noche del 23 de julio, Trotsky y Lunacharsky fueron arrestados y trasladados a la Prisión Kresty...

Extracto de "The Prophet Armed: Trotsky 1879-1921" de Isaac Deutscher, Verso, 2003, pp. 226-230. Traducción propia.

La victoria de la contrarrevolución (Stalin)

Rabochi i Soldat Nº 1 del 23 de julio (5 de agosto) de 1917

La contrarrevolución se ha organizado. Sus fuerzas crecen y atacan en toda la línea. Sus líderes, los señores demócratas constitucionalistas, que todavía ayer boicoteaban al gobierno, hoy están dispuestos a retornar al Poder para hacer y deshacer en el país.

Los partidos “gobernantes” -los eseristas y los mencheviques-, con su gobierno de “salvación de la revolución”, retroceden en completo desorden. Están dispuestos a cualquier concesión, están dispuestos a todo, no hay más que ordenárselo.

¿Entregar a los bolcheviques y a sus partidarios?
- Con mil amores, señores demócratas constitucionalistas; ahí tienen a los bolcheviques.

¿Entregar a la delegación del Báltico y a los bolcheviques de Kronstadt?
- Estamos dispuestos a servirles, señores del “servicio de contraespionaje”; ahí tienen a la delegación.

¿Suspender los periódicos bolcheviques, los periódicos de los obreros y de los soldados, esos periódicos tan desagradables para los demócratas constitucionalistas?
- Encantados de poder servirles, señores demócratas constitucionalistas; los suspenderemos.

¿Desarmar a la revolución, desarmar a los obreros y a los soldados?
- Con mucho gusto, señores terratenientes y capitalistas. No sólo desarmaremos a los obreros de Petrogrado, sino también a los de Sestrorietsk, aunque estos últimos no hayan participado en los acontecimientos del 3 y el 4 de julio.

¿Restringir la libertad de palabra y de reunión, la inviolabilidad personal y de domicilio, implantar la censura y organizar una Ojrana?
- Todo será hecho, todo sin excepción, señores reaccionarios.

¿Restablecer la pena de muerte en el frente?
- Con el mayor placer, señores insaciables...

¿Disolver la Dieta de Finlandia, que se atiene a la plataforma adoptada por los Soviets?
- Muy bien, señores terratenientes y capitalistas; se hará lo que ustedes manden.

¿Revisar el programa del gobierno?
- Con mil amores, señores demócratas constitucionalistas.

Y los mencheviques y los eseristas están dispuestos a seguir haciendo concesiones, con tal de ponerse de acuerdo con los demócratas constitucionalistas, con tal de llegar a cualquier ajuste con ellos.

Pero la contrarrevolución se insolenta más y más, exige nuevos sacrificios, lleva al Gobierno Provisional y al Comité Ejecutivo a abdicaciones vergonzosas. Para complacer a los demócratas constitucionalistas, se propone convocar en Moscú una “asamblea extraordinaria” de los miembros de la abolida Duma de Estado y otros representantes de los viejos elementos privilegiados, en cuyo coro el Comité Ejecutivo Central quedará en lastimosa minoría. Los ministros, perdida la cabeza, depositan sus carteras a los pies de Kerensky. Y al dictado de los demócratas constitucionalistas se elabora la lista de los ministros.

A enterrar, con la ayuda de la Duma zarista y de los traidores demócratas constitucionalistas, la libertad, lograda con sangre: a ese abismo de vergüenza nos conducen los actuales timoneles de nuestra vida política...

Pero la guerra continúa, agravando las calamidades en el frente. Y ellos piensan que, restableciendo allí la pena de muerte, podrán mejorar la situación. ¡Ciegos! No ven que la ofensiva únicamente puede ser apoyada por las masas cuando los fines de la guerra están claros y son compartidos por el ejército, cuando el ejército tiene conciencia de que vierte su sangre por una causa que es la suya propia. No ven que en la Rusia democrática, donde los soldados tienen libertad para, celebrar mítines' y asambleas, una ofensiva en masa es imposible sin esa conciencia.

Pero el desbarajuste económico continúa, amenazando con el hambre, con el desempleo, con la ruina general. Y ellos piensan que con medidas policíacas contra la revolución podrán solucionar la crisis económica. Tal es la voluntad de la contrarrevolución. ¡Ciegos! No ven que sin medidas revolucionarias contra la burguesía es imposible salvar al país de la ruina.

Se persigue a los obreros y se destruyen las organizaciones, se desatienden las necesidades de los campesinos, se detiene a soldados y a marinos, y se calumnia y difama a los jefes del Partido proletario, mientras los contrarrevolucionarios, insolentados, se regocijan y vomitan calumnias; y todo eso se hace bajo la etiqueta de “salvar” a la revolución. A eso nos han conducido los partidos eserista y menchevique.

¡Y todavía hay en el mundo gentes (v. “Nóvaia Zhizn”) capaces de proponer que, después de todo eso, nos unamos con los señores que “salvan” a la revolución estrangulándola!

¿Por quién nos han tomado? ¡No, señores, nuestro camino no es el de los traidores a la revolución!

Los obreros jamás olvidarán que en los duros momentos de las jornadas de julio, cuando los contrarrevolucionarios, enfurecidos, abrían fuego contra la revolución, el Partido Bolchevique fue el único que no desertó de las barriadas obreras.

Los obreros jamás olvidarán que en aquellos duros momentos los partidos “gobernantes”, los eseristas y los mencheviques, estaban en el campo de los que combatían y desarmaban a los obreros, a los soldados y a los marinos.

Los obreros recordarán todo eso y harán las conclusiones correspondientes.
K. St.

domingo, agosto 2

La situación política (Lenin)

Proletarskoye Dyelo Nº 6 del 20 de julio (2 de agosto) de 1917. Firmado: W. Publicado de acuerdo al manuscrito. Escrito el 10 (23) de julio de 1917

1. La contrarrevolución se ha organizado y consolidado, y ha tomado realmente el poder en sus manos.

La completa organización y consolidación de la contrarrevolución consiste en una combinación de sus tres fuerzas principales, una combinación excelentemente concebida y ya puesta en práctica: 1. El Partido Demócrata Constitucionalista, el verdadero líder de la burguesía organizada, al retirarse del Gabinete, la ha confrontado con un ultimátum, despejando así el camino para el derrocamiento del Gabinete por la contrarrevolución. 2. El Estado Mayor General y los líderes militares, con la deliberada o semi-deliberada asistencia de Kerensky, a quien hasta los más prominentes socialista-revolucionarios llaman Cavaignac, han tomado el verdadero poder del Estado y han procedido fusilar a las unidades revolucionarias en el frente, a desarmar a las tropas y obreros revolucionarios de Petrogrado y Moscú, a suprimir el descontento en Nizhni-Novgorod, a arrestar a los bolcheviques y a prohibir sus periódicos no sólo sin un juicio sino incluso sin una orden del gobierno. En el presente, el poder básico del estado es virtualmente una dictadura militar. Este hecho está todavía oscurecido por instituciones revolucionarias de palabra pero sin poder de hecho. Pero es un hecho fundamental tan obvio que sin entenderlo no se puede entender nada acerca de la situación política. 3. La prensa monarquista-centurianegrista y burguesa, que ha pasado de acosar bolcheviques a acosar a los Soviets (el “incendario” Chernov, etc.) ha señalado con la máxima claridad que el verdadero significado de la política de la dictadura militar que ahora reina y es apoyada por los kadetes y monarquistas, es la preparación para la disolución de los Soviets. Muchos de los líderes de los eseristas y mencheviques, es decir, de la actual mayoría en los Soviets, ha admitido y expresado esto durante los pasados días, pero, fieles a su naturaleza pequeñoburguesa, han minimizado esta formidable realidad con frases altisonantes y sin sentido.

2. Los líderes de los Soviets y de los partidos eserista y menchevique, encabezados por Tsereteli y Chernov, han traicionado completamente la causa de la revolución al poner los Soviets y sus partidos en manos de los contrarrevolucionarios y convertirlos en meros apéndices de la contrarrevolución.

Prueba de esto es que los eseristas y mencheviques han traicionado a los bolcheviques y han estado tácitamente de acuerdo con el cierre de sus periódicos sin atreverse a decirle al pueblo, simple y abiertamente, lo que están haciendo y por qué. Al aprobar el desarme de los obreros y los regimientos revolucionarios, se han privado a sí mismos de todo verdadero poder. Se han convertido en los más ruidosos charlatanes que ayudan a la reacción a “distraer” la atención del pueblo mientras éstos alistan la disolución de los Soviets. Es imposible comprender nada acerca de la actual situación política sin reconocer la total bancarrota de los eseristas y mencheviques y de la presente mayoría en los Soviets y sin reconocer que su “Directorio” y otras mascaradas son una absoluta farsa.

3. Todas las esperanzas de un desarrollo pacífico de la revolución rusa se han desvanecido para bien. Esta es la situación objetiva: o la completa victoria de la dictadura militar o la victoria de la insurrección armada de los obreros; la victoria de estos últimos sólo es posible cuando la insurrección coincida con un profundo y masivo levantamiento contra el gobierno y la burguesía causada por la debacle económica y la prolongación de la guerra.

La consigna “Todo el poder a los Soviets” fue una consigna del desarrollo pacífico de la revolución, que fue posible en abril, mayo, junio y julio, es decir, hasta que el poder real pasó a las manos de la dictadura militar. Esta consigna ya no es correcta, porque no toma en cuenta que el poder ha cambiado de manos y que la revolución ha sido completamente traicionada, de hecho, por los eseristas y mencheviques. No ayudarán las acciones irresponsables, revueltas, resistencias parciales o intentos desesperados de oponerse a la reacción. Lo que ayudará es un entendimiento claro de la situación, la persistencia y determinación de la vanguardia obrera, la preparación de las fuerzas para un levantamiento armado, cuya victoria en las presentes condiciones es extremadamente difícil pero aún posible si los hechos y tendencias antes mencionados coinciden. No tenganmos ilusiones constitucionales o republicanas de ninguna clase, no más ilusiones acerca de la vía pacífica, no a las acciones esporádicas, no caer ahora en la provocación de las Centurias Negras y los cosacos. Acumulemos fuerzas, reorganicémoslas y preparémonos resueltamente para el levantamiento armado, si el curso de la crisis lo permite, en una verdadera escala nacional y masivo. La transferencia de la tierra a los campesinos es imposible en el momento actual sin un levantamiento armado, dado que los contrarrevolucionarios han tomado el poder y se han unido totalmente con los terratenientes como clase.

El objetivo de la insurrección sólo puede ser la transferencia del poder al proletariado apoyado por el campesinado pobre, con el fin de poder nuestro programa partidario en acción.

4. El Partido de la clase obrera, sin abandonar la actividad legal pero sin sobrestimarla en ningún momento, debe combinar el trabajo legal con el ilegal, como lo hizo en 1912-1914.

No dejemos pasar una sola hora de trabajo legal. Pero no acariciemos ilusiones constitucionalistas o “pacíficas”. Formemos organizaciones ilegales o células en todos lados y de inmediato para la publicación de volantes, etc. Reorganicemos inmediata, consistente y resueltamente toda la línea.

Actuemos como lo hicimos en 1912-1914, cuando podíamos hablar de derrocar al zarismo mediante la revolución y la insurrección armada, sin perder al mismo tiempo nuestra base legal en la Duma, las sociedades mutuas, los sindicatos, etc.

Nota:

El artículo “La situación política” fue publicado por primera vez en el periódico bolchevique de Kronstadt, Proletarskoye Dyelo Nº 6 del 20 de julio (2 de agosto) de 1917, bajo el título de “El estado de ánimo político”

Para evitar que el periódico pueda ser suprimido por el Gobierno Provisional, los editores sustituyeron “un levantamiento armado” por “una lucha resuelta”. Aquí el artículo aparece de acuerdo con el manuscrito.

jueves, julio 30

Bolcheviques: "El camino de desarrollo pacífico del movimiento ha concluido"

Conferencia Urgente de la Organización de Petrogrado del P.O.S.D.R. (Bolchevique)
16-20 de julio de 1917

INFORME ACERCA DEL MOMENTO ACTUAL
por José Stalin


Camaradas:

Un rasgo característico del momento actuar es la crisis de Poder. En torno a esta cuestión se agrupan otras de menor importancia. La crisis se debe a la inestabilidad del Poder: ha llegado un momento en que sus órdenes o hacen reír o son acogidas con indiferencia, y nadie quiere, cumplirlas. La desconfianza en el Poder penetra en lo más profundo de la población. El Poder se tambalea. Ahí radica la causa de la crisis.

Esta es la tercera crisis de Poder a que asistimos. La primera fue la crisis del Poder zarista, el cual ya no existe.

La segunda fue la del primer Gobierno Provisional, que tuvo por resultado la salida de Miliukov y de Guchkov del gobierno. La tercera crisis es la del gobierno de coalición, en la que la inestabilidad del Poder ha alcanzado su punto culminante. Los ministros socialistas entregan sus carteras a Kerenski, y la burguesía niega a éste su confianza. Se ha formado un gabinete que al día siguiente se ha visto en la misma situación de inestabilidad.

Como marxistas, no debemos considerar la crisis de Poder sólo desde un punto de vista formal. Debemos considerarla, ante todo, desde un punto de vista de clase. La crisis de Poder es una intensa y abierta lucha de las clases por el Poder. A consecuencia de la primera crisis, el Poder de los terratenientes cedió su puesto al Poder de la burguesía, apoyado por los Soviets, que “representan” los intereses del proletariado y de la pequeña burguesía. A consecuencia de la segunda crisis, llegóse a un acuerdo entre la gran burguesía y la pequeña: el gobierno de coalición. Tanto en la primera crisis como en la segunda, las autoridades combatían las acciones revolucionarias de los obreros (27 de febrero y 20-21 de abril). La segunda crisis se resolvió “a favor” de los Soviets, dando entrada en el gobierno burgués a “socialistas” de los Soviets. En la tercera crisis, los soldados y los obreros plantearon abiertamente que los trabajadores -la democracia pequeñoburguesa y proletaria- debían tomar el Poder y hacer que los elementos capitalistas saliesen del gobierno. ¿Cuál es la causa de la tercera crisis?

Ahora se echa toda la “culpa”a los bolcheviques. La acción del 3 y del 4 de julio se presenta como un factor que ha agravado la crisis. Carlos Marx decía ya que cada paso adelante de la revolución provoca como réplica un paso atrás de la contrarrevolución. Considerando la acción del 3 y del 4 de julio como un paso revolucionario, los bolcheviques aceptan el honor -que les atribuyen los socialistas renegados- de ser los pioneros del avance.

Pero esta crisis de Poder no se ha solucionado en favor de los obreros. ¿Quién tiene la culpa de ello? Si los mencheviques y los eseristas hubiesen apoyado a los obreros y a los bolcheviques, la contrarrevolución habría sido vencida. Pero ellos empezaron a combatir a los bolcheviques, rompieron el frente único de la revolución, y la crisis transcurre ahora en condiciones desfavorables, no sólo para los bolcheviques, sino también para ellos, para los eseristas y los mencheviques.

Ese fue el primer factor que agravó la crisis.

El segundo factor fue la salida de los demócratas constitucionalistas del gobierno. Los demócratas constitucionalistas se olieron que las cosas tenían a empeorar, que la crisis económica se iba extendiendo y que el dinero era poco; por ello decidieron escurrir el bulto. Su salida era la continuación del boicot de Konoválov. Al darse cuenta de la inestabilidad del gobierno, los demócratas constitucionalistas fueron los primeros en abandonado.

El tercer factor que reveló y agravó la crisis de Poder fue la derrota de nuestras tropas en el frente. La cuestión de la guerra es hoy la fundamental, y en torno a ella giran todas las demás cuestiones de la vida interior y exterior del país. Y en esta cuestión básica ha fracasado el gobierno. Desde el comienzo mismo veíase claro que la ofensiva en el frente era una aventura. Circulan rumores de que centenares de miles de hombres han sido hechos prisioneros por el enemigo, de que los soldados huyen a la desbandada. Atribuir el “desbarajuste” en el frente sólo a la propaganda de los bolcheviques, es exagerar la influencia de éstos. Ningún partido puede con semejante carga. ¿Cómo explicar que nuestro Partido, con unos 200.000 afiliados, haya logrado “descomponer” el ejército, y que el Comité Ejecutivo Central de los Soviets, que agrupa a 20.000.000 de ciudadanos, no haya podido mantener al ejército bajo su influencia? El hecho es que los soldados no quieren combatir, porque no saben en nombre de qué luchan; están cansados, les preocupa: el problema del reparto de la tierra, etc., etc.

Esperar que en tales condiciones se pueda llevar a los soldados a la guerra, es esperar un milagro. El Comité Ejecutivo Central de los Soviets podía realizar en el ejército una propaganda mucho más intensa que la nuestra, y la realizó, pero, a pesar de ello, la gran fuerza espontánea de la lucha contra la guerra ha sido más poderosa. La culpa no la tenemos nosotros, la “culpable” es la revolución, que ha dado a cada ciudadano el derecho de exigir que se responda a la pregunta: ¿por qué se hace la guerra?

Así, pues, tres son los factores que han motivado la crisis de Poder:

1) el descontento de los obreros, y de los soldados con el gobierno, cuya política estimaban demasiado derechista;
2) el descontento de la burguesía con el gobierno, cuya política consideraba demasiado izquierdista, y
3) los fracasos en el frente.

Esas son las fuerzas externas que han motivado la crisis de Poder.

Pero el fondo de todo ello, la fuerza subterránea que ha llevado a la crisis, es el desbarajuste económico del país, causado por la guerra. Sobre esta base, y sólo sobre ella, han surgido los tres factores que han hecho vacilar el Poder del gobierno de coalición.

Si la crisis es una lucha de clases por el Poder, nosotros, como marxistas, debemos preguntarnos: ¿qué clase está subiendo ahora al Poder? Los hechos dicen que es la clase obrera la que está en ascenso al Poder.

Evidentemente, la clase de la burguesía no le dejará subir al Poder sin lucha. La pequeña burguesía, que constituye la mayoría de la población de Rusia, vacila, uniéndose unas veces con nosotros y otras con los demócratas constitucionalistas, dejando caer así la última pesa en el platillo de la balanza. Este es el contenido de clase de la crisis de Poder que atravesamos.

¿Quién sale derrotado y quién vencedor en esta crisis? Es evidente que en este caso el Poder lo está asumiendo la burguesía, representada por los demócratas constitucionalistas. Por un breve instante, cuando los demócratas constitucionalistas salieron del gobierno, el Poder estuvo en manos del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, pero éste renunció a él; encargando a los miembros del gobierno que formasen un gabinete. Ahora el Comité Ejecutivo Central es un apéndice del gobierno, y el gabinete, un carrusel; el único que ha quedado es Kerensky. Alguien dicta su voluntad, que deben cumplir tanto los ministros como el Comité Ejecutivo Central de los Soviets. Evidentemente, esa voluntad es la de la burguesía organizada, en primer lugar la de los demócratas constitucionalistas. La burguesía dicta sus condiciones: exige que el Poder esté en manos de “hombres de negocios”, y no de representantes de los partidos; exige que se retire el programa agrario de Chernov, que se modifique la declaración del gobierno del 8 de julio y que los bolcheviques sean eliminados de todos los organismos del Poder. El Comité Ejecutivo Central retrocede ante la burguesía y acepta sus condiciones.

¿Cómo ha podido ocurrir que la burguesía, ayer todavía en retirada, dé hoy órdenes al Comité Ejecutivo Central de los Soviets? La explicación es que, después de la derrota en el frente, el gobierno ha perdido prestigio entre los banqueros del extranjero. Según ciertos datos, dignos de la mayor atención, en eso andan las manos del embajador inglés Buchanari y de los banqueros, que niegan créditos al gobierno si no abandona sus intentos “socialistas”.

Esa es la primera causa.

La segunda causa consiste en que el frente de la burguesía está mejor organizado que el de la revolución.

Cuando los mencheviques y los eseristas se unieron con la burguesía y empezaron a atacar a los bolcheviques, la contrarrevolución comprendió que el frente único de la revolución había sido roto. Organizada en camarillas militares e imperialistas financieras, encabezada por el Comité Central del partido demócrata constitucionalista, la contrarrevolución presentó a los defensistas varias demandas. Los mencheviques y los eseristas, temblando por su Poder, se apresuraban a cumplir las exigencias de la contrarrevolución.

Esa es la situación en que se produjo la victoria de la contrarrevolución.

Es evidente que en este momento la contrarrevolución ha vencido a los bolcheviques porque éstos, traicionados por los mencheviques y los eseristas, se han visto aislados. Es asimismo evidente que llegará un momento favorable para nosotros, en el que podremos dar la batalla decisiva a la burguesía.

Existen dos centros de la contrarrevolución. Uno es el partido de la burguesía organizada, el partido demócrata constitucionalista, que se escuda en los Soviets defensistas. Su organismo ejecutivo es el Estado Mayor, encabezado por prominentes generales, que tienen en sus manos todos los hilos de la oficialidad. El otro centro es la camarilla imperialista financiera, vinculada a Inglaterra y a Francia, que tiene en sus manos todos los hilos del crédito. No es casual que Efrémov, miembro de la comisión interparlamentaria que controla los créditos, forme hoy parte del gobierno.

Los hechos enumerados han hecho posible la victoria de la contrarrevolución sobre la revolución.

¿Cuáles son las perspectivas? Mientras la guerra continúe, y va a continuar; mientras el desbarajuste en la industria no sea superado, y no lo será, pues no puede remediarse con represiones contra los soldados y los obreros, y las clases gobernantes no pueden tomar medidas heroicas; mientras los campesinos no reciban la tierra, y no la recibirán, porque incluso Chernov, con su moderado programa, ha resultado ser indeseable como miembro del gobierno; mientras todo eso ocurra, las crisis serán inevitables, las masas se echarán a la calle una y otra vez y se librarán empeñadas batallas.

El período pacífico del desarrollo de la revolución ha terminado. Ha empezado un nuevo período, un período de agudos conflictos, choques y colisiones. La vida bullirá y las crisis irán sucediéndose. Los soldados y los obreros no callarán. Hasta contra la suspensión de “Okópnaia Pravda” [periódico bolchevique para el Frente] han expresado su protesta veinte regimientos. El hecho de que hayan metido en el gobierno a nuevos ministros no ha resuelto la crisis. La clase obrera no ha quedado desangrada. La clase obrera ha resultado ser más sensata de lo que suponían sus enemigos.

Cuando comprendió que los Soviets le habían hecho traición, no aceptó la batalla el 4 y el 5 de julio. Y el desarrollo de la revolución agraria acaba de empezar. Debemos hacer frente a las futuras batallas como es debido y con una buena organización.

Nuestras tareas principales deben ser:

1) llamar a los obreros, a los soldados y a los campesinos a tener serenidad, firmeza y organización;
2) hacer revivir, robustecer y ampliar nuestras organizaciones;
3) no menospreciar las posibilidades legales, pues ninguna contrarrevolución puede llevarnos realmente a la clandestinidad.

El período de los asaltos desenfrenados ha pasado; llega una fase de persecuciones “legales”, y nosotros debemos recurrir a todas las posibilidades legales, debemos aprovecharlas.

Como los bolcheviques han quedado aislados, pues la mayoría del Comité Ejecutivo Central de los Soviets nos han traicionado al concertar una alianza con las fuerzas contrarrevolucionarias, se plantea la cuestión de cuál debe ser nuestra actitud respecto a los Soviets y a su mayoría, los mencheviques y los eseristas. En la reunión del Comité Ejecutivo Central, Mártov acusó a Gots y a Dan de proponer acuerdos tomados ya en una reunión de los cien-negristas y los demócratas constitucionalistas. La persecución de los bolcheviques ha demostrado que éstos no tienen ya aliados. La noticia de la detención de nuestros dirigentes y de la suspensión de nuestros periódicos fue acogida por los mencheviques y los eseristas con nutridos aplausos. Hablar después de eso de unidad con los mencheviques y los eseristas significa tender la mano a la contrarrevolución.

Digo esto porque en algunas fábricas se hacen intentos de establecer una alianza de los mencheviques y los eseristas con los bolcheviques. Esta es una forma enmascarada de combatir la revolución, porque una alianza con los defensistas puede llevarla a la muerte. Entre los mencheviques y los eseristas hay elementos dispuestos a luchar con la contrarrevolución (los kamkovistas, entre los eseristas, y los partidarios de Mártov, entre los mencheviques), y con ellos estamos dispuestos a formar un frente único revolucionario.

RESPUESTAS A LAS PREGUNTAS

1) Pregunta de Maslovski: En los futuros conflictos y, posiblemente, acciones armadas, ¿en qué medida contribuirá a ello nuestro Partido?, ¿encabezaría el Partido la protesta armada?

Respuesta de Stalin: Es de suponer que habrá acciones armadas y hay que estar preparados para todo. Los conflictos venideros serán más agudos, y el Partido no deberá lavarse las manos. Saln, hablando en nombre del distrito letón, ha acusado al Partido de no haber asumido la dirección del movimiento. Pero eso no es cierto, ya que el Partido se propuso precisamente llevar el movimiento a un cauce pacífico. Se nos puede reprochar no haber tratado de tomar el Poder. El 3 y el 4 de julio podíamos haber tomado el Poder, podíamos haber obligado al Comité Ejecutivo Central de los Soviets a sancionar la torna del Poder por nosotros. Pero la cuestión es la siguiente: ¿hubiéramos conseguido mantenemos en el Poder? El frente las provincias y varios Soviets locales se habrían levantado contra nosotros. Un Poder sin el apoyo de las provincias hubiera carecido de base. Tomando el Poder en tales condiciones, nosotros habríamos fracasado escandalosamente.

2) Pregunta de Ivanov: ¿Cuál es nuestra actitud hacia la consigna “¡El Poder a los Soviets!”? ¿No es hora ya de decir: “dictadura del proletariado”?

Respuesta de Stalin: Cuando se resuelve una crisis de Poder, significa que ha subido a éste una determinada clase, en el caso presente, la burguesía. ¿Podemos seguir aferrados a la vieja consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!”? Está claro que no. Entregar el Poder a los Soviets, que, de hecho, van tácitamente del brazo con la burguesía sería trabajar para el enemigo. Si vencemos, sólo podremos entregar el Poder a la clase obrera, apoyada por las capas pobres del campo. Debemos proponer otra forma, una forma más conveniente de organización de los Soviets de Diputados Obreros y Campesinos. La forma de Poder sigue siendo la de antes, pero cambiamos el contenido de clase de la consigna y decimos en el lenguaje de la lucha de clases: todo el Poder a los obreros y a los campesinos pobres, que aplicarán una política revolucionaria.

3) Pregunta anónima: ¿Qué debemos hacer si el Comité Ejecutivo Central de los Soviéts de Diputados Obreros y Soldados declara que la minoría debe someterse a la mayoría? ¿Nos retiraremos en ese caso del Comité Ejecutivo Central de los Soviets o no?

Respuesta de Stalin: Ya existe una decisión a ese propósito. La minoría bolchevique ha tenido una reunión en la que se elaboró una respuesta en el sentido de que, como miembros del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, acatamos todas sus decisiones y no actuamos contra ellas, pero, como miembros de un partido, podemos actuar independientemente, pues, sin duda alguna, la existencia de los Soviets no anula la existencia independiente de los partidos. Mañana haremos pública nuestra respuesta en la reunión del Comité Ejecutivo Central.

RESUMEN DE LA DISCUSION

Camaradas:

A fin de preparar una resolución sobre nuestra actitud respecto al acuerdo del Comité Ejecutivo Central de los Soviets acerca de los bolcheviques, fue elegida una comisión, en la que yo he participado. Hemos redactado una resolución que dice: como miembros del Comité Ejecutivo Central de los Soviets, nos sometemos a la mayoría, pero, como miembros del Partido Bolchevique, podemos actuar independientemente, incluso en contra de las decisiones del Comité Ejecutivo Central de los Soviets.

Por dictadura del proletariado, Prójorov entiende la dictadura de nuestro Partido. Pero nosotros hablamos de la dictadura de la clase que lleva tras de sí a las capas pobres del campesinado.

Inexactitudes en algunas de las intervenciones: ¿qué tenemos hoy, reacción o contrarrevolución? Durante las revoluciones, no hay reacción. Cuando una clase sustituye a otra en el Poder, eso no es reacción, sino revolución o contrarrevolución.

Por lo que se refiere al cuarto factor de la crisis de Poder, al que se ha referido Jaritónov, el factor internacional, sólo la guerra y las cuestiones de la política exterior a ella vinculadas guardan relación con la crisis de Poder en nuestro país. En mi informe he atribuido la importancia primordial a la guerra entre los factores de la crisis de Poder.

Por lo que se refiere a la pequeña burguesía, ésta ya no constituye un todo único, pues en ella se produce una rápida diferenciación (el Soviet de Diputados Campesinos de la guarnición de Petrogrado, que está en contra del Comité Ejecutivo del Congreso Campesino). En el campo se desarrolla la lucha, y paralelamente a los Soviets de Diputados Campesinos ya existentes se organizan espontáneamente otros. Nosotros contamos precisamente con el apoyo de esas capas pobres del campesinado que se están levantando. Por su situación económica, sólo ellos pueden ir con nosotros. Las capas campesinas que han llevado al Comité Ejecutivo del Congreso Campesino a tipos como Avxéntiev, sedientos de sangre del proletariado, no nos seguirán y no se inclinarán hacia nosotros.

Yo he visto cómo aplaudía esa gente, cuando Tsereteli hizo pública la orden de detención del camarada Lenin.

Los camaradas que dicen que la dictadura del proletariado es imposible por ser el proletariado una minoría de la población, comprenden de un modo mecánico la fuerza de la mayoría. También los Soviets no representan más que a veinte millones de personas por ellos organizadas, pero, gracias a su organización, llevan tras de sí a todo el pueblo. Todo el pueblo seguirá a una fuerza organizada capaz de romper los grilletes del desbarajuste económico.

El camarada Volodarski interpreta la resolución tomada por la Conferencia de diferente manera que yo, pero es difícil comprender cuál es su punto de vista.

Los camaradas preguntan si podemos cambiar nuestra consigna. Nuestra consigna acerca del Poder de los Soviets correspondía al período pacífico del desarrollo de la revolución, período ya pasado. No debemos olvidar que una de las condiciones para la transferencia del Poder es hoy la victoria sobre la contrarrevolución mediante un alzamiento. Cuando proclamamos nuestra consigna acerca de los Soviets, el Poder estaba, de hecho, en sus manos. Presionando a los Soviets, podíamos influir en los cambios en la composición del gobierno: Ahora el Poder se encuentra en manos del Gobierno Provisional. No podemos confiar en que mediante la presión sobre los Soviets el Poder pase pacíficamente a manos de la clase obrera. Como marxistas, debemos decir: lo importante no son las instituciones, sino la política de clase que aplican esas instituciones. Nosotros estamos, sin duda alguna, en favor de unos Soviets en los que tengamos la mayoría. Y trataremos de crear tales Soviets. Pero no podemos entregar el Poder a unos Soviets que conciertan una alianza con la contrarrevolución.

Resumiendo, puede decirse que el camino de desarrollo pacífico del movimiento ha concluido, pues el movimiento ha emprendido el camino de la revolución socialista. La pequeña burguesía, a excepción de las capas pobres del campesinado, apoya ahora a la contrarrevolución. Por eso, en el momento actual, la consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” resulta anticuada.